Clásicos del cine español
Cuando el cine español se rehizo a sí mismo: 10 ‘remakes’ tan clásicos como su original

Está de moda quejarse de la falta de ideas del cine actual, con tanta nostalgia y tanto remake. Pero ni siquiera en eso es original. Las ‘versiones actualizadas’ de los grandes clásicos existen desde que el cine es cine: incluso antes de acumular películas suficientes lo que se hacía era reciclar obras de teatro de éxito que, a su vez, podían rehacerse en la literatura.
No es raro: nostalgia, reclamo comercial con historias que ya se sabe que funcionan… y la necesidad de llevar a su tiempo determinadas ideas o planteamientos. Títulos que hoy consideramos clásicos indiscutibles nacieron como versiones de otros muy anteriores. Algunos de ellos se consideraban hasta ese momento intocables, pero el ojo de un director, o directora, supo traerlos a su presente.
Este julio FlixOlé, la plataforma del cine español de todos los tiempos, lanza su colección ‘Reescribiendo el cine español’, una selección de remakes ibéricos que tenían como base otra película anterior. Para este artículo hemos seleccionado 10 largometrajes que hablan de una cinematografía capaz de actualizarse a sí misma, tanto a través de sus éxitos puntuales como de historias universales.
LOS CABALLEROS DEL BOTÓN DE ANCLA (1974)

Empezamos con una en la que un director se ‘remakeó’ a sí mismo. Ramón Torrado había adaptado en 1948 la novela Botón de ancla, del escritor José Luis de Azcárraga, un best-seller de la época que se había publicado ese mismo año. En 1960, Miguel Lluch la había convertido en musical con Manuel de la Calva y Ramón Arcusa, el Dúo Dinámico, como protagonistas.
A Torrado, un veterano del cine industrial que lo mismo rodaba películas de Manolo Escobar que dramas históricos, se le quedó la sangre en el ojo y parió una versión rejuvenecida. Si la de la posguerra, en blanco y negro, se pasaba de patriotera, esta se centra más en la camaradería entre los tres amigos protagonistas, cadetes de la Escuela Naval Militar, y aprovechar el color para, a pesar de la tragedia final, regalar una película luminosa y llena de vida. Por cierto, con Pepe Ruiz, el mítico Avelino de Escenas de matrimonio (2007).
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LA HERIDA LUMINOSA (1997)

En una colección como esta es casi inevitable que aparezca el poeta de la nostalgia en el cine español: José Luis Garci. En 1997, contra corriente como suele ser su gusto, estrenó esta película clave de su segunda etapa como director. Adapta la obra de teatro de 1954 de Josep María de Sagarra que ya había llevado al cine en 1956 Tulio Demicheli con Amparo Rivelles como protagonista y financiación mexicana.
Garci pone a Fernando Guillén y Cayetana Guillén Cuervo a interpretar a padre e hija en una historia ambientada en los 50. Un médico burgués y ateo, cuya hija ha entrado en un convento, que engaña a su mujer con una colega más joven y se encuentra en plena crisis vital. Aunque no da de lado a la parte religiosa, Garci compone una historia sobre el arrepentimiento en el final de la vida mucho más descarnada y realista que las ‘catequistas’ versiones anteriores.
UNA MUJER BAJO LA LLUVIA (1992)

Gerardo Vera se atrevió a reescribir todo un clasicazo como La vida en un hilo (1945), de Edgar Neville. En la primera, una mujer que acaba de enviudar (Conchita Montes) imagina con ayuda de una vidente cómo habría sido su vida de elegir a otro pretendiente que no fuese el ya difunto marido. Más comedia que tragedia, tiene los toques de crítica social soterrada del viejo maestro Neville.
La noventera, coescrita por Manuel Hidalgo y Carmen Posadas, estaba más cerca de la comedia sexual típica del cine español del momento, reflejo de las nuevas formas de relacionarse. Aquí no enviuda nadie, hay triángulo amoroso, y lo forman, ojo, Ángela Molina, Antonio Banderas e Imanol Arias. Por cierto, por si lo estás pensando: Dos vidas en un instante, de Peter Howitt, protagonizada por Gwyneth Paltrow, es de 1998, seis años después.
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MORENA CLARA (1954)

Cuando decimos que los remakes no son invento de antes de ayer, es que ya los había en los 50. Luis Lucía recuperó para el cine de folclóricas esta obra de teatro de Antonio Quintero y Pascual Guillén estrenada en 1935 y llevada al cine poco después por Florián Rey. Una zarzuela, una españolada, que se llevó al gusto de los musicales del momento.
El salto de casting es jugoso: de la diva Imperio Argentina a la mismísima Lola Flores, lo que por fuerza cambia el nivel de picardía (y carisma) del personaje. Como el cantaor Manuel Ligero repitió papel, su personaje pasa de ser hermano a tío de la protagonista. El argumento se lo resumo rápido: una gitana (que canta muy bien) es detenida por robar jamones. Acaba sirviendo en casa del fiscal, y de tan buena que es, lo enamora. ¿Que quién hacía del fiscal? Fernando Fernán Gómez.
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ATRACO A LAS 3… Y MEDIA (2003)

