Seguimos con la rampa de salida a la temporada de premios. Las nominaciones a los Blogos de Oro 2021 presentan una favorita por encima del resto: La isla de las mentiras, de Paula Cons. Con 8 candidaturas, está en todas las categorías a las que era susceptible de ser nominada y dobla a sus inmediatas perseguidoras, Ane, Planeta 5000 y Pullman, con cuatro cada una.
Destaca que en mejor película estén nominadas los documentales My Mexican Bretzel y The Mistery of Pink Flamingo y el abrumador dominio del cine vasco, que entre Ane. Akelarre, Hil Kanpaiak (Campanadas a muerto)o Baby está presente en prácticamente todas las categorías.
La cinta de Bajo Ulloa es candidata, además de a Mejor Película, a Mejor Dirección y a Mejor Banda Sonora, aspecto este último por el que Bingen Mendizábal y Koldo Uriarte ya fueron premiados en el reciente Festival de Sitges. Akelarre, por su parte, repite en las categorías que ya fue sorpresa en los Feroz, las de actuación, donde también aparece Coses a fer abans de morir o la única nominación de Amigo en la persona de Javier Botet.
Las nominaciones a los Blogos de Oro 2021 presentan, pues, un panorama donde quizás la sorpresa sea la escasa presencia de Las niñas más allá de la opción a Mejor Directora para Pilar Palomero, a la que, por otro lado, se le espera mayor recorrido en los premios más mainstream.
Nominaciones a los Blogos de Oro 2021
Mejor Película
La isla de las mentiras Ane My Mexican Bretzel Planeta 5000 Baby The Mystery of the Pink Flamingo Hil Kanpaiak (Campanadas a muerto) Pullman
Mejor Cortometraje Estrella
Colada de Ibon Hernando Homeless Home de Alberto Vázquez Navras de Marco Huertas Roberto de Carmen Córdoba González Sergi & Irina de Miquel Verd y Àlex Tejedor Tres veces de Paco Ruiz
Mejor Dirección
Juanma Bajo Ulloa por Baby
Toni Bestard por Pullman
Paula Cons por La isla de las mentiras
Óscar Martín por Amigo
Pilar Palomero por Las niñas
Mejor Guion
Toni Bestard y Arturo Ruiz Serrano por Pullman
Paula Cons por La isla de las mentiras
Nuria Giménez Lorang por My Mexican Bretzel
Marina Parés y David P. Sañudo por Ane
Javier Polo Gandía y Sixto Xavier García por The Mystery of the Pink Flamingo
Mejor Actor principal
Javier Botet por Amigo
Daniel Faraldo por La mujer ilegal
Darío Grandinetti por La isla de las mentiras
Eneko Sagardoy por Hil Kanpaiak (Campanadas a muerto)
Niko Verona por Estándar
Mejor Actriz principal
Amaia Aberasturi por Akelarre
Nerea Barros por La isla de las mentiras
Tábata Cerezo por La Desvida
Patricia López Arnaiz por Ane
Kimberley Tell por Planeta 5000
Mejor Actor de reparto
Críspulo Cabezas por Planeta 5000
Yon González por Hil Kanpaiak (Campanadas a muerto)
Manuel Maestro por Coses a fer abans de morir
Joan Carles Suau por Un nuevo comienzo
Milo Taboada por Las isla de las mentiras
Mejor Actriz de reparto
Cristina Fernández Pintado por Coses a fer abans de morir
Jone Laspiur por Ane
Beatriz Olivares por Planeta 5000
Victoria Teijeiro por La isla de las mentiras
Garazi Urkola por Akelarre
Mejor Banda Sonora original
Maite Arroitajauregi y Aránzazu Calleja por Akelarre
Sebastián Escofet por La isla de las mentiras
Bingen Mendizábal y Koldo Uriarte por Baby
Tolo Prats por Pullman
Josué Vergara Blanco por La Desvida
Mejor Película Internacional
Beginning Color Out of Space Corpus Christi First Love Verano del 85
El Festival Márgenes 2020 ha concluido premiando al cine independiente más destacado de la temporada, con el premio principal para la cinta argentina 1982 pero un palmarés dominado por películas españolas, como Los continentes, de Pedro Kanblue, dos veces galardonada; Los inocentes, de Guillermo Benet, y Here be Dragons, de María Molina.
