Alicia Armenteros protagoniza la nueva película de Daniel Benmayor como una joven de prácticas que destapa una red de prostitución
Ya se puede ver el tráiler de la película Sigma, un thriller que dirige Daniel Benmayor, conocido por sus películas con secuencias de acción y originales para plataformas comoAwareness (2023) y Xtremo (2021). Alicia Armenteros (La vida breve, Clanes) asume su primer gran papel protagonista como una joven diplomática en prácticas que buscará la forma de salvar a una amiga de una red de prostitución.
El primer avance del filme presenta las intenciones adrenalínicas de Sigma, que tiene en su reparto principal también a Mia Sala Patau (La Academia, Un lugar común) y Nicolas Giraud (Bruc, Venganza). Además, el filme cuenta con la colaboración especial de Óscar Casas (Mi soledad tiene alas, Instinto), Luis Zahera (As bestas, Tierra de nadie), Andrea Duro (La favorita 1922, Xtremo), Carlos Scholz (Awareness, Sin límites) y Alberto Jo Lee (El correo, La piedad).
Así explica la película el propio Daniel Benmayor, que se enfrenta al reto de su primera película para cines: «Sigma transmite varios mensajes interesantes que le dan profundidad y tensión a la trama al tiempo que abre preguntas acerca de la naturaleza de las relaciones en una sociedad cada vez mas fría y distante».
Tráiler de Sigma
Según el director de la película, la historia de Sigma «habla de valentía, perseverancia y del desafío de actuar cuando el sistema falla, mostrando que a veces, para salvar a alguien, hay que atreverse a ir más allá de lo establecido».
La película tendrá su presentación oficial este 7 de julio en el ciclo Cinefórum de los cines Screenbox Lleida. Próximamente se anunciarán nuevas presentaciones hasta su estreno oficial en salas comerciales. Se trata de una producción de DBenma Content, la productora del director, y Harold Entertainment, responsable de títulos como Ira (2016) y Rol&Rol (2020).
Sinopsis de la película
Ruth, una joven diplomática, cursa prácticas en el Ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid. Durante su primera noche como jefa de guardia, recibe una llamada aparentemente inusual de Laura, una estudiante en Suiza, quien asegura que su amiga Aina está siendo agredida y retenida contra su voluntad en un club llamado «Diamante Latino».
Aunque al principio sospecha que se trata de una novatada, Ruth comienza a investigar y descubre inconsistencias alarmantes que señalan hacia redes internacionales de prostitución. Pese a la desconfianza inicial del Sargento de Policía Local y los retos personales que supone, Ruth y Laura se embarcan en una carrera contrarreloj para ayudar a Aina, enfrentando sus propias inseguridades y dudas sobre su capacidad de tomar decisiones críticas.
Aún así, Ruth desafía las reglas establecidas y las barreras burocráticas, guiada por un instinto de justicia que la empuja a asumir grandes riesgos personales por ayudar a una desconocida que esconde un secreto que vale millones.
Una película estupenda, con público potencial, que logra el equilibrio entre el homenaje de género y la tragedia que quiere contar sobre sus protagonistas
Luger sigue a dos matones que reciben el encargo de recuperar un coche robado en un desguace de un polígono industrial. La importancia del vehículo es, en realidad, la caja acorazada que guarda en su maletero y lo que esta contiene: una pistola Luger de la Segunda Guerra Mundial, de gran valor. Una serie de personajes quieren hacerse con ella, y también puede ser la salvación de nuestros protagonistas. Pero para ello necesitarán sobrevivir a las amenazas que se ciernen sobre ellos.
El productor Bruno Martín debuta en la dirección de largometrajes con esta tragedia de acción con toques de humor, aunque parezca lo inverso, que salió premiada en el Fantastic Fest de Austin y se pudo ver en el último Sitges. Este estreno en cines se ha retrasado buscando el hueco con cariño, de forma que la película encuentre a un público que valore su equilibrio entre el homenaje a la acción ochentera y sus aires de fábula trágica sobre perdedores en busca de redención.
En la promoción han evitado que se la relacione con Os reviento (2023), de Kike Narcea, de la que Martín fue productor y con la que comparte a Mario Mayo entre sus protagonistas. Y aunque es lógico, porque los tonos no pueden estar más alejados, ayudaría también a la progresión dramática de la que nos ocupa, muy cuidada en sus tiempos y que arranca fingiendo ser una comedia de acción para luego ir avanzando poco a poco hacia otra cosa, que se oscurece al ritmo que se hace de noche en la acción.
El tono de Luger
Por lo demás, el protagonista de Luger es realmente el personaje de David Sainz, y no Mayo, una especie de secundario imprescindible y al mismo tiempo dispositivo del guión —o «pata de conejo» como lo llama el propio Martín—. El arco del personaje de Rafa, de buscavidas encantador de serpientes, que sobrevive a base de ingenio, a antihéroe que se sacrifica con resignación casi metafísica. Tan perdidos en la vida como en el deshumanizado polígono que se convierte en laberinto.
Hasta ahí se llega con fluidez porque otra cosa no, pero Luger tiene mucha autoconciencia, bastante más que otros productos de más prestigio crítico. Su tarea estilística, digamos, es convertir en narrativa y visualmente verosímil la estructura de un videojuego de máquinas recreativas de los de ir masacrando esbirros. Al mismo tiempo sus protagonistas tienen que ser vulnerables. Sin dejar de homenajear macarradas de género mucho más bestias.
El trampantojo al que juega, arrancando como una comedia burra de acción que va avanzando hacia el wéstern crepuscular de los de derrotas gloriosas, funciona muy bien en conjunto, mucho mejor que la mayoría de sus, por llamarlo de alguna manera, episodios. Cuando la escena es más costumbrista, como la del menú del día cantado por la camarera, mejor. Cuando coquetea con más americanismos, se vuelve más previsible y genérica.
