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Luimelia T4, capítulo 1: De icono LGTBI a reportaje de Espejo Público

La serie de Atresmedia decide renunciar a todo lo que la hacía original y convertirse en una comedia mediocre, plana y conservadora

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Luisa y Amelia, Luimelia, deciden dar un paso adelante en su relación: firmar una hipoteca. También casarse, aunque eso es más un plan de Luisa -pedírselo a Amelia- que una decisión ya tomada. Pero los problemas empiezan cuando llega el «bofetón de realidad»: la precariedad laboral de ambas y que su flamante nuevo piso sea «okupado» por un tipo un poco peculiar y surrealista al que adoptan los vecinos y hasta la Policía y resulta imposible echar. Así empieza Luimelia T4, capítulo 1.

La temporada 4 del éxito de crítica y público de Atresmedia expande el formato y los argumentos hacia una comedia más convencional, y esto último es en un sentido estricto. Se pierde la frescura del juego con los seguidores de la serie para lanzarse a una narrativa mucho más plana, conservadora en todos los significados posible de la palabra y que encima hace propaganda política de la forma más abyecta posible: pretendiendo que no.

Los defectos que se le perdonaban a la serie por todo lo bueno que aportaba se realzan en cuanto se elimina aquello que la hacía novedosa. Aquí está el tono excesivamente naïf que infantilizaba a sus protagonistas, el desclasamiento absoluto y su empeño en volverlas «aceptablemente homosexuales» -hay fans celebrando que después de cuatro temporadas se den la mano por la calle-.

El paso a la comedia tradicional y a un argumento central que resulta ofensivo que se pretenda pasar por realista han conseguido que Luimelia pase de ser una de las propuestas más originales de nuestra tele a una comedia mediocre, plana y que toma a su público por imbécil. En solo 30 minutos. Si es que tiene hasta mérito.

Crítica de Luimelia T4, capítulo 1, con spoilers

Luimelia T4, capítulo 1: De icono LGTBI a reportaje de Espejo Público 1

Ha dolido casi físicamente la contemplación del primer capítulo de la cuarta temporada. Esto es como en esa película en la que os rodean los malos para la batalla final, pero al menos vas a combatir espalda contra espalda con tu mejor amigo y resulta que no, que le han puesto un chip en el fistro duodenal y se ha hecho de los malos también, así que te encuentras solo y desamparado, rodeado de zombies que te ofrecen préstamos en condiciones muy ventajosas y te dan sabios consejos para tener mentalidad de tiburón.

La gracia de Luimelia era su capacidad para conseguir que públicos más jóvenes y diversos se identificasen con la tele tradicional por la vía de nuevos formatos y la interacción con los fans. Un spin-off de un shippeo, prima, supermoderno, y encima LGTBI y jugando con los nuevos medios de comunicación y el metalenguaje. Pillando la gracia de los recursos de Fleabag, no como Nasdrovia, e idealizando sin mentir, no como Valeria. Sí, no arriesgaban mucho porque la pareja LGTBI son dos mujeres jóvenes, muy normativas, en una relación convencional, que apenas sufren homofobia o lesbofobia y cuyo entorno completo es heterobásico. Pero oye, algo era.

El problema es que este primer capítulo de la cuarta temporada, el salto a comedia «respetable», no representa a nadie. A ninguna pareja de una profesora a tiempo parcial y una actriz en paro le conceden una hipoteca a estas alturas del partido, y menos para un casoplón en el centro de Madrid. Las «ocupaciones» no funcionan como se ve aquí, para empezar porque el «okupa» José Antonio siempre drogado estaría cometiendo un delito de allanamiento y acabaría esa misma noche durmiendo en el calabozo. Pero es que además un «okupa» político, así hippie como se supone que es este, no ocupa viviendas particulares sino otro tipo de inmuebles con un valor, como se ha dicho, político. Y una familia sin casa ocupa una de un banco, no le quitaría su residencia a otras personas.

Es ridículo, es poco realista, es un anuncio de Securitas Direct escrito por un redactor precario de Espejo Público que ha intentado negarse pero tiene que pagar el alquiler… y llega a ser ofensivo cuando Amelia y Luisa recurren a un matón, presuntamente estilo Desokupa, para echar al hippie. Aunque se resuelve con un gag en el que Botet y su hipotético agresor se hacen amigos, señores guionistas, las organizaciones de «desokupas» son fascistas -o parafascistas- y las protagonistas de esta serie se han vendido como ejemplo de inclusión LGTBI. ¿Nos están ustedes vacilando?

Hipsters no more

Luimelia

Servidor de ustedes está a punto de crear la Ley de Botet. Si aparece Javier Botet haciendo un personaje que ejerce de antagonista pero resulta más o menos simpático a la par que un poco surrealista, estaremos contemplando un producto cobarde, conservador, que se fía del humor absurdo y renuncia, a media serie, a cualquier atisbo de crítica social para entregarse a la (aparente) desideologización más vergonzosa. No tengo nada en contra del actor, que hace el trabajo para el que le pagan y lo hace bien. Pero esta temporada de series lo está convirtiendo en un aviso a navegantes.

Al final Luimelia puede quedar como emblema del pinkwashing: usar la defensa de los LGTBI como simple maquillaje, aunque claramente no te importa un pimiento. En primer lugar porque ha conseguido subrayar que sus protagonistas no es que pareciesen huecas porque el formato de la serie así lo imponía -escaso desarrollo y estética de story de Instagram-, sino porque estaban escritas para serlo. En segundo porque en cuanto ha querido salirse de vender cotidianidad normalizada, lo ha hecho para vender un anuncio de campaña asustaviejas. Creerse progre y moderno mientras se hace propaganda que le parecería rancia a don Miguel Mihura, el zeitgeist de las series españolas en 2021.

Repito una vez más: si te gusta, póntela. Por supuesto que no pido quemar a nadie en la plaza pública, ni censurar -soy un particular, aunque quisiera, solo podría insultar de forma vagamente ingeniosa en redes sociales, y eso no es censura-, ni dejar a nadie en paro. Líbreme Chicho. Pero que haya quien le guste, quien pague y quien cobre no quita que algo pueda ser un desastre.

Porque si no es representativa de nada, ni original, ni se acerca al realismo aunque sea por casualidad y encima vende propaganda de aseguradoras, es solo cursi porque abandona todo lo que la hacía graciosa y su formato ahora es estandarizado y previsible… ¿para qué sirve ya Luimelia?

Puedes ver Luimelia T4, capítulo 1, online aquí.

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