Así termina la 10ª edición del Festival Márgenes 2020, dedicada como siempre al cine «más arriesgado» de España, Portugal y América Latina, y que culminó el pasado domingo 13 de diciembre. El Márgenes ha sido pionero durante la última década precisamente en el recurso más forzado por la pandemia: la proyección online.
Experimentación, ficción y realidad
Fotograma de ‘Los inocentes’. Imagen: Márgenes.
Los continentes, de Pedro Kanblue, ha recibido la Mención Especial del Jurado y el Premio del Público. Kanblue explora nuestra relación vital y emocional con los archivos, como el continente y el contenido se relacionan, a partir de formatos audiovisuales de diferentes época que se van superponiendo. Fotografías antiguas, VHS o modernos archivos de móvil al servicio de ilustrar la relación con la imagen registrada.
Los inocentes, de Guillermo Benet, recibió el premio a la Mejor Película de la Sección Escáner. Tras su paso por el Festival de Sevilla, esta cinta sobre la trampa del individualismo que somete a tensiones éticas incluso a quienes se creen «los buenos» de la «generación 15M» recibe su primer reconocimiento.
Here be dragons, coproducción hispano-holandesa dirigida por María Molina, recibió el premio a la Creación Audiovisual La Casa Encendida. A caballo entre la realidad y la ficción, el filme plantea un viaje entre dos terras incognitas, dos espacios de exploración desconocidos, entre arqueólogos que investigan restos del antiguo Tartessos y astrobiólogos en busca del origen de la vida.
Premio especial para Oliver LaxeOliver Laxe. Foto: Wikimedia.
Finalmente Premio a la Mejor película de la Sección Oficial recayó en 1982, del argentino Lucas Gallo. La película realiza un relato de la Guerra de las Malvinas a través de la programación televisiva en Argentina durante los 74 días que duró esta. El relato «feliz» del ocio televisivo sirve para reflexionar sobre las estrategias de la propaganda polítca.
Además, el cineasta Oliver Laxe fue reconocido con el Premio Especial Márgenes al Cine Independiente por ser considerado «una de las irrupciones más deslumbrantes acontecidas en el panorama cinematográfico español en las últimas décadas», confirmado por películas como la reciente Lo que arde.
A través de los ojos de Sebastiá Comas vemos la Barcelona de principios del siglo XX, dónde el contraste entre la ciudad burguesa del modernismo y los bajos fondos de pobreza y suciedad es aberrante. Cuando secuestran a una niña de una familia pudiente, las autoridades barcelonesas se ven obligadas a tomarse en serio el resto de desapariciones de niños, cuyas pesquisas llevan hasta Enriqueta Martí, quien entonces será bautizada como la Vampira del Raval (la Vampira de Barcelona del título). Sebastiá, que es uno de los periodistas encargados de cubrir la noticia, lleva a cabo su propia investigación, cuyos descubrimientos lo llevan hasta las más altas esferas de la sociedad, poniendo de entredicho la culpabilidad de Enriqueta.
El director Lluis Danés, que recibió con esta película el Premio del Público en el Festival de Sitges, toma la decisión de hacer que todo lo que vemos sea a ojos de su protagonista, incluida a la propia Enriqueta: pese a que el título de la película hace referencia directa a ella, sus apariciones son escasas. Su historia sirve para poner en contexto temporal e histórico a la trama, más centrada en la crítica hacia la impunidad de los poderosos que en tratar de hacer una aproximación a su persona. Esto hace que el personaje sea algo plano desde el principio; queda como una pobre mujer víctima de sus circunstancias sin dejar que hable por sí misma y el espectador llegue a una conclusión al respecto.
La mayoría (salvo algunas excepciones como el protagonista y, paradójicamente, Enriqueta) de los personajes de La vampira de Barcelona parece que se mueven por el único motor del beneficio propio. Aun así, las actuaciones, abordadas desde el exceso, se entienden como parte de la atmósfera buscada: mezcla de noir con la estética teatral, probablemente influenciada por el pasado de Danés como director de teatro.
Este ambiente hace que se creen lugares atemporales, donde el juego narrativo permite la existencia de espacios imposibles, pero que lejos de causar extrañeza quedan orgánicamente integrados en el relato. O, más bien, potencian la sensación de desasosiego que busca la película, haciendo que esta decisión estética sea su gran punto a favor.