Vaciando el cargador
En el debe de la película quizás están esos momentos más previsibles, que carecen del giro a otros tópicos del género que se introducen en la primera mitad, y hacen más moroso el segundo tramo del argumento. También que tenga momentos de no fiarse del espectador y se sobreexplique cuando no es necesario. Se salvan, quizás, porque el reparto, perfectamente consciente de lo que está haciendo, respeta al texto y el tomo.
Recogiendo los pedazos: Luger funciona muy bien si se sabe lo que se le pide, aunque diste de ser una película precisamente perfecta. Una historia de género, que parte de una serie de homenajes muy claros para avanzar hacia la parte realmente trágica que le interesa. Una película estupenda para su público, si sabe encontrarlo.
Jone, batzuetan (Jone, a veces) ficciona la vida de Jone (Olaya Aguayo), una joven de 20 años que convive con su padre (Josean Bengoetxea), enfermo de Parkinson, y su hermana pequeña (Elorri Arrizabalaga). Una noche, en las fiestas de la Semana Grande de Bilbao, Jone conoce a una chica (Ainhoa Artetxe) por la que rápidamente siente interés. Mientras, la situación de su padre y la gestión de su enfermedad se agrava.
Del grupo de estudiantes de la ESCAC que hicieron la película colectiva La filla d’algù (2019), hay tres que claramente han destacado después. Ahí están Júlia de Paz (Ama, Harta y las series Querer y Las largas sombras), Alejandro Marín (Te estoy amando locamente y la serie Maricón perdido) y Celia Giraldo (Un lugar común y la serie Esto no es Suecia). Ahora con Jone, batzuetan se une con ópera prima en solitario Sara Fantova, que había hecho antes el interesante corto No me despertéis (2018).
Esta primera película, también fraguada a través de la ESCAC (ESCAC Studio) y compitiendo en toda una Sección Oficial del Festival de Málaga, tiene eso que intuitivamente puede tener una ópera prima, pero que muchas veces se pierde por el camino: frescura. Es también una película que, por ganas de tener vida propia, peca también de algunos esquematismos y falta de cocción a nivel dramático. Pero se le perdonan gracias a esas ganas de proponer algo distinto.
La Semana Grande de Jone
Jone, batzuetan está marcada por la celebración de la Semana Grande de Bilbao, con su Marijaia, sus fuegos artificiales y sus verbenas. Fantova usa las fiestas primero a nivel narrativo y psicológico para marcar el contraste interno y la confusión que está viviendo el personaje de Jone, dividida entre la responsabilidad que tiene en casa y la evasión que vive fuera, buscando una forma de digerir todo lo que está pasando.
Pero lo más interesante de la película es que no se queda en el uso de la Semana Grande como escenario útil para explicar el camino de su protagonista, sino que de verdad lo usa in situ con bastante desparpajo. La película no solo se ha rodado en las celebraciones reales de la Semana, sino que las ha integrado en la ficción sin disimulo. Y también se nota que ha habido cierto espacio para la improvisación en las secuencias grupales, dándole desahogo a un coming-of-age menos «de autor» pero más libre.
A Fantova le sale bien la jugada ‘a lo Cassavettes’, una interacción con la vida real que le da mucho aire a Jone, batzuetan. Todo esto contribuye a una sensación de desinhibición importante si estás viendo una película sobre una chica joven, sumándole el contexto y momento vital en el que está. Además, es un win-win por el otro lado también: las secuencias de recogimiento subjetivo de Jone, cuando se abstrae de su entorno, por contraste funcionan mucho mejor porque se percibe que realmente está «fuera» de una realidad que está muy viva. Ahí, junto a los momentos de archivo, surge su personalidad e interés.
Jone, batzuetan, a veces no tan bien
Quizá donde no engancha tanto la película es en las secuencias interiores y, sobre todo, a la hora de relatar la evolución de la enfermedad del personaje del padre y la forma en la que se plantea que Jone tiene que lidiar con todo eso. No es que sea antinatural (la interacción con la pequeña Elorri Arrizabalaga es genial y Josean Bengoetxea está correcto), pero sí que se percibe que las escenas fluyen menos, todo se encalla un poco más, quizá encerradas en una necesidad de concreción dramática menos escrita a priori.
Con todo, Jone, batzuetan es una película que se disfruta y que consigue transmitir una naturalidad no prefabricada poco habitual en el cine español joven en la órbita de la industria, que se está acostumbrando demasiado a las explosiones controladas y a cierto encorsetamiento formal y narrativo. A Fantova se le agradece que priorice una forma de hacer menos fija, más suelta, aunque pierda por el camino algo de solidez.
Flooxer volverá a alojar esta producción para el formato móvil que cuenta la historia de un intento de suicidio desde la perspectiva de dos personajes diferentes
La creadora de contenido Lucía de la Puerta protagonizará la serie Baddie, un thriller que supondrá la nueva apuesta por el formato vertical de Atresmedia para su canal Flooxer tras Una novia por vacaciones —continuación de Una novia por Navidad— y la futura Una choni muy legal. Dividida en dos temporadas, la serie abordará desde dos perspectivas diferentes una misma historia: el intento de suicidio de una joven.
La primera temporada de Baddie, dirigida por Marc Pujolar, constará de 30 episodios y se centrará en el personaje de Nina, interpretado por Lucía de la Puerta. Nina empezará a investigar qué ha ocurrido con su hermana Leila, que ha intentado suicidarse. En la futura segunda temporada se dará el punto de vista de Leila, a la que da vida Rita González, para conocer su verdadera historia.
Completan el reparto de la serie Max Navarro, Ariadna Llobet, Uri Herrera, Albert García, Albert Prat y Ana de Alva. Se trata de una producción de Atresmedia en colaboración con YouPlanet, que también podrá verse fuera de España a través de la versión internacional de la plataforma Atresplayer.
Así es Baddie, el primer thriller vertical de Flooxer
Mientras Leila permanece en coma, Nina investiga su vida a través de redes sociales y descubre una faceta desconocida: relaciones, conductas de riesgo y un secreto que parece estar en el centro del conflicto. A medida que tira del hilo, la imagen idealizada de su hermana se desmorona hasta revelar una verdad impactante sobre quién era realmente Leila bajo el alias “Baddie”.