Un amigo, un esclavo, un siervo. Hay que atreverse a mucho para atreverse con esto. Raúl Marchand Sánchez fue el encargado de ‘remakear’ el clasicazo de 1962 de don José María Forqué. Iñaki Miramón, Josema Yuste o Elsa Pataky, que no eran malos nombres para una comedia allá por 2003 y tenían su gancho con el público, fueron los elegidos.
Los cambios buscan pegar la nueva versión a la actualidad del momento: la idea del atraco la provoca que al banco español lo absorba uno alemán que quiere hacer un ERE, la mujer de los sueños del protagonista es azafata del Telecupón (si es usted muy joven, búsquelo que va a flipar), el golpe se va a dar el 31 de diciembre de 2001 porque es el día que se cambiaba de la peseta al euro. Otros tiempos.
YA NO VA MÁS (1988)

Si hay algo arriesgado es rehacer la propia obra maestra de uno. Mariano Ozores lo hizo y menos de 10 años después del estreno de la original. Sí, hablamos de la mismísima Los bingueros (1979), aunque en Ya no va más sin Andrés Pajares ni Fernando Esteso, sino con su hermano Antonio como jefe de pista, cara visible y conexión entre ambos títulos.
La historia es básicamente la misma: dos pringados afectados por el paro y la precariedad (la de mitad de los 80 en lugar de la Transición, hay cosas que no cambian) y descubren la ruleta, en lugar del bingo. A partir de ahí forman una pequeña asociación para intentar salir de la miseria juntos, sin demasiado éxito pero con la misma tontería.
MARCELINO PAN Y VINO (1991)

Luigi Comencini, director clave en su día de la comedia a la italiana, dirigió esta coproducción que adaptaba la novela de 1953 de José María Sánchez-Silva y su exitosa versión cinematográfica dirigida por Ladislao Vajda. Al niño actor español Pablito Calvo lo sustituyó el italiano Nicolò Paolucci en una película rodada originalmente en la lengua de Dante.
La historia es archiconocida: un bebé abandonado a las puertas de un convento franciscano que se pasa el día haciendo travesuras para mortificación de los frailes, que lo quieren como a un hijo. Comencini trasladó la acción al siglo XVI, mientras que la novela se ambientaba en las Guerras Napoleónicas. Entre los frailes, un prior con el rostro de Fernando Fernán Gómez y un ‘fray papilla’ con el de Alfredo Landa.
LA CELESTINA (1996)

Gerardo Vera se repite en esta lista, aquí adaptando o readaptando una de las obras más trasladadas al cine, teatro o cualquier otra fórmula de la literatura española. Del clásico de Fernando de Rojas de 1499 surgió la versión en largometraje de 1969 dirigida por César Fernández Ardavín, con Julián Mateos y Elisa Ramírez como Calisto y Melibea y Amelia de la Torre como Celestina.
La vuelta noventera reunió al dream team: Juan Diego Botto y Penélope Cruz como los jóvenes amantes y Terele Pávez como la vieja alcahueta en un papel que le sienta como un guante. Como El perro del hortelano (1996), de Pilar Miró, juega con un pie en lo teatral y el texto original, con una vuelta de ironía y haciendo explícito el erotismo que en la otra estaba implícito, y enmarcando en una puesta en escena lujosa.
TODO ES POSIBLE EN GRANADA (1982)

Una de las últimas cabalgadas de un viejo cowboy como Rafael Romero Marchent, y el último largometraje que protagonizó un tótem como Manolo Escobar. Actualiza a los 80 un gran éxito internacional de 1954, del mismo título y dirigido por José Luis Sáenz de Heredia y que provocó el primer intento, sin éxito, de fichar a Paco Rabal para Hollywood.
La original era una comedia romántica, la segunda añade la capa musical para aprovechar el talento de Escobar. La base de la historia, con los cambios comprensibles, se mantiene: una compañía de EEUU llega a Granada a comprar unos terrenos en los que hay uranio (en los 50 la actualidad era máxima, en los 80 sonaba exótico). Solo un propietario se niega a vender, porque está buscando un tesoro morisco. Entre él y la representante de la compañía surgirá el amor.
LA LOLA SE VA A LOS PUERTOS (1993)

Josefina Molina rodó la adaptación de la película de 1947 de Juan de Orduña. Esta se basaba en la obra de teatro del mismo nombre de los hermanos Antonio y Manuel Machado y que también tuvo una versión en zarzuela durante los años 50. El primer largometraje lanzó la carrera de Juanita Reina a sus 22 añitos, el segundo eligió a una cantante más experimentada y mayor en el momento del rodaje, dándole otro giro al personaje: la mismísima Rocío Jurado.
Aunque la historia básica es la misma —un triángulo amoroso en 1860 entre un señorito andaluz, su hijo, una cantaora… y el guitarrista de esta—, envejecer a la protagonista con la presencia de La Más Grande le da otros niveles de lectura en manos de la directora de Función de noche. Para escoltarla, Molina contó con dos viejos galanes de renombre y muy adecuados para sus papeles: Paco Rabal y Pepe Sancho.
Puedes consultar todas las películas en la colección ‘Reescribiendo el cine español’ en FlixOlé.


Jose A. Cano









