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El Estado contra Pablo Ibar: Un completo ‘true crime’

Un imponente retrato de 360º de un decisivo juicio al más puro estilo norteamericano.

El Estado contra Pablo Ibar: Un completo 'true crime' 1

La historia de Pablo Ibar, la de verdad, vuelve a los focos. El año pasado lo hizo como ficción: Movistar + estrenaba la miniserie En el corredor de la muerte, cuatro capítulos basados en un libro de Nacho Carretero y creados por Bambú Producciones. Ahora el caso del ciudadano español condenado a muerte regresa en toda su cruda realidad con la serie documental El Estado contra Pablo Ibar, un gran trabajo liderado por Olmo Figueredo sobre los sucesos y, sobre todo, la odisea judicial que han implicado. Quizá no sea la producción con más personalidad, pero sí es lo más completo que se ha hecho en España como true crime.



El Estado contra Pablo Ibar se coloca de lleno en los códigos del subgénero de documentales de crímenes. Son seis capítulos, más de 350 minutos, que encajan perfectamente en la ola global de estas producciones que tan bien les está funcionando -vista la cantidad- a las plataformas de streaming desde que The Jinx y Making a Murderer provocaron la tormenta perfecta en 2015. Material de archivo, accesos exclusivos, entrevistas, intrahistorias e intrigas que repasan, paso a paso, lo que rodea el caso. Todo lo que se puede esperar que esté, tanto para los que conocen el caso como para los que no, está y en grandes proporciones.

 

Estilos de un true crime: de Estados Unidos a España

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Dentro de estos grandes mecanismos generales del true crime, la serie española se mimetiza con las dinámicas de un documental de crímenes norteamericano. Muchos minutos están tomados desde dentro, y en el centro de la historia están las dinámicas espectaculares de la cultura judicial y legal de Estados Unidos. Aunque es algo natural al ocurrir casi todo en Florida, hay que valorar que no se caiga en la tentación de adoptar una mirada externa o más española al caso, pese a que hay referencias a lo que ocurre en nuestro país. Este caso es norteamericano y han decidido que lo tiene que parecer también.

Es una serie que, en general, se adapta bien a los ojos de un público global más que acostumbrado a esas lógicas norteamericanas. Ver a abogados repartiéndose comida rápida mientras preparan un interrogatorio se ha convertido casi en un cliché de este tipo de producciones. Y aquí está todo eso, algo que es siempre del gusto multicultural de las plataformas de streaming. Es decir, El Estado contra Pablo Ibar se parece más a Making a Murderer que a El caso Alcásser.  



Del true crime español reciente se termina de desmarcar también por la falta de intervención directa de los autores del documental en la narración. Las series sobre crímenes que se han hecho en España, con Bambú Producciones a la cabeza, se han diferenciado por una participación explícita de sus creadores en el producto final, con Elías León Simiani ((Lo que la verdad esconde: el caso Asunta, El caso Alcásser) -especialmente- y Justin Webster (Muerte en León y Nisman: El fiscal, la presidenta y el espía) como principales exponentes.

En ciertos tramos de nuestras series, vemos aparecer en cámara o escuchamos a los directores, que toman el papel de investigadores paralelos de lo que está ocurriendo. En El Estado contra Pablo Ibar este protagonismo no existe. En ningún momento se escucha a Figueredo o aparece nadie del equipo documental en plano; son invisibles. Como en el documental norteamericano canónico, la parte «autoral» está más bien en la fase de montaje, donde se selecciona qué va a entrar en la versión final -algo en lo que sí dan saltos temporales al estilo de El caso Alcàsser– y se utilizan intertítulos. Por el resto, Figueredo se mantiene al margen.

 

Los esfuerzos por dudar en El Estado contra Pablo Ibar

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En general, El Estado contra Pablo Ibar se cuida de mantenerse a cierta distancia sobre lo que cuenta y de respetar las visiones de todas las partes. Más si se tiene en cuenta que las cartas están algo marcadas desde el principio: la mera existencia de este documental alimenta la duda y favorece implícitamente a la narrativa de Ibar en lo que es la gran pregunta de la serie: ¿Es Pablo Ibar culpable o inocente de los asesinatos de Miramar?

Esto, junto al desigual acceso del documental al trabajo de los abogados, nos ofrece un claro sesgo. Aún así, no se puede decir que el equipo de El Estado contra Pablo Ibar no se haya esforzado en contar con la visión e interpretación de las víctimas. Hay una clara intención de ofrecer su testimonio y, a lo largo de los diferentes capítulos, se ofrecen las diferentes pruebas que pueden hacer pensar una cosa como la contraria sobre lo que ocurrió.

Se agradece en este sentido que Ibar sea sobre todo un objeto de estudio y no tanto un sujeto denunciante continuo como sí ocurre, por ejemplo, con Steven Avery en Making a Murderer. Su participación directa en la serie está reducida al mínimo, y se le entiende más bien en su relación con los demás y a través del material de archivo. No hay prácticamente regodeo sobre sus años en el corredor de la muerte. Un acierto entender la estructura del caso desde un punto de vista legal y no a partir de los más de 20 años en la cárcel de Ibar.

El Estado contra Pablo Ibar lo tiene todo para ser un éxito de público en España y, próximamente, en todo el mundo. Sus dosis de morbo y giros finales -algunos más tramposos que otros- mantendrán en tensión al espectador y dejarán más que satisfecho al devorador de true crimes. Para aquel interesado en las dinámicas judiciales, además, se encontrará en esta serie con una pieza inédita, profunda e inmersiva sobre el funcionamiento de un juicio por todo lo alto en Estados Unidos.

 

Arturo Tena (@artena_)


Puedes ver ‘El Estado contra Pablo Ibar’ completa online en HBO

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