Atrapada en una situación precaria y rodeada de influencias negativas, Leila se ve envuelta en un mundo del que no encuentra salida. La soledad y la sensación de no poder revertir su situación la llevan al límite. Finalmente, ambas líneas temporales convergen, cerrando el arco narrativo y reuniendo a las dos hermanas.
Las versiones ‘actualizadas’ de grandes películas españolas de la historia permiten ver cómo se llevaron a su tiempo distintas historias y planteamientos
Está de moda quejarse de la falta de ideas del cine actual, con tanta nostalgia y tanto remake. Pero ni siquiera en eso es original. Las ‘versiones actualizadas’ de los grandes clásicos existen desde que el cine es cine: incluso antes de acumular películas suficientes lo que se hacía era reciclar obras de teatro de éxito que, a su vez, podían rehacerse en la literatura.
No es raro: nostalgia, reclamo comercial con historias que ya se sabe que funcionan… y la necesidad de llevar a su tiempo determinadas ideas o planteamientos. Títulos que hoy consideramos clásicos indiscutibles nacieron como versiones de otros muy anteriores. Algunos de ellos se consideraban hasta ese momento intocables, pero el ojo de un director, o directora, supo traerlos a su presente.
Este julio FlixOlé, la plataforma del cine español de todos los tiempos, lanza su colección ‘Reescribiendo el cine español’, una selección de remakes ibéricos que tenían como base otra película anterior. Para este artículo hemos seleccionado 10 largometrajes que hablan de una cinematografía capaz de actualizarse a sí misma, tanto a través de sus éxitos puntuales como de historias universales.
LOS CABALLEROS DEL BOTÓN DE ANCLA (1974)
Empezamos con una en la que un director se ‘remakeó’ a sí mismo. Ramón Torrado había adaptado en 1948 la novela Botón de ancla, del escritor José Luis de Azcárraga, un best-seller de la época que se había publicado ese mismo año. En 1960, Miguel Lluch la había convertido en musical con Manuel de la Calva y Ramón Arcusa, el Dúo Dinámico, como protagonistas.
A Torrado, un veterano del cine industrial que lo mismo rodaba películas de Manolo Escobar que dramas históricos, se le quedó la sangre en el ojo y parió una versión rejuvenecida. Si la de la posguerra, en blanco y negro, se pasaba de patriotera, esta se centra más enla camaradería entre los tres amigos protagonistas, cadetes de la Escuela Naval Militar, y aprovechar el color para, a pesar de la tragedia final, regalar una película luminosa y llena de vida. Por cierto, con Pepe Ruiz, el mítico Avelino de Escenas de matrimonio (2007).
En una colección como esta es casi inevitable que aparezca el poeta de la nostalgia en el cine español: José Luis Garci. En 1997, contra corriente como suele ser su gusto, estrenó esta película clave de su segunda etapa como director. Adapta la obra de teatro de 1954 de Josep María de Sagarra que ya había llevado al cine en 1956 Tulio Demicheli con Amparo Rivelles como protagonista y financiación mexicana.
Garci pone a Fernando Guillén y Cayetana Guillén Cuervo a interpretar a padre e hija en una historia ambientada en los 50. Un médico burgués y ateo, cuya hija ha entrado en un convento, que engaña a su mujer con una colega más joven y se encuentra en plena crisis vital. Aunque no da de lado a la parte religiosa, Garci compone una historia sobre el arrepentimiento en el final de la vida mucho más descarnada y realista que las ‘catequistas’ versiones anteriores.
Gerardo Vera se atrevió a reescribir todo un clasicazo como La vida en un hilo(1945), de Edgar Neville. En la primera, una mujer que acaba de enviudar (Conchita Montes) imagina con ayuda de una vidente cómo habría sido su vida de elegir a otro pretendiente que no fuese el ya difunto marido. Más comedia que tragedia, tiene los toques de crítica social soterrada del viejo maestro Neville.
La noventera, coescrita por Manuel Hidalgo y Carmen Posadas, estaba más cerca de la comedia sexual típica del cine español del momento, reflejo de las nuevas formas de relacionarse. Aquí no enviuda nadie, hay triángulo amoroso, y lo forman, ojo, Ángela Molina, Antonio Banderas e Imanol Arias. Por cierto, por si lo estás pensando: Dos vidas en un instante, de Peter Howitt, protagonizada por Gwyneth Paltrow, es de 1998, seis años después.
Cuando decimos que los remakes no son invento de antes de ayer, es que ya los había en los 50. Luis Lucía recuperó para el cine de folclóricas esta obra de teatro de Antonio Quintero y Pascual Guillén estrenada en 1935 y llevada al cine poco después por Florián Rey. Una zarzuela, una españolada, que se llevó al gusto de los musicales del momento.
El salto de casting es jugoso: de la diva Imperio Argentina a la mismísima Lola Flores, lo que por fuerza cambia el nivel de picardía (y carisma) del personaje. Como el cantaor Manuel Ligero repitió papel, su personaje pasa de ser hermano a tío de la protagonista. El argumento se lo resumo rápido: una gitana (que canta muy bien) es detenida por robar jamones. Acaba sirviendo en casa del fiscal, y de tan buena que es, lo enamora. ¿Que quién hacía del fiscal? Fernando Fernán Gómez.
Un amigo, un esclavo, un siervo. Hay que atreverse a mucho para atreverse con esto. Raúl Marchand Sánchez fue el encargado de ‘remakear’ el clasicazo de 1962 de don José María Forqué. Iñaki Miramón, Josema Yuste o Elsa Pataky, que no eran malos nombres para una comedia allá por 2003 y tenían su gancho con el público, fueron los elegidos.
