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RTVE nos cuenta mejor

La producción original de RTVE es la única que consigue hablar de quiénes somos sin aspavientos, abarcando espectro y sin que nadie se lo reconozca

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RTVE nos cuenta mejor, pero tampoco tiene mérito, se supone que es su trabajo. En medio de un maremoto de series empeñadas en reflejar, esta vez sí que sí, la vida real tal y como es, con las aspiraciones de los jóvenes urbanos y los no tan urbanos, de las minorías, de las mayorías e incluso de la gente que con la crisis de los 40 abre un restaurante ruso, RTVE es la única que consigue hacerlo sin aspavientos, abarcando un mayor espectro y, ya de paso, sin que nadie se lo reconozca.

Claro, la televisión pública no tiene un perfil del usuario o del suscriptor que sea más o menos urbanita, en cierta edad de cierto poder adquisitivo o que desee que la identifiquen como mujer profesional empoderada e independiente pero no feminazi de esas. El suscriptor de RTVE somos todos, usted, yo, el vecino del quinto, su hija de 15 años a la que ninguno de nosotros entiende y la abuela que quiere ver, si acaso, Cuéntame entre serie turca y serie turca.

La docuserie que queremos

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‘Lucía en la telaraña’

A través de su nueva plataforma, RTVE Play, la que perezosamente los medios hemos bautizado como «el Netflix de TVE», la cadena ha lanzado este otoño una serie de docuseries o true crimes que por sí solos justifican su necesidad gracias a que consiguen: aportar puntos de vista novedosos sobre casos conocidos, destacar los aspectos de interés social que los unen con los debates actuales en la sociedad española y, ya de paso, conseguir una historia judicial sin caer en los manierismos sensacionalistas a los que nos empieza a acostumbrar el género.

Hablamos, claro, de las recientes Edelweiss y, sobre todo, Lucía en la telaraña, pero también de Ruiz-Mateos, el primer fenómeno viral, que desde la retranca consigue un retrato de una forma de hacer negocios en la España del pelotazo que la emparenta con las fake news sin acabar en una hagiografía del personaje, como se le reprochó a El Pionero, y consiguiendo aportar testimonios novedosos.

A estas docuseries se unen breves películas documentales como Susana y el sexo, que al estilo de programas recientes como ‘Novéntame otra vez’ o ‘Cachitos’, aprovecha el rico fondo de archivo de la pública para regalarnos, eso sí, algo mucho más elaborado. La breve película sobre Susana Estrada y la hipocresía del Destape logra impugnar a la propia cadena por la vía de presentar la carrera de la actriz y vedette no solo en contexto, sino en ejercicio de casi disculpas por la hostilidad recibida dentro y fuera del escenario.

La ficción y la desigualdad en RTVE Play

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‘Grasa’

Por otro lado, y desde esta web no nos hemos cansado de elogiarlo, están los riesgos que toma el canal juvenil, PlayZ, ya indistinguible de RTVE Play, en sus proyectos de ficción. Miniseries como Drama, Yrreal o Si fueras tú… se atreven con formatos y temáticas que si acaso solo hemos encontrado antes en #Luimelia y que Netflix de pronto explora con la puntita del pie en El tiempo que te doy. Lo único que se le puede reprochar a TVE, como ya han hecho las redes en alguna ocasión, es que no dé lustre a todos estos productos en un mejor horario en abierto que los ponga a disposición de un público más mayor y menos dado a consumir vía streaming.

Porque además en las series de TVE hay un componente que muy pocas otras ficciones españolas abordan: el de la desigualdad. Más allá de aportaciones puntuales de, por cierto, Atresmedia –Deudas, La reina del pueblo, Alba-, la única otra que opera con un ojo en el lineal, y frente a desclasadas comedias de Movistar+ tipo Supernormal o los thrillers con plantilla de Netflix tipo El inocente, este 2021 apenas Riders y la segunda Grasa se han atrevido a convertir la pobreza y la exclusión en parte de su misma premisa, consiguiéndolo además sin paternalismo ni pornografía de la pobreza, antes bien cada una desde las reglas de su género, el thriller juvenil y la comedia.

La ambición del abierto

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‘HIT’

A destacar en ese sentido HIT, aún en emisión y que finalizará su segunda temporada poco antes de las fiestas navideñas. La serie que protagoniza Daniel Grao debe ser la única que merece el adjetivo de ambiciosa y juvenil al mismo tiempo en nuestra ficción actual. Puliendo los fallos de la primera, zambulléndose sin miedo en el debate de la España Vaciada -con sus tropiezos, pero el que no arriesga no gana- y reflejando unos dramas adolescentes que no busquen el morbillo fácil -y desquiciado- de una Élite que construye apenas modelos aspiracionales tóxicos.

Por no olvidar Cuéntame cómo pasó, la cual ha sido la única serie, en abierto o en streaming, prime time o relegada al olvido, que se ha metido de lleno en reflejar la pandemia aunque no formase parte de su premisa. En este 2021 apenas hemos visto referencias en la segunda entrega de Vida perfecta y la hemos tenido como motor de Besos en el aire. Pero el resto de ficciones han preferido pasarlas por alto, mientras la ficción de La 1 abrazaba su función de notario de la memoria colectiva y decidía despedir a Antonio Alcántara tras pasar por la COVID-19.

Con todos sus problemas, sin series perfectas, con la polémica necesaria y alguna más. Sin muchos aspavientos y sin premios si no eres El Ministerio del Tiempo (encima suspendida sine die pese a ser una de las ficciones señeras de la pública y un fenómeno casi tan viral como Ruiz-Mateos). Con Antonio Alcántara muerto y el lejano recuerdo de Hostal Royal Manzanares o Tercera Planta: Inspección Fiscal. Por h, por b, porque me noventas otra vez o por Anillos de Oro. Pero RTVE nos sigue contando quiénes somos y quiénes podríamos ser mejor que nadie. Tampoco la feliciten demasiado, que para eso le pagamos.

Imagen de portada: HIT T2 – F. Calvo (RTVE)

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