CLÁSICOS DEL CINE ESPAÑOL
Cuando Garci decidió pasar de la nostalgia vivida a la imaginada

José Luis Garci es el gran autor nostálgico del cine español. Como hemos analizado alguna vez en Cine con Ñ, como director y como guionista nació añorando tiempos mejores sin haber cumplido siquiera los 35 años. Asturias y Madrid, la Transición y el cambio entre el siglo XIX y el XX, son las coordenadas de una obra, aún así, que tiene un punto de inflexión a partir de los 90, cuando pasar de añorar desde el presente a hacerlo desde adaptaciones literarias, es decir, desde los recuerdos de otros.
Su gran triunfo internacional, Volver a empezar (1982), la que lo consagró como un director fundamental del cine español, ya es una película sobre el pasado. Un primer paso para empezar a hablar más sobre lo que no fue que sobre lo que es, dejando atrás filmes más testimoniales de su momento como Asignatura pendiente (1977) o Solos en la madrugada (1978).
Precisamente la ganadora del Oscar se acaba de estrenar en FlixOlé junto con otros cinco títulos del maestro madrileño que llegan por primera vez a streaming. Cuatro adaptaciones literarias de clásicos -incluido uno no español bastante sorprendente y que lleva a su terreno- y una secuela, la de su primer gran éxito, y con la que cerró lo que el ‘garciólogo’ Andrés Moret llamó “su etapa prospectiva”.
Asignaturas para septiembre
Asignatura aprobada (1987) cierra una primera década de la filmografía de Garci y su empeño en reflejar la España del momento. Se despide del protagonista de su primera película concluyendo que al final el presente no era para tanto. Jesús Puente toma el relevo a José Sacristán y Antonio Ferrandis (José Manuel Alcántara es un poco trasunto de Antonio Miguel Albajar) y se cierra una etapa.
Se acabó la realidad. Volvamos a la ficción, que nunca decepciona. Todas esas cosas que creíamos que teníamos pendientes, viene a decir, no eran para tanto. Mejor refugiarse en el cine, donde las reglas están claras y los planos pueden salir redondos.
Después de esta película, José Luis Garci pasará siete años sin rodar, hasta el estreno de Canción de cuna (1994). La primera de una serie de adaptaciones literarias y de lo que Moret bautizó como “etapa retrospectiva”, en la que el cineasta decide abandonar la crónica del momento y centrarse en recrear un pasado, si no idealizado, al menos estilizado.
En este caso, partiendo de la base de la obra de María de la O. Lejárraga y conociendo las versiones cinematográficas previas, Garci viaja a los comienzos del siglo XX para contar la misma historia de personajes insatisfechos y oprimidos por una educación religiosa que los censura, cuya única salida es la huida. Sus adaptaciones literarias bailarán sobre esta tensión: lo que la sociedad espera, lo que el individuo desea. Son comentarios sobre el mismo franquismo del que huían sus personajes “de presente” de los 80.
Entre ellas habrá de todo. Por ejemplo, Ninette (2005), en la que Garci ya tiene plenamente adoptado como uno de sus actores recurrentes a Carlos Hipólito y por primera vez cuenta con Elsa Pataky, que se desveló como una gran actriz cómica. El director dialoga tanto con la obra teatral de Mihura como con la versión de Fernando Fernán Gómez de los 60 para proponer un complejo de españolito que va con boina al extranjero algo más vitalista —dentro de la nostalgia garciana— y menos resignado, aunque igualmente hecho a la rutina como cura de todas las heridas.
Sherlock Holmes en el Madrid de Galdós
En Luz de domingo (2007), de hecho, Garci vuelve a reunir a un elenco de sus habituales (Fernando Guillén Cuervo, Alfredo Landa) con actores jóvenes del momento (Álex González, Paula Echevarría), tomando como referente a Ramón Pérez de Ayala. Esta vez el regreso a Asturias es mucho más violento, más crudo, pero el pasado sigue siendo un territorio más luminoso que el presente, con unas reglas más firmes a las que agarrarse.
Quizás más interesante sean sus dos largas despedidas de Madrid, homenajes en elipsis tanto a los realistas y naturalistas del siglo XIX como a la ciudad de los años 50 en la que creció. Si Tiovivo c. 1950 (2004) es una especie de versión de La Colmena de Camilo José Cela filtrada por el humor de La Codorniz, Holmes&Watson: Madrid Days (2012) parece un homenaje a Conan Doyle pero realmente lo es a Benito Pérez Galdós.
Esta última, además, surge de un momento puramente José Luis Garci, de los que adorna la leyenda antes de que exista la necesidad. Supuestamente es una apuesta entre el director y su amigo, el fiscal, escritor, cinéfilo y cowboy de medianoche Eduardo Torres-Dulce, en la que paseando por el Parque del Retiro imaginaron a los detectives británicos en idéntica situación. Un monstruo que se les escapó de las manos y se convirtió en un homenaje a las ciudades que ya no existen, con una curiosa moraleja antiespeculación y guiños a El Crack (1981).
La filmografía de José Luis Garci, al final, se revela como un viaje de vuelta a la niñez, abrazando la nostalgia como motor sin vergüenza ninguna, pero sin que nos impida vivir.

Jose A. Cano



