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La fotografía de la coproducción ‘La virgen de la tosquera’ y el corto ‘El fantasma de la Quinta’, premios para el cine español en Sitges

Las producciones españolas prácticamente no entran en el palmarés oficial del certamen de cine fantástico, que corona como Mejor Película a la noruega 'La hermanastra fea', de Emilie Blichfeldt

Poco premio para el cine español en el palmarés del Festival de Sitges 2025, que coronó a la noruega La hermanastra fea, de Emilie Blichfeldt, como la Mejor Película. En los premios de la Sección Oficial Fantàstic solo se puede contar la participación española (Mr. Miyagi Films) en la coproducción La virgen de la tosquera, de Laura Casabé, que se llevó el Premio a la Mejor Fotografía (Diego Tenorio).

En el terreno de los cortos hay que destacar El fantasma de la Quinta, de James A. Castillo, que se lleva el Meliès de Plata al Mejor Cortometraje Europeo de Género Fantástico. El cortometraje, que cuenta la historia detrás de la creación de las Pinturas negras de Francisco de Goya desde el terror, recibe un reconocimiento en casa tras haber tenido su estreno mundial en el prestigioso Festival de Tribeca (nueva York).

En cuanto a los Premios SGAE Nova Autoria, destinado a las nuevas voces que vienen de las universidades y escuelas de cine catalanas, hay que destacar el corto Furia, de Fran Moreno y Santiago Pujol, que se lleva los premios de Mejor Dirección-Realización y Guión.

Palmarés del Festival de Sitges 2025

Sección Oficial Fantàstic

  • Mejor Película: La hermanastra fea (The Ugly Stepsister), de Emilie Blichfeldt
  • Premio Especial del Jurado:The Furious, de Kenji Tanigaki y Obsession, de Curry Barker (ex aequo)
  • Mejor Dirección (Moritz): Park Chan-wook, por No Other Choice
  • Mejor Interpretación Femenina: Rose Byrne, por Si pudiera, te daría una patada (If I Had Legs I’d Kick You)
  • Mejor Interpretación Masculina: El reparto masculino de The Plague
  • Mejor Guion: Un fantasma útil (A Useful Ghost), de Ratchapoom Boonbunchachoke
  • Mejor Fotografía: Diego Tenorio, por La virgen de la tosquera
  • Mejor Música: Yasutaka Nakata & Shouhei Amimori, por Exit 8
  • Mejores Efectos Especiales, Visuales o de Maquillaje: Tenille Shockey & François Dagenais, por Honey Bunch
  • Gran Premio del Público a la Mejor Película SOFC (La Vanguardia): Obsession, de Curry Barker

Noves Visions

  • Mejor Película: Lesbian Space Princess, de Emma Hough Hobbs & Leela Varghese y The True Beauty of Being Bitten by a Tick, de Pete Ohs (ex aequo)
  • Mejor Dirección: Adam C. Briggs & Sam Dixon, por A Grand Mockery y Toshiaki Toyoda, por Transcending Dimensions (ex aequo)
  • Mejor Cortometraje Noves Visions Petit Format: Monstruo Obscura, de Hong Seung-gi

Blood Window

  • Premio Blood Window a la Mejor Película: No dejes a los niños solos, de Emilio Portes

Òrbita

  • Mejor Película: The Forbidden City (La città proibita), de Gabriele Mainetti

Premios Meliès

  • Meliès de Oro a la Mejor Película de Género Fantástico: Mr. K, de Tallulah Hazekamp Schwab
  • Meliès de Oro Mejor Cortometraje de Género Fantástico: Don’t Be Afraid, de Mats Udd
  • Meliès de Plata a la Mejor Película de Género Fantástico: Feels Like Home, de Gábor Holtai
  • Meliès de Plata al Mejor Cortometraje Europeo de Género Fantástico: El fantasma de la Quinta, de James A. Castillo

Anima’t

  • Mejor Largometraje de Animación: Lesbian Space Princess, de Emma Hough Hobbs & Leela Varghese
  • Mejor Cortometraje de Animación: Luz diabla, de Gerva Canda, Paula Boffo & Patricio Plaza

Premios Brigadoon

  • Premio Brigadoon Paul Naschy al Mejor Cortometraje: Floor, de Jo Bareun

Premios de la Crítica (ACCEC)

