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100 años de Rafael Romero Marchent, un director de héroes sin piedad

Centenario del nacimiento de un artesano del cine popular, que salió de la sombra de su hermano mayor trascendiendo las limitaciones de la ‘serie B’ para dejar un puñado de obras maestras que ahora reúne FlixOlé

Este 3 de mayo se cumple el centenario del nacimiento de Rafael Romero Marchent, un director popular con una filmografía tras la cámara casi tan extensa como sus pequeños papeles como actor. A veces a la sombra de su hermano mayor, Joaquín Romero Marchent, Rafael contribuyó junto a él al auge del ‘chorizo-wéstern’ en la España de los 60, con la misma capacidad para dar sello de autor y trascendencia a títulos destinados a la ‘serie B’ más ignorada.

La carrera de Rafael Romero Marchent está construida a base de épica popular y héroes para todos los públicos. Aunque nunca tocó a El Coyote, al contrario que su hermano o su amigo y colaborador Mario Camus, dirigió películas de El Zorro, El Santo o El Lobo Negro, siempre con un pie en México y otro en España. Eso, además de su contribución al gran mito televisivo de la España del siglo XX, Curro Jiménez, el Robin Hood de Sierra Morena que devolvió la popularidad a las historias de bandoleros gracias a la televisión.

FlixOlé, la plataforma del cine español de todos los tiempos, ha reunido en su catálogo más de 20 películas del pequeño de los Romero directores. Casi dos docenas de trabajos entre lo pop y lo precario, cargados de tanto amor al cine como disfrute de sus posibilidades más exageradas. Una selección que va más allá del wéstern, el género que ayudó a popularizar, y nos ayudan a descubrir sus comedias o su trabajo como intérprete, casi siempre secundario de lujo, que finalizó con un cameo en 2004 en la mítica Cuéntame cómo pasó (2001-2023).

Rafael Romero Marchent, el meritorio del revólver

Aunque de casta le venía a los galgos, por ser hijos del escritor y productor Joaquín Romero Marchent Gómez de Avellaneda, Rafael fue el primero de los hermanos en aventurarse en el mundo del espectáculo. Le atraía más ser actor, y además de teatro, de manera que en los años 40, pasando apenas de los 20, llegó a abandonar los estudios de medicina para estudiar baile e interpretación.

Así que cuando su hermano mayor llegó al audiovisual rebotado de un intento de carrera futbolística, él ya andaba por ahí con casi una década de experiencia en la que pasó de joven galán a secundario e incluso ganó una Medalla del Círculo de Escritores Cinematográficos en 1949 por su trabajo como guía indio en La mies es mucha (1948), de José Luis Sáenz de Heredia. Entre finales de los 50 y los primeros 60 ya combinaba la interpretación con trabajos de script o ayudante de dirección, convenciéndose de estudiar para poder colocarse detrás de la cámara.

Finalmente, con la Centauro Films que fundase su hermano Joaquín a partir del éxito de las primeras películas de El Coyote, Rafael tendría un pie a cada lado del Atlántico mientras rodaba de todo. 

Para explicar sus comienzos como director de ‘pelis del Oeste’ se suele hacer referencia a Dos cruces en Danger Pass (1967), previa al dúo de pequeñas obras maestras que dejaría un año después: Uno a uno, sin piedad (1968) y ¿Quién grita venganza? (1968), esta última considerada una de esas pequeñas obras maestras del subgénero del ‘paella-wéstern’.

'¿Quién grita venganza?', película de Rafael Romero Marchent
‘¿Quién grita venganza?’ (1968), de Rafael Romero Marchent

Pero esta etapa de oro oculta que Rafael Romero Marchent fue uno de esos pocos directores en tocar la parodia del wéstern antes que el género en sí. Lo hizo con la comedia Dos pistolas gemelas (1966), ahora de estreno en FlixOlé, precediendo a todas esas aventuras de machotes. Las entonces popularísimas Pili y Mili, actrices zaragozanas tan idénticas como indica el título, se convirtieron en dos hermanas que recorrían el Far West en busca de un viejo tío perdido.

Estos éxitos lo llevarían a El Zorro justiciero (1972), su primera incursión en el héroe del cual El Coyote era espejo español, interpretado por Fabio Testi, por entonces una estrella de este tipo de cine de acción, y con su hermano Carlos, el pequeño de los Romero Marchent, en un papel destacado.

El currito siempre dispara dos veces

Rafael perteneció a esa estirpe de artesanos que se tenían más por curritos que por autores, aunque imprimiese un sello clásico a casi toda su producción. Así que igual que otros directores de su época, a partir de los 70 se reconvirtió al thriller con turbias lecturas sexuales —como El calor de la llama (1977), ya en FlixOlé— o la comedia más alocada. Eso sí, sin dejar sus héroes populares, con El Santo contra el Doctor Muerte (1973) como su contribución a la leyenda del héroe mexicano peleador de lucha libre.

'El calor de la llama', película de Rafael Romero Marchent
‘El calor de la llama’ (1977), de Rafael Romero Marchent

En esa década filmará dramas sobre las drogas con cierta crítica social como Disco rojo (1973), con guiones y coprotagonismo del mismísimo Paul Naschy, o Tu dios y mi infierno (1976). También estrenará El límite del amor (1976), un thriller sexual con Juan Luis Galiardo y Charo López en su reparto inspirado en el ‘crimen de los Galindos’. Entre medias, le sobró tiempo para dirigir a la mismísima Lina Morgan en la comedia Imposible para una solterona (1976), que incluía a Fernando Fernán Gómez en su reparto.