El uso del color es también reseñable. El filme es en blanco y negro, exceptuando varios momentos donde únicamente aparece el rojo como claro dominador -habría que sumar las escenas del burdel, que son en color, pero donde también predomina este tono-. Es evidente que Danés busca darle importancia a este color, usándolo como premonición de que algo malo va a pasar o, en el caso del burdel -en una clara referencia a David Lynch-, de que algo malo ya está pasando. Una marca que indica la inminente tragedia.
La mezcla de factores estéticos que la componen, como el uso del color o la creación de no-lugares a través del mecanismo teatral hacen que La vampira de Barcelona sea una apuesta arriesgada que resulta interesante. Pero, aunque La vampira de Barcelona sea una película que se sustenta en su estética, su guion expuesto siempre desde el punto de vista del protagonista no acaba de funcionar, perdiéndose entre la propia historia de Sebastiá y la de Enriqueta.
El palmarés del Documenta Madrid 2020 ha reconocido el trabajo de cuatro directoras con propuestas muy diferentes en la competición de producciones nacionales, primando las coproducciones y premiando por igual la experimentación, el reflejo del mundo rural y la memoria personal de la emigración cubana.
La película A media voz, dirigida por las cubanas Patricia Pérez y Heidi Hassan y coproducción entre España, Francia, Suiza y Cuba ha sido el filme más premiado de esta edición al recibir la Mención Especial del Jurado y el Premio Cineteca Madrid del público en la Competición Nacional.
El documental narra las trayectorias paralelas de Pérez y Hassan desde que comenzaron sus carreras cinematográficas y salieron posteriormente de su Cuba natal, a través de España y de Suiza. Sus trabajos, sus reencuentros y separaciones y el mantenimiento de la amistad a través de los años. Heidi Hassan declaró que para ellas «es muy importante que esta película se proyecte en cines, más aun en Madrid, nuestra ciudad de acogida».
Premio Especial del Jurado fue para Gorria, de Maddi Barber, que refleja la convivencia entre animales y humanos en el navarro Valle de Arce, tierra natal de la directora. El rojo de la sangre, que da título al cortometraje, el blanco del pelaje, el verde del campo, se mezclan con la intervención humana, lo mismo para esquilar o preparar quesos que para matar.
Barber pudo recoger personalmente el premio y agradeció el reconocimiento, además de valorar la importancia que para las películas pequeñas suponen este tipo de galardones no solo a nivel de prestigio sino también económico, que permite a las cineastas seguir trabajando. El mismo proyecto de Gorria nació en 2019 cuando Barber ganó el proyecto X-FILMS del festival Punto de Vista.
Finalmente, el premio del Jurado a la Mejor película fue para Those that, a distance, resemble to another de Jessica Sarah Rinland, una coproducción entre Argentina España y Reino Unido. Las protagonistas de la película de Rinland son numerosas manos, incluyendo las suyas, que van adornadas con pintauñas rosa. La tarea, llevada a cabo por todos estos dedos es la creación, destrucción y consiguiente reparación de la réplica de un colmillo de elefante inicialmente cazado de modo furtivo en Malaw
Palmarés de las secciones internacionales
Un momento de la entrega de premios el pasado 13 de diciembre. Foto: Documenta Madrid.
El palmarés del Documenta Madrid 2020 no se queda en las películas españolas y ha reconocido también en dos secciones las nuevas tendencias del documental en América Latina y Europa, atendiendo igualmente a las coproducciones, la experimentación y el compromiso social de las propuestas.
En la sección Internacional Fugas recibieron la Mención Especial del JuradoLluvia de jaulas de César González (Argentina) y Signal 8 de Simon Liu (Hong Kong, Reino Unido, EEUU). El Premio Especial del Jurado Responsabilidad empresarial de Jonathan Perel (Argentina). Premio Cineteca Madrid del Público Il n’y aura plus de nuit de Eléonore Weber. (Francia). Premio del Jurado a la Mejor película Vulture de Philip Hoffman (Canadá).
