La revista Variety adelantó el acuerdo de colaboración el pasado lunes. Este se ha negociado con la división de derechos audiovisuales del Grupo Planeta, propietario de la editorial Seix Barral. Otra adaptación reciente salida de los acuerdos de esta división de planeta es la próxima película de Benito Zambrano, Pan de limón con semillas de amapola, basada en la novela de Cristina campo.
Los últimos románticos cuenta la historia de Irune, empleada de una fábrica de papel en el valle de Ayala, al sur de Bilbao, que vive de manera solitaria. Apenas socializa con sus compañeros de trabajo y tiene la costumbre de telefonear a Renfe para preguntar por los horarios de los trenes a los que nunca se subirá. Pero saldrá de su aislamiento cuando se decida a ayudar a un vecino en apuros y además se una a la huelga contra los despidos en su trabajo.
Se desconocen de momento los detalles de la futura adaptación, incluido quién se encargará de la dirección, tiempos de producción o un hipotético reparto.
Una alianza cada vez más internacional
La asociación entre las productoras de La trinchera infinita está teniendo mucha proyección más allá de nuestras fronteras a raíz del estreno de la cinta dirigida por ‘los Moriarti’ en Netflix y su candidatura a los Oscar en representación de España. Una consecuencia inmediata fue que los directores Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga firmaron recientemente un contrato con la agencia The Gotham Group para desarrollar su primer proyecto en inglés.
La novela Los últimos románticos se edito a comienzos del presente año y, como tantos otros productos culturales, ha tenido un recorrido accidentado debido a la pandemia y los confinamientos. Es la cuarta novela de Rodríguez, tras Lo que será de nosotros (2012), Agosto (2013) y Si quieres, puedes quedarte aquí (2016).
El productor de La Claqueta, Olmo Figueredo, declaró al anunciarse el acuerdo que «Txani ha escrito una novela exquisita que parece que se hubiese escrito pensando en una adaptación a la gran pantalla«. En su opinión la autora vasca «tiene una capacidad innegable para hacer que modificar los lugares comunes y crear una atmósfera y personajes que cautivan».
Las productoras de La trinchera infinita también han colaborado en el ámbito de las series y el documental con el reciente éxito de El estado contra Pablo Ibar, que tras su paso por San Sebastían, donde un año antes había triunfado la cinta sobre la Guerra Civil, alcanzaron con un acuerdo con HBO que ha permitido su estreno internacional.
Rene Magritte jugó con la forma y el concepto en su famoso cuadro que rezaba que “esto no es una pipa”, sino “la representación de una pipa”. En My mexican bretzel, la debutante en el largometraje Nuria Giménez Lorang echa mano de un amplio material de archivo “encontrado” para jugar también con la realidad y la ficción, con lo que es y lo que parece ser. Si se quiere disfrutar por primera vez de una de las mejores películas de este año, lo mejor es dejar de leer aquí y llegar a la sala de cine lo menos informado posible sobre lo que se va a presenciar con el fin de vivir la experiencia de una manera más completa.
A través de grabaciones en 16 mm y Súper 8 de una pareja, Lorang narra la vida de un matrimonio aparentemente feliz, próspero, con capacidad para moverse por la Europa y el mundo occidental de la segunda mitad de siglo XX sin preocupación alguna. Sin embargo, los subtítulos que incluye la directora en sustitución de los diálogos, combinados acertadamente con los fotogramas seleccionados, van descubriendo una realidad que poco tiene que ver con la felicidad y que entra progresivamente en el campo del melodrama.
Las imágenes, pese a haberse rodado con una intención casera y para nada divulgativa, son realmente llamativas por su carácter testimonial y por lo estético de la mayoría de los encuadres. Sin darnos cuenta, parece que se rodaran hace medio siglo para ser disfrutadas a día de hoy en este “documental” que ha despertado elogios y entusiasmado en un gran número de festivales, ganando primero en el Festival de Gijón y el Premio del Público en el D’A Film Festival.
Todo lo que se pueda decir de esta obra no le hace justicia. El verdadero disfrute se produce en el momento de verla. A través del montaje del citado metraje y con el acompañamiento de los subtítulos que van construyendo la “trama”, My mexican bretzel se desarrolla prácticamente en silencio, con apenas efectos sonoros de ciertas actividades que se nos muestran. El compartir esta falta de sonido con otras personas, que desde la sala oscura del cine pueden llegar a sentir el rumor de otros espectadores mientras se vive la película, justifica totalmente la experiencia cinematográfica y la necesidad de verla en pantalla grande. No es necesario que una superproducción veraniega como Tenet intente dar razones al público para que vuelva a las salas: el visionado tan especial que nos brinda la cinta de Lorang es una razón de peso para hacerlo.
Hablar de “documental”, “trama” o “película” pueden servir para situar al potencial espectador ante lo que va a ver, pero no se ajusta exactamente a lo que nos ofrece My mexican bretzel. Independientemente de la verdadera naturaleza de las imágenes del film, el espectador sigue los derroteros de Vivian Barrett sin hacerse más preguntas, observando que no es oro todo lo que reluce y constatando que también hay dificultades en el paraíso. El darnos cuenta a posteriori de dónde viene este material “encontrado” y qué es realmente lo que hemos visto no hace más que engrandecer la experiencia y rendirnos a la forma en la que está planteada y es decodificada por el público.
Sin embargo, tiene entidad propia independientemente del truco de prestidigitador que se realiza con las imágenes y la reflexión sobre la narrativa que subyace a lo largo del metraje. Lo que en un principio tiene (o se filmó) una intención o significado, pasa a ser reelaborado gracias a la mirada de la directora, que convierte el discurso original en un diario íntimo de Vivian, quien narra sus sentimientos desde un punto de vista femenino en una sociedad que entonces (y en parte también ahora) no solía escucharlo.