Pero la cabra tira al monte, y los tipos que se vengan espectacularmente y pegan tiros y espadazos reclamaban su lugar. En México, y coescribiendo con Joaquín, dirigió y produjo El Lobo Negro (1980), película que estrena ahora FlixOlé, y Duelo a muerte (1981), una dilogía de aventuras con el héroe que da título a la primera como protagonista. Un trasunto de El Zorro o El Coyote pero 100% mexicano en su planteamiento frente a unos precedentes más colonialistas, que supuso un pequeño hito en su carrera transatlántica.

'El Lobo Negro', de Rafael Romero Marchent
‘El Lobo Negro’ (1980), de Rafael Romero Marchent. ©FlixOlé

Eso sí, este éxito llega tras el gran ‘pelotazo’ de los hermanos en televisión, la Curro Jiménez (1976-1978) de Antonio Larreta para la que el realizador uruguayo rescataría a estos pioneros del ‘chorizo-wéstern’ para darle empaque y épica a las cabalgadas de su bandolero. Un trabajo que le valdría dirigir Cañas y barro (1978), quizás su título de mejor recepción crítica, una de las primeras grandes adaptaciones literarias que serían marca de la casa de RTVE durante la siguiente década, escrita por Manuel Mur Oti a partir de la novela de Blasco Ibáñez.

El último disparo del viejo cowboy sería dirigir en los 90 un puñado de episodios de ¡Ay, Señor, Señor! (1994-1996), la serie de comedia protagonizada por Andrés Pajares que nos descubrió a un jovencísimo Javier Cámara

Pero el verdadero testamento como cineasta de Rafael Romero Marchent lo había firmado una década antes, con la melancólica Violines y trompetas (1984), con Jesús Puente y José Luis López Vázquez como dos veteranos músicos que enfilan la retirada y ven lejanos sus días de gloria, alterados por la aparición de una joven belleza. Una comedia llena de melancolía por los tiempos de gloria que ya no volverán y en la que el director hizo una despedida discreta, como la de sus héroes, caminando hacia el horizonte en silencio, contento por un trabajo bien hecho.

Puedes ver la colección completa de Rafael Romero Marchent en FlixOlé.

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Rondallas: Armonía entre drama social y comedia popular

El director de 'AzulOscuroCasiNegro' hace su mejor trabajo en años en esta dramedia que roza el realismo 'sucio' pero disfrazado de fábula 'feel-good' comercial

Rondallas es la historia de un pueblo cercano a Pontevedra que hace dos años sufrió la muerte de siete de sus vecinos, pescadores, tras un trágico naufragio en alta mar. Uno de los dos únicos supervivientes decide que es hora de reorganizar la rondalla del pueblo y participar en el concurso provincial, como una forma de cerrar el duelo, recuperar el ánimo de los vecinos y ayudar a las familias. El problema es que casi todos los instrumentos y trajes están estropeados. Y la mejor gaitera del pueblo, hija del capitán del barco hundido, no quiere volver.

Daniel Sánchez-Arévalo dirige una película con apariencia de feel-good pero un trasfondo trágico innegable. Una estructura de producto popular hollywoodiense clásico que envuelve una historia sobre callejones sin salida, duelo en comunidad y pequeños municipios en crisis permanente, filtrada por el gusto por la alegría de vivir del director. Quizás su mejor trabajo en muchos años, que logra un equilibrio poco habitual entre el tipo de título comercial al que la industria se empeña en malacostumbrar al público y una personalidad local y propia.

El madrileño vuelve al largometraje con Rondallas nada menos que seis años después de Diecisiete (2019) y tres después de la serie Las de la última fila (2022). Lo hace con una película que recupera y armoniza dos aspectos de su cine: la amabilidad y sencillez formal de Primos (2011) y La gran familia española (2013) junto al poso algo más amargo o poco complaciente con lo que le apetezca al espectador de una Gordos (2009) o la maravillosa Azuloscurocasinegro (2006).

Rondallas y marineros

Crítica de 'Rondallas'

La historia de Rondallas es una de duelo colectivo, a pesar de que a veces juegue a que el protagonismo recae en los personajes de Javier Gutiérrez y María Vázquez o luego pivote sin ninguna vergüenza hacia el de la joven Judith Fernández (la cual hace aquí un trabajo notable, junto a Fernando Fraga). La película nos mete en la vida del pueblo, desde las dinámicas laborales de las mariscadoras hasta las vecinas cotillas o el equipo de remo local, porque se trata de que todo vuelva a la vida a la vez, no que un solo personaje se redima.

Esa evolución armoniosa, unida a la muy escasa idealización del entorno que se permite Sánchez-Arévalo, es lo mejor de la película. Porque sí, Rondallas es una feel-good-movie, cada vez que aparece un personaje te imaginas su evolución y relación con los demás, y los tres actos que manda el canon hollywoodiense o netflixiano están bastante marcados. Pero la «derrota del segundo acto» es tan amarga como solo son los rencores de pueblo pequeño, y el final es feliz a medias, con los personajes tomando decisiones lógicas, no «bonitas».

Frente a otros intentos de iberizar esta clase de historia de buenos sentimientos —incluidos los del propio director—, Rondallas se acerca más a la ausencia de soluciones mágicas de cierto cine social británico, sin permitirse lujos en los que de repente las depresiones se curan de forma mágica, en el pueblo surgen oportunidades de trabajo que en la vida real no existen o alguien no tiene que asumir sus responsabilidades penales. Que te haga «sentir bien» a pesar del realismo de esas decisiones, es el mérito real de la película.