En la Sección Internacional recibió el Premio Cineteca Madrid del Público 143 Rue du désert (143 Sahara Street) de Hassen Ferhani (Argelia). La Mención Especial del Jurado This is not a burial, it’s a resurrection de Lemohang Jeremiah Mosese (Italia, Leshotto, Sudáfrica) y How to disappear de Leonhard Müller, Robin Klengel y Michael Stumpf (Austria). El Premio Especial del Jurado Die Letzte Stadt (The last city) de Heinz Emigholz. (Alemania). Y el Premio del Jurado a la Mejor película Tendre de Isabel Pagliali (Francia).
Que La casa de papel lidere los visionados en las series de Netflix ya no es ni siquiera una novedad. Las aventuras del Profesor y compañía han superado al documental Tyger King y la competencia en la recta final de la alemana Bárbaros para volver a ser la serie más seguida en todo el mundo.
A este éxito se unen la proyección de Élite, presente en el Top 10 de lo más visto en 86 países, y Toy Boy, en 69, aunque ninguna de las dos ha acumulado visionados suficientes como para colarse en lo más alto de la clasificación total. Aunque no les ha valido para estar en el Top 10 de lo más visto en Netflix en 2020 supone un espaldarazo para ambas ficciones.
En esa clasificación de lo más visto en Netflix en 2020 en EEUU lo acompaña El practicante, novena película internacional más vista en Estados Unidos. El hoyo ha estado en la lista del Top 10 de 89 países, El practicante de 70, Hogar en 50 y Ofrenda a la tormenta en 37.
Una buena noticia para la producción española y en concreto para el género, ya que ciencia-ficción, terror y suspense parecen ser los dominantes en este sentido.
Una obra en la farmacia del pueblo desvela un espejo misterioso: refleja objetos que no se encuentran al otro lado. En concreto, un libro, el mismísimo Evangelio de Judas. Vergara, Paco y Elena trataran de resolver el misterio, lo que acabará provocando que el cura les cuente al fin quiénes son las personas que quieren conseguir la moneda y también reacciones inesperadas en el pueblo.
El mejor capítulo hasta ahora, aunque aún queda media serie. El momento en el que se hace evidente el referente más inmediato de esta antología: Historias para no dormir. Hay homenajes a Sam Peckinpah, Doctor Who, Paranormal Activity y, por supuesto, a Alicia y lo que encontró al otro lado del espejo. Por haber, hay hasta un discurso que atiza a los populistas y la antipolítica y nos advierte contra los líderes que se creen muy seguros de sí mismos, definidos como el reflejo torcido de los verdaderos héroes. Porque lo contrario de la fe no es la duda, sino el miedo. Y no hay que tener miedo al miedo.
La serie, realmente, empieza aquí. En este capítulo, Evangelio de Judas mediante, se aclara el mcguffin y se ponen las cartas sobre la mesa, los villanos reciben nombre y apellidos y queda más o menos claro, aunque falten detalles, cuáles es la misión del padre Vergara y sus demonios personales. También se avanza, y mucho, en los roles de Paco y Elena, además de tener el momento clásico de de la Iglesia en el que los extremos del tópico costumbrista son retorcidos hacia el terror.
Crítica de 30 monedas capítulo 3 con spoilers
Si el segundo capítulo, con sus niñas de Alcásser filtradas por Strangers Things, ya insinuaba la voluntad de una antología con Vergara y sus acólitos como hilo conductor, el tercero nos confirma que esa recopilación no es otra que el Historias para no dormir de Ibáñez Serrador. El episodio empieza como si enlazase el final de uno de la serie del inmortal Chicho, con Tomás el farmacéutico perdiendo la razón por lo que ha visto en el espejo. También es la entrega, de momento, que mejor salta entre lo costumbrista y lo sobrenatural, con el capítulo jugando a las simetrías al mostrarnos la misa o la clínica veterinaria en cada extremo, saltando del día a la noche e incluso jugando con la naturalidad de la fotografía, mucho más estilizada en capítulos anteriores.
Eduard Fernández da una lección de cambios de registro en este capítulo. Tras lo dosificado que estuvo en el anterior, se confirma que por mucha ternura o carisma que le pongan Silvestre y Montaner, la serie es mejor cuando la lleva Vergara. Su reverso tenebroso, engreído, locuaz y ‘voxero’, es hasta ahora el mejor monstruo que ha tenido la serie. Sirve para presentar perfectamente a los villanos, un reflejo torcido de la Iglesia Católica que reside dentro de la misma y que interpreta a la inversa, como los relojes reflejados en un espejo, las enseñanzas de la Biblia. Tiene un poco de Memorias del Ángel Caído y otro poco de conspiranoia en la mejor tradición de El Código Da Vinci.
