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Libertad: Tu verano adolescente y el mío no son el mismo

Primera e interesante película de Clara Roquet, que se desmarca del verano de crecimiento para meterse en terrenos más agrios

Libertad: Tu verano adolescente y el mío no son el mismo 1

Primera y esperada película de Clara Roquet – guionista habitual de las películas de Carlos Marqués-Marcet (10.000 km, Los días que vendrán)-, Libertad podría ser la historia de una niñez que acaba y una adolescencia que empieza, empujada por una amistad inesperada. El relato de un verano en el que todo cambia para una chica, Nora (María Morera), a partir de conocer a Libertad (Nicolle García). De hecho, Libertad es eso. Pero es también algo más.

A Libertad se la puede incluir fácilmente en «la historia femenina de crecimiento infantil o adolescente«, que se ha explorado también, de distintas formas, en varias películas españolas recientes e importantes como Verano 1993 (2017), Las niñas (2020) o, con una repercursión más reducida, Ojos negros (2019) o El viaje de Marta (2019). Pero, aunque los recuerdos son recientes y los ejemplos relevantes, sería injusto tratar a la película de Roquet como una película de temática ya vista, como si tuviera que demostrar algo de entrada por partir de esa trama.

Primero porque el hueco de historias desde la perspectiva de una chica/mujer en nuestro cine no se tapa con tres trabajos. Las necesidades de contar desde el otro lado siguen ahí. Segundo porque tampoco hemos tratado con condescendencia o hartazgo de «subgénero» las decenas de casos en los que la historia coming of age era y sigue siendo de ellos. Y tercero porque Libertad cuenta esta historia desde un lugar propio en el que, como siempre, lo que importa no es tanto qué se cuenta sino cómo se cuenta.

Puntos de vista

Libertad: Tu verano adolescente y el mío no son el mismo 2

El principal acierto de Libertad es el punto de vista que elige: a diferencia de Verano 1993, los ojos de Nora no dominan por completo la película. El mundo no se percibe sólo desde su mirada. Roquet la coloca en el centro, pero alternándola y chocándola con la percepción de otros personajes. Es una chica entre dos aguas (la de niña que abandona y la de adolescente por descubrir) que está entrando en lo desconocido, y en ese terreno por descubrir entran distintos -y bien tirados- factores.

Como apunta el título, el personaje de Libertad es ese catalizador de la acción y de los temas de la película. En ella se condensan dos realidades desacompasadas para Nora: tanto el visible y aspiracional modelo adolescente como el invisible y ontológico hecho de ser la hija de la cuidadora de su abuela. La cercanía en la etapa de vida y la distancia de clase. En esta contradicción insalvable es donde Libertad se va haciendo grande mientras no renuncia a explicar con cuidado qué es lo que está viviendo Nora al abrir las puertas a nuevas experiencias.

De esa mirada puesta en la joven Libertad -y en la importantísima Rosana, su madre- emerge con amargura también el decadente mundo de los adultos que tienen más que asumidas esas relaciones de poder. Aquí Roquet es capaz de moverse en los detalles y a la vez no cortarse absolutamente nada para contar las miserias de la egoísta burguesía catalana, que aparece aquí representada en la familia de Nora. En un vestido o en una anécdota contada, la película va dando esas pinceladas crueles que dan una capa que acaba cubriéndolo todo.

Libertad sin catársis

Libertad: Tu verano adolescente y el mío no son el mismo 3

En ese sentido, Libertad es una apuesta bastante arriesgada en su relación con el espectador porque no ofrece catarsis o emoción alguna para acercarnos a sus personajes en su clímax final. Roquet no busca una identificación con Nora, que es más un personaje con el que empatizar que con el que simpatizar. La directora, como ya ha hecho antes en sus guiones con Marqués-Marcet, se atreve a contar su agria historia sin dar desvíos que no le pertenecen.

Esperemos que la fidelidad a sus ideas se reconozca y no se caiga en asumir como lejana su calculada frialdad. Libertad es una buena película que camina entre Novecento (1976), Roma (2018) y Las niñas (2020) con naturalidad y poca estilización. Así es como Roquet habla del paso a una nueva etapa, en la que el mundo adulto se abre de forma abrupta, recordándonos que va a estar atravesada por nuestro origen y condición social.

2 Comentarios. Dejar nuevo

  • manuel.alcaide@fsyc.org
    19/11/2021 10:43

    Me parece una excelente película. Un antídoto inteligente contra el ritmo frenético de los tiempos actuales. Contra la infantilización del espectador al que se somete a la inercia de no pensar… administrándole sensaciones de vértigo y plástico. Roquet nos ofrece una mirada sobre el privilegio y la adolescencia y nos requiere una reflexión. Una lentitud intimista que debe ser percibida como un regalo. Gracias Clara.

    Responder
  • En mi opinión es una película atrevida y provocadora para que el espectador sienta y saboree las escenas delicadas y sutiles que nos interpela a reflexionar sobre las etapas de maduración en la adolescencia. La diversidad de prismas que emplea Roquet y su ritmo lento nos introduce en un universo sabiamente comunicativo.

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