Es el pensamiento -escrito y visual- de una protagonista que nunca estuvo allí. Al igual que hacía el personaje de Albert Finney / Ewan McGregor en Big Fish (2003), muchas veces “la mentira es otra forma de contar la verdad”, como afirma al inicio My mexican bretzel referenciando al “autor” Paravadin Kanvar Kharjappali, cuyo “libro” seguramente muchos quieran comprar tras ver la película… si pueden.
Aquellos que estén acostumbrados a ver un gran número de películas o productos audiovisuales, como es el caso de quien suscribe estas líneas, encontrarán en My mexican bretzel una forma diferente de plantear una historia. Podrán refrescar una mirada que no estaba encontrando un gran número de alicientes a lo largo de este extraño 2020. Una de las últimas frases del film hace referencia a la “falta de sentido” de todo lo vivido, que en este caso es sinónimo de lo visto. Esas líneas quizás puedan aplicarse también a este escrito, en el que he querido ser fiel a la experiencia que plantea la directora, revelando lo mínimo pero intentando transmitir que estamos ante una película de máximos. No se la pierdan.
El título es claro: Ons gira alrededor de una pequeña isla con ese mismo nombre en la ría de Pontevedra. Hasta este lugar de difícil acceso llegan para pasar el verano Mariña y Vicente (Melania Cruz y Antonio Durán), una pareja en crisis. Pero su alargada estancia en Ons, aparentemente tranquila y reparadora, se ve trastocada por la extraña aparición de una mujer amnésica en la playa. Una buena película del valioso Alfonso Zarauza (Los fenómenos, Encallados), que rellena de forma original la omnipresencia de este espacio con misterios, contradicciones y contrastes de todo tipo.
Ons empieza abierta, casi dubitativa. Mariña (Melania Cruz) y Vicente (Antonio Durán) se adaptan a este nuevo entorno aislado, aparentemente pacífico, en el que se mantiene un estilo de vida pegado a la tierra pese a las embestidas del turismo. Ambos llegan al sitio distanciados, con la familia de Mariña como ancla y con Vicente sufriendo una depresión. La isla parece, poco a poco, afectarles de forma distinta: mientras que a Mariña el lugar empieza a alterar su estabilidad, a Vicente parece estar curándolo.
Esta fase inicial del filme nos expone con calma la lógica interna de este microcosmos en el que las cosas van cambiando hacia lados opuestos para sus protagonistas, mientras los días se acortan y desaparece el cielo soleado del verano. Zarauza, apoyado en un interesante guion que escribió junto a Jaione Camborda (Arima), presenta sutilmente a todos los personajes de la isla en un paso del tiempo centrífugo, indeterminado y estacional. Aunque estas primeras situaciones no terminan de funcionar por su clara función introductoria y su indeterminación sobre el tono que tiene que coger la historia, sí son capaces de transmitir que hay algo en Ons que no va bien y que tiene que ver con la propia isla.
Este rol central y amenazante del espacio, sobre el que Zarauza huye de idealizaciones de postal, empareja claramente a Ons con algunas constantes del cine gallego reciente (en la compleja relación humanidad-naturaleza, principalmente), pero también la hace una película con unas claves propias. Ya no es que el lugar sea un «personaje más» de la historia o que se vincule emocionalmente con la psique de la pareja -que lo hace-, es que la manera que tiene Zarauza de filmarlo plantea el espacio como una cáscara compacta pero moldeable. Un lugar en el que caben y riman sensaciones distintas, estados de ánimo en colisión y actitudes contrapuestas.
Esta extraña sensación que orquesta Zarauza llega a su punto ideal cuando se introduce un elemento externo en la isla. Tal y como pasaba en Arima, prima hermana de Ons, la llegada de una forastera desata con fuerza los enigmas que ocultan los personajes. Esta persona (Anaël Snoek) altera lo que tiene el resto dentro, lo que da una nueva intensidad al relato, que se deja llevar y se convierte en un camino cada vez más estrecho por la incertidumbre y el subconsciente. Se nota que es aquí a donde realmente quería llegar Zarauza, que presenta varias secuencias que combinan muy bien tensión ambiental y un alto nivel sugestivo.
Ons, en su enésima forma contradictoria, llega a una dimensión sexual, sobrenatural y hostil. Apoyada en una Melania Cruz que sigue demostrando que es una de las actrices de referencia en Galicia, Ons encuentra su tono perfecto como thriller febril y misterioso, en el que los enigmas son cada vez más agresivos. Un valioso viaje de ida y vuelta a un lugar que acaba funcionando como un gran contenedor -influyente e influido- de los secretos, los miedos y los anhelos de las personas que lo habitan.
HBO estrenará Vitals, la serie documental sobre la pandemia en un hospital de Cataluña producida por El Terrat. Hace un seguimiento a diferentes pacientes y sanitarios del Hospital Parc Taulí de Sabadell durante varias semanas de marzo a junio, en los momentos más duros de la primera ola. El lema de la serie es «no son un número, todos tienen nombre».
«Desde que empezó la crisis del COVID-19, la clase política y mediática nos ha arrollado con datos. Cada día 500 muertos, 2000 contagios, 300 ingresos en la UCI, hacen falta 200 sanitarios en el hospital… Números. Vitals quiere dejar de lado los números y hablar de las personas», explicó Fèlix Colomer, creador del proyecto.
En Vitals se trata de «hablar de Alfredo y Matilde, un matrimonio que después de 50 años se sigue queriendo como el primer día, entender la increíble dedicación de las enfermeras Sílvia e Isa, y contar la lucha de algunos de nuestros protagonistas contra una muerte inevitable. Ellos son vitales. Aprender de ellos es vital», comenta Colomer.