En cuanto al pueblo, que sigue caminando entre las series costumbristas tipo Querido maestro o Historias de Alcafrán con la crítica política de Guerricaechevarría y de la Iglesia. El final del capítulo introduce ya a todos los personajes en una dinámica en la que no pueden negar los sucesos extraños y que anuncia cambios sobre todo en Merche, secundaria antipática hasta el momento. Que el tono de comic-book por entregas siga funcionando va a depender de que veamos esto desarrollado de forma satisfactoria
Reliquias de Chéjov
El padre Vergara abre una Teología de San Ireneo para explicar a Elena y Paco quienes son y de dónde vienen los cainitas o seguidores del Evangelio de Judas. Tiene lógica puesto que se supone que estos últimos eran gnósticos e Ireneo de Lyon fue uno de los grandes polemistas que se dedicó a rebatirlos. Mientras sus rivales mantenían que el hombre tenía tres naturalezas separadas (material, animal e individual), el doctor de la Iglesia mantenía que la naturaleza humana es una sola mezcla de cuerpo, alma y espíritu. (Que no me maten ni historiadores ni teólogos, sé que he hecho una simplificación excesiva).
Por cierto, es verdad que de la esponja con la que dieron de beber vinagre a Cristo hay varios pedazos en el Escorial, pero también está en París, al menos entres iglesias diferentes de Roma y hasta en Jerusalén. En Pedraza, menos dentro de la ficción de 30 monedas, nada. Tampoco le consta a este juntaletras, ni he podido encontrar referencias, que la sangre de San Ambrosio -mentor de San Agustín y conciencia del emperador Teodosio, según la tradición- sea milagrosa. Estas reliquias, ¿podemos llamarlas “agua bendita de Chéjov”? Vergara las guarda en el altar bajo el que custodia su arsenal, no sabemos si las veremos usadas contra el mal en próximos episodios.
Balance: un gran capítulo, en la línea del inaugural, que si es igualado por un par más de los que queden situará a la serie en el muy complicado podium de este 2020. Además de una trama de terror más que decente tenemos varios homenajes preciosos a clásicos del género y a la tradición del susto español.
Los cineastas Fernando Colomo y Beatriz de la Gándara serán distinguidos con la Medalla de Oro de EGEDA en la 26 edición de los Premios José María Forqué. El galardón reconoce su trabajo conjunto durante más de 25 años en los que se destaca «una firme apuesta por nuevos realizadores que se han convertido en grandes figuras de nuestra industria», en palabras de Enrique Cerezo.
Beatriz de la Gándara y Fernando Colomo llevan trabajando conjuntamente desde 1993 y han producido más de una veintena de trabajos en los que, según explicó la organización en un comunicado, se evidencia una clara apuesta por los nuevos talentos. La gala de entrega se llevará a cabo de forma presencial el próximo 16 de enero en IFEMA Palacio Municipal de Madrid.
A lo largo de su carrera, han apoyado las óperas primas de grandes nombres de la cinematografía española como: Mariano Barroso (Mi hermano del alma, 1992), Icíar Bollaín (Hola. ¿Estás sola?, 1995), Daniel Calparsoro (Salto al vacío, 1995), Azucena Rodríguez (Entre rojas, 1995), Inés París y Daniela Fejerman (A mi madre le gustan las mujeres, 2001), Vicente Molina Foix (Sagitario, 2001) o Santiago Zannou (El truco del manco, 2008).
«Dos puntales del cine español»
Dentro de la propia filmografía de Fernando Colomo, «la simbiosis de ambos ha jugado un papel clave. Un trabajo conjunto que ha dado como fruto «algunos trabajos icónicos como: Rosa Rosae, Los años bárbaros o Alegre ma non troppo». Una asociación de talento «que se prolongó durante décadas y que dio lugar también a películas como El efecto mariposa, Eso, Al sur de Granada, El próximo oriente, Rivales o La banda Picasso«.