Todos para uno, uno para todos

Crítica de 'Rondallas'

Efectivamente: Sánchez-Arévalo ha disfrazado un drama social español canónico, de los que rozan el realismo ‘sucio’, de fábula moralizante anglosajona. Y funciona. Sin necesidad de miserabilismos, de paternalizar a los personajes o abofetear al público para que llore —es más, dejando las escenas más emocionales casi en elipsis y brindándoselas a la habilidad del elenco, como debe ser—, comprendes perfectamente las dinámicas de callejón sin salida del entorno y a sus personajes, pero también que se alegren de estar todos juntos.

Como arco de duelo, funciona, pero también como descripción de dinámicas de grupo. Varios personajes hacen diferentes sacrificios por el bien de la comunidad, para cuidar a alguien a quien quieren o por ambos motivos a la vez, con la subtrama más cómica reflejando la más trágica y viceversa. Y esa compensación, ese armonizarse con los movimientos del resto acompasándose a sus virtudes y defectos, es lo que caracteriza las rondallas victoriosas.

Hora de tocar la última: Daniel Sánchez-Arévalo ha regresado a ese delicado equilibrio entre lo amargo y lo vitalista que caracteriza sus mejores trabajos por la puerta grande, con una película que combina la crítica social, sin cargar las tintas, con lo mejor de las comedias populares, un guión en equilibrio perfecto para que el tono no se desvíe y un gran reparto. Y encima clavando el tiempo y con doble verónica en el pase de banderas. No se le puede pedir mucho más.

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Mi querida señorita: Una película partida en dos que se sobreexplica tapando sus aciertos

Fernando González Molina asume el riesgo de adaptar un icono del cine español con una primera parte que roza el drama costumbrista y una segunda que se despeña por la autocomplacencia en su búsqueda de un final feliz

Mi querida señorita es la historia de Adela, una joven profesora de catequesis y restauradora de antigüedades que vive con sus padres y su abuela en Pamplona a finales del año 1999. Todo cambia cuando un antiguo compañero del instituto vuelve a su vida al mismo tiempo que irrumpe una persona nueva, la fisioterapeuta que acude a atender a su abuela. Adela no puede evitar sentirse atraída por ella, pero necesita aclarar cosas sobre sí misma. Por ejemplo por qué necesita tomar estrógenos y su madre no la deja ir al ginecólogo.

Tremendo reto el de Fernando González Molina (Legado en los huesos, The best day of my life), «actualizar» el clásico de 1972 de Jaime de Armiñán, icono del cine español en general y del queer en particular, con la curiosidad de coincidir en el Festival de Málaga con la igualmente arriesgada Día de caza, de Pedro Aguilera. Producen Javier Ambrossi y Javier Calvo para Netflix, y eso, que puede ser una garantía, es también un riesgo. Porque además cabe la duda de si para contar esta historia hacía falta el referente histórico.

Mi querida señorita tiene como protagonista a la debutante Elisabeth Martínez y en un trasunto del personaje de Julieta Serrano a Anna Castillo, que es la que mejor está del todo el reparto. El casting es un tanto esquizofrénico, combinando solvencia con caras conocidas y el tradicional baile de guiñitos y cameos marca Los Javis. María Galiana, Nagore Aranburu o Paco León podrían hacer sus papeles con los ojos cerrados, Eneko Sagardoy es el que no parece muy cómodo con el suyo, equivalente al que en el 72 interpretó Antonio Ferrandis.

Mi querida señorita, en dos partes

Elisabeth Martínez y Anna Castillo en 'Mi querida señorita'. ©Michael Oats
Elisabeth Martínez y Anna Castillo en ‘Mi querida señorita’. ©Michael Oats

Mi querida señorita está dividida en dos mitades claramente diferenciadas que además actúan como espejos la una de la otra. La primera es la vida de Adela en Pamplona, entre el trabajo como restauradora en la tienda de antigüedades de su padre, la catequesis y cuidar de su abuela, donde empieza a descubrirse a sí misma. La segunda comienza tras descubrir que es una persona intersexual y mudarse a Madrid, presentándose como un hombre, A.D., para abrazar su nueva identidad y crear una «familia elegida».

La película juega a que se reflejen: la familia biológica reprimida con los compañeros de piso que se pasan de comunicativos, el detalle en la restauración de obras de arte por el cuidado en reparar corsés de dominatriz —hay trabajos peores—, la Navidad por el día del Orgullo. Es un comentario también hacia la primera película, porque quitando la reaparición de la novia, la parte de Madrid no tiene apenas elementos del original, implicando como la «actualidad» (el 99-2000 en que se ambienta) consigue superar las restricciones de los años 70.

Y aunque tenga sentido y ese juego especular nos dirige hacia un final «feliz» en el que A.D. construye un yo más sano y en paz esté bien pensado… no funciona. Las dos partes son muy dispares. La primera está mucho más conseguida en su ambientación, mientras la segunda suena a 2026, no al año 2000, aunque usen móviles compactos y paguen en pesetas. Sus tonos deben chocar, pero no tanto como para que la primera parezca un drama costumbrista y la segunda un desfase de cameos con check-list de identidades diversas que retratar.

No ayuda que la transición entre una y otra se haga con un discurso del personaje de Paco León —un cura homosexual que plancha bailando a Mónica Naranjo que yo me comería con patatas en El Ministerio del Tiempo o Física o Química, pero aquí no— que parece el del entrenador de beisbol de Timmy en un dramita de sobremesa gringo. En la parte de Madrid hay al menos tres parlamentos de personajes que le desvelan la verdad de la vida a A.D. y resultan pesados, anticlimáticos y sobreexpositivos. No había necesidad.

¿A cuánto público quieres llegar?