Hanka Kastelicová, responsable de documentales de HBO Europe y productora ejecutiva del proyecto comenta: «El director Fèlix Colomer ha conseguido mostrar la fragilidad humana, pero también el inmenso poder del amor, la familia y la dedicación profesional y personal de los sanitarios«.
Vitals, otra aportación a los documentales sobre la pandemia
Vitals cuenta historias como la de Vanessa, quien con solo 34 años es ingresada en varias ocasiones en el hospital del que es enfermera y asume el papel de paciente. Con grandes dificultades respiratorias y muy débil, su único consuelo es poder hablar con su pareja y ver a su perro por videollamada.
Además de mostrar las situaciones en el hospital gracias a una accesibilidad que hace de estas imágenes algo único, Vitals va más allá y franquea sus muros y acompaña a los sanitarios hasta sus casas. Allí se vive la emoción de los encuentros con sus familias y su frustración al ver que el mundo exterior sigue demasiado indiferente.
El proyecto se une cintas como 2020, de Hernán Zin, o Renaceres, de Lucas Figueroa, en su retrato del primer confinamiento en España, aunque saliendo del escenario de Madrid. También demuestra la apuesta de HBO por el documental nacional uniéndose a estrenos recientes como El estado contra Pablo Ibar o la inminente Un sueño real.
Compuesta por tres episodios de 50 minutos, la serie documental ha sido dirigida por Fèlix Colomer y producida por El Terrat y Forest Film Studios para HBO Europe. La serie completa se estrena en HBO España el próximo 7 de febrero, al igual que en el resto de los territorios de HBO Europe.
La sede de la Fundación Cajasol ha acogido la lectura de nominaciones a los Premios del Cine Andaluz, que se ha celebrado sin invitados y se ha retransmitido vía streaming. El acto ha sido introducido por la presidenta de ASECAN, Lourdes Palacios Matías, con la intervención de Almudena López Molina, miembro de la Junta Directiva de Asecan, y Antonio Gonzalo, presidente del Consejo Territorial Andaluz de la SGAE. Las nominaciones han sido presentadas por las actrices andaluzas Mona Martínez, Belén López y Teresa Arbolí.
Entre las películas andaluzas que destacan por su número de nominaciones se encuentran Para toda la muerte, de Alfonso Sánchez con 9 nominaciones; La lista de los deseos de Álvaro Díaz Lorenzo y Antonio Machado. Los días azules de Laura Hojman, ambas con 8 nominaciones, y El inconveniente de Bernabé Rico con 7 nominaciones.
Los premios del Cine Andaluz de ASECAN son de los pocos que tienen categorías para la Mejor Labor Informativa y el Mejor Libro sobre Audiovisual. En la primera este año nomina a dos programas de radio y un canal de YouTube: Butaca y butacón (programa de LaFM Radio), Listos para rodar (programa de Rumbera Sevilla) y Sesión discontinua (canal de Youtube y programa emitido en Instagram).
En cuanto al Mejor Libro de Cine y/O Audiovisual, compiten 101 películas españolas para entender nuestro presente, de Alejandro López Menacho; Baños de mar y celuloide: historia del cinematógrafo en Sanlúcar de Barrameda, de Juan Carlos Palma; El cine de Alberto Rodríguez. Conversaciones, de Manuel Lamarca; Más allá de Orión. Las claves del universo Blade Runner, de Ana de Haro; Nuevo Cine Andaluz, de Manuel Blanco Pérez, y Rompiendo el código. Personajes y sexualidades latentes en el Hollywood clásico, coordinado por Valeriano Durán Manso.
Nominaciones a los Premios del Cine Andaluz 2021
Largometraje andaluz
El inconveniente
El viaje más largo
La lista de los deseos
Palabras para un fin del mundo
Para toda la muerte
Voces
Mejor Dirección
Laura Hojman por Antonio Machado. Los días azules
Manuel H. Martín por El viaje más largo
Gonzalo García Pelayo y Pedro G. Romero por Nueve Sevillas
Manuel Menchón por Palabras para un fin del mundo
Alfonso Sánchez por Para toda la muerte
Mejor Dirección Novel
Pablo Lavado por Al óleo
Bernabé Rico por El inconveniente
Pablo Macías por La vida perra
Carmen Tamayo por Mujereando. El quejío de una diosa
Ángel Gómez por Voces
Mejor Guión
Marina Parés Pulido y David Pérez Sañudo por Ane
Laura Hojman por Antonio Machado. Los días azules
Bernabé Rico y Juan Carlos Rubio por El inconveniente
Manuel H. Martín y Antonio Fernández Torres por El viaje más largo
Manuel Menchón por Palabras para un fin del mundo
Mejor Interpretación femenina protagonista
Kiti Mánver por El inconveniente
Ingrid García Jonson por Explota Explota
María León por La lista de los deseos
Belén Cuesta por Sentimental
Mejor Interpretación masculina protagonista
Antonio de la Torre por El plan
Chema del Barco por El plan
Fernando Guallar por Explota Explota
Alberto López por Para toda la muerte
Mejor Interpretación femenina revelación
Sarah Benavente por Al óleo
Gema Abad por Llega la noche
Eloína Marcos por Mi gran despedida
Olalla Comesaña por Ojalá mañana
Mejor Interpretación masculina revelación
Jesús Moya por Al óleo
José Pastor por Al óleo
Ignacio Nacho por La mancha negra
José Luis Bustillo por Llega la noche
Mejor Interpretación femenina de reparto
Noemí Ruiz por La mancha negra
Natalia de Molina por Las niñas
Carolina Herrera por Mi gran despedida
Rocío Marín por Mi gran despedida
