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Xtremo: Hondonadas de hostias

Daniel Benmayor dirige una exhibición de artes marciales a mayor gloria de Teo García que celebra el género de acción

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En Xtremo Max, antiguo sicario de la mafia, decide cobrarse venganza por el asesinato de su mentor y de su hijo por parte de Lucero, actual líder del tráfico de drogas en Barcelona. Todo se complica cuando adopta a un protegido, Leo, un joven que se dedica a los trapicheos y con demasiada habilidad para meterse en líos. Maestro y alumno tendrán que dar lo mejor de sí para tomarse la ravencha de quienes les han hecho daño y sobrevivir a la persecución de mafiosos rusos, chinos, colombianos y españoles.

La película de Daniel Benmayor es un manga sobre yakuzas -esto no es bueno ni malo, sino una descripción- y una cinta de acción en la que cuando se estampa la cabeza de alguien contra la pared, el golpe es tan fuerte que la atraviesa. Los malos son muy malos, el bueno es muy bueno y todos son máquinas de repartir. Los pillas con un mal día y te visten de torero.

Se trata de un filme entretenido, que va al grano, presenta a sus personajes lo justo para que te caigan bien los protagonistas y mal el resto, con su punto de realismo sucio para retratar los bajos fondos de Barcelona y conflictos muy vistos pero expuestos de forma expresiva. Como es propio a su género, el de gente alicatándose la cara a hostias, lo mejor son las escenas de acción, con el reparto presumiendo y macarradas varias. El que quiera Shakespeare que se vaya HBO y quien busque buenos sentimientos ya tiene Loco por ella.

Crítica de Xtremo con spoilers

Xtremo: Hondonadas de hostias 1

Por especificarlo. En Xtremo el personaje de Óscar Jaenada grita «yee-haa» cuando hace estallar de un disparo la cabeza cortada de un sicario del narco colombiano. Diez minutos después, en otro tiroteo en un laboratorio de drogas, se enciende un puro con las llamas del cadáver aún fresco de otro masilla y comenta que es «el sabor de la muerte». En japonés, con gafas de sol y mirando a cámara. Esa secuencia de apertura acabará con él mismo matando a su propio padre (Juan Diego, que aquí hay un nivel) de un tiro en el corazón a quemarropa.

Una cosa que ayuda a que la trama pase mejor, con todos sus planteamientos inverosímiles y sus idas de olla en busca de la máxima molonidad posible, es el sentido del humor. Aunque se pone intensa cuando toca recordar todas las perrerías que le hicieron al protagonista, Xtremo se ríe de sí misma a base de exagerar antes de cada giro. Incluido subrayar el previsible racismo que se desprende de un montón de blanquitos con katanas con mafiosos chinos o rusos por medio.

El reparto, además, se lo está pasando en grande. Por ejemplo, Sergio Peris-Mencheta, que hace del típico sicario jefe, faltón, machista, racista, torturador, cruel como él solo y con guiños a los malos más míticos del género. Lo de Jaenada, decía hace un par de párrafos, es ya otro nivel de sobreactuación. El resto están correctos, cumplen con su cometido –Teo García se exhibe en toda su habilidad como especialista con alardes como la divertidísima paliza de los baños de la discoteca-, pero es que en este tipo de macarradas al final los que más carisma tienen son los villanos.

Netflix, el género y lo genérico

Xtremo: Hondonadas de hostias 2

Es curiosa la esquizofrenia de la plataforma por defecto en cuanto a la «personalidad» de sus productos. El inocente, éxito de éxitos y thriller de muestrario, igual que Xtremo, está ambientado en Barcelona. Sin embargo, en el caso de la película de Benmayor parece Barcelona y en el de la serie de Oriol Paulo, no. Netflix se dedica a dar instrucciones para que todas sus ciudades parezcan una y la misma excepto cuando descarrila hacia el nicho del género: artes marciales o comedia (El vecino). Si es romántica, tipo Loco por ella, podría estar en Madrid, Barcelona, Toronto o Calasparra.

Lo mismo para el discurso político. Frente a la pijolandia mágica de los thrillers de oscuros secretos de familia y locos giros de «nada es lo que parece» en los que el reparto tiene una edad y situación social indefinida, Xtremo -o Riders– proponen, sin perderle la cara a la acción y el suspense y con grandes dosis de entretenimiento popular, discursos sobre clase, marginación y las escasas opciones que existen para escapar de ellas. En los productos «para todos» no existe ni la personalidad de las ciudades ni las circunstancias económicas. En los nichos sí. Quien tenga ojos que lea, quien tenga oídos que oiga.

Por regresar a Xtremo en sí: quien tenga afición por los formatos de los que bebe se lo pasará como un niño pequeño. Si el toque macarra como el del mencionado malo malísimo deja a alguien fuera, esta no es su película. Dentro de lo suyo, lo hace bien: entretenida, tierna cuando toca y pasada de vueltas en las escenas de guantazos, que es de lo que se trata. Si encima viene con ese extra de hacer crítica social y reflejar su localización geográfica sin hacer alardes impropios, pues ya para que le corten las dos orejas y el rabo a algún fan de El inocente como trofeo.

Puedes ver Xtremo online aquí.

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