Elisabeth Martínez en 'Mi querida señorita'. ©Michael Oats
Elisabeth Martínez en ‘Mi querida señorita’. ©Michael Oats

El problema del exceso de explicaciones de Mi querida señorita es que está buscando el forofismo de un público entregado antes que ser una película narrativamente sólida. Y en parte lo hace a base de discursos antinaturales —¿nadie deja hablar a Adela ni en su propia historia?— porque estamos tan impregnados de la forma de contar las cosas del audiovisual estadounidense que ni nos damos cuenta de lo artificiosas que son. Es la manera por defecto de buscar la emoción fácil, aunque reviente el tono naturalista de la historia.

La parte de Madrid se desliza por senderos que si se diesen en el Universo Marvel calificaríamos de fanwank. El personaje de Manu Ríos se lleva a A.D. de discoteca por Chueca y hay desfile de cameos gratuitos. Los lazos con la «familia construida» del protagonista se crean porque sí en medio diálogo. La chica lo ama con locura porque patata: se habían visto tres veces en 10 días. Es un enamoramiento tan gratuito —o sea, ¿no será un calentón, mi arma?— que si fuese un personaje cishetero nos cantaría a fantasía proyectiva. Etcétera.

Por el camino, se deja mundos e identidades que habría sido interesante explorar con Adela o A.D., como el de las chicas lesbianas, abertzales y aspirantes a actrices de Pamplona en el puñetero 1999. Que están menos vistas que todas las drags de Chueca, con perdón. Por momentos Mi querida señorita parece un capítulo extra, y mal resuelto, de Vestidas de azul (2023).

Entiendo perfectamente que las identidades LGTBIQ+ y diversas no suelen tener finales felices y las historias que no patologizan sus vidas se cuentan con los dedos de una mano y se suelen considerar de nicho. Los tics de la segunda parte de Mi querida señorita la aparcan precisamente en ese rincón porque no busca superar ese final feliz, ni siquiera construirlo con cierta solvencia. Es mucho más redonda, en ese sentido, Te estoy amando locamente (2023), por hacer una comparación odiosa.

Mi querida señorita no es una «mala» película, pero sí mediocre. Tiene muy buenos momentos, sobre todo en su primera mitad, y un par de actores muy entregados a sus papeles. La planificación de los contrastes entre las dos etapas de la vida del personaje está muy bien pensada y el mensaje de aceptación que quiere dejar es muy positivo. El problema es qu ela moraleja o la causa de una película no la hacen nunca «mejor«, y menos si se interponen en el camino de la historia.

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10 películas españolas para defender los derechos de los trabajadores en 1 de mayo

No solo del cine de Fernando León de Aranoa y Juan Antonio Bardem vive el obrero que ve cine español, sino de documentales murcianos, días corrientes catalanes y hasta historias de amor alrededor de un invernadero almeriense

El cine español es de currelas. Y mucho. En 1 de mayo, Día Mundial de los Trabajadores, conmemoración de los Mártires de Chicago que pelearon por la jornada de 8 horas que ahora está en peligro, cuando miles de españoles salen a las calles para reivindicar igualdad, sueldos dignos, trabajos seguros y, en fin, el derecho a ser tratados como seres humanos en su entorno laboral, nos paramos a recordar (lo hemos dejado escrito antes) las películas españolas que se han unido a esta causa.

Nos lo hemos puesto en modo difícil y vamos a dejar fuera las películas de Fernando León de Aranóa o Juan Antonio Bardem, los dos directores más activamente obreristas en su planteamiento. También nos hemos limitado el número de documentales, porque hay tantos como conflictos laborales ha habido en nuestro país, desde el mítico El efecto Iguazú (2003), de Pere Joan Ventura, hasta Hotel explotación: las Kellys (2018), de Georgina Cisquella, también guionista del anterior.

Una lista de 10 películas españolas para reivindicar los derechos de los trabajadores en 1 de mayo que incluyen muchas recientes —para ir tirando prejuicios, incluidos los de este redactor— en las que hay documentales, ficciones, adaptaciones de hechos reales y testimonios de todo tipo, de la que se han quedado muchas fuera.

SIS DIES CORRENTS (2021)

La película de Neus Ballús es uno de los hitos más recientes del cine social español. La historia de Valero, Moha y Pep, tres trabajadores de una pequeña empresa de fontanería y electricidad de las afueras de Barcelona, y los problemas que se van encontrando a lo largo de una semana de curro. Tan efectiva que la propia directora ha contado que un empresario le contó que había decidido hacer un contrato fijo a uno de sus empleador después de verla. Dos de sus intérpretes, Mohamed Mellali y Valero Escolar, compartieron premio a su trabajo en el Festival de Locarno, y arrasó en los Premios Gaudí catalanes de su año.

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UN FRANCO, 14 PESETAS (2006)

La ópera prima del siempre comprometido Carlos Iglesias —que su papel más conocido, te guste o no, fue de albañil— narra una historia de exilio y de lucha su dignidad de dos trabajadores españoles interpretados por él mismo y Javier Gutiérrez. Dos trabajadores que buscan un futuro para sí mismos y para sus familias en Suiza, donde hacen piña con otros inmigrantes del sur de Europa, viven algún lio de faldas —sin landismos— y salen adelante como pueden. Y, cuando toca volver a España, descubren que ni ellos ni el país ya son los mismos. Premio del Público en elFestival de Málaga, fue un clásico automático que aún conserva su potencia.

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EL AÑO DEL DESCUBRIMIENTO (2020)

La gran revelación del género documental en plena pandemia. Luis López Carrasco viaja entre el presente del momento y la España de 1992, con sus Juegos Olímpicos y sus Exposiciones Universales, en la que los trabajadores de la industria naval se rebelaron contra la reconversión industrial y el desmantelamiento de la economía local. Una serie de protestas que acabaron con el incendio del parlamento regional ese mismo año. La pantalla partida de la película construye memoria vinculando el pasado y el presente, valiendo un Goya a Mejor Documental y otro a Mejor Montaje, inédito para el formato.