Mejor Interpretación masculina de reparto
Fernando Tejero por Explota Explota
Pedro Casablanc por Explota Explota
Juanma Lara por La mancha negra
Álex O’Dogherty por Salir del ropero
Mejor Fotografía
Jesús Perujo por Antonio Machado. Los días azules
Alejandro Espadero por El plan
Pablo Macías por La vida perra
José Val Bal por Un perro ladrando a la luna
Mejor Montaje
Laura Hojman y Guillermo Rojas por Antonio Machado. Los días azules
Ana Álvarez Ossorio por El viaje más largo
Fátima de los Santos por Fernando Torres: el último símbolo
Daniel Cervantes por Paco Loco: Viva el noise
José Manuel Jiménez por Un mundo normal
Mejor Música Original
Pablo Cervantes por Antonio Machado. Los días azules
Julio de la Rosa por La lista de los deseos
Soledad Villalba por La vida perra
Pablo Trujillo por Mujereando. El quejío de una diosa
Paloma Peñarrubia por Sangre
Mejor Canción Original
“Al óleo”, de Jesús Moya y José Pastor para Al óleo
“Una barca y la marea”, de Juan Sánchez para El camino
“Poeta maldito”, de Las Janes para La Alameda 2018
“La vida viene y va”, de María del Mar Rodríguez Carnero, LaMari, para La lista de los deseos
“Nana de la negra noche”, de Jesús Calderón y Zenobia Fernández para La mancha negra
Mejor Sonido
José Carlos de la Isla y Jorge Marín por Antonio Machado. Los días azules
Jorge Marín y Álvaro Silva Wuth por El inconveniente
Marta Sánchez y Willy Sánchez de Cos por Paco Loco: Viva el noise
José Tomé y Jorge Marín por Palabras para un fin del mundo
Juan Cantón, Eric Arajol y Agost Alustiza por Para toda la muerte
Mejor Vestuario
Esther Vaquero por El inconveniente
Carlos Saponi por La lista de los deseos
Consuelo Justo Bahamonde por Para toda la muerte
Esther Vaquero por Voces
Mejor Dirección Artística
Carlota Begines por Cachita. La esclavitud borrada
Enrique Mellado por El plan
Lala Obrero por La lista de los deseos
Ana Muñoz de Terry e Itziar Sagasti por Palabras para un fin del mundo
Ana Medina por Para toda la muerte
Mejor Maquillaje y Peluquería
Rafael Mora y María Liaño por El inconveniente
Anabel Beato y Rafael Mora por La lista de los deseos
Sonia Gil por Para toda la muerte
Carmela Martín, Charo Romero y Gloria Pinar por Voces
Mejor Dirección de Producción
Araceli Carrero Rimada por Antonio Machado. Los días azules
Carolina Castellanos por Cachita. La esclavitud borrada
Sara Gómez y Jone Landaluze por El viaje más largo
Manolo Limón por La lista de los deseos
María Cancio por Para toda la muerte
Mejores Efectos Especiales
Juanma Nogales y Borja A. Ortiz por Every 75 minutes
Julia Mateo y Eliot Eden por La mancha negra
Israel Millán por Para toda la muerte
Mejor Película de No Ficción
Antonio Machado. Los días azules, de Laura Hojman
Cachita. La esclavitud borrada, de Álvaro Begines
La vida perra, de Pablo Macías
Mujereando. El quejío de la diosa, de Carmen Tamayo
Nueve Sevillas, de Gonzalo García Pelayo y Pedro G. Romero
Mejor Cortometraje de No Ficción
Entre el monte y la marisma, de Niete
Paraíso, de Mateo Cabeza
La cicatriz, de Juan Francisco Viruega
Silencio sísmico, de Sándor M. Salas
Una revuelta sin imágenes, de Pilar Monsell
Mejor Cortometraje de Ficción
Acto reflejo, de Alfonso Díaz
Inocencia, de Paco Sepúlveda
Intermedio, de Bernabé Rico
Of Hearts and Castles, Rubén Navarro
Por donde pasa el silencio, de Sandra Romero
Mejor Cortometraje de Animación
Las niñas terribles, David Orellana
Roberto, Carmen Córdoba González
Señales de realidad, de Concha Alonso Valdivieso
Veggie Western, de José Carlos Jiménez
Yo, de Begoña Arostegui
Mejor Labor Informativa
Butaca y butacón
Listos para rodar
Sesión discontinua
Mejor Libro de Cine y/o Audiovisual
101 películas españolas para entender nuestro presente, de Alejandro López Menacho
Baños de mar y celuloide: historia del cinematógrafo en Sanlúcar de Barrameda, de Juan Carlos Palma
El cine de Alberto Rodríguez. Conversaciones, de Manuel Lamarca
Más allá de Orión. Las claves del universo Blade Runner, de Ana de Haro
Nuevo Cine Andaluz, de Manuel Blanco Pérez
Rompiendo el código. Personajes y sexualidades latentes en el Hollywood clásico, de Valeriano Durán Manso (coordinador)
En Mejor documental las nominadas son A media voz, El año del descubrimiento, Courtroom 3H, Dear Werner (Walking on Cinema) y El desafío: ETA. Esta última es reseñable por tratarse de una serie documental emitida por Amazon Prime frente al resto, que son largometrajes estrenados en salas de cine.
En cuanto a las nominadas al Premio Especial a una película que hubiera merecido mejor suerte en su carrera comercial, se trata de Blanco en blanco, Lúa vermella, El Plan, My Mexican Bretzel y La reina de los lagartos. Curiosamente estas dos últimas son estrenos recientes, pero la organización parece asumir que su escasa distribución las hace merecedoras de estar en esta categoría.
En cuanto a El año del descubrimiento, con la nominación a Mejor Documental la cinta de Luis López-Carrasco suma cuatro nominaciones contando con Mejor Película Dramática, Mejor Dirección y Mejor Guión. Empata así a películas como Los europeos, Nomatarás y Sentimental, todo un hito para un documental, aunque uno que está siendo muy premiado.