Los cambios buscan pegar la nueva versión a la actualidad del momento: la idea del atraco la provoca que al banco español lo absorba uno alemán que quiere hacer un ERE, la mujer de los sueños del protagonista es azafata del Telecupón (si es usted muy joven, búsquelo que va a flipar), el golpe se va a dar el 31 de diciembre de 2001 porque es el día que se cambiaba de la peseta al euro. Otros tiempos.
Si hay algo arriesgado es rehacer la propia obra maestra de uno. Mariano Ozores lo hizo y menos de 10 años después del estreno de la original. Sí, hablamos de la mismísima Los bingueros (1979), aunque en Ya no va más sin Andrés Pajares ni Fernando Esteso, sino con su hermano Antonio como jefe de pista, cara visible y conexión entre ambos títulos.
La historia es básicamente la misma: dos pringados afectados por el paro y la precariedad (la de mitad de los 80 en lugar de la Transición, hay cosas que no cambian) y descubren la ruleta, en lugar del bingo. A partir de ahí forman una pequeña asociación para intentar salir de la miseria juntos, sin demasiado éxito pero con la misma tontería.
Luigi Comencini, director clave en su día de la comedia a la italiana, dirigió esta coproducción que adaptaba la novela de 1953 de José María Sánchez-Silva y su exitosa versión cinematográfica dirigida por Ladislao Vajda. Al niño actor español Pablito Calvo lo sustituyó el italiano Nicolò Paolucci en una película rodada originalmente en la lengua de Dante.
La historia es archiconocida: un bebé abandonado a las puertas de un convento franciscano que se pasa el día haciendo travesuras para mortificación de los frailes, que lo quieren como a un hijo. Comencini trasladó la acción al siglo XVI, mientras que la novela se ambientaba en las Guerras Napoleónicas. Entre los frailes, un prior con el rostro de Fernando Fernán Gómez y un ‘fray papilla’ con el de Alfredo Landa.
Gerardo Vera se repite en esta lista, aquí adaptando o readaptando una de las obras más trasladadas al cine, teatro o cualquier otra fórmula de la literatura española. Del clásico de Fernando de Rojas de 1499 surgió la versión en largometraje de 1969 dirigida por César Fernández Ardavín, con Julián Mateos y Elisa Ramírez como Calisto y Melibea y Amelia de la Torre como Celestina.
La vuelta noventera reunió al dream team: Juan Diego Botto y Penélope Cruz como los jóvenes amantes y Terele Pávez como la vieja alcahueta en un papel que le sienta como un guante. Como El perro del hortelano (1996), de Pilar Miró, juega con un pie en lo teatral y el texto original, con una vuelta de ironía y haciendo explícito el erotismo que en la otra estaba implícito, y enmarcando en una puesta en escena lujosa.
Una de las últimas cabalgadas de un viejo cowboy como Rafael Romero Marchent, y el último largometraje que protagonizó un tótem como Manolo Escobar. Actualiza a los 80 un gran éxito internacional de 1954, del mismo título y dirigido por José Luis Sáenz de Heredia y que provocó el primer intento, sin éxito, de fichar a Paco Rabal para Hollywood.
La original era una comedia romántica, la segunda añade la capa musical para aprovechar el talento de Escobar. La base de la historia, con los cambios comprensibles, se mantiene: una compañía de EEUU llega a Granada a comprar unos terrenos en los que hay uranio (en los 50 la actualidad era máxima, en los 80 sonaba exótico). Solo un propietario se niega a vender, porque está buscando un tesoro morisco. Entre él y la representante de la compañía surgirá el amor.
Josefina Molina rodó la adaptación de la película de 1947 de Juan de Orduña. Esta se basaba en la obra de teatro del mismo nombre de los hermanos Antonio y Manuel Machado y que también tuvo una versión en zarzuela durante los años 50. El primer largometraje lanzó la carrera de Juanita Reina a sus 22 añitos, el segundo eligió a una cantante más experimentada y mayor en el momento del rodaje, dándole otro giro al personaje: la mismísima Rocío Jurado.
Aunque la historia básica es la misma —un triángulo amoroso en 1860 entre un señorito andaluz, su hijo, una cantaora… y el guitarrista de esta—, envejecer a la protagonista con la presencia de La Más Grande le da otros niveles de lectura en manos de la directora de Función de noche. Para escoltarla, Molina contó con dos viejos galanes de renombre y muy adecuados para sus papeles: Paco Rabal y Pepe Sancho.
Las autoras de 'Chavalas' regresan con un drama social energético, que lanza múltiples estímulos e intenta retratar de manera compleja las barreras sociales sin caer en la bobería voluntarista ni en el fatalismo
Después de irrumpir en el ámbito del largometraje mediante Chavalas (2021), las hermanas Carol y Marina Rodríguez Colás retornan a la gran pantalla con su segundo filme, que se ha presentado en el marco del BCN Film Festival y su Sección Oficial. Hermanos trata de un joven catalán de padres marroquíes, Ayman, de su relación con sus dos amigos del alma y de la atracción que siente por la hija de la casa donde su madre trabaja de empleada doméstica. El grueso del relato tendrá lugar en una larga tarde y noche de esperanzas, tensiones y algunos conflictos quizá irresolubles.
El dúo de cineastas propone otro drama social que se puede enmarcar en un contexto de auge del género en España, a menudo impulsado por una oleada de cineastas de treinta-y-tantos o cuarenta-y-algún años de edad —como la Clara Roquet de Libertad (2021) o la Belén Funes de La hija de un ladrón (2019)—. En este caso, estamos ante un filme juguetón, pero no escapista, porque está salpicado de situaciones amargas. Su visionado provoca sonrisas que a menudo se terminan torciendo, aunque se rehuya lo trágico y lo miserabilista.
Las Rodríguez Colás y su equipo proponen una especie de goce con límites. La audiencia acompaña a los chicos del barrio en esta aventura más o menos amable, puntuada mediante música y reels de Instagram, pero que no resulta roma, sino que incluye aristas que pueden y deben herir. Escenifica peripecias amargas, juegos, provocaciones y confrontaciones entre ellos y contra ese mundo de fuera que, de tanto en tanto, deja claro que les mira con sospecha. No se opta por la resolución desoladora, pero sí por la advertencia sobre la complejidad de las cosas.
