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«La duda es el elemento que vertebra ‘El Estado contra Pablo Ibar'»

El director y productor andaluz habla de la «titánica» producción de seis años del documental que se estrena este viernes en HBO.

"La duda es el elemento que vertebra 'El Estado contra Pablo Ibar'" 1

Olmo Figueredo (Sevilla, 1980) vive meses intensos. Si desde septiembre anda enfrascado en la promoción de El Estado contra Pablo Ibar, que se estrena este viernes 4 de diciembre en HBO, por el camino ha visto como La trinchera infinita, uno de sus largometrajes como productor, se convertía en la película seleccionada para representar a España en los Oscar 2021. Al mismo tiempo, otra de las cintas producidas desde La Claqueta (empresa que fundó en 2002 junto a Manuel H. Martín), El verano que vivimos, llega ahora a los cines, y El inconveniente se veía reconocida con la nominación de Kiti Mánver a los Premios Forqué.


¿Cómo de complejo es mantener una producción durante seis años siguiendo un caso en los tribunales al otro lado del Atlántico?

La producción ha sido titánica, muy difícil. El documental es más complicado que la ficción porque es un organismo vivo, que va cambiando mientras trabajas. En 2014 la idea era hacer un largometraje de 90 minutos hablando solo del pasado, del caso de 1994. Cuando en 2016 ordenan repetir el juicio, todo cambia. Los abogados nos dicen entonces que el juicio se iba a celebrar en 90 días y se retrasó tres años. Una pesadilla de financiación que no hubiese sido posible sin tener un socio, Irusoin, con el que desde La Claqueta nos conocemos bien. Trabajamos juntos desde hace años y decidieron apostar con nosotros.

Hubo un punto de no retorno en el que el largo de 90 minutos no era suficiente y decidimos apostar por una serie con una calidad de producción pensada para la difusión internacional. Y lo que era una pesadilla de producción se convirtió en una ventaja a nivel creativo porque nos dió acceso a todas las partes. Es de lo que estoy más orgulloso: no falta nadie. Ni Fiscalía, ni las familias de las víctimas. La Corte Penal vio que estábamos allí para quedarnos, no de paso, y nos permitió microfonar a los abogados y poner hasta siete cámaras en la sala.

¿Fue difícil llegar a ese nivel de acceso?

Los abogados han demostrado una gran generosidad y mucha confianza, porque nuestro acuerdo era apenas verbal. Teníamos acceso hasta a las reuniones de estrategia de la defensa. Eso era ponerse en nuestras manos. Con todas las partes pactamos que nada de lo que nos diesen antes o durante el juicio se podría usar hasta que se supiese la sentencia y así ha sido. También en Estados Unidos el audiovisual es el rey. La Corte entiende que permitir el acceso es parte de su labor de transparencia y una forma de que lo que allí ocurre se conserve. Cuando nos vieron llegar allí, con un equipo de siete personas, otras tantas cámaras, microfonía… y que llevábamos dedicando más de 5 años a aquello… nos dieron un acceso que creo que en España habría sido imposible.

«La serie está contada en tiempo real. No hay nada que contemos y no tenga imágenes que lo respalde»

¿Y para obtener los testimonios de las familias de las víctimas o el fiscal?

Eso fue más complicado porque para las familias o la Fiscalía eramos «el enemigo». Pensaban que por ser españoles su opinión no nos iba a interesar, que íbamos a ir con la inocencia de Pablo por bandera. Normalmente los medios de comunicación se han acercado al tema con prisas, haciendo cuatro preguntas que no eran siempre las más adecuadas. A la larga eso causa rechazo. Estamos hablando de personas que arrastran síndrome de estrés postraumático. Piensa que en 1994, cuando apenas estaba generalizado Internet, vieron como se hacía «viral» un vídeo de 22 minutos en el que se mostraba como torturaban y asesinaban a su padre, su hermana o su hija…

olmo figueredo pablo ibar

¿Cómo conseguistéis vencer esa resistencia, entonces?

Parte del éxito es que contratamos a una directora de producción local, Diliana Alexander, que es canadiense pero vive desde hace años en Miami. Si había cualquier novedad, ella en seguida se encargaba de que hubiese un equipo que pudiese grabar. Si un familiar o una parte se decidía a hablar, ella cubría la entrevista. Al tener una persona de la zona, un contacto local que hablaba su idioma y llegaba a ellos de forma más cercana, se fiaron más. Han visto que con nosotros tenían la ocasión de expresarse. Como decía, es de lo que estoy más orgulloso, de haber dado espacio a todos y encontrado un equilibrio entre las partes.