En el conteo final, la producción más nominada sigue siendo La boda de Rosa con 9, seguira de Akelarre y Las niñas con 6 cada una en las categorías de cine y Patria con 7, seguida de 30 monedas y Antidisturbios con 6 y finalmente Veneno con 3 en las de series.
Filmin se une a la competición de la ficción nacional. La plataforma dará el salto a la producción propia con su primera serie española a lo largo de 2021, según adelantó El Español. El crecimiento en el último año más la compra de la mayor parte de la propiedad por parte de un fondo de inversión han resultado clave para esta evolución.
La plataforma ha tenido un papel clave en este año de confinamientos en el estreno de películas españolas independientes que no pudieron llegar a salas en las fechas previstas, además de en el alcance de los diferentes festivales celebrados con las restricciones sanitarias.
Este mismo fin de semana estuvo en acceso para suscriptores en Filmin de manera temporal Anunciaron tormenta, estrenada en cines el pasado viernes. Cintas como Rocambola, Asamblea o Pullman han pasado por las pantallas de la popular plataforma de cine independiente durante estos meses antes de pisar las salas o sin siquiera llegar a ellas.
También festivales como los de Gijón, Sevilla o el D’A Film Festival de Barcelona llegaron a acuerdos para que sus contenidos estuviesen temporalmente en acceso desde Filmin. En el apartado de series, el Festival Serielizados también estuvo en acceso para suscriptores, promocionando producciones españolas como la independiente Contiguo. La plataforma ya era conocida por su catálogo de cine clásico e independiente, además de por ser el hogar de numerosas series europeas que no pasan por la plataformas más conocidas.
Filmin, inversión para fondos
El pasado noviembre se conoció que los fondos de inversión Nazca Capital y Seaya entraban en el accionariado de Filmin. En concreto Nazca Capital se convertía en accionista mayoritario de la compañía en sustitución de Metropolitan Filmexport y Vértigo Films, y entraba como otro de los principales propietarios el fondo de venture capital Seaya.
Filmin se une así a la competición por una ficción seriada de calidad española, después de este 2020 considerado como uno de los mejores años para la producción nacional, y añade otro operador español, aunque su propiedad esté ahora mayoritariamente fuera de nuestras fronteras, con aspiraciones de internacionalización más allá de España y Portugal.
De momento no han trascendido detalles sobre la futura serie más allá de que se producirá, grabará y emitirá a lo largo de 2021. Es la primera producción propia de Filmin, en formato ficción o cualquier otro.
Mientras el pueblo asume a su manera el ataque a la clínica veterinaria, el padre Vergara regresa a Roma para visitar a un viejo amigo y prepararse para la batalla que viene. A través de sus recuerdos, sabremos como empezó a ser exorcista y su relación con la secta de los cainitas. En el pueblo, Merche y Elena tomarán decisiones que parecen definitivas pero con consecuencias inesperadas.
Es un capítulo de pactos con el diablo, en el que tenemos otra variante de terror con exorcismos y varios de los personajes se reencuentran con fantasmas del pasado. Veremos a Vergara con su particular recorrido superheroico al volver al Vaticano y a Merche y Elena tener algo que hacer más allá de enfadarse o reaccionar a lo que ocurre. Más desdibujado se queda el alcalde Paco, aunque consigue pasar por fin un capítulo completo sin gafas, mostrando su verdadera personalidad.
Tras una primera parte de formatos episódicos, en la que parecía que tendríamos un caso de la semana y un asedio constante al pueblo de Pedraza, la serie toma un formato que no renuncia a la elipsis, avanza y por primera vez ofrece un doble cliffhanger. Se mantiene el terror cañí como ruido de fondo de la visión pesimista del género humano propia de Guerricaechevarría y de la Iglesia, haciéndose patente en las reacciones de los vecinos al incendio de la semana pasada, que los emparenta con La comunidad. Por cierto, un dato para que os estalle la cabeza sobre Cosimo Fusco, el actor que debuta en este 4º capítulo de 30 monedas, aquí.
Crítica de 30 monedas capítulo 4 con spoilers
Capítulo dedicado a presentarnos al villano de la función, el cardenal Fabio Santoro, interpretado por un magnífico Manolo Solo. El personaje estructura un capítulo que inaugura uno de sus acólitos, aún sin nombre pero al que da presencia inquietante desde hace un par de entregas Francisco Reyes. Las introducciones de cada episodio, como en Expediente X, Fringe o cualquier cómic Marvel, nos van anunciando la recolección de las monedas por parte de los cainitas, pero esta ha sido particularmente espectacular.
Al igual que en SHIELD de Jonathan Hickman y Dustin Weaver o El último troyano, de Valerie Mangin y Thierry Démarez, nos enfrentamos a la Roma Inversa, con sus crucifijos cabeza abajo y la inquietante cabeza gigante de un Cristo al que es necesario girarle los ojos en blanco -como los de los legionarios zombies de la intro- para rescatar otra moneda. El espejo nos sigue acompañando en esté capítulo y su juego se mantendrá hasta la escena final, regalándonos un doble reflejo para situar en una misma habitación a Vergara, Santoro y el mismísimo Papa de Roma.
Que Vergara es un superhéroe, y que su final se ve venir -esperemos que nos sorprendan, los héroes de Álex de la Iglesia nunca acaban como se espera– lo demuestra su exilio de sheriff descreído, su parafernalia de Blade ibérico, el recurso al viejo amigo y al mentor y que el villano sea su antiguo compañero de clase, un Magneto… o un Draco Malfoy. Santoro es como Vergara, pero torcido. Como pide la temática de la serie y como cualquier archienemigo que se precie. Bueno, y un cura mazao boxeando en la cárcel. En fin, quién se queja de esa macarrada, si habíamos venido a ver una serie llena de ellas y nos parece que salen hasta pocas.
