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Mi querida señorita: un clásico improbable

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“Qué me va usted a contar, señorita”. Con esta redonda réplica de Julieta Serrano a un sorprendido José Luis López Vázquez se cierra Mi querida señorita. Una línea final que recuerda, por su fuerza, al desenlace de clásicos eternos como Casablanca o Con faldas y a lo loco (algo que también pensó el director George Cukor, director de la mítica Historias de Philadelphia). Mi querida señorita es, efectivamente, un clásico del cine, uno del que sin duda se puede decir esa frase un tanto manida y fácil de que se adelantó a su tiempo. Vista ahora, tiene más gracia y es más ajustado a su contexto calificarla como clásico improbable.

Adela es una señora en la cuarentena de un pequeño pueblo de provincias. Soltera y respetada en su comunidad, vive en compañía de su criada, Isabelita, con la que mantiene una buena relación lastrada por lo que puede parecer sobreprotección pero en realidad es otra cosa. Cuando un viejo amigo le propone matrimonio, decide enfrentarse a las dudas que la habían acompañado durante toda su vida y consultar a un médico. Cuando este efectivamente le confirma que es un hombre, decide reiniciar de nuevo su vida y mudarse a Madrid -la presentación que hace el director de Juan, mostrándolo de espaldas en numerosas ocasiones hasta que finalmente se ve reflejado en un espejo, es soberbia- donde volverá a encontrarse con Isabelita.

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Es fácil imaginar el revuelo que una película así causó en la España de 1971. Con el franquismo agonizante pero todavía vigente -algo que se ve perfectamente en la propia película- la historia de un cambio de género no encontraba precisamente su clima más propicio. Y aun así fue un éxito, consiguiendo llevar a las salas a casi dos millones de personas y compitiendo por el Oscar a mejor película de habla no inglesa, que finalmente se llevó Luis Buñuel por El discreto encanto de la burguesía. Un éxito tan poco probable como la propia película.

Jaime de Armiñán, director y guionista de la película junto a José Luis Borau, da con la tecla no solo para contar esta peculiar historia sino, incluso más importante dadas las circunstancias, para hacerlo de una manera que no resultase sospechosa para la censura. La falta de estridencia y la absoluta sobriedad de la propuesta no solo permiten centrarse por completo en la dureza de la trama sino que directamente hicieron que la película fuera posible (una de las claves es que tanto Adela como Juan se comportan en todo momento como buenos ciudadanos).

Esta sutileza no hace, sin embargo, que no se encuentren los aspectos más desagradables de la sociedad del momento. Aunque la película se suela mover en ambientes soleados la oscuridad de la época es más que evidente. El reducido y poco relevante papel reservado a la mujer, la profunda represión y la férrea organización social hacen imposible una vida plena y auténtica, algo llevado el extremo para aquellas personas que no encajen en la normatividad social. Por más que se ensancharan las ciudades y se relajaran las costumbres, la libertad todavía quedaba lejos.

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Uno de los aspectos decisivos del buen resultado de Mi querida señorita es su reparto. El papel principal requería de un actor de talla, y quién mejor que José Luis López Vázquez, identificado con el español medio por sus películas anteriores en las que había dejado prueba de su talento, para interpretarlo. El actor al principio se mostró reacio a involucrarse en el proyecto e incluso poco antes del rodaje estuvo cerca de abandonarlo, aunque finalmente, y por suerte, Jaime de Armiñán pudo contar con él. Flanqueándolo encontramos a una joven Julieta Serrano, maravillosa en la espontaneidad que otorga a Isabelita, y a una galería de secundarios de primer nivel como Chus Lampreave, Lola Gaos, Antonio Ferrandis y Mónica Randall.

Mi querida señorita es un clásico imprescindible del cine español que se adelantó a su época en los hechos que narra pero que, como ocurre con las grandes películas, es capaz de emocionar independientemente del contexto en el que se vea. La fuerza de las interpretaciones y la trama se impone con contundencia a puntuales momentos de tosquedad en la dirección hasta llegar a un desenlace redondo en el que cobran sentido todos los pequeños detalles que se habían ido mostrando. Una referencia imprescindible de nuestro cine que resulta incluso más potente ahora que en el momento en el que se estrenó.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

‘Mi querida señorita’ está disponible online en la plataforma FlixOlé.

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