La calle es nuestra (hasta cierto punto)
Los protagonistas del filme son unos jóvenes falsamente endurecidos. Ayman representa ese estado mental con su cara de niño travieso y sus poses y gestos de chico duro, con sus momentos de ira y miedo todavía muy juvenil. El trío pertenece a familias trabajadoras que no encajarían ni en un cuento de realismo sucio ni en los relatos de paraísos manufacturados de la alta burguesía.
Si las casas pertenecen a los adultos (o, en parte, a los niños más pequeños), la calle es el espacio de experimentación y de expresión de estos jóvenes. Algunas escenas dimensionan y, de alguna manera, envuelven de un cierto glamour y de una épica pequeña y cotidiana ese intento de hacer suyo el espacio público a golpe de patinete y ritmo de música urban. Aunque las calles céntricas de la metrópolis sean un espacio más hostil, aunque sean objeto de alguna ronda de identificación de identidad con sesgo racista.
Un flirteo que recorre la narración se depliega, en parte, a través de textos y vídeos enviados mediante aplicaciones de mensajería. De nuevo, el cine reproduce que la multiplicidad de pantallas es una parte tan integral de tantas vidas que debe ser mostrada para poder explicarlas. Porque las mismas vidas tienen lugar de manera fragmentaria, en planos diferentes. Durante parte del filme, las apuestas estéticas y los juegos de pantallas de las realizadoras dinamizan la narrativa visual de la propuesta. Poco a poco, la narrativa visual deviene más clásica y se pone al servicio de un relato más lineal, de los diálogos, de las interpretaciones. Y de la arquitectura del guión.
Hermanos y los límites de los deseos
La primera escena de Hermanos ya anticipa que su personaje principal vivirá un arco dramático marcado por lo aspiracional. Que quiere su casa grande y su piscina, aunque sea de manera inconcreta y aparentemente inocente. Su anhelo es de raíz materialista, sin estar interferido por vocaciones profesionales como las que el realizador Adrián Orr escenificó en el proceso de desclasasamiento (¿o reclasamiento?) que retrató en A nuestros amigos (2025). Su anhelo no parece nacer de un arribismo cínico, porque esta no es una historia de héroes y villanos, pero que sí incluye un cierto renegar de sus raíces. Algo derivado, quizá, del miedo a que el barrio que está dentro de él (y dentro de sus amigos) le delate como un otro.
Las barreras sociales vuelven a levantarse cuando amanece y vuelve la luz del sol. Las caras, los colores de la piel y la profundidad de los bolsillos vuelven a ser muy visibles, pero no necesariamente hay elitismo o insensibilidad en algunos acontecimientos. Quizá alguno de los protagonistas sentirá que quienes no solo no son clase media, sino que ni siquiera pueden fingirlo, son como extraterrestres en ese otro mundo que antes se denominaba burgués. Que son como el alienígena deSuper 8 (2011), aquella película que parecía sugerirnos que los diferentes solo pueden existir en paz si ponen distancia y lejanía.
Otros personajes del trío protagonista conservarán, quizá, la esperanza de la movilidad social. Porque las autoras del filme anticipan que algunos caminos vitales se cierran y otros permanecen abiertos. A través de esta combinación, parecen escapar de una dicotomía entre lo posible y lo imposible. Aunque lo posible, pero improbable, requiera de cierto esfuerzo general. El desenlace con escobas puede recordar a la conclusión de la magnífica El viatge de la Marta (2019), de la cineasta catalana Neus Ballús (La plaga), otro relato (mucho más complejo de lo que parece) sobre los límites y las potencialidades de las buenas intenciones.
Las hermanas Carol y Marina Rodríguez Colás ahondan en su tándem creativo en su nueva película: 'Hermanos', una propuesta desde el orgullo de clase, la vida de barrio y la multiculturalidad
Las hermanas Carol (Cornellà de Llobregat, 1982) y Marina Rodríguez Colás (Esplugues de Llobregat, 1986) firman su primera película juntas como directoras: Hermanos, una historia sobre cómo es ser un adolescente de barrio hoy, con una mirada desenfadada que busca conectar con el público y desestigmatizar a la juventud de clase obrera.
Tras hablar de su generación, la millennial, en Chavalas(2021) — con Carol como directora y Marina como guionista—, ahora las Rodríguez Colás se lanzan a retratar a los zeta y profundizar en su tándem creativo en Hermanos. En una entrevista previa al estreno en cines de la película el próximo 3 de julio, hablan de su experiencia trabajando juntas y de los retos que ha supuesto el viaje de Hermanos, una reivindicación del orgullo de clase, la vida de barrio y la multiculturalidad.
Ya habíais trabajado juntas, pero este es el primer largometraje que codirigís. ¿cómo ha sido la experiencia? ¿Cuál ha sido la dinámica?
Marina Rodríguez Colás: Nosotras habíamos hecho ya algunas piezas conjuntas de coescribiendo y codirigiendo, y veíamos que funcionábamos. Entonces con el largometraje empezamos a escribir juntas desde el minuto cero y nos fuimos nutriendo.Hicimos todo el proceso de documentación conjunto, los laboratorios de guión y demás.
Después, ya en el set, nos dividimos un poco más. Yo tuve un poco más de contacto con los actores y Carol tiene como más perfil de dirección, entonces es mejor con la planificación, con la dirección de foto. Estaba como más en la parte técnica, a pesar de que todo se consensúa. Pero sí que es verdad que en el rodaje cuando hay que tomar decisiones más rápidas, pues igual yo iba a dar notas a los actores si necesitábamos algún cambio y Carol trabajaba más con Philippe Therasse, que era nuestro director de fotografía, y le daba las notas para seguir haciendo tomas.