Il messaggero non è importante
Aunque en este recorrido por dar miedo a base de exorcismos tengamos a un diablo con aspecto de hombre maduro trajeado y elegante, el final nos devolverá a las leyendas castellanas e incluso a Bécquer. Está Stigmata, de Rupert Wainwright, también aquí, pero Elena la veterinaria será más que nunca un trasunto de la Carmen Maura de La comunidad cuando se convierta de nuevo en foco del desprecio del pueblo. Merche, que acaba cayendo en el pacto mefistofélico que ya anunciaban episodios anteriores, recibe nuevas frases de crítica velada a los populismos, con ese “mejor rabiosos que sentirse culpables”.
El debate sobre el bien, el mal y el libre albedrío está servido por la escena con el Mefistófeles vestido de ejecutivo de la City y con las maneras del Minos de Dante. En esta polémica de doctores de la Iglesia del siglo III, en una interpretación de la caída gnóstica que está también en el Noé de Aronofsky, Santoro elige el conocimiento prohibido frente a un Vergara que parece que será nuestro campeón humanista, convencido de que la bondad es una decisión racional y práctica.
Terminando. Algo se cuece en 30 monedas, que alterna episodios frenéticos con reposados (y un poco más flojos). Este, sin bajar el nivel y con un par de momentos brillantes -el exorcismo en el almacén 188, la cárcel, el espantapájaros- no acaba de sembrar bien su arreón final, aunque se agradece que no fuerce su duración y se un poco más corto que los anteriores. Ya vamos por el ecuador y la serie sigue manteniendo un nivel muy alto, aunque con la sensación de tambalearse sobre el precipicio.
Anunciaron tormenta cuenta la historia de la resistencia de la tribu Bubi, de la isla de Bioko, en Guinea Ecuatorial, contra el colonialismo español. La película recupera la memoria de Ësáasi Eweera, rey de los Bubi y líder de la lucha contra los colonizadores, rescatando archivos y documentos desclasificados, pero también las voces de los guineanos actuales y su complicada relación con la antigua metrópoli.
Javier Fernández Vázquez hace un trabajo loable de buceo en la memoria del colonialismo español y no se corta a la hora de mostrar las vergüenzas que nuestro país aún no ha abordado de su presencia en África. Quizás porque históricamente se encuentra mucho más cerca que el Imperio en América Latina, quizás por la influencia del Franquismo -que tapó la represión en Guinea o la Guerra de Ifni y dejó el Sáhara en manos marroquíes-, es un periodo que prefiere ignorarse.
El bilbaíno, además, acierta con las dos voces que utiliza en Anunciaron tormenta: las de los archivos oficiales de la dominación española y la de la historia oral de los bubi, recuperada por los guineanos actuales, que se expresan en español como subrayado de la herencia involuntaria del colonizador. Se alternan los paisajes naturales de Bioko con las imágenes de la Guinea Ecuatorial actual, y participan con acierto intelectuales guineanos como el escritor Justo Bolekia Boleká.
Sencillez expositiva
Pero el exceso de experimentación formal perjudica más que empuja a aquello que se intenta divulgar. Es lo malo de arriesgar como hace Anunciaron tormenta: a veces sale regular. El contenido que maneja el documental es lo suficientemente potente como para que hable por sí mismo, y algunos de los subrayados políticos que el director prueba mediante los momentos «meta» -parar la grabación, mostrar los instantes previos a las lecturas de los oradores- aportan más bien poco. Igualmente lo hacen las sobreexposiciones de la imagen de Guinea Ecuatorial o ciertos silencios alargados.
No es que molesten o que sean elecciones «incorrectas», si es que eso existe, y lejos estará el que esto firma de negar la habilidad del director de Anunciaron tormenta en la exposición o unos conocimientos tanto audiovisuales como del tema que maneja superiores a los propios. Más bien que un documental más convencional, más previsible y, quizás, aburrido para el realizador y su equipo, habría tenido la oportunidad de llegar a un público más amplio.
Las elecciones de Anunciaron tormenta la confinan a un público reducido por lo innecesariamente complicado de su presentación. Una narración algo más lineal y pegada a la divulgación ayudaría precisamente a combatir el problema que Fernández Vázquez tan certeramente quiere retratar: la ausencia de autocrítica en España sobre el pasado colonial africano. Es decir, ¿qué sentido tiene divulgar algo que se va a quedar en círculos académicos o cinéfilos?
Por supuesto que la forma es parte del relato y en sí misma contribuye a añadir significados al mensaje que se quiere transmitir, pero la cuestión es que lo ayude a llegar a donde quiere. Se trata de que la idea se haga fluida, no de que se demuestre el virtuosismo de quien habla ni la cantidad de recursos metafóricos que se pueden acumular para acompañar los mensajes políticos.
Precisamente una crítica a un tema que la sociedad española -y sus nacionalismos- trata de evitar con tanto ahínco haciendo el avestruz, fingiendo que es algo que nunca existió y no tiene aún consecuencias graves en la actualidad, necesitaría una exposición más sencilla y, con ello, contundente.
Porque eso también es política. Cómo se concibe el público receptor desde una película. Si queremos crear mensajes para los elegidos, los muy concienciados en el estudio de la imagen o los convencidos, o salir de ahí y ayudar a que aquello que se investiga y se articula sea conocido sin tratar al espectador para que se sienta o muy listo o muy tonto.
Fernández Vázquez plantea de forma explícita con el formato de Anunciaron tormenta la pregunta de para qué sirve esto que nos está contando. Y al mismo tiempo uno no puede evitar preguntarse para qué sirve contarlo así. Si la función del documental es divulgativa o meramente artística en un sentido casi decorativo. Y por qué a veces hace falta hacerse esta pregunta, que es probable que debiera ser retórica.