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SURCOS (1951)

En plena posguerra, de conciencia de clase y desigualdad solo se podía hablar en elipsis, con mucho cuidado… y con director falangista como José Antonio Nieves Conde, que parece una contradicción, pero tiene toda la lógica. Un clásico incontestable del cine español, la historia de una familia campesina que se muda a Madrid en busca de trabajo y se encuentra con toda clase de trabas y humillaciones para salir adelante, incluyendo rozar el mundo del crimen. Una denuncia social disfrazada de drama moralizante que se atrevió a señalar, sin nombrarlo, al estraperlo.

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IVÁN&HADOUM (2026)

Tan de actualidad que aún no se ha estrenado en cines, tras pasar por la Berlinale y el Festival de Málaga de este mismo año. Ian de la Rosa dirige una historia de amor entre un hombre trans y una mujer marroquí en la que lo fundamental es la precariedad laboral. Iván trabaja en una empresa envasadora en los invernaderos de Almería, quiere ascender para ayudar a su familia. Hadoum es una de sus compañeras, que quiere organizar una protesta para impedir despidos. Una de las películas más diversas del año es al mismo tiempo de las más naturalistas en esas diversidad… y de las que tiene más conciencia de clase.

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LA PIEL QUEMADA (1967)

Josep María Forn dirigió este otro drama sobre la inmigración y el mundo del trabajo, esta vez con un éxodo rural que no va hacia Madrid u otras grandes ciudades, sino hacia la Costa Brava, y más en concreto, a Lloret de Mar, en la provincia de Girona. Un testimonio rodado en tiempo real del boom del turismo, y el inmobiliario asociado a él, que se daba en la época en el Mediterráneo español, la manera en que afectó a la vida, el trabajo y la misma forma de relacionarse de los españoles. La vida de un albañil de Guadix, Granada, que trabaja para sacar adelante a su familia… pero que no espera que un día esta aparezca en su puerta.

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O TODOS O NINGUNO (1976)

Cambiamos de época y de formato, pero no de región. En plena Transición, Helena Lumbreras y Mariano Lisa rodaron este mediometraje documental sobre la huelga de LAFORSA (Laminados y Forjados de Hierro y Acero. SA) en 1975 en Cornellá, que se convirtió en un ejemplo de solidaridad entre la clase obrera de la época. Mientras las historias oficiales hablan de héroes con corbata pactando la llegada de la democracia, huelgas y películas como esta contaban otra historia. Tan en tiempo real que al estrenarse el documental, la protesta aún no había terminado.

MATRIA (2023)

El documental Nación (2020), de Margarita Ledo, cuenta algo parecido, pero ya teníamos cubierta la cuota de no ficción —aunque haya salido ya gente interpretándose a sí misma o contando la vida de sus propios padres—. Álvaro Gago dirigió a María Vázquez en uno de sus mejores papeles para interpretar a una mujer pluriempleada en la Galicia costera, buscando tanto mantenerse a sí misma y a su pareja —con quien mantiene una relación un poco tensa—, como a una hija de la que se encuentra distanciada. Una historia que parece individual, pero no es individualista, sino la de muchas otras dentro de ella.

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EL 47 (2024)

El director Marcel Barrena es un obseso del trabajo: sus protagonistas siempre convierten su ‘curro’ en la palanca con la que cambiarse a sí mismos y a su entorno. A este basado en hechos muy reales se le ha reprochado que obvie la militancia sindicalista de Manuel Vital y lo que de acción coordinada con sus compañeros tuvo aquel mítico secuestro del autobús de la Línea 47 de Barcelona. Una película para recordar que se pobre mata, pero que todos juntos podemos salir de ahí. Ganadora del primer Goya a la Mejor Película ex aequo de la historia, y otros cinco más, ya es historia del cine español.

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LOS SANTOS INOCENTES (1984)

¿Es la fácil? Sí. ¿Es la típica? Sí. Pero que no se te olvide que la película votada por los mismos españoles como la mejor de nuestro país en toda su historia, basada en la novela de Miguel Delibes, fue para mucha gente, durante mucho tiempo, un documental. Dirigida por el mismo Mario Camus que habría creado Los camioneros (1973-74) para RTVE. Alfredo Landa y Paco Rabal fueron premiados en Cannes por su Paco ‘El bajo’ y su Azarías y el señorito Iván de Juan Diego continúa siendo un villano icónico. Tanto, que cuenta la leyenda que en los primeros pases en salas, allá por los 80, en ese país que ya era moderno y no tenía conflictos, la gente aplaudió en la escena final.

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¿Cómo hemos llegado a esto?: Un triángulo amoroso algo tedioso

Una comedia de enredo que, pese a jugar con tres perspectivas distintas, se queda a medio gas en ingenio y dinamismo

¿Cómo hemos llegado a esto? cuenta la típica historia del triángulo amoroso más desagradable con el que nos podemos topar: cuando tu mejor amiga se lía con tu exmarido y te lo cuentan… un año después. Esto es lo que le sucede a Elena, una mujer cuadriculada y pija que queda con su mejor amiga, Alba, tras una temporada sin verse. Lo que Elena piensa que va a ser una agradable quedada para ponerse al día, termina por ser un embrollo incomodísimo con su exmarido, Emilio, de por medio.

Esta comedia de enredo es el debut como director de Gorka Mínguez, que adapta una obra de teatro que él mismo protagonizó y dirigió con David Caiña, guionista de la película. La propuesta es clara: ¿Cómo hemos llegado a esto? es un triángulo amoroso repartido entre Elena (Macarena Gómez), Alba (Kira Miró) y Emilio (Ismael Merino), dos amigas y un exmarido. Emplean el recurso de la ruptura de la cuarta pared para contarle con toda confianza al espectador cada uno su versión de los hechos.

