Críticas
Culpa nuestra: Una ‘película cebra’

Stills de 'Culpa nuestra'. ©Prime Video España. Montaje: ©Cine con Ñ
Tras los eventos que separaron a Noah y Nick, Culpa nuestra vuelve a reunirlos por una boda. La distancia entre ellos es tremenda. Él florece como empresario y ella empieza su vida laboral tras sus estudios. Pero el reencuentro volverá a hacer aflorar los conflictos y las pasiones del pasado.
Se cierra la trilogía Culpables, el final de las adaptaciones audiovisuales de las novelas de Mercedes Ron, que se han convertido en una mina de oro para Prime Video, que ha encontrado en ellas su mayor fenómeno internacional en el nicho Young Adult. Esta tercera parte, rodada junto a la segunda, pone la última pieza de las idas y venidas de la relación entre los dos hermanastros, ahora más separados que nunca.
Es una lástima que la saga Culpables haya sido el gran éxito de esta edad de oro de los romances juveniles en España. Pese a que Mala influencia y, sobre todo, Sigue mi voz hayan intentado enmendar lo antiguo y conservador de estas fantasías para adolescentes, incluso desde preceptos estéticos, lo más visto sigue siendo una saga que, en lo esencial, reproduce modelos de relación que hacen modernos a los de Tres metros sobre el cielo (2010-2012).
Un cierre conservador

Si en Culpa tuya (2024) había una tímida intención de enmendar, con algo de autoconsciencia, parte de la toxicidad y los roles viejunos que se habían desplegado en la primera parte, en esta tercera parte todo eso se borra para potenciar los aspectos más conservadores de la saga, ahora filtrados desde los finales más tradicionales a sus tramas (spoiler: casarse, tener hijos, etc…).
Y no es que querer tener esas cosas sea malo por sí mismo. Si es libre y sano, todo deseo o objetivo en la vida es válido. Lo negativo es la manera de presentarlos que vemos aquí. Desde una resolución imposible a una relación sin pies ni cabeza como la de sus protagonistas, donde las decisiones se toman porque sí sin pensárselo mucho, resulta que han acabado en lo más antiguo del catálogo disponible.
Por mucho que se revista con escenas subidas de tono —aquí también mitigadas con respecto a las anteriores—, las tramas, arcos y giros de personajes de Culpa nuestra no habrían hecho arquear una ceja a un censor del franquismo. La oportunidad que tenía la saga de incorporar todo el bagaje que ha dado este ciclo de películas para jóvenes se ha evaporado. Y decir esto no es politizar (como todo, ya está politizado), es apuntar a los defectos de un producto capitalizado precisamente en el consumo fan aspiracional.
Culpa nuestra o de cualquiera

Esta lectura reaccionaria está también en las imágenes. Por ahí, no se puede decir que no sea coherente. Basta comparar la saga de Culpables con la trilogía de A través de…, que tiene la misma complejidad de guión, para ver que aquí se ha planteado todo de la forma más vaga, anodina y tremendamente aburrida en el aspecto audiovisual.
Culpa nuestra tiene todo lo peor que nos ha traído el cine y las series pensadas para el streaming: recursos de película de los 2000, blancos disparados para encajar en cualquier pantalla en demanda, puesta en escena prefabricada y, por supuesto, una colección de no-lugares que puedan pasar por Madrid o Bogotá, mezcladas con localizaciones ubicables solo para venderlas en su versión turística de alto standing.
Últimamente se ha detectado en las periferias de las grandes ciudades españolas una fiebre de edificios vestidos de franjas blancas y negras, todos iguales. Un fenómeno arquitéctonico prefabricado, deslocalizado, al calor de la moda del aesthetic minimalista. ‘Edificios cebra’ se les llama. Pues Culpa nuestra sería la versión de lujo y audiovisual de esto mismo: una ‘película cebra’ que ahonda en apariencias de cara a la galería y cuya personalidad es precisamente no tener ninguna.


Arturo Tena