Carol Rodríguez Colás: Desde mi experiencia yo creo que es enriquecedor, porque al final a veces sientes que el ser directora es un trabajo solitario: producción tiene todo su equipo, dirección tiene su equipo, fotografía evidentemente tiene su equipo… Y como directora sí, tenemos una script maravillosa y el cine se hace en equipo obviamente, pero con Marina codirigiendo nos aportamos feedback. Cuando teníamos alguna duda nos preguntábamos, y eso ha hecho la película mejor.
«He aprendido de ella que los actores son el alma de la película»
¿Qué os hizo decidir que Hermanos tenía que ser una codirección?
C.R.C: Yo tenía muchas ganas de escribir. Marina escribió Chavalas y yo la dirigí, y supongo que Marina tenía también muchas ganas de meterse ahí en el set, con los actores, dar su visión también, le apasiona el departamento de arte….
M.R.C: … y vestuario.
C.R.C: Pero es eso: dos cerebros piensan mejor que uno, y si tenemos la misma sensibilidad, nos gustan las mismas cosas y estamos de acuerdo, podríamos hacer mejor la película. Porque nuestro objetivo al final es hacer la mejor película posible, así que dijimos ‘pues vamos a codirigir’.
M.R.C: Sí, y a mí el set no es que me apasione, la verdad. Me parece como muy cansino, son muchas horas, hay mucha gente… es agotador, hay que tomar decisiones muy rápido y el tiempo pasa. Es muy caro hacer una película, hay mucha responsabilidad. Por otro lado, el contacto con los actores, que de repente las escenas que tú has imaginado en tu cabeza estén sucediendo, que haya mucha gente trabajando para que esa imaginación explote en la realidad… me parece muy mágico. Así que también me gustaba estar ahí.
¿Qué habéis aprendido la una de la otra durante este rodaje?
M.R.C: Yo creo que Carol es muy buena tomando decisiones muy rápido, yo siempre soy dubitativa.
C.R.C: Y yo he aprendido de ella que los actores son el alma de la película. Lo sabía, obviamente, pero esto me lo corrobora. Todo el mimo que les han puesto a los actores es lo que hace que la película brille, y ojalá que brille. He visto que es indispensable todo ese mimo.
Ahora que habláis de actores: los protagonistas de Hermanos son debutantes, ¿qué tal ha sido este proceso?
M.R.C: Hicimos un casting por todos los institutos de periferia, entonces íbamos sacándolos con una directora de casting, Mireia Salgado, sacábamos a los actores, hacíamos mini entrevistas, los grabamos, veíamos cómo se movían delante de la cámara. A partir de ahí mirábamos los vídeos en casa, debatíamos y tal, y ya íbamos filtrando. Después de ese proceso tan largo, tienes que tomar decisiones. Y es muy complicado porque te juegas mucho. No es un actor que has visto en películas y sabes qué abanico te va a dar, al final es un experimento.
Una vez tomada la decisión, ya trabajamos con una coach de actores, que está muy habituada a trabajar con adolescentes y darles herramientas actorales para que empiecen a ensayar la película sin tener que aprenderse el guión de memoria. Es como más imaginar escenas, incluso escenas que no están en el guión, cosas que no han pasado, que se inventa la coach para que vayan creando una relación entre ellos, que tengan recuerdos de experiencias vividas de amigos. O sea, para que tengan una voz y luego se vea en pantalla. Todo eso son muchas semanas y muchas horas de ensayo.
Y después, sobre todo, para que no hablen como nosotras hemos escrito, porque nosotras teníamos diálogos de referencia (al final tienes un guión para presentar el proyecto, subvenciones, ayudas, etc…), pero les decíamos: ‘esto pasa en esta escena y pasa así, explicarlo con vuestras palabras’. Entonces los chavales utilizaban sus jergas, sus palabras, su forma de expresarse…porque si a un actor no profesional le haces aprender las líneas, y también tan jóvenes que no hablan como tú, siempre se sentirá forzados. Creo que la clave es invertir mucho más tiempo en darles libertad.
¿Cómo habéis trabajado con los actores para conseguir esa complicidad que se ve en la película?
C.R.C: Pues, como dice Marina, es hacer un buen casting. Dos de los protagonistas ya eran amigos de la infancia: Badr [Oubahassou], que hace del protagonista, Ayman, y Omar [Mills], que interpreta a Eric, los encontramos en un instituto de Cornellà de Llobregat. Ya habían ido desde pequeñitos juntos a clase, entonces ya ese vínculo estaba creado.
El tercero en discordia, Pau [Márquez], lo escogimos de Valencia, ni siquiera es catalán, es valenciano, pero se llevan súper bien. Tienen la misma edad, la misma clase social, diría, clase trabajadora los tres, con los mismos referentes. Y para el trabajo con ellos les hicimos estar muchas horas entre ellos tres juntos para que crearan un vínculo.
En Hermanos tienen mucho peso las culturas de origen de los personajes. ¿Cómo habéis trabajado con esta multiculturalidad para hacer una buena representación?¿Cuál creéis que es la imagen que se tiene de los jóvenes migrantes en España actualmente?
M.R.C: Bueno, es un proceso de documentación, sobre todo. Es hablar con muchos adolescentes, pasar horas con ellos, intentar ver en qué espacio se mueven. Es conocerlos más profundamente y saber cómo son sus sueños, sus familias. Cuando hacemos casting de un actor, hacemos casting a la familia. Bueno, Farah Hamed, al final, la madre del actor principal, sí que es profesional.
C.R.C: Su hermanita pequeña sí que es la hermana.
M.R.C: Claro, la hermana pequeña que sale, es su hermana de verdad… hacemos casting y entonces, a través de ese conocimiento de la documentación y el conocimiento de los actores que cogimos, reescribimos también. Les preguntamos si las cosas son realistas para basarnos un poco en la información que nos dan ellos, y que así se sientan cómodos.