<strong>¿Cómo hemos llegado a esto?</strong>: Un triángulo amoroso algo tedioso 1

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‘Operación Camarón 2’: los ‘Lolos’ se infiltran en una orquesta en Galicia en la secuela de la comedia de 2021

Carlos Theron vuelve a dirigir un guion de Manuel Burque y Josep Gatell y con Julián López y Carlos Librado ‘Nene’ repitiendo en sus papeles

Vuelven Los Lolos, vuelve la música, vuelve el verano. Telecinco Cinema ha anunciado el rodaje de Operación Camarón 2, secuela de la comedia de Carlos Theron de 2021, un éxito que sumó 3,3 millones de euros recaudación y más de 575.000 espectadores en pleno confinamiento. Julián López y Carlos Librado ‘Nene’ vuelven a sus personajes para una nueva infiltración entre la música y el narcotráfico, esta vez cambiando Cádiz por Galicia.

Manuel Burque y Josep Gatell, guionistas de la primera entrega —y de la tercera y cuarta parte de Tadeo Jones, entre otras—, repitan para presentar a Os Meteoros do Padrón, la orquesta en la que Sebas (Álvarez) y Lolo (Nene) deberán infiltrarse en una operación policial que los obliga a reencontrarse tras varios años separados.

La primera entrega de Operación Camarón contaba la historia de Sebas, un policía con formación como músico que debe infiltrarse en una banda de reggaetoneros para descubrir la identidad de un misterioso narcotraficante en la bahía de Cádiz. De momento no se conocen más detalles del reparto.

La película no solo tuvo buena acogida en sala, sino que fue el filme con mayor audiencia en televisión en abierto en su estreno en 2023, con 2,5 millones de espectadores y un 19,4% de cuota de pantalla.

Producida por Telecinco Cinema, La Pepa PC, Maruxiña Film Company y Basque Film Services, Operación Camarón 2 tiene previsto su estreno en julio de 2027 con la distribución en cines de Buena Vista International.

Sinopsis de Operación Camarón 2

Después de verse catapultados al estrellato con ‘Chico Perfecto’, el éxito de Sebas y Lolo se esfumó tan rápido como llegó: el ego y la fama provocaron la ruptura de su amistad y el fracaso de sus carreras en solitario. Sus vidas parecen abocadas al desastre, hasta que una misión policial los obliga a reencontrarse.

Xurxo, inspector de la brigada antidroga en Galicia, los infiltra en una orquesta musical sospechosa de ocultar a El Camaleón, el autor de una nueva droga de diseño que está causando estragos. Lolo y Sebas deberán unirse a Os Meteoros do Padrón, la orquesta liderada por el carismático, exigente e implacable Tito Carballal, y sobrevivir al ritmo imparable de las fiestas de verano por un sinfín de pueblos y aldeas.

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‘Las líneas discontinuas’ gana el premio Panorama España en un Festival de Las Palmas que también reconoce a ‘Sucia’ y ‘La lucha’

El certamen canario estrena un Jurado Joven formado por personas en formación sobre programación y valoración de producciones y festivales

El palmarés del Festival de Cine de Las Palmas ha reconocido a Las líneas discontinuas, de la cineasta gallega Anxos Fazáns, con el premio Panorama España, que distingue a la mejor película nacional de su programación. El certamen canario ha reconocido también otros títulos como el documental Sucia, de Bàrbara Mestanza, o La lucha, de José Alayón, además del cortometraje Somos islas, de Marta Torrecilla.

El XXV Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria presentó este miércoles 29 de abril los galardones, que estrenan el formato del Jurado Joven, por primera vez encargado de valorar los trabajos de la competición nacional. Ha estado integrado por personas en formación que recibirán nociones sobre programación y valoración de producciones que compiten en certámenes.

Este jurado ha destacado a Las líneas discontinuas «por narrar con su silencio, por tratar la visibilidad desde la ternura y por su exquisito uso de la música». La historia dirigida por Fazáns y escrita por esta junto a Ian de la Rosa es la de Bea, una mujer de 50 años en proceso de divorcio, y Denís es un chico trans de 28 años que lucha contra la precariedad laboral. Un suceso inesperado los lleva a conocerse y este encuentro transformará la realidad de ambos para siempre.

Asimismo, «por la importancia de su mensaje. Por su honestidad radical y compromiso», el jurado ha concedido una Mención Especial al documental Sucia, de la joven cineasta catalana Bàrbara Mestanza. La cinta documental, Premio del Público en el Festival de Málaga, retrata el proceso de denuncia que sufre la mujer al enfrentarse a su maltratador.

Canarias Cinema y premios especiales del Festival de Las Palmas

El jurado Canarias Cinema, integrado por la fundadora y codirectora del Festival de Cine Español de Nantes, la doctora y autora Pilar Martínez-Vasseur y la productora, guionista y, ocasionalmente, directora Ana Lombardía, concedió el Premio Richard Leacock al Mejor Largometraje a La lucha (2025), de José Alayón, por cómo «nos introduce en la travesía de un duelo mediante una historia familiar y la metáfora de la lucha canaria».