Guinea Ecuatorial. Año 1904. La desaparición en extrañas circunstancias del líder bubi Ësáasi Eweera es el punto de partida de Anunciaron tormenta, película a concurso en Documentamadrid, que todavía puede verse en Filmin hasta el 20 de diciembre y que se estrena este viernes en Cineteca Madrid. Su estreno mundial se produjo, sin mascarilla ni distancia de seguridad alguna, en el ya lejano mes de febrero, dentro de la sección Forum del Festival de Berlín. Allí pudimos entrevistar a su director, Javier Fernández Vázquez (Bilbao, 1980), miembro del colectivo Los Hijos, que en su primer proyecto en solitario traslada algunas de sus preocupaciones sobre la materialidad de la imagen a su ámbito de estudio académico, el pasado colonial de España en Guinea Ecuatorial.
En esta entrevista, realizada originalmente para el podcast ‘Los jueves, milagro’, Javier Fernández Vázquez manifiesta las contradicciones del archivo, pero también las de toda investigación, de toda puesta en imágenes de un suceso histórico. Y como bien nos explica a continuación, lo hace a través de un tan riguroso como revelador entramado formal en el que la historia se cuestiona a sí misma mediante el propio proceso fotográfico y el poder de transmisión del relato oral.
¿Qué te lleva a hacer Anunciaron tormenta?
Hace aproximadamente 8 o 10 años empecé a estudiar antropología y muy pronto me empecé a interesar por el pasado colonial español en Guinea Ecuatorial. Me di cuenta de que había una escasez muy evidente de textos e investigaciones. Muchas de ellas además procedían de la época franquista, tenían un componente supremacista, paternalista. Y de los años posteriores había encontrado poco material que reflexionara sobre las consecuencias de esta herencia de la presencia española en el territorio. Con todo, sí que encontré dos textos que me parecieron muy interesantes y reveladores. Uno de ellos fue escrito por Dolores García Cantús, una escritora española, y otro por un guineano, José Fernando Siale Djangany, que es una de las voces que se escuchan en el propio filme. Textos que ponían un suceso que ocurrió en 1904, que era la muerte en extrañas circunstancias del líder Bubi Ësáasi Eweera.
Ellos investigaron los archivos de la administración e interpretaron que había una historia de ocultamiento en la cual no se decía realmente la verdad de lo ocurrido, que exigía una lectura entre líneas. Yo mismo fui al archivo, encontré el dossier, transcribí todos los documentos y vi que una lectura atenta me permitía pensar en este evento como una síntesis muy interesante de toda una manera de proceder en la opresión colonial. La española, pero también extensible potencialmente a lo que otros países europeos hacían en otros territorios de África en la misma época. De ahí me surgió el interés, y a partir de entonces era cuestión de buscar una forma audiovisual con la cual relacionarme con estos textos.
Al locutar los textos y evidenciar con su interpretación que todavía quedan aspectos por aclarar de lo sucedido, la investigación queda también abierta por la propia película. Para completarla incluyes archivo fotográfico y relatos orales de los descendientes de la etnia bubi. ¿Cómo planteaste el uso de estos materiales para al mismo tiempo cuestionar y dar forma a este proceso de forma narrativa?
Para mí era importante encontrar una manera diferente de mostrar, o de poner en escena, la lectura de los textos escritos por los españoles. Que son textos que en la película aparecen leídos o locutados como si fueran voces en off por actores. Y vemos además el proceso de la locución en off, con sus errores, con su modelado para encontrar el tono adecuado, con esa artificialidad que suelen tener las voces en off. Y por otro lado estaban los registros de las historias orales bubis, que para mí era importante recuperarlas para que la película no se quedara simplemente en un ejercicio conceptual de poner en evidencia los textos españoles, un ejercicio de deconstrucción, sino que había que ir un poco más lejos. Para mí era importante escuchar esas voces bubis, que no habían sido escuchadas durante tanto tiempo. Ahora que parecen dispuestas a serlo, por qué no escucharlas, ¿no? Eso exigía un tratamiento diferente. Esas voces bubis pertenecen a algunos de los actuales habitantes de Guinea Ecuatorial y evocan las memorias que les transmitieron sus antepasados, que sí fueron testigos más o menos directos de lo que ocurrió en aquel lugar y de las consecuencias en el corto plazo que eso tuvo.
«Era importante encontrar y ser riguroso con los espacios»
Por lo tanto, esos textos españoles, que además tienen más que ver con un entorno burocrático en el que se intenta agradar al destinatario del texto que se escribe, donde la verdad o los hechos dejan de tener importancia, no podían tener el mismo valor visual que el que yo podía dar a esas historias orales bubis. A partir de ahí, a los textos españoles les asocio imágenes de archivo de la época, de los lugares donde tuvieron lugar los hechos, que finalmente fueron identificados tras un largo proceso. Y a las voces en bubi les asocio esos mismos lugares en la actualidad, lo que haya en estos momentos. Si lo que encontramos es la ruina de un antiguo edificio de misioneros, eso es lo que hay. Si lo que encontramos es una calle anónima en la que no se ha memorializado nada de lo que ocurrió, esa es la calle. Era importante encontrar y ser riguroso con esos espacios. Con lo cual tenemos algunos espacios en el pasado, con el texto español, y otros en presente, con esas voces bubis aunque se refieran al pasado. Es un pasado que tiene consecuencias directas en el presente.