C.R.C: Los jóvenes migrantes está muy estigmatizados, sobre todo si no son blancos, obviamente. Reciben mucha violencia desde bien jóvenes. Ellos nos lo han contado en todas las entrevistas que hemos hecho con ellos para escribir el guión, así que queríamos dar la cara B de esa visión. O sea, unos adolescentes sin estereotipos, unos adolescentes que son adolescentes, punto.
M.R.C: Sí, que hacen y desean cosas de críos: que se enamoran, que se pelean entre amigos, que tienen discusiones chorras, que quieren ir a una fiesta para gorrear. Cosas de chavales, de adolescentes. No de problemas de que mi padre está en la cárcel, que yo robo, drogas… se nota mucho que se escribe desde el desconocimiento y la ignorancia, lo que es súper peligroso porque perpetúa estereotipos que luego la gente asume como reales.
En Chavalas habláis más de las vicisitudes del barrio desde la perspectiva de vuestra generación, la millennial. ¿Cómo ha sido representar ahora a los Zeta en Hermanos?
C.R.C: Bueno, es por la curiosidad: ¿Cómo son ahora los adolescentes de nuestro barrio? ¿Qué desean? ¿Qué aspiran? ¿Cómo son además los chicos? Que tampoco hemos tenido esa experiencia. Pues explorar, y ha sido muy divertido. Y sobre todo, estos chicos que están tan estigmatizados: ¿Cómo son en realidad? Pues vamos a contar esta historia.
«Sería súper bonito que dentro de 10 años un adolescente dijera ‘yo vi esa película y me sentí representado'»
Vuestro proyecto pasó por Residencias de la Academia de Cine. ¿qué papel jugaron las residencias en la construcción de la historia? ¿De qué formas creéis que ayudan este tipo de laboratorios a los proyectos cinematográficos?
M.R.C: Sobre todo hemos pasado por un laboratorio que está exclusivamente dirigido a mujeres cineastas, que es catalán, que desde un colectivo se llama Dones Visuals. Ahí hay mucho apoyo a nuevas cineastas, y hay mucho cariño y mucho amor, y te dan una script editor, la persona que te acompaña, y ahí empezó a madurar la película.
La siguiente residencia fue la de la Academia de Cine en Madrid [Residencias de la Academia de Cine]. Es importante esa residencia porque te dan un sueldo. Es importante decirlo porque eso te permite trabajar durante nueve meses con un mentor o mentora, y desarrollar tu largometraje y tener como una primera pieza final. El siguiente paso para nosotros fue hacer un laboratorio internacional para ver cómo funcionaba la peli y cómo se entendía con compañeros y compañeras de diferentes partes del mundo.
Hicimos el MFI, que es un laboratorio que está en Grecia, y aparte de sus sitios maravillosos, también tienes una mentora. A nosotros nos tocó Ana Sanz Magallón, que justamente es española, pero la mayoría de mentores eran griegos o de Estados Unidos. Ese fue un poco nuestro proceso. Cada laboratorio nos ha servido para algo.
C.R.C: Como todo en la vida, tienen partes buenas y tienen partes malas. Igual hay laboratorios que tienen una agenda y cogen un tipo de historias. Igual son muy caros para que acceda todo el mundo, y si no tienes una productora que te lo paga, igual no puedes acceder. Entonces tampoco son tan accesibles y al fin y al cabo. Pero tienen la parte buena que la escritura es muy solitaria, es duro, son años. A veces estás en un callejón sin salida que no sabes cómo continuar, de ‘no sé si estoy escribiendo una basura’. Y ahí tienes compañeros que están viviendo la misma experiencia, te dan feedback yves otras salidas y las escribes con otra energía. A nosotros nos ha ido súper bien.
¿Cómo os gustaría que se recordara la película dentro de diez años?
M.R.C: Pues sería interesante que se recordara como una película que abrió el paso de representar la realidad de los adolescentes catalanes sin vincularlos a la migración. Y también, quitar tal vez eso de primera generación, segunda generación, tercera generación… porque cuando dejamos de ser terceras, cuartas, ya borramos eso y somos catalanes. Eso sería guay.
C.R.C: Pues mira, sería súper bonito que dentro de 10 años un adolescente dijera ‘yo vi esa película y me sentí representado. Por fin me vi como un adolescente normal, con deseos y sueños como todos los adolescentes. Y me fui del cine contento'».
La directora Andrea Jaurrieta estrena este año sus dos primeras series: 'Cochinas' y 'Millennial mal', un paso distinto en su carrera tras las películas 'Ana de Día' (2018) y 'Nina' (2024)
Andrea Jaurrietaestrenó en Prime Video el pasado abril Cochinas, su primera serie, en la que se repartía los episodios con Laura M. Campos y Nuria Gago, y ahora llega a Filmin con Millennial mal, otra miniserie cuya dirección se reparte con la creadora y protagonista, Lorena Iglesias. Un giro en la carrera de una cineasta hasta ahora de largometrajes independientes como Ana de día (2018) y Nina(2024), que reflexiona sobre como la ventana de las series esta permitiendo a una generación de realizadoras consolidar sus carreras.
La directora nos atiende a la puertas del estreno de Millennial mal para hablar de este paso y mientras prepara su siguiente largometraje, Macramé, del que deja algunos detalles.
¿Cambia mucho la forma de trabajar entre el cine y las series?
Cambia porque al final estás trabajando para la idea de otras personas. Obviamente tú cuando recibes los guiones lo llevas a tu mundo, pero siempre consensuado con las personas que lo han escrito. En el caso de Cochinas, como los showrunners, Carlos del Hoyo e Irene Bohoyo, no dirigían, estaba todo más abierto y podía dar mi punto de visto en base a lo que ellos querían. Pero en Millennial mal es una codirección con la creadora, pues Lorena [Iglesias] tenía la última palabra. Es diferente, pero también me quita presión, tengo que decir.