  • Premio José Luis Guarner a la Mejor Película SOFC: La vida de Chuck (The Life of Chuck), de Mike Flanagan y Reflection in a Dead Diamond, de Hélène Cattet & Bruno Forzani (ex aequo)
  • Premio Citizen Kane al Mejor Director Revelación: Ratchapoom Boonbunchachoke, por Un fantasma útil (A Useful Ghost)
  • Mejor Cortometraje SOFC (Fotogramas): The Man That I Wave At, de Ben S. Hyland

Premios Carnet Jove

  • Mejor Película SOFC: Obsession, de Curry Barker
  • Mejor Película Sitges Documenta: Endless Cookie, de Peter Scriver & Seth Scriver

Premios SGAE Nueva Autoría

  • Mejor Dirección-Realización: Fran Moreno y Santiago Pujol, por Furia
  • Mejor Guion: Fran Moreno y Santiago Pujol, por Furia
  • Mejor Música Original: Sergio Rojas, por Matcha
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La furgo: Imaginación a la crisis de la vivienda

En la furgo es donde no le ha quedado más remedio que vivir a Ós (Pol López), un padre divorciado y semi-desempleado de 45 años. Ni su ex (Paula Vives) ni en el colegio de su hija (Martina Lleida) saben nada de su precaria situación, la cual podría suponer perder la custodia de la niña. Entre su grupo de amigos y malabarismos varios, Ós intenta rehacer su vida. Pero la realidad no se lo pondrá nada fácil.

Presentada en la Sección Oficial del BCN Film Fest, La furgo pertenece a ese selecto grupo de películas españolas de acción real basadas en un cómic, siendo la primera que lo hace oficialmente fuera de las novelas gráficas de Paco Roca (La casa —con la que es interesante compararla en su lectura habitacional—, El abismo del olvido) y del binomio editorial Bruguera (la saga de Mortadelo y Filemón, Superlópez, Anacleto: agente secreto, etc…)-El Jueves (Makinavaja, Historias de la puta mili).

Precisamente de las páginas de El Jueves podría haber salido un cómic como La furgo, creado por el ilustrador Martín Tognola y el guionista Ramón Pardina. Por ese espíritu compartido de comedia con crítica social y mirada empática hacia un buen padre absolutamente desastroso. En algún lugar entre la cotidianeidad familiar de La Parejita y el espíritu marginal de Pedro Pico y Pico Vena, con un añadido algo más serio, podría estar el espíritu de la novela y también de esta película dirigida con cuidado por Eloy Calvo.

Una viñeta en la rueda

La Furgo película Pol López Eloy Calvo

Insistir en el cómic para hablar de la película tiene su sentido. Primero porque Pardina y Tognola han escrito e ilustrado también la película, pero también porque Calvo, que debuta como director en largo, tiene experiencia en cine sobre todo como artista de storyboard. Aunque la película mantiene más bien la esencia del cómic y no va tanto a replicar su estética o su dimensión formal, que van por otro lado, sí que se ve que hay una traducción —o, más bien, digestión visual— de un espíritu de viñeta.

Por ahí encaja también el homenaje explícito que se le hace al medio en los insertos animados que hay en la película —aún mejores de los que veíamos, por ejemplo, en ¿Es el enemigo? La película de Gila— . Contrastados con la difícil situación y deriva del protagonista, funcionan aún mejor como escape para su hija, emparentándola, en una versión más de andar por casa, con la defensa de la imaginación de La vida es bella (1997), Donde viven los monstruos (2009) o Big Fish (2003).

La furgo y el no tener casa

<strong>La furgo</strong>: Imaginación a la crisis de la vivienda 1

Por otro lado, La furgo es una película que se asienta más en un realismo de barrio en sus imágenes. Contrastada con la mirada turística de la ciudad, la Barcelona de la película es bastante distinta, poco distinguible en su zona periférica de la de cualquier otra ciudad española. Es un espacio que, sin embargo, no fuerza ni la marginalidad —una película que se puede emparentar con esta, Kepler Sexto B (2023), patinaba aquí— ni pretende idealizar nada de estos espacios y las personas que los habitan, recogidas en su complejidad y contradicción cotidiana.