En algunos momentos esas imágenes de archivo y esos lugares se contaminan, que también era una idea que pretendía. No quería hacer algo simplemente estructural: en mi opinión, esas conexiones entre pasado y presente tienen que tender lazos, tienen que mezclarse. Y eso es lo que hago en algunos momentos concretos de la película. Solo al final, en el tercer acto, empezamos a ver rostros de los bubis. Antes hemos escuchado sus voces pero no hemos visto los rostros. Solo cuando se está hablando ya de las consecuencias que pudo tener este evento en la actualidad, una vez se ha cerrado de manera abrupta la investigación, es cuando considero que es el momento de mostrar esos rostros de los bubis en primer plano. Contrastando con toda una hora anterior en la que hemos visto espaldas o medios lados de esos actores españoles que están leyendo unos textos que relatan una ocultación. Un encubrimiento de unos hechos violentos que quizás en la historia de España quedan como una nota al pie, casi olvidados, pero que para Guinea Ecuatorial, más concretamente para los bubis, fueron muy relevantes.
Al trabajar con material fotográfico partes de esta idea de revelar la imagen, partiendo desde el blanco hasta que vuelve a desaparecer. Una idea fascinante a la que vuelves de forma recurrente para estructurar parte del metraje, en el que nos asomamos a una historia que no podemos terminar de comprender del todo y que desaparece cuando más descubrimos de ella, algo muy interesante que dijiste en el coloquio. Cuanto más investigabas menos certezas tenías, algo que demuestra este dispositivo.
Fue una decisión un poco metafórica, se podría decir. Me parecía que mostrar las imágenes tal cual, sin hacer algún tipo de intervención significativa, se quedaba corto. Di con la idea de sobreexponer la imagen. Esas imágenes de archivo, al digitalizarlas y manipularlas, empiezan en blanco, van formando la imagen, las vemos nítidas durante unos momentos y desaparecen otra vez convertidas en siluetas, líneas, en sombras, en la materialidad de la imagen. Como si esto fuera una especie de intento de arrojar luz. Esta expresión es una paradoja, porque cuanta más luz añadías más se deformaba la imagen y más quedaba reducida a sombras, a una imagen casi imposible de leer. Para mí esto tenía que ver con esta investigación histórica de esos hechos de los que obviamente no iba a poder averiguar nada después de 100 años, pero que me parecía interesante volver sobre ellos. De ahí este trabajo con la imagen.
Volviendo al concepto de materialidad, esta idea de la imagen y la palabra en una constante fricción me interesa mucho porque no solamente la palabra niega algunas imágenes, sino que tiene dobles significados. La palabra en las cartas de los representantes españoles en las colonias es de una prosa absurda, delirante en algunos momentos, funcionarial, en la que no se encuentra rastro de verdad. Y luego al final nos muestras otra palabra muy distinta, la poesía de los bubis, filmada en primeros planos mucho más expresivos. Poesía donde quizá tampoco se encuentra la verdad, pero sí algo que pudo estar allí.
La secuencia final es la lectura de un poema en idioma bubi. Antes hemos escuchado hablar a los bubis siempre en español, pero en ese momento escuchamos a un padre, Justo Bolekia, y a su hija, Reha-Xustina Bolekia, leer conjuntamente un poema escrito por él. Este poema es muy relevante porque es el primer intento en poner por escrito en lengua bubi la historia de Ësáasi Eweera. Justo Bolekia es un catedrático de la Universidad de Salamanca, lleva más de 30 años viviendo en España. Es escritor, es linguista. Nació en Guinea Ecuatorial, creció como bubi hasta que emigró a España. Él fue el primero que estableció una ortografía y una gramática de lengua bubi. Escribió diccionarios de bubi a español y de bubi a otros idiomas.
«Me pongo del lado de las historias orales que, como decía Barthes, están impregnadas de afecto y de cercanía»
Esa secuencia está grabada en Madrid, en el mismo espacio en el que se grabaron los textos españoles. A Justo y a su hija les grabo de frente, como una toma de posición en la cual, por si no había quedado claro a lo largo de la película, me pongo del lado de las historias orales que, como decía Barthes, están impregnadas de afecto y de cercanía. Me pongo de ese lado antes que del texto o la lectura del mismo, que te hace ver que no es veraz. Esa lectura, el hecho de que la hagan padre e hija, me parecía muy importante porque viene precedido de un comentario que hacen otras dos bubis en la película sobre la pérdida, el declive de la lengua bubi como lengua de comunicación entre la etnia. Lo primero que escuchamos antes de la lectura del poema es a la hija pidiendo a su padre que diga la primera palabra y así ser capaz de continuar el poema. Para mí ese momento es decisivo, y surge en la grabación.
Así comienza esta lectura conjunta del poema, que a su vez está basado en relatos orales que el propio Justo Bolekia recogió a lo largo de los años. Además de suponer un contraargumento a los textos que ya hemos oído de los españoles, para mí era muy importante porque suponía una transmisión de ese texto a la siguiente generación. Y no solo se transmite el texto sino que se está transmitiendo el idioma. A la hija le está costando pronunciar, ha nacido en España y le cuesta el idioma. Pero su padre le ayuda y ella llega hasta el final. Ahí había una idea de reparación, o por decirlo de una manera más cursi, de esperanza. Me parecía una manera adecuada terminar con ese momento.
Para ofrecer las mejores experiencias, nosotros y nuestros socios utilizamos tecnologías como cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. La aceptación de estas tecnologías nos permitirá a nosotros y a nuestros socios procesar datos personales como el comportamiento de navegación o identificaciones únicas (IDs) en este sitio y mostrar anuncios (no-) personalizados. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
Haz clic a continuación para aceptar lo anterior o realizar elecciones más detalladas. Tus elecciones se aplicarán solo en este sitio. Puedes cambiar tus ajustes en cualquier momento, incluso retirar tu consentimiento, utilizando los botones de la Política de cookies o haciendo clic en el icono de Privacidad situado en la parte inferior de la pantalla.
Funcional
Siempre activo
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Estadísticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos.El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
Marketing
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.