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2020: Documental de guerra

Los meses del primer confinamiento retratados de manera única.

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2020, de Hernán Zin, acaba de recibir la Mención Especial del Jurado y el Gran Premio del Público en la 46º edición del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva. Probablemente no sean los últimos premios que se lleve. En Cine con Ñ hemos podido verla gracias a la colaboración del festival con la plataforma Filmin, y este dato no lo introduzco porque sí: la redacción está dispersa por las Españas y en Andalucía en particular algunas zonas han vuelto a ‘Fase 0’ y tienen las UCIs saturadas. Es decir. Es imposible no ver este documental, en España, a día de hoy, en frío.

Y eso que a nivel formal, lo es. 2020 busca parecer una pieza tan distante como puede, sin alardes de cámara ni más juego que las voces en off de los testimonios. Quizás como manera de hacer más patente la fuerza de su contenido emocional. Hernán Zin y su equipo tuvieron un acceso único a los escenarios de la pandemia en Madrid durante el primer confinamiento y se pasean por hospitales, calles vacías, funerarias, cementerios, veterinarios… cualquier espacio que reflejase la anormalidad de la vida entre marzo y junio de este año en la capital de España.



De una parte, 2020 transmite la desolación y la soledad de los meses del primer confinamiento en Madrid con una aparente frialdad formal que es una constante quiebra emocional para el espectador. Es un documental rodado en caliente para ser visto en caliente. Por ejemplo, si en la secuencia con las familias de los fallecidos no te rompes es que no eres humano. Juega con las cartas marcadas, pero es inevitable. Su misma existencia es la prueba de la necesidad de comunicación que tenemos ahora mismo, en mitad del aislamiento físico que no puede ser social.

Escuchamos como se quiebran las voces de bomberos dedicados durante semanas a trasladar cadáveres desde residencias o el impacto en los funerarios que nunca habían sufrido una carga de trabajo así. En las perreras asistimos a un tema que parece secundario pero que subraya la sensación de soledad y abandono de aquellos días y de estos: ¿qué pasa con las mascotas de los fallecidos, que podrían contagiar a otras personas?

Mención aparte para la experiencia del sin techo que aparece casi al comienzo de la cinta. Se pregunta a qué casa exactamente le piden que vuelva mientras contempla el incierto porvenir con una responsabilidad que se echa en falta en personas a las que consideramos «normalizadas».

 

Lo que vemos, lo que contamos2020-documental-cine-con-ñ

De otra, la película se zambulle, sin mencionarlo nunca directamente, en el manido debate de si, para concienciar a la población de la necesidad de las restricciones, hay que mostrar imágenes más duras sobre las terribles consecuencias de la infección. El célebre «nos han enseñado pocos féretros». Realmente 2020 se cuida mucho de cargar las tintas en acumular imágenes de cadáveres, aunque no hurta la dureza de los funerales con máximo de aforo. La película prefiere apoyarse en una mezcla de imágenes de la cotidianidad del confinamiento con las voces de sus protagonistas evocando los peores momentos del mismo.

La habilidad de Hernán Zin para componer esta clase de documentos queda patente en la estructura del filme. El paciente que entró en coma inducido antes de confinamiento y sale en plena desescalada sirve para abrir y cerrar el recorrido emocional. Al hospital y la UCI sigue la residencia, a esto los entierros. Aunque, de nuevo, se hace buscando una sensibilidad que hurte las imágenes más duras, se intuye más de lo que se hurta en un informativo normal.

Finalmente, 2020 se revela como la necesidad de una celebración catártica de la vida. Los sanitarios del hospital de campaña de IFEMA en Madrid aparecerán bailando el día del cierre del mismo y los acompañarán imágenes de los balcones a la hora del aplauso y el ‘Resistiré’. Sin hacer alarde temático, que estas imágenes sigan a las de los actos en homenaje a los fallecidos nos recuerda la necesidad de la reafirmación de los que seguimos aquí, de seguir adelante a pesar del dolor.

El tiempo dejará 2020 atrás. Vendrán otros documentales y, quizás, otros confinamientos. Lo que ocurrió, lo que ocurre ahora y lo que nos espere en el futuro se volverá a contar de otra manera, probablemente con más detalle y más tiempo. Pero el testimonio de cómo nos sentimos mientras estuvimos aquí seguirá siendo necesario en piezas como esta.

 

Jose A Cano (@caniferus)

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