'Las líneas discontinuas' gana el premio Panorama España en un Festival de Las Palmas que también reconoce a 'Sucia' y 'La lucha' 2
Los equipos de ‘La lucha’ y ‘Somos islas’ posan con sus premios de la sección ‘Canarias Cinema’. ©Festival de Las Palmas

Ponen en valor «el trabajo artístico en su conjunto: un guion riguroso en el trabajo de investigación, bien estructurado y rico en sutilezas; una dirección virtuosa de actores no profesionales y una puesta en escena de una gran fuerza visual de principio a fin; una dirección de fotografía que conjuga con maestría el retrato de la geografía del territorio y el espacio más íntimo de los personajes; la atención a pequeños grandes detalles en la dirección de arte, el montaje…».

Finalmente, el Premio Richard Leacock al Mejor Cortometraje, ha sido, por segundo año consecutivo, para la cineasta Marta Torrecilla. De su pieza corta presentada a competición, Somos islas (2026), el jurado ha valorado «el cuestionamiento de la identidad que trasciende lo puramente individual para explorar la influencia del territorio en la construcción personal».

Por su parte, la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales CIMA ha decidido conceder su premio especial a la montadora del largometraje La lucha, Emma Tusell, por «el montaje orgánico y con ritmo que mantiene la concentración, con un tempo en el que cada plano forma parte del pulso de la historia. Con ello logra bucear en el mundo emocional de los protagonistas y su relación paternofilial, convirtiendo la lucha en un abrazo».

Igualmente, el jurado CIMA ha querido hacer una mención especial a Marta Torrecilla por lograr «con una narrativa sencilla pero muy efectiva, reivindicar la identidad única de cada mujer, haciendo una analogía con la autenticidad de cada una de las islas del Archipiélago». Torrecilla es también la ganadora del Premio de Distribución Digital 104, que le otorgará el acceso a «una estrategia de distribución internacional, asesoramiento, gestiones, inscripciones y envíos a festivales nacionales e internacionales durante un año a cargo de la empresa Digital 104«.

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La nueva película de Lara Izagirre adapta a Lorca con una ‘Yerma’ en el Bilbao actual

La directora lleva al cine la adaptación del texto lorquiano de 2023 de María Goiricelaya, ganadora del Premio Max por su trabajo y que también coguioniza la película

Se rueda una nueva Yerma. La directora Lara Izagirre (Nora) llega al cine una adaptación de la obra de Federico García Lorca ambientada en el País Vasco actual. Partiendo del texto de la dramaturga María Goiricelaya, con el que ganó el premio Max 2023 a Mejor Adaptación de una Obra Teatral, cuenta la historia de una artista y profesora universitaria que se muda para ejercer en la Universidad del País Vasco y se enfrenta a su deseo de ser madre.

Según sus creadoras Yerma «propone una reinterpretación contemporánea, urbana y en euskara» de la obra original, «abordando temas como la presión social en torno a la maternidad, la infertilidad y los dilemas éticos de la reproducción asistida». A diferencia del texto de Lorca, Yerma «plantea una narrativa transformadora en la que su protagonista encuentra el camino para redefinir su futuro».

El tercer largometraje de la directora vasca comenzó su rodaje el pasado 27 de abril y se desarrollará durante siete semanas en distintas localizaciones de BilbaoMuseo Guggenheim, Alhóndiga y la mencionada Universidad del País Vasco, entre otras—, además de en la isla griega de Evia.

La película está protagonizada por Ane Pikaza (Nora, La ermita) y Aitor Borobia (Verano en rojo). Les acompañan Loli Astoreka (Goenkale, Nora), Leire Orbe (Go!azen), Naiara Carmona (Volveréis, Balenciaga, Nora), Aritz Kortabarria (El mal).

Yerma: digital, analógico y 16mm

Ane Pikaza y Aitor Borobia en el rodaje de 'Yerma'. ©Andrea Martínez
Ane Pikaza y Aitor Borobia en el rodaje de ‘Yerma’. ©Andrea Martínez

La directora, Lara Izagirre, explica que «sentía la necesidad urgente de contar esta historia, de hablar de algo que todavía permanece oculto y que atraviesa la vida de muchas mujeres». Además, añade: «creo que es importante reflexionar sobre qué significa no ser madre por circunstancias hoy y construir nuevos imaginarios desde el cine».

Yerma cuenta con un equipo técnico habitual en el cine de la directora. Así, Gaizka Bourgeaud firma la dirección de fotografía, Eva Valiño es la jefa de sonido, Zaloa Ziluaga en la dirección de arte y Paula Olaz como responsable de la música original.

La película se rodará en formato digital y analógico, integrando también imágenes en 16mm y materiales procedentes de microscopía científica, «en una propuesta estética que combina lo íntimo, lo sensorial y lo simbólico».

Yerma está producida por Gariza Films y cuenta con el apoyo de instituciones como el Gobierno Vasco, Europa Creativa MEDIA, Eurimages, la Diputación Foral de Bizkaia, así como la participación de EITB, RTVE y Fundación BBK. Además, es una coproducción internacional con Grecia a través de Neda Film y cuenta con el apoyo del Greek Film Center y ERT (televisión pública griega). La distribución nacional correrá a cargo de Atera Films.

Sinopsis de Yerma

Mara es una mujer de 36 años que acaba de conseguir un puesto de profesora de escultura en la Universidad del País Vasco. Tras mudarse a su nueva casa con su pareja Jon y con la estabilidad laboral adquirida, el deseo de ser madre comienza a llenar su vida.

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LA SILLA

29 mayo Todo el día

LA SILLA

Dirección: Ángel de la Cruz

Guión: Ángel de la Cruz

Reparto: Jaime Lorente, Christina Ochoa, Eva Rufo, Alba de la Fuente, Rodrigo Poisón, Estibaliz Veiga, Santiago Molero, Marcelo Carvajal, Marta Fuenar, Pedro Martell, Gabriel Álvarez, Iñaki Urriza, Daniel Urriza

Fotografía: Christos Voudouris

Productora: La Silla La Película, Ézaro Films, Emedia Canary Projects

Disponible en

Sinopsis

Daniel Lonces, escritor de novelas de misterio, queda accidentalmente atado a una silla sin posibilidad de soltarse. La situación se complica de forma imprevisible y tendrá que luchar en inferioridad de condiciones para salvar su vida y la de los seres que ama.