Los Premios Forqué destacan de Colomo que cuenta «con una dilatada y fructífera carrera como director, guionista, productor e incluso como actor». Nominado en cinco ocasiones a los premios Goya, Colomo da sus primeros pasos en la industria audiovisual con tan solo 16 años firmando sus primeros cortometrajes. La comedia es un género que ha marcado toda su carrera y durante los 90 sigue cosechando grandes éxitos de crítica y público en cine y televisión.
Por su parte, Beatriz de la Gándara inició su trayectoria en televisión como periodista y guionista. Ha combinado obras como el thriller Evelyn (Isabel de Ocampo) con comedias como La noche que mi madre mató a mi padre (Inés París) o Antes de la Quema (Fernando Colomo), ambas galardonadas con el premio del público del Festival de Málaga. Su pasión por el séptimo arte y su compromiso con la industria le llevó incluso a ocupar de forma interina la presidencia de la Academia de Cine en 2014.
Fernando Colomo y Beatriz de la Gándara toman el testigo de otras figuras que han sido reconocidas con este premio como Pedro Masó, Elías Querejeta, Eduardo Ducay, José Luis Borau, Fernando Trueba, Agustín Almodóvar, Santiago Segura, Carlos Saura, José Frade o Gonzalo Suárez el pasado año.
Raquel (Inma Cuesta) llega como profesora sustituta a un instituto del pequeño pueblo gallego en el que creció su marido. Al poco de llegar descubre que ocupa el puesto de una maestra que se suicidó, Viruca (Bárbara Lennie), y que esta muerte está envuelta en circunstancias poco claras. Los paralelismos entre las vidas de ambas se van haciendo evidentes mientras el matrimonio de Raquel se pone a prueba y ella mismo llega a dudar de sus propias percepciones.
El desorden que dejas funciona. Cumple lo que promete, te mantiene en tensión y respeta sus propias reglas, aunque no te las explique desde el principio. Inma Cuesta se agobia muy bien y Bárbara Lennie compite con Antonio de la Torre en ser la persona que mejor se cabrea de España. Son las estrellas absolutas de la función y sus personajes se parecen y diferencian lo suficiente al mismo tiempo como para que nos interese el destino de ambas.
Es un thriller que funciona a pesar de alargarse un poco más de lo necesario. Si se puede decir algo bueno de El desorden que dejas es que la mayoría de giros “no se notan”, en el sentido de que uno acepta que esto es así y sigue viendo la serie para saber qué le va a pasar a la protagonista. El final no es el más original ni tampoco el más previsible: está lo suficientemente bien sembrado para no molestar pero no volará la cabeza de ningún espectador incauto.
En cuanto al ambiente de la Galicia profunda es, como decimos los críticos cursis, “un personaje más”. Más allá del arco de personaje de Raquel, el tema central de la serie es la opresión social -y económica- de ciertos ambientes rurales, la hipocresía que la caracteriza y cómo desemboca en diferentes formas de violencia, unas más simbólicas y otras más literales.
A partir de aquí, spoilers de la dimensiones de una mayoría absoluta de Núñez Feijoo. Y créanme, este es uno de esos casos en que es mejor ver la serie virgen, aún arriesgándose a que el final no nos guste.
Rebeca en El desorden que dejas
El paralelismo más obvio que se viene a la cabeza, sobre todo sin tener la novela muy presente, pero sabiendo que es una serie de Carlos Montero, es con Física o Química o Élite. Al menos superficialmente: tramas de instituto, profesora que mantiene una relación poco sana con un alumno, bullying, alucinaciones con un fallecido reciente muy cercano y adultos con intereses turbios. Pero es eso, superficial, porque donde aquellas dos están filtradas por el punto de vista de los adultos
El desorden que dejas, desde la perspectiva de Raquel, se convierte en una especie de Rebeca galega, donde la protagonista es empujada a asumir toda o parte de la identidad de la persona a la que sustituye. Incluso las muertes presuntamente autoinducidas de Rebeca y Viruca son por ahogamiento y justificadas por problemas mentales y tenemos una escena en la que Raquel se viste con la ropa de la fallecida y se pone… una rebeca. Aunque su victoria será más completa que la de la protagonista anónima e Daphne Du Maurier y Hitchcock y ella emergerá con su personalidad intacta al final de la serie.