Tras la desvinculación y anuncio de acciones legales por parte del grupo, el filme sobre la mítica banda de folk metal, dirigido por Álvaro Brechner ('La noche de 12 años'), enseña su tráiler
Ya se puede ver el primer tráiler de Fiesta Pagäna, la película que lleva a la ficción la historia de la banda musical Mägo de Oz. Dirigida por Álvaro Brechner (La noche de 12 años, Mr. Kaplan), que ha coescrito la película junto a Sofía Cuenca, este avance desvela las claves del filme, inspirado en la historia de uno de los grupos más reconocidos del rock español, que llamó la atención de todo por su fusión entre el heavy metal con el folk celta en los años 90.
Tras completar trece semanas de rodaje entre Madrid, Gran Canaria y Fuerteventura, este avance de Fiesta Pagäna enseña las primeras cartas de este drama musical con el que se busca combinar, según la información oficial, «el espectáculo de los grandes conciertos con la dimensión más íntima y humana de una banda que marcó a toda una generación».
En el tráiler de Fiesta Pagäna toma claro protagonismo el actor Adrián Lastra, que se pone en la piel de Txus di Fellatio, fundador y batería de la banda. Él y Adrià Mondaray, que interpreta a José Andrëa, el vocalista de la época dorada de la banda, lideran un reparto que da vida en la ficción a los miembros de la banda: Jorge López (Fran), Carlos Librado ‘Nene’ (Carlitos), Guillermo Furiase (Moha), Luis Bondia (Kiskilla), José Sospedra (Peri), Jon Arias (Salva) y Marc Parejo (Fernando).
Tráiler de Fiesta Pagäna
Una historia de «humor, aventuras, conflictos y pasión que nos descubre el precio del éxito» en la que también participan intérpretes como Michelle Renaud, —que dará vida a la vocalista Patricia Tapia—, Antonio Dechent, Eduardo Velasco, Neus Sanz o Felipe García Vélez. La película está producida por Patricia González para Eterno Island Pictures, con Pedro Díaz ‘Peri’ (exbajista de la banda) como productor ejecutivo.
Por otro lado, el equipo técnico de Fiesta Pagäna reúne a profesionales como Nazareth Rodríguez Ruiz (Dirección de producción); Raquel Troyano (Diseño de producción), David Cortázar (Dirección de fotografía), Nacho Ruiz Capillas, Ángel Pazos y el propio Álvaro Brechner (Montaje), Marcos Salso (Sonido directo), Marta Fenollar (Diseño de vestuario), Blanca Otamendi (Maquillaje y peluquería) y el ganador del Goya Iván López (Supervisor VFX).
La disputa detrás de la película de Mägo de Oz
El lanzamiento del tráiler y estas primeras imágenes de la película se produce pocas semanas después de que el proyecto haya visto como la propia banda se desvinculaba del mismo y anunciase acciones legales contra la productora de la película. El pasado 16 de junio, desde las redes sociales de la banda, se lanzaba un comunicado en el que se aseguraba que se había registrado «sin permiso y unilateralmente» el nombre de Fiesta Pagana para el filme, al considerarse que se trata de un título que pertenece a la banda —así se llama la popular canción original a la que hace referencia—.
La productora, Eterno Pictures, respondía a las acusaciones de la banda con otro comunicado asegurando que han «cumplido en todo momento con los acuerdos de colaboración suscritos y con la normativa vigente en materia de propiedad intelectual y derechos audiovisuales» y asegurando que el asegurar que han vulnerado el artículo 10.2 de la Ley de Propiedad Intelectual carece «de todo fundamento».
A finales de los años ochenta, un grupo de jóvenes de barrio decide desafiar todas las reglas y perseguir un sueño que parecía imposible: fusionar la fuerza del heavy metal con la magia del folk celta. Lo que comienza como la aventura de unos amigos acaba convirtiéndose en un fenómeno que revolucionará el rock en español y cambiará sus vidas para siempre.
Kike Maíllo y el equipo detrás de 'Oswald. El falsificador' estrenarán en septiembre, coicidiendo con el 25 aniversario de los atentados de las Torres Gemelas, el caso de Tania Head, que llegó a presidir la Asociación de Supervivientes del World Trade Center
El director Kike Maíllo (Eva, Disco, Ibiza, Locomía) se ha sumergido en la increíble historia de Tania Head, la española que, durante años, fue una de las voces más reconocibles entre los supervivientes del 11-S. Coincidiendo con el 25 aniversario de los atentados del 2001 en Estados Unidos, se estrena la película documental La superviviente. El 11-S fue solo el principio, que reúne al equipo de Oswald. El falsificador (2022), uno de los éxitos documentales de Filmin y nominado a los Premios Goya y Guadí.
El 3 de septiembre llegará a las salas, para después llegar a 3Cat (8 de septiembre) y culminar en Filmin (11 de septiembre), este documental que ha escrito Markos Goikolea que se sumerge en el personaje de Tania Head, para, según la información hecha pública, hacernos reflexionar «sobre la fragilidad de la realidad y la eterna danza entre la autenticidad y la ficción que define nuestra experiencia humana».
Escrita por Markos Goikolea, La superviviente relatará el caso de Head, la única persona que, según su relato, logró salir con vida de la planta donde colisionó el segundo avión en los atentados de las Torres Gemelas en Nueva York. Su historia, que incluía detalles como la pérdida de su novio y prometido, dio la vuelta al mundo. La ascendencia de esta mujer llegó a ser tal que se convirtió en la Presidenta de la Asociación de Supervivientes del World Trade Center.
La superviviente supone una nueva incursión de Kike Maíllo en el documental tras el buen recorrido que tuvo Oswald. El falsificador, que mantiene algunas similitudes con el proyecto. El director, que se encuentra ahora inmersoen el rodaje de su siguiente película de ficción, El acercamiento de la mujer cactus y el hombre globo (Netflix) mantiene un idilio con Filmin tras el buen resultado del estreno directo en la plataforma de Cosmética del enemigo (2020) y el propio documental sobre Oswald Aulestia.
La superviviente. El 11-S fue solo el principio esuna producción de Sábado Time con la participación de 3Cat, Filmin y la financiación de ICEC y el ICAA (Ministerio de Cultura, Gobierno de España).
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