Lo que tienes que saber

Ángel de la Cruz (cuatro Premios Goya, entre ellos por Arrugas) dirige este thriller psicológico claustrofóbico en el que un escritor queda accidentalmente atado a una silla. Con Jaime Lorente como gran protagonista, la película cuenta también con Christina Ochoa y Eva Rufo.

Tráiler

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Los justos: ¿Cuál es el veredicto más cómodo?

Lara y Pérez debutan con una comedia de premisa irresistible y actores de sobra para sostenerla, pero que renuncia demasiado rápido a tomarse en serio su propio dilema moral

Los justos deberían ser los nueve miembros de un jurado popular que tienen que deliberar si declarar culpable o no al mayor corrupto de España. Por lo menos, eso es lo que todas las pruebas indican. Pero, cuando están a punto de alcanzar un veredicto rápido de culpabilidad, una oportuna interrupción llevará a cada uno de ellos a recibir una oferta: un millón de euros por la unánime inocencia. ¿Qué harán?

Primera película como directores de Fer Pérez y Jorge A. Lara, hasta ahora conocidos por su faceta de guionistas de comedia —juntos han colaborado en Aída (2005-2014),Olmo y Robles, una pareja de ley (2015) y Superagente Makey (2023)—. Con Los justos recogen esa dinámica de la deliberación del jurado, herencia del clásico 12 hombres sin piedad (1957), para hacer una comedia que gira alrededor de ver cómo un grupo de personajes enfrentan la tentación de venderse o no a la misma corrupción que están juzgando.

Los justos tiene eso que un ejecutivo de Hollywood llamaría un high-concept: un punto de partida que se puede resumir en una frase, con un dilema claro y un mecanismo que se entiende solo. Lara y Pérez se agarran a este juego y lo hacen dinámico en su desarrollo gracias a algunos de sus actores y determinados giros. Como esa capa está bien, es una lástima que la película renuncie a ser algo más que un dispositivo ingenioso.

9 personajes sin piedad

<strong>Los justos</strong>: ¿Cuál es el veredicto más cómodo? 4
©Lena Sonríe

Empezando por lo que está bien: Pérez y Lara han conseguido idear e ir moldeando una estructura que sea divertida y entretenida pero que al mismo tiempo les permita seguir un orden. Los diálogos son donde empieza y acaba todo ese aparato, los que permiten que se presente a los personajes por separado, que cada uno tenga su momento y que se puedan disponer las piezas de forma que resulte ágil y se puedan guardar algunas cartas.

Y luego el caparazón de tono y ambiente también funciona. Los justos tiene un rollo entre lo sofisticado y lo irónico que le va muy bien: las secuencias a cámara lenta que tiene, que van a ir remarcando todo lo que hay detrás del procedimiento ceremonial de la deliberación, no son el colmo de la originalidad, pero tienen su por qué, están bien planificadas en dirección y pegan con el fondo de la película. La buena música de Beatriz López-Nogales termina de darle el toque.

El resto se pone en los hombros de los actores y su capacidad para darle vida a determinadas situaciones. Es normal porque hay material de sobra: Carmen Machi, Ane Gabarain, Pilar Castro, Marcelo Subiotto o Aimar Vega pueden desplegar sus talentos con diálogos incisivos o hasta con monólogos. En sus casos, son una gozada de ver.

Los justos no son los primeros

<strong>Los justos</strong>: ¿Cuál es el veredicto más cómodo? 5
©Lena Sonríe

Pero ya en la construcción vaga de determinados personajes la película va presentando fisuras que impiden que esa maquinaria bien engrasada termine de coger velocidad de crucero. Esto se nota especialmente en los de Vito Sanz y Bruna Cusí, dos más que buenos actores, a los que se les ve demasiado pendientes de atenerse a unas ideas de base (el de Sanz, el ‘cuñao’ de libro; el de Cusí, la autónoma insegura) para hacerse notar. Da la sensación de que se ha confiado en su capacidad natural de darle matices a nociones básicas y no han sido muy dirigidos.

Por ahí la película se va quedando en una superficie a la que, después, se le añade el gran problema de fondo: el dilema que presenta la película, en realidad, no es tal. Primero porque en términos de verosimilitud se le podrían poner distintas pegas, pero segundo porque no se presentan adecuadamente los argumentos o contrapesos de las dos opciones. Simplemente se explica un lado, dejando el otro en proclamas poco bajadas a tierra. Se podría catalogar como una opción cínica o pesimista, pero diría más bien que es (demasiado) cómoda.

No cuidar el tira y afloja entre las dos opciones borra la disputa de la dinámica principal de la película, reduciendo muchísimo el valor de los diálogos y la tensión entre los personajes. Puede que haga coherentes determinados arcos y que la intención de Pérez y Lara haya sido siempre que el aceptar o no el dinero fuera un puro macguffin del que ya sabíamos la respuesta, pero aplana demasiado una película que se quiere centrar tanto en esta tensión argumental.

Por ir dictando sentencia: Los justos es una película simpática, con una buena idea inicial, varios buenos momentos y otros tantos buenos actores. Pero su capacidad para hacer una sátira social, un retrato del funcionamiento de la justicia o de la sociedad, se queda a un nivel muy conveniente para profundizar lo justito en conclusiones que puedan contentar a todos, por ser tan cínicas como, quizá, demasiado genéricas.

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