Aún así, vivirá en constante, ya que estamos con referentes del Hollywood clásico, Luz de gas. Todos los personajes mienten, Raquel incluida, pero ella es la única a la que se le rebaten sus propias percepciones. Incluido su marido Germán (Tamar Novas), a pesar de no ser un personaje del todo negativo, que le oculta cuestiones clave que apenas se intentan equilibrar con las infidelidades de ella para que quede como una relación tóxica y no que él es “el malo”. Solo su amiga que vive en Coruña la trata como a una igual, y su código postal no es casualidad.
Perros de paja
Obviamente esto no es una película de Peckinpah -aunque le habría vuelto loco conocer la España vaciada al buen hombre- y la violencia aparece con cuentagotas e incluso estilizada -aunque se saltan la regla sagrada de la televisión y esa escena duele de verdad-. La cuestión es que en estos tiempos de confinamiento en el que nos ha dado por añorar una fibra óptica que permita la migración inversa y teletrabajar rodeados de vaquitas siempre está bien que alguien apunte que sí, pero no.
Los pueblos pequeños son retratados sin ningún tipo de miramiento y sus sociedades en las que «todos se conocen» se presentan como una forma de control. En especial la violencia simbólica contra las mujeres -que es un tema recurrente de Montero- se desarrolla como en un catálogo, con todas las variantes posibles ejercidas contra Viruca o Raquel por turnos, aunque cada una se defienda a su manera.El desorden que dejas, no siempre con efectividad, intenta impugnar un tipo de «thriller sexual» que criminaliza a las mujeres como seres deseantes, y en parte su entorno contribuye a que se pueda desarrollar con naturalidad.
Por otra parte el pueblo es una encerrona general para casi todos los personajes, desde el viudo de Viruca hasta sus alumnos más conflictivos o el marido de Raquel. Solo algunas de las secundarias, presentadas como seres cómodos con su propia identidad pero no con el entorno, aparecen al final como liberadas de los callejones sin salida de la España negra y capaces de prevenir y defenderse de sus monstruos. Porque ese ambiente, claro, tiene consecuencias.
Crematorio
No es lo principal en El desorden que dejas, que al final se centra en el crecimiento como persona de Raquel y su proceso de duelo por la muerte de su madre, pero la serie orbita alrededor del concepto de corrupción. El rural corrupto es un espacio en el que solo queda la resignación o la complicidad para salir adelante, y es la elección en la que fracasan Viruca o la familia de Germán pero de la que consigue escapar Raquel. Todo a su alrededor, excepto las mencionadas secundarias salvíficas, es corrupto, y la única manera de evitarlo es vivir en el margen.
Se echa de menos que Montero, célebre por escribir sobre adolescentes, no les conceda el beneficio de la duda a sus tres personajes más jóvenes, que reciben finales esperanzadores para sus duras realidades pero, como es habitual en la ficción reciente, no disfrutan de una salvación colectiva, ni siquiera familiar como en otras series, sino apenas individual. La solución al propio nudo gordiano de la sociedad corrupta que plantea está en una solidaridad que dibuja en algunas escenas pero no acaba de desarrollar.
El desorden que dejas, en cualquier caso, es un thriller que sacrifica los ejes temáticos que refleja -opresión rural, corrupción- o la evolución natural de los personajes -habría sido verosimil que Raquel mandase al marido al cuerno al tercer capítulo, pero entonces se acaba la serie- en favor de los puntos de giro y la tensión dramática. Es una decisión creativa válida y la ejecuta bien, de manera que uno se lo plantea a toro pasado o cuando está yendo a pillar, como al escribir una crítica.
En ese sentido es, quizás, la serie española de suspense más efectiva que ha conseguido parir Netflix sin alejarse de un cierto realismo. En este 2020 tan extraño, El desorden que dejas es otra de esas series que va a quedar abajo en las arbitrarias listas de las mejores no por ningún demérito sino por exceso de competencia.
En nuestro día a día, cada vez que ponemos la televisión, escuchamos la radio o abrimos un periódico, en mayor o menor medida, el tema migratorio abarca parte importante de la información. Pero aún así, si ahondamos en el terreno y preguntáramos a nuestros allegados, o a nosotros mismos, por la situación real de estas personas; casi de inmediato, llegaríamos a la conclusión de que saber, como tal, no sabemos nada. Que todo lo que nos llega no es más que ruido de fondo.