En el primer capítulo la Fiscalía y los familiares de las víctimas van a dar una serie de datos que demuestran que Pablo Ibar es culpable, aunque algunas cosas suenen raras o no acaben de encajar. En el segundo, la familia de Pablo y sus abogados van a demostrar que es inocente, aunque, de nuevo, haya cosas que tampoco cuadren. La duda es el elemento que vertebra El Estado contra Pablo Ibar.

Los dos primeros capítulos contienen una parte de ese largo de una hora y media que planeábamos en 2014. La serie está contada en tiempo real. No hay nada que contemos y no tenga imágenes que lo respalde. Eso ha sido parte de la dificultad de la producción, querer documentarlo todo. El objetivo es que el espectador viaje en el tiempo con los personajes, vea como envejecen y siguen atrapados en esa maraña judicial.

¿Los protagonistas han visto ya el resultado?

De momento solo lo ha visto Cándido, el padre de Pablo. Para mí fue muy duro verla junto a él en San Sebastián. Tania, la mujer de Pablo, aún no ha visto nada. Puede ser muy difícil para ella. Para el público es un true crime más, pero para ellos se trata de su vida. De 25 años de su vida.



¿Y Pablo Ibar?

No, Pablo aún no. Y te digo una cosa. Es que Pablo apenas sale. Una sola entrevista, hecha el 28 de febrero de este año. Era el que menos me interesaba, porque ya ha hablado mucho. Aparece más en declaraciones de archivo que directamente. Me interesaban más todas estas personas que han pasado un cuarto de siglo luchando por una u otra verdad.

¿Qué os sorprendió más del sistema judicial de EEUU?

El esquema del juicio. Va a sorprender también a los espectadores españoles o europeos. Porque después del juicio en sí, en el que se decide si es culpable o inocente, llega la parte que podríamos traducir como «penal», donde está en juego el castigo que se le va a imponer con el mismo jurado. En el caso de Pablo, si cadena perpetua o pena de muerte. Y es una parte puramente emocional, en la que sube al estrado el padre de Pablo y enseña una foto de él de pequeño, dice que es su único hijo y pide clemencia. Los abogados suben a familiares a hacerlos llorar. Y el fiscal intenta demostrar que Pablo es reincidente y una mala persona.

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Como en las películas que nos llegan desde allí…

Al final es un show. Es así, es como en las películas. Esas imágenes que vemos de los juicios en Europa con todo el mundo sentado, hablando por turnos, no suceden. Se levantan y gritan en la sala. Siempre hay puntos de giro: jurados arrepentidos, cambios en los testimonios…

«La etiqueta de true crime me da igual si permite al documental llegar a más gente»

¿Qué diferencias has notado entre dedicarte solo a la labor de producción y ahora compatibilizarla también con la de director?

Ha sido muy duro ser director y productor, pero he tenido la suerte de estar rodeado por un gran equipo. De gente como José Ortuño, que dirigió mi primer documental y mi primer largometraje de ficción y fue el compositor de mi primer corto, que es el guionista principal de El estado contra Pablo Ibar. O Fátima de los Santos, que entró en prácticas en nuestra empresa y lleva aquí desde entonces. Es una gran editora con la capacidad de tomar decisiones creativas, hasta el punto de que está acreditada también como guionista. Este vínculo personal con el equipo y haber tenido tanto tiempo para hacer el documental han ayudado mucho.

¿Qué significó cerrar la distribución con HBO en San Sebastián el pasado septiembre?

HBO me ha permitido respirar tanto a nivel de producción como creativo, porque la distribución y el prestigio que garantiza permite no solo que vaya a existir un retorno económico sino que llegue a un gran público. Le tengo que agradecer al Festival de San Sebastián que nos seleccionase. Ahí se confirmó que nuestra apuesta por darle un formato de calidad internacional tenía su recompensa, porque ahora tendrá una distribución acorde. Soy un fanático de HBO, y creo que este true crime tiene su sitio en su marca.

¿Estás cómodo con la etiqueta true crime?

Las etiquetas siempre me han dado igual. No me gusta cierto tipo de true crime actual en el que parece que se busca el punto de giro forzándolo. No me gusta que se asocie el género a cierto tipo de documental deshonesto con el público en el que se abren puertas a la investigación que no llevan a nada. Nosotros hemos encontrado material para poder hacer eso. Imagínate en 25 años cuantas teorías de la conspiración pueden surgir, algunas brutales. Pero como no nos gustaba, no hemos seguido esos hilos. Aparte, la etiqueta me da igual si permite al documental llegar a más gente. Otra cosa es que quizás no sea el nombre más respetuoso con las víctimas, pero habría que preguntarles a ellas.

 

Jose A Cano (@caniferus)

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