Pese a un cierto grado de estilización en los personajes secundarios, herencia de la novela gráfica, la película mantiene un hilo de costumbrismo amable, desde el humor construido a partir del detalle. El equilibrio cómico, a veces patético, está muy bien llevado, más si se piensa con la naturalidad con la que se está tocando un tema tan difícil como es el de la crisis de la vivienda, que Pardina y Tognola recogían como reflejo de la crisis de 2008 y ahora nos suena más que actual. La normalidad y desenvoltura cotidiana termina de de coger forma en la fotografía de luces naturales de Anna Molins, que ya capturó las de esa otra gran comedia de la clase obrera barcelonesa que es Seis días corrientes (2021).

La guinda a todo se la pone un actor como Pol López, que consigue encarnar sin forzaduras a un personaje que va por el alambre entre el conformismo vital y la autocrítica, al que hay que terminar por abrazar en toda su contradicción y ambivalencia, muchas veces incluso cuando su actitud choca frontalmente con lo que se esperaría. Omnipresente en pantalla durante toda la película, el carisma de López para transmitir parsimonia y no cargar las tintas es lo que termina de darle forma a la película. El resto del reparto, también con la niña Martina Lleida, están perfectamente alineados con estas ideas.

Aunque el desarrollo de la historia quizá no culmine con el golpe de efecto dramático que busca ni tiene el giro político que se le podría dar a su final, La furgo se mantiene como una película agradable y bien definida. Está cuidada en todos sus aspectos, perfectamente a tono entre la tira cómica de sus personajes y su mirada crítica a lo cotidiano, y con un enfoque apañado en su dimensión social general, sin resultar obvia o panfletaria al evitar grandes lecciones o apoyos reconfortantes, enfatizando la importancia de las redes de apoyo para poder salir adelante.

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Sujétame el cubata: La difícil comedia del cómico

Una autoficción que roza lo amateur y se ahoga entre la nostalgia y el despropósito, prueba de que no toda dinámica de barra de bar da para una película

Sujétame el cubata se acerca a la vida del cómico J.J. Vaquero. Las deudas le comen y necesita un préstamo para poder salvar con su bar, El Erizo, un lugar que, a lo largo de los años, se ha convertido en toda una institución de la comedia en España. Pero todo ese legado está a punto de ser el pasado si no consigue el dinero, lo que llevará a Vaquero a hacer toda clase de planes disparatados para salvarlo.

J.J. Vaquero aborda ese subgénero de la autoficción del cómico para versionar a lo bestia el cierre real de El Rincón del Erizo, el bar real de Valladolid de Vaquero y Nunci Fernández, su mujer, que cerró en 2023. Según ha contado el propio cómico, la película surgió de un calentón en el propio bar hablando con Fernando Ayllón, el director, que ya había dirigido a Vaquero en la comedia Ni de coña (2020)

<strong>Sujétame el cubata</strong>: La difícil comedia del cómico 2

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‘Luger’, la ‘buddy movie castiza’ que pasa de la comedia a la tragedia a ‘hostia’ limpia

Bruno Martín desgrana las claves de su ópera prima, un homenaje al cine de acción y los videojuegos de los 80 en el que se dan la mano las referencias al cine de Tarantino con el de José Luis Garci y algo de crítica social

Luger es una trampa. Arranca como una comedia de acción algo canalla y va evolucionando hacia una tragedia con ritmo de wéstern crespuscular, uno de esos que regalan a sus protagonistas una derrota gloriosa. Dos buscavidas reciben el encargo de recuperar un coche robado en un polígono industrial. La cosa se irá complicando, y mientras los curritos y otra gente aún más peligrosa que ellos van y vienen, acabarán teniendo algo más en juego que cobrar o no, dependiendo más de su lealtad y su ingenio que de las hostias que pensaban repartir.

«La película habla de lealtad, sacrificio, segundas oportunidades…», explica a este medio su director, Bruno Martín, que debuta en el largometraje y estrena Luger en España en Sitges en la Sección Órbita tras recibir una Mención Especial en el Fantastic Fest de Austin, Texas. «La gente de barrio, que está siempre en la calle, lo más valioso que tiene es una especie de lealtad mucho más arraigada que en otros estratos. Y eso lo he querido contar mezclando dos cosas: las buddy movie del cine de acción de los 80 y los videojuegos beat’em up, que eres tú contra el barrio»

'Luger', la 'buddy movie castiza' que pasa de la comedia a la tragedia a 'hostia' limpia 3

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Cuatro paredes: Cine social desde casa

Cuatro paredes se acerca a un traumático año dentro de una familia golpeada por la muerte del padre. Un duro golpe tanto para su hija, Sofía (Sofía Otero), una soñadora niña que va a cumplir 10 años, como para la madre (Manuela Vellés), que tendrá que enfrentar el duelo y la crianza de su hija mientras hace malabares para llegar a fin de mes. Y, según pasa el tiempo, la situación se complicada cada vez más.

