Películas españolas 2026
Matria: La vida en un puño

Matria se acerca a la vida de Ramona (María Vázquez), una mujer que va intercalando trabajos por horas en una zona costera de Galicia. Mientras vive con su pareja (Santi Prego), su objetivo es ahorrar para pagarles los estudios a su hija (Soraya Luaces), ya independizada. Cuando decide marcharse de la fábrica en la que estaba, Ramona se ve obligada a tomar nuevos caminos.
La ola de los festivales (primero Berlín, luego Málaga) nos trae en este primer trimestre la primera película de Álvaro Gago. Y es una de las que apuntarse en el calendario durante esta primera mitad del 2023. Sin reinventar nada ni tampoco arriesgar demasiado, Matria sí mueve los límites del naturalismo intimista, el cine social europeo e incluso algunos de los apuntes rurales o místicos del Novo Cinema Galego, tradición de la que se desmarca claramente.
Ama (Júlia de Paz Solvas, 2020) y, sobre todo, La hija de un ladrón (Belén Funes, 2019) pueden ser las mejores referencias cercanas para esta película, si insistimos con las comparaciones. Pero, más allá de los marcos que establecen ciertas formas predefinidas, la de Gago se abre espacio sola como ejercicio de lo que se podría llamar «cine digno», ese que, sin idealismos, consigue reflejar en un plano el por qué la gente corriente, pese a todo, se mantiene a flote.
De capas en la matria

Como toda buena película, Matria opera a varios niveles de fondo que confluyen en su concepto artístico, social y político, que se pueden analizar por separado pero no son discriminables el uno del otro, pese a lo que muchos insistan. Gago lo avisa desde su mismo título, que tiene una voluntad concreta de cuestionar el contexto en el que vive Ramona, una zona costera de Pontevedra en la que las mujeres han tenido históricamente un rol más protagonista tanto en el mundo del trabajo —para conocerlo de cerca, muy recomendable Nación (Margarita Ledo, 2021)— como en la familia.
Gago entiende esa misma idea de distintas capas que se superponen también en la propia forma de narrar. La vida de Ramona y su intervención en la realidad operan a través de distintos ámbitos, por eso lo que vemos de su vida no es nunca un único aspecto de la misma. La historia se encarga de no soltar ni el trabajo y sus pérfidas dinámicas, pero tampoco la salud, un posible ligue, su novio o su familia. Su protagonista no se puede permitir dejar de lado ninguna de ellas, y Gago los intercala sin precipitarlos.
Cómo ver lo que hay dentro

Las formas de Matria siguen un estilo uniforme tanto en su manera directa de filmar a Ramona (apoyada en una brutal María Vázquez) como en su cortante estilo de montaje, pero, por dentro, las imágenes se van despresurizando a la hora de captar a su protagonista. Esta película es como un puño cerrado que se va abriendo: al principio la tensión te mete de lleno en una coraza personal áspera como el bravo azul del Atlántico.
Es la fachada veces divertida, a veces agresiva, que Ramona se ha construido para sobrevivir a un cierto grado de violencia diaria, más o menos visible, a partir de la precariedad o el machismo. Pero, a medida que pasan los minutos, te deja ver qué hay dentro. En ese sentido, son especialmente significativos los encuentros con su hija, bien seleccionados y rimados por parte de Gago a lo largo de la película.
Acercándose de verdad a la vida de Ramona, Matria explora la idea de que esa emancipación generacional, peleada a través de una relativa independencia económica, no tapa muchas otras cargas que siguen aguantando las mujeres. Una vez más, las desigualdades se superponen y se miran a los ojos. Cuando Ramona decide no someterse, la sociedad (el trabajo, su pareja) es castigada. Es aquí donde la propuesta de Gago se termina de cerrar, quizá abriendo paso a una solución que no se sabe dónde está exactamente, pero que no se va a encontrar conformándose con lo que hay.

Arturo Tena