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Chavalas: In Spain we call it clase social

Carol Rodríguez Colás debuta con una buena película sobre la amistad y la precariedad pero con miedo a entrar en cuestiones sociales

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Chavalas cuenta la historia de Marta, una joven fotógrafa de tendencias con aspiraciones artísticas que es despedida de la revista en la que trabaja. En paro y sin perspectivas de abandonarlo, regresa de su piso compartido en Barcelona a la casa de sus padres en el barrio donde se crio en Cornellá. Allí se reencuentra con sus amigas de la infancia y sus raíces, teniendo que examinar sus decisiones vitales y su actitud ante su antigua vida.

Chavalas es una película más que correcta, muy bien dirigida, escrita y actuada, que entretiene y emociona cuando toca y se pasa volando. La protagonista es al mismo lo suficientemente odiosa y lo suficientemente empatizable para que uno la coja de la mano y la acompañe esperando que al final se redima y le vaya bien. Es una película simpática en el mejor sentido de la palabra y sin paternalismo alguno, con su poco de comedia y su poco de drama sin pisarse, que es algo mucho más difícil de lo que parece.

También es una propuesta que indaga en varias neurosis de nuestro tiempo, como la precariedad de la generación millennial en general y de las profesiones creativas en particular, el desclasamiento de los nuevos migrantes económicos a la gran ciudad o la diferencia de expectativas vitales entre generaciones. Es la película, en fin, que verían juntas Ana Iris Simón y Remedios Zafra, cada una con una libretita en la mano y sacando, seguramente, conclusiones bien diferentes.

Crítica de Chavalas sin spoilers

Chavalas

Que Chavalas dé con el público que la ha de amar y valorar en lo que es dependerá de su promoción, que ha oscilado entre venderla entre la comedia costumbrista y el drama social, cuando en realidad se encuentra en el punto exacto de equilibrio entre las dos. Los chistes son circunstanciales, no mediante la exageración. Tampoco se llegan a cargar las tintas sobre la precariedad vital de los barrios ni mucho menos analizar sus causas y consecuencias como para tenga sentido que la película lleve el apellido «social».

No, aquí lo importante son los personajes y su evolución paralela, aunque solo la protagonista, Marta, tenga un «final» para su arco. Las cuatro actrices están muy bien escogidas y se defienden con solvencia gracias también a un guion que trata con cariño hasta al penúltimo secundario -resulta que José Mota hace muy bien de persona normal- y es capaz de tratar con respeto al contexto en el que se mueve, aunque alguna vez se deslice de forma inevitable hacia al paternalismo.

De hecho si un elogio se le puede hacer a Chavalas es la naturalidad, en general, que logra imprimirle a lo que cuenta, sin pasarse de ñona -aunque en alguna escena lo roce- ni forzar ningún drama. Ayuda el casting, claro, pero es que hasta para conseguir un reparto que llore bien hay que saber. Es una película hecha con mucho cariño y un gran debut en el largometraje para Carol Rodríguez Colás, además de una muestra del registro que saben alcanzar sus cuatro actrices –Vicky Luengo, Carolina Yuste, Elisabet Casanovas y Ángela Cervantes-.

Por supuesto, la película se puede disfrutar aunque evite hablar de clases sociales y se pierda llamándolas prejuicios o diferencias entre barrios, pasando de puntillas sobre por qué unas visten como pobres y otras se disfrazan de ellas o la selección natural que se ejerce en determinadas profesiones a base de exigir poder vivir del aire mientras se empieza. Por eso esta crítica esta divida en dos partes, y tras recomendar el visionado si se tiene oportunidad, viene ahora la segunda.

El final de Chavalas, con spoilers

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Aquí sí, a partir de aquí revelo el final de la película.

Seguimos. Al final de la película, Marta organiza una exposición de fotos sobre el barrio que expone con desplegables desde las ventanas de sus vecinos, con toda la familia y amigas apoyándola. Acuden sus antiguos compañeros de la revista Shame -maravilloso nombre- y su jefe queda impresionado y le ofrece volver a colaborar. Así que se va con ellos a otro evento cultural modernoso, aunque se sobreentiende que ya nunca renunciará a sus raíces y seguirá viviendo en el barrio y en contacto con sus amigas.

Y hombre, realista es. Lo que pasa que entonces Chavalas no está impugnando ningún modelo ni defendiendo ningún modo de vida. A Marta no la echan porque ya ha empalmado muchos contratos de prácticas y no la quieran hace indefinida ni porque haya un ERE, sino porque no ha encontrado «su lenguaje» como artista. Y reconecta con él y consigue triunfar en el mundo de los modernos abrazando el origen del barrio y conectando con su identidad profunda.

Es decir, que Marta no se rebela y se sale del juego de lo moderno y de lo hispter, al contrario. Lo «gana» por la vía de competir en el concurso identitario por ser «más auténtico», la gran obsesión de cualquier moderno de cualquier época. Y es algo que se plantea explícitamente cuando una fotógrafa más joven que Marta presume de comunicarse con «gente de barrio» porque tienen la misma edad y luego se demuestra que no tiene ni idea.

Chavalas, de última, no por sí misma sino como gran parte de nuestra cultura actual, está invitando a un ejercicio de narcisismo extremo, fetichizando y convirtiendo en mercancía la identidad que ya traemos de casa, para ahorrarle la neurosis de fabricarse una nueva al que se sienta fuera del mainstream. Y que algo sea tóxico de autoayuda no invalida que sea tóxico. Obviamente esto está mejor escrito, dirigido, interpretado y todo en general que Valeria, pero en última instancia sus modelos de vida no quedan tan lejos.

Después de esta breve turra, les diré que sin ponerse a darle vueltas a esta parte también se disfruta de Chavalas, que es difícil no sentirse reflejado en la situación de alguna de sus protagonistas -aunque esté escrita para quienes nos parecemos un poquito más a Marta- y que está llena de personajes entrañables. Es una película que tiene su público para que la vea en el cine más allá antes de llegar a plataformas, y si la distribución y la promoción lo permiten, lo encontrará.

Imágenes: Chavalas (Filmax).

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