El director y productor Ibon Cormenzana (El bus de la vida, La cima) firma este drama madre-hija que se desarrolla a lo largo de un año, captado dentro de la casa familiar —de ahí lo de las cuatro paredes—. Con la idea de describir el progresivo deterioro psicológico y económico que se produce en este duelo por la pérdida del padre, Cormenzana divide la película en 12 momentos, uno por mes, todos filmados en un único plano secuencia.

Aunque a nivel de producción habrá ayudado (localización única, pocos días de rodaje), Cormenzana se la ha jugado con el planteamiento. Porque Cuatro paredes quiere integrar la división por episodios, con sus elipsis y saltos marcados, con la continuidad que dan los planos secuencia, con su intensidad dramática y su foco único en una situación muy determinada. Y, pese al talento de sus actrices y al buen tacto con los personajes, la película no termina de fluir por ahí.

La culpa de Cuatro paredes

<strong>Cuatro paredes</strong>: Cine social desde casa 4

Para entender lo que es Cuatro paredes no habría que fijarse tanto en lo último de Cormenzana como director (El bus de la vida) sino más bien en Culpa (2022), que fue el primer proyecto de la pareja Cormenzana-Vellés desde Mundo Cero, su productora especializada en cine de marcado carácter social. Como Cuatro paredes, Culpa también busca profundizar en el estudio psicológico a partir de un problema social, en ese caso sobre la cultura de la violación y sus consecuencias.

Aquí el tema está en el riesgo de exclusión social que viven las familias monomarentales en España, en una situación particularmente vulnerable. Tanto está marcado el tema y atraviesa la película que la producción está apoyado por el programa Impulsa de la ONG Save The Children, que fue la que le propuso este acercamiento (poner el foco en una familia española bajo el umbral de la pobreza) a Mundo Cero.

¿Qué hacemos con el cine social?

<strong>Cuatro paredes</strong>: Cine social desde casa 5

La pregunta es: ¿Cómo condiciona este marcado carácter social a lo que es Cuatro paredes? En mi opinión, de una forma contradictoria, que acaba por resultar más negativa que positiva. Pese al buen hacer de todo el equipo, la película no consigue sostener el enorme peso de tener que resultar ilustrativa, de querer representar una situación que al público le lleve a relacionar determinada representación con un mensaje o lección de carácter social.

Si todo el objetivo de Cuatro paredes es romper con los estigmas y lugares comunes sobre la pobreza y describir la fragilidad de determinadas situaciones, entran bastantes dudas de si la mezcla entre los saltos mensuales y el plano secuencia es la mejor manera de hacerlo. Y lo que pasa por un lado, pasa por el otro: si lo que se quería era simplemente explorar el estado mental y acercarse al máximo a sus dos protagonistas en un momento tanto difícil de sus vidas, la solución resulta algo inconexa y anticlimática.

Con todo, sobre todo en su primera mitad (menos obligada a cumplir en lo «social»), la película de Cormenzana funciona. Mucha de la fe la ponen sus dos protagonistas, especialmente una Sofía Otero (20.000 especies de abejas) que sigue confirmándose como un gran talento joven para el cine español. Es una lástima que las limitaciones de producción, una vez más, condicionen tanto y Cuatro paredes no pueda terminar de volar tan alto como se propone.

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Un fantasma en la batalla: La película que quiere ser la definitiva sobre ETA, convertida en un puzle irregular

El thriller de Agustín Díaz Yanes sobre una guardia civil infiltrada durante 12 años está lleno de buenas ideas visuales pero su empeño en convertirlo en una retrospectiva de los 'años de hierro' de la banda terrorista acaba lastrándolo

Ser Un fantasma en la batalla es el papel que reserva la historia a Amaia, una guardia civil que permanecerá infiltrada durante más de una década en las filas de la banda terrorista ETA. Desde el asesinato de Gregorio Ordoñez hasta la ‘Operación Santuario’ que desmanteló los zulos de la organización en el Sur de Francia, será testigo impotente de los crímenes de los etarras y al mismo tiempo uno de los principales instrumentos de su final. A costa de su vida personal y, quizás, de su propia existencia.

