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Críticas

Los justos: ¿Cuál es el veredicto más cómodo?

Lara y Pérez debutan con una comedia de premisa irresistible y actores de sobra para sostenerla, pero que renuncia demasiado rápido a tomarse en serio su propio dilema moral
Crítica de 'Los justos', película de Jorge A. Lara y Fer Pérez

Los justos deberían ser los nueve miembros de un jurado popular que tienen que deliberar si declarar culpable o no al mayor corrupto de España. Por lo menos, eso es lo que todas las pruebas indican. Pero, cuando están a punto de alcanzar un veredicto rápido de culpabilidad, una oportuna interrupción llevará a cada uno de ellos a recibir una oferta: un millón de euros por la unánime inocencia. ¿Qué harán?

Primera película como directores de Fer Pérez y Jorge A. Lara, hasta ahora conocidos por su faceta de guionistas de comedia —juntos han colaborado en Aída (2005-2014),Olmo y Robles, una pareja de ley (2015) y Superagente Makey (2023)—. Con Los justos recogen esa dinámica de la deliberación del jurado, herencia del clásico 12 hombres sin piedad (1957), para hacer una comedia que gira alrededor de ver cómo un grupo de personajes enfrentan la tentación de venderse o no a la misma corrupción que están juzgando.

Los justos tiene eso que un ejecutivo de Hollywood llamaría un high-concept: un punto de partida que se puede resumir en una frase, con un dilema claro y un mecanismo que se entiende solo. Lara y Pérez se agarran a este juego y lo hacen dinámico en su desarrollo gracias a algunos de sus actores y determinados giros. Como esa capa está bien, es una lástima que la película renuncie a ser algo más que un dispositivo ingenioso.

9 personajes sin piedad

<strong>Los justos</strong>: ¿Cuál es el veredicto más cómodo? 1
©Lena Sonríe

Empezando por lo que está bien: Pérez y Lara han conseguido idear e ir moldeando una estructura que sea divertida y entretenida pero que al mismo tiempo les permita seguir un orden. Los diálogos son donde empieza y acaba todo ese aparato, los que permiten que se presente a los personajes por separado, que cada uno tenga su momento y que se puedan disponer las piezas de forma que resulte ágil y se puedan guardar algunas cartas.

Y luego el caparazón de tono y ambiente también funciona. Los justos tiene un rollo entre lo sofisticado y lo irónico que le va muy bien: las secuencias a cámara lenta que tiene, que van a ir remarcando todo lo que hay detrás del procedimiento ceremonial de la deliberación, no son el colmo de la originalidad, pero tienen su por qué, están bien planificadas en dirección y pegan con el fondo de la película. La buena música de Beatriz López-Nogales termina de darle el toque.

El resto se pone en los hombros de los actores y su capacidad para darle vida a determinadas situaciones. Es normal porque hay material de sobra: Carmen Machi, Ane Gabarain, Pilar Castro, Marcelo Subiotto o Aimar Vega pueden desplegar sus talentos con diálogos incisivos o hasta con monólogos. En sus casos, son una gozada de ver.

Los justos no son los primeros

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©Lena Sonríe

Pero ya en la construcción vaga de determinados personajes la película va presentando fisuras que impiden que esa maquinaria bien engrasada termine de coger velocidad de crucero. Esto se nota especialmente en los de Vito Sanz y Bruna Cusí, dos más que buenos actores, a los que se les ve demasiado pendientes de atenerse a unas ideas de base (el de Sanz, el ‘cuñao’ de libro; el de Cusí, la autónoma insegura) para hacerse notar. Da la sensación de que se ha confiado en su capacidad natural de darle matices a nociones básicas y no han sido muy dirigidos.

Por ahí la película se va quedando en una superficie a la que, después, se le añade el gran problema de fondo: el dilema que presenta la película, en realidad, no es tal. Primero porque en términos de verosimilitud se le podrían poner distintas pegas, pero segundo porque no se presentan adecuadamente los argumentos o contrapesos de las dos opciones. Simplemente se explica un lado, dejando el otro en proclamas poco bajadas a tierra. Se podría catalogar como una opción cínica o pesimista, pero diría más bien que es (demasiado) cómoda.

No cuidar el tira y afloja entre las dos opciones borra la disputa de la dinámica principal de la película, reduciendo muchísimo el valor de los diálogos y la tensión entre los personajes. Puede que haga coherentes determinados arcos y que la intención de Pérez y Lara haya sido siempre que el aceptar o no el dinero fuera un puro macguffin del que ya sabíamos la respuesta, pero aplana demasiado una película que se quiere centrar tanto en esta tensión argumental.

Por ir dictando sentencia: Los justos es una película simpática, con una buena idea inicial, varios buenos momentos y otros tantos buenos actores. Pero su capacidad para hacer una sátira social, un retrato del funcionamiento de la justicia o de la sociedad, se queda a un nivel muy conveniente para profundizar lo justito en conclusiones que puedan contentar a todos, por ser tan cínicas como, quizá, demasiado genéricas.

Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.