Con La mujer ilegal, su última película, el cineasta catalán Ramón Térmens (Jóvenes, El mal que hacen los hombres, Catalunya übber alles) escarba en la problemática, precaria y desesperada situación de los inmigrantes irregulares en nuestro país. Para ello construye una película compleja, llena de aristas emocionales y de tramas conflictivas de resolver, que se engarzan entre sí ofreciendo un drama social lleno de veracidad.
La escena de apertura de La mujer ilegal engloba tanto el estilo como los subtextos que Térmens quiere dar a su historia. En ella se nos ofrecen los testimonios de unos inmigrantes irregulares, en situación agónica y de desamparo, y a su abogado Fernando Vila (Daniel Fajardo) que lucha por ayudarles con todos los recursos al alcance de su mano.
A través de la posición del abogado, lograremos tener una radiografía completa de la vida que llevan estas personas en nuestro país; del mal uso de la ley de extranjería y de la verdadera realidad de los famosos CIE (Centros de Internamiento de Extranjeros). Ese abogado luchará por ser la “molestia” de una sociedad corrupta, aunque él mismo reconoce que su capacidad es limitada ante un enemigo de tal entidad.
La mujer ilegal tiene la virtud de tratar sobre diversos temas, no todos desarrollados con la misma brillantez. Si bien Térmens posee la maestría para dibujar con precisión los problemas del Estado y así convertirse en la voz de la conciencia para el espectador, el relato flaquea cuando la obra se acerca más a los cánones del thriller clásico, debido a que su montaje no es seco y cortante, sino más bien pausado y calmoso. Por eso, su trama de altas esferas de corrupción policial y redes de prostituciones queda relegada a un segundo plano al no conseguir imprimirle la adrenalina propia de estos tipos de narración.
En contraposición, el estatismo de la cámara de Ramón Térmens -con Pol Orpinell como director de fotografía- y sus formas cercanas al documental unifican perfectamente con la inmovilidad de las personas ante esta situación, por eso en los momentos de mayor dramatismo narrativo será donde la película se eleve más. Mostrándose como una verdadera herramienta para abrir conciencias, construyendo un discurso para que la población abra los ojos ante situaciones indefendibles.
Aquí se pone el foco en la autoridad, en los mandatarios, en los responsables de que estas situaciones ocurran. Como en esos Centros de Internamiento de Extranjeros (curioso eufemismo el internamiento para pasar por alto la palabra detención) la gente desaparece, pierde la vida y nadie mueve un dedo por ello. Y para profundizar más en ello, gracias a ese aire de documental, adereza sus créditos finales con testimonios reales de personas que han estado en los CIE y conocen, de primera mano, sus temibles tratamientos.
Así, la mujer ilegal funciona como denuncia y reivindicación de que los seres humanos no pueden ser una etiqueta con un número a la espalda. Ahí está el reflejo de una sociedad que mira para otro lado y la importancia de personas que sean ese imprescindible “dedo en el ojo” para poder luchar contra los elementos.
El cine documental en España se convierte en gran protagonista de esta semana en el podcast ‘Los jueves, milagro’. Con motivo del Festival Documenta Madrid, que se está celebrando en la capital y en Filmin hasta el 20 de diciembre, el programa desarrolla el concepto de documental y su evolución histórica en el cine español, cinematografía donde se ha registrado un boom de este lenguaje cinematográfico en los últimos años.
En una primera parte introductoria, los miembros del podcast reflexionan sobre la problemática etiqueta del documental entendido como género y su evolución formal y discursiva. A esto le sigue un acercamiento al cine de dos documentalistas clave en su desarrollo en España: José Luis López Linares y Javier Rioyo (Asaltar los cielos, A propósito de Buñuel, Un instante en la vida ajena). Además de analizar su filmografía, el presentador de ‘Los jueves, milagro’, Martín Cuesta, entrevista al propio Rioyo.
El último bloque del programa está dedicado a lo más destacado de la programación española del Documenta Madrid 2020, uno de los certamenes que cierra la temporada de festivales en España. El equipo del programa se centra especialmente en dos películas que estarán en Documenta Madrid: Anunciaron tormenta, de Javier Fernández y Meihōdō, de Jorge Suárez-Quiñones Rivas.
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