Agustín Díaz Yanes dirige la gran superproducción española de Netflix de este 2025, un producto con el respaldo de Juan Antonio Bayona y sus productoras habituales (Belén Atienza y Sandra Hermida) que tiene la ambición evidente de ser la gran película sobre ETA, capaz de encerrar en un thriller clásico la experiencia policial de la lucha contra el terrorismo. El resultado, casi por fuerza, es irregular, al querer abarcar un conjunto tan amplio de sucesos y actuaciones. Usa varias estrategias para intentar empastarlo, y no todas funcionan.

Y sí, las comparaciones con La Infiltrada (2024), de Arantxa Echevarría, son inevitables, aunque cada película ha tenido su propia trayectoria de producción y la que nos ocupa ahora es evidente que goza de más medios. Ambas arrancan con el asesinato de Gregorio Ordóñez, y tiene a la protagonista acogiendo en un piso franco al germen del Comando Donosti, pero ahí se acaban los parecidos. Una concentra la acción al máximo en una sola peripecia, la otra la dispersa. Quizás sus muchos recursos habrían lucido mejor con la primera decisión.

Un fantasma en la batalla y en la pantalla

<strong>Un fantasma en la batalla</strong>: La película que quiere ser la definitiva sobre ETA, convertida en un puzle irregular 6
©Lander Larrañaga

Quizás el mayor reproche que se le puede hacer a Un fantasma en la batalla es que no intente tener más personalidad. La banda sonora es de thriller genérico, la fotografía coquetea por momentos con el clásico «acabado Netflix» que se funde la profundidad de campo, algunos diálogos son excesivamente impostados y explicativos para la ambición de sofisticación que tiene esta película y no se entiende, la verdad, los fichajes de Raúl Arévalo y Adriana Gil más allá de enseñarlos en los créditos.

Díaz Yanes aplica buenas ideas visuales, más o menos efectivas según el momento, como el amenazante color rojo que destaca en la más o menos contenida paleta del film e indica cuando se aproxima una ejecución. También el retratar a la protagonista con el rostro siempre mitad en sombras, incluyendo una escena particularmente explícita en la que la sombra se convierte en una suerte de antifaz que subraya la falsedad constante que implica su trabajo. El problema es que estos momentos se tropiezan con otros más torpes.

Para empezar, el color tan pensado sobre el papel de Un fantasma en la batalla está constantemente combatiendo esos naranjas y verdes con los que Netflix ha decidido invadir la mayoría de producciones recientes, no sabemos si porque se ven mejor en el móvil o cualquier otra razón. Al mismo tiempo, la película se parte en dos y tiene una segunda mitad casi siempre en exteriores, con la protagonista más indefensa, es cierto, pero que rompen esa unidad formal y vienen a incidir en el principal defecto de la dispersión.

Quien mucho abarca poco aprieta

<strong>Un fantasma en la batalla</strong>: La película que quiere ser la definitiva sobre ETA, convertida en un puzle irregular 7
©Lander Larrañaga

En Un fantasma en la batalla hay un giro argumental que quizás tenga base real —aquí la protagonista agrupa las experiencias de varios infiltrados, no una concreta como en otros títulos—: la agente Amaia abandona la infiltración durante unos meses, o año, no queda del todo claro, y cuando está a punto de casarse y empezar una familia, decide regresar. Su reacción la provoca el ‘espíritu de Ermua’, la rebelión de la sociedad vasca ante el asesinato de Miguel Ángel Blanco.

Esta idea tiene que ver con el empeño de Un fantasma en la batalla en hacer un repaso emocional, y criminal/policial, de los atentados de la banda en los 80 y 90 —Tomás y Valiente, Ortega Lara, Ernest Lluch—. Es posible que Amaia en su regreso a primera línea simbolice el impulso social que llevó a operaciones como Santuario y el fin de la banda, pero internamente no tiene demasiado sentido, incluso chirría. Ese «sacrificio», como el de muchos juegos formales de Díaz Yanes, lasta el resultado final.

