Críticas
Jone, batzuetan: Por un cine sobre la juventud más desinhibido

Stills de 'Jone, batzuetan'. Montaje: ©Cine con Ñ
Jone, batzuetan (Jone, a veces) ficciona la vida de Jone (Olaya Aguayo), una joven de 20 años que convive con su padre (Josean Bengoetxea), enfermo de Parkinson, y su hermana pequeña (Elorri Arrizabalaga). Una noche, en las fiestas de la Semana Grande de Bilbao, Jone conoce a una chica (Ainhoa Artetxe) por la que rápidamente siente interés. Mientras, la situación de su padre y la gestión de su enfermedad se agrava.
Del grupo de estudiantes de la ESCAC que hicieron la película colectiva La filla d’algù (2019), hay tres que claramente han destacado después. Ahí están Júlia de Paz (Ama, Harta y las series Querer y Las largas sombras), Alejandro Marín (Te estoy amando locamente y la serie Maricón perdido) y Celia Giraldo (Un lugar común y la serie Esto no es Suecia). Ahora con Jone, batzuetan se une con ópera prima en solitario Sara Fantova, que había hecho antes el interesante corto No me despertéis (2018).
Esta primera película, también fraguada a través de la ESCAC (ESCAC Studio) y compitiendo en toda una Sección Oficial del Festival de Málaga, tiene eso que intuitivamente puede tener una ópera prima, pero que muchas veces se pierde por el camino: frescura. Es también una película que, por ganas de tener vida propia, peca también de algunos esquematismos y falta de cocción a nivel dramático. Pero se le perdonan gracias a esas ganas de proponer algo distinto.
La Semana Grande de Jone

Jone, batzuetan está marcada por la celebración de la Semana Grande de Bilbao, con su Marijaia, sus fuegos artificiales y sus verbenas. Fantova usa las fiestas primero a nivel narrativo y psicológico para marcar el contraste interno y la confusión que está viviendo el personaje de Jone, dividida entre la responsabilidad que tiene en casa y la evasión que vive fuera, buscando una forma de digerir todo lo que está pasando.
Pero lo más interesante de la película es que no se queda en el uso de la Semana Grande como escenario útil para explicar el camino de su protagonista, sino que de verdad lo usa in situ con bastante desparpajo. La película no solo se ha rodado en las celebraciones reales de la Semana, sino que las ha integrado en la ficción sin disimulo. Y también se nota que ha habido cierto espacio para la improvisación en las secuencias grupales, dándole desahogo a un coming-of-age menos «de autor» pero más libre.
A Fantova le sale bien la jugada ‘a lo Cassavettes’, una interacción con la vida real que le da mucho aire a Jone, batzuetan. Todo esto contribuye a una sensación de desinhibición importante si estás viendo una película sobre una chica joven, sumándole el contexto y momento vital en el que está. Además, es un win-win por el otro lado también: las secuencias de recogimiento subjetivo de Jone, cuando se abstrae de su entorno, por contraste funcionan mucho mejor porque se percibe que realmente está «fuera» de una realidad que está muy viva. Ahí, junto a los momentos de archivo, surge su personalidad e interés.
Jone, batzuetan, a veces no tan bien

Quizá donde no engancha tanto la película es en las secuencias interiores y, sobre todo, a la hora de relatar la evolución de la enfermedad del personaje del padre y la forma en la que se plantea que Jone tiene que lidiar con todo eso. No es que sea antinatural (la interacción con la pequeña Elorri Arrizabalaga es genial y Josean Bengoetxea está correcto), pero sí que se percibe que las escenas fluyen menos, todo se encalla un poco más, quizá encerradas en una necesidad de concreción dramática menos escrita a priori.
Con todo, Jone, batzuetan es una película que se disfruta y que consigue transmitir una naturalidad no prefabricada poco habitual en el cine español joven en la órbita de la industria, que se está acostumbrando demasiado a las explosiones controladas y a cierto encorsetamiento formal y narrativo. A Fantova se le agradece que priorice una forma de hacer menos fija, más suelta, aunque pierda por el camino algo de solidez.
Dónde ver


Arturo Tena