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Ons: La isla como gran contenedor

Buena película que gira en torno a un lugar en el que cabe mucho.

Ons: La isla como gran contenedor 1

El título es claro: Ons gira alrededor de una pequeña isla con ese mismo nombre en la ría de Pontevedra. Hasta este lugar de difícil acceso llegan para pasar el verano Mariña y Vicente (Melania Cruz y Antonio Durán), una pareja en crisis. Pero su alargada estancia en Ons, aparentemente tranquila y reparadora, se ve trastocada por la extraña aparición de una mujer amnésica en la playa. Una buena película del valioso Alfonso Zarauza (Los fenómenos, Encallados), que rellena de forma original la omnipresencia de este espacio con misterios, contradicciones y contrastes de todo tipo.



Ons empieza abierta, casi dubitativa. Mariña (Melania Cruz) y Vicente (Antonio Durán) se adaptan a este nuevo entorno aislado, aparentemente pacífico, en el que se mantiene un estilo de vida pegado a la tierra pese a las embestidas del turismo. Ambos llegan al sitio distanciados, con la familia de Mariña como ancla y con Vicente sufriendo una depresión. La isla parece, poco a poco, afectarles de forma distinta: mientras que a Mariña el lugar empieza a alterar su estabilidad, a Vicente parece estar curándolo.

Ons: La isla como gran contenedor 2

Esta fase inicial del filme nos expone con calma la lógica interna de este microcosmos en el que las cosas van cambiando hacia lados opuestos para sus protagonistas, mientras los días se acortan y desaparece el cielo soleado del verano. Zarauza, apoyado en un interesante guion que escribió junto a Jaione Camborda (Arima), presenta sutilmente a todos los personajes de la isla en un paso del tiempo centrífugo, indeterminado y estacional. Aunque estas primeras situaciones no terminan de funcionar por su clara función introductoria y su indeterminación sobre el tono que tiene que coger la historia, sí son capaces de transmitir que hay algo en Ons que no va bien y que tiene que ver con la propia isla.

Este rol central y amenazante del espacio, sobre el que Zarauza huye de idealizaciones de postal, empareja claramente a Ons con algunas constantes del cine gallego reciente (en la compleja relación humanidad-naturaleza, principalmente), pero también la hace una película con unas claves propias. Ya no es que el lugar sea un «personaje más» de la historia o que se vincule emocionalmente con la psique de la pareja -que lo hace-, es que la manera que tiene Zarauza de filmarlo plantea el espacio como una cáscara compacta pero moldeable. Un lugar en el que caben y riman sensaciones distintas, estados de ánimo en colisión y actitudes contrapuestas.

Ons: La isla como gran contenedor 3

Esta extraña sensación que orquesta Zarauza llega a su punto ideal cuando se introduce un elemento externo en la isla. Tal y como pasaba en Arima, prima hermana de Ons, la llegada de una forastera desata con fuerza los enigmas que ocultan los personajes. Esta persona (Anaël Snoek) altera lo que tiene el resto dentro, lo que da una nueva intensidad al relato, que se deja llevar y se convierte en un camino cada vez más estrecho por la incertidumbre y el subconsciente. Se nota que es aquí a donde realmente quería llegar Zarauza, que presenta varias secuencias que combinan muy bien tensión ambiental y un alto nivel sugestivo.



Ons, en su enésima forma contradictoria, llega a una dimensión sexual, sobrenatural y hostil. Apoyada en una Melania Cruz que sigue demostrando que es una de las actrices de referencia en Galicia, Ons encuentra su tono perfecto como thriller febril y misterioso, en el que los enigmas son cada vez más agresivos. Un valioso viaje de ida y vuelta a un lugar que acaba funcionando como un gran contenedor -influyente e influido- de los secretos, los miedos y los anhelos de las personas que lo habitan.

 

Arturo Tena (@artena_)

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