Por otra parte, en el último tercio el guión regala a Susana Abaitua y Andrés Gertrudix algunos diálogos que subrayan la autodeshumanización que se han aplicado sus personajes, y contrastan fuertemente con la contención absoluta de la mayor parte del metraje. Es cierto que eso hace dichos momentos más significativos, pero llegan tarde en tanto hasta entonces las tácticas para que los mismos resulten «reales» y «creíbles» han sido nulas, resultaban genéricos, y la tensión venía prestada por la realidad de los atentados.

Un fantasma en la batalla no es una película fallida, tiene algunas escenas de acción efectivas y su parte final consigue mantener un suspense más que correcto alrededor del destino final de la protagonista. Pero quiere abarcar unos hechos tan amplios con tanta ambición que diluye la mayor parte del esfuerzo y los recursos detrás de la producción, así como las mejores ideas de dirección, rematando un título deslavazado y, peor aún, sin personalidad propia la mayor parte del metraje.

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Culpa nuestra: Una ‘película cebra’

El cierre a la trilogía de Noah y Nick refuerza la dimensión más conservadora y anodina de una saga incapaz de revisarse

Tras los eventos que separaron a Noah y Nick, Culpa nuestra vuelve a reunirlos por una boda. La distancia entre ellos es tremenda. Él florece como empresario y ella empieza su vida laboral tras sus estudios. Pero el reencuentro volverá a hacer aflorar los conflictos y las pasiones del pasado.

Se cierra la trilogía Culpables, el final de las adaptaciones audiovisuales de las novelas de Mercedes Ron, que se han convertido en una mina de oro para Prime Video, que ha encontrado en ellas su mayor fenómeno internacional en el nicho Young Adult. Esta tercera parte, rodada junto a la segunda, pone la última pieza de las idas y venidas de la relación entre los dos hermanastros, ahora más separados que nunca.

Es una lástima que la saga Culpables haya sido el gran éxito de esta edad de oro de los romances juveniles en España. Pese a que Mala influencia y, sobre todo, Sigue mi voz hayan intentado enmendar lo antiguo y conservador de estas fantasías para adolescentes, incluso desde preceptos estéticos, lo más visto sigue siendo una saga que, en lo esencial, reproduce modelos de relación que hacen modernos a los de Tres metros sobre el cielo (2010-2012).

Un cierre conservador

<strong>Culpa nuestra</strong>: Una 'película cebra' 8

Si en Culpa tuya (2024) había una tímida intención de enmendar, con algo de autoconsciencia, parte de la toxicidad y los roles viejunos que se habían desplegado en la primera parte, en esta tercera parte todo eso se borra para potenciar los aspectos más conservadores de la saga, ahora filtrados desde los finales más tradicionales a sus tramas (spoiler: casarse, tener hijos, etc…).

Y no es que querer tener esas cosas sea malo por sí mismo. Si es libre y sano, todo deseo o objetivo en la vida es válido. Lo negativo es la manera de presentarlos que vemos aquí. Desde una resolución imposible a una relación sin pies ni cabeza como la de sus protagonistas, donde las decisiones se toman porque sí sin pensárselo mucho, resulta que han acabado en lo más antiguo del catálogo disponible.

Por mucho que se revista con escenas subidas de tono —aquí también mitigadas con respecto a las anteriores—, las tramas, arcos y giros de personajes de Culpa nuestra no habrían hecho arquear una ceja a un censor del franquismo. La oportunidad que tenía la saga de incorporar todo el bagaje que ha dado este ciclo de películas para jóvenes se ha evaporado. Y decir esto no es politizar (como todo, ya está politizado), es apuntar a los defectos de un producto capitalizado precisamente en el consumo fan aspiracional.

Culpa nuestra o de cualquiera

<strong>Culpa nuestra</strong>: Una 'película cebra' 9

Esta lectura reaccionaria está también en las imágenes. Por ahí, no se puede decir que no sea coherente. Basta comparar la saga de Culpables con la trilogía de A través de…, que tiene la misma complejidad de guión, para ver que aquí se ha planteado todo de la forma más vaga, anodina y tremendamente aburrida en el aspecto audiovisual.

Culpa nuestra tiene todo lo peor que nos ha traído el cine y las series pensadas para el streaming: recursos de película de los 2000, blancos disparados para encajar en cualquier pantalla en demanda, puesta en escena prefabricada y, por supuesto, una colección de no-lugares que puedan pasar por Madrid o Bogotá, mezcladas con localizaciones ubicables solo para venderlas en su versión turística de alto standing.

Últimamente se ha detectado en las periferias de las grandes ciudades españolas una fiebre de edificios vestidos de franjas blancas y negras, todos iguales. Un fenómeno arquitéctonico prefabricado, deslocalizado, al calor de la moda del aesthetic minimalista. ‘Edificios cebra’ se les llama. Pues Culpa nuestra sería la versión de lujo y audiovisual de esto mismo: una ‘película cebra’ que ahonda en apariencias de cara a la galería y cuya personalidad es precisamente no tener ninguna.

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Coraje: El ‘low cost’ es así

José Manuel Rebollo dirige una historia sobre el amor al cine, las expectativas vitales y ser una adorable perdedora que es su propio comentario de texto

Coraje es lo que necesita Loli para hacer realidad sus sueños. Trabaja como cocinera, tiene casi 60 años, pero quiere ser actriz, salir en un largometraje y, a ser posible, que este implique una gran historia de amor en la que rodar un beso apasionado con un galán. Empieza a cumplirse a medias, cuando un director que estuvo nominado al Goya por su ópera prima la contrata para interpretar a un monstruo en una película low cost que se grabará en Cádiz. Pero no va a ser un rodaje fácil, y poco a poco se complicarán la película y su vida.

José Manuel Rebollo dirige su segundo largometraje tras Sola (2023), un filme pequeño, asfixiante y a veces rozando lo experimental. Coraje es una película independiente y autorreferencial, acerca de la dificultad de rodar cine y hacerlo de la susodicha forma independiente. Llena, eso sí, de mucha ternura y sentido del humor, lo cual hace que todo pase mejor.

<strong>Coraje</strong>: El 'low cost' es así 10

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«El público está deseando que le contemos historias como esta, el cine social funciona en taquilla»

Daniel Guzmán (Madrid, 1973) inauguró el Festival de Málaga con su tercer largometraje, La deuda, un drama con forma de thriller en el que un hombre se ve obligado a tomar decisiones complicadas para aliviar dos deudas. Una, económica, que impediría que la anciana que lo ayudó a salir del pozo cuando era más joven acabe desahuciada y en la calle. La otra, moral, implica admitir su responsabilidad en un hecho terrible que es el que desencadena la tragedia al principio de la película.

Además de nombres como Itziar Ituño, Susana Abaitua o Mona Martínez —y la presencia de Luis Tosar o Francesc Garrido—, lo ha acompañado casi como coprotagonista Rosario García, actriz amateur que interpreta a Antonia, la anciana de la que cuida Lucas, el personaje de Guzmán. Una presencia, la de actrices mayores no profesionales, que lo acompaña desde A cambio de nada (2015), con la que triunfó en este mismo certamen en su día y en la que su propia abuela, Antonio Guzmán, interpreta un papel muy similar.

El actor, director y guionista atiende a Cine con Ñ casi sin voz por la cantidad de entrevistas y la noche del estreno, aunque la suficiente para reflexionar sobre los tópicos que asociamos a géneros como el drama o la comedia sociales y las maneras de rodar la luz de Madrid en los meses de invierno.

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La última llamada: Jarrones chinos

Evita tantos temas espinosos que vale más por lo que calla que por lo que cuenta, y eso, que en la ficción es una virtud, en el documental o el periodismo es un defecto

La última llamada es un documental en cuatro episodios que analiza en clave humana las decisiones clave tomadas por los ex presidentes del Gobierno que siguen con vida de la actual democracia en España. Cada entrega tiene a un protagonista: Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. Así, se recoge la versión de los protagonistas y su entorno de la entrada del país en la OTAN, el 11-M, la respuesta ante el terrorismo de ETA o la moción de censura de 2018, entre otras cuestiones.

Bueno, esto hace 10 años habría sido algo extraordinario, o un producto buenista de alguna televisión pública, y ahora es la nueva normalidad de unas docuseries para streaming que no se dejan ningún tema, como la cínica y estupenda Salvar al rey (2022) o la interesantísima Perejil (2025), prima hermana de la que nos ocupa. Otra cosa es que ya algunas de ellas, y esta en concreto, empiecen a rodar los problemas del documental deportivo, que de tanto acceso que tiene a los protagonistas, los tiene que masajear.

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