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Riders: Está todo amañado

La serie de PlayZ disfraza de comedia juvenil uno de los análisis de clase más amargos de la ficción española actual

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Riders cuenta la historia de Axel, un joven hijo de migrantes que se convierte en rider para ayudar a su familia a pagar el alquiler y obligado por las deudas de juego online de su hermano pequeño, menor de edad. A los problemas como repartidor precario que depende de que el cliente le deje una buena puntuación se une que la amenaza de unos traficantes para los que acaba haciendo de mula sin darse cuenta.

Como casi todos los thrillers juveniles de PlayZ, Riders hace de la necesidad virtud y monta con pocos recursos una historia con ritmo, personajes básicos pero empatizables y mucho contenido social. La agenda política ha querido que esté más de actualidad que nunca cuando el Gobierno de España está legislando contra los falsos autónomos. También la serie busca reflejar su momento al ser una de las pocas que, tiempos de producción mediante, tiene a sus personajes usando mascarilla, gel hidroalcohólico y manteniendo la distancia social.

La serie se deja ver, aunque su público objetivo es adolescente y el tono, tanto en las partes más serias como en las más cómicas, que son las menos, se adecua a él. En sus dos primeros episodios vamos desde una cierta comedia costumbrista hasta el thriller callejero, aunque sin abandonar el reflejo amable de la vida del rider y sus trucos para subir puntuación en la app, recibir más pedidos y conseguir así pagar el alquiler del mes.

Crítica de Riders con spoilers

Riders

Riders disfraza una comedia juvenil de thriller y con los dos envuelve un drama social bastante apañado, actualización de muchos tropos del género. La historia de madurez, con el joven protagonista que tiene que asumir responsabilidades para sacar adelante a su hermano y no añadir más problemas a su madre, está ahí mezclada con el thriller, la comedia y el grupo variopinto de secundarios. Mención especial a Carolina Sopelana -su personaje es LaClau, ahí el equipo de guión ha estado sutil- y al cameo o secundario de Kike Pérez, que casi da más miedo callado que amenazando.

Podríamos decir que, a su manera, Riders actualiza Mensaka o El Puente, con formas de llegar a la conciencia de clase adaptadas a la época. Su discurso es aún más efectivo mostrando la trampa de la exclusión por la vía del algoritmo. Al fin y al cabo la ley contra los falsos autónomos del Gobierno también va a exigir transparencia a las empresas que utilicen, precisamente, los famosos algoritmos para regir las vidas de sus trabajadores. Y nosotros hablando de Reyes de la Noche, que parecemos tontos.

Porque el algoritmo y el narco, la otra rider que te cobra por arreglarte el autónomo y luego se va a fregar oficinas y el rider jovencillo que consigue mejores comentarios usando su buenorrismo forman parte del mismo sistema. El mismo truco de trilero con las cartas marcadas que hace imposible que puedas ganarle a la banca en el juego online y que condena a no salir nunca del pozo. Está todo amañado. Y hasta cuando te conviertes en delincuente solo estás haciendo lo que el sistema espera de ti. Por eso el traficante habla con retórica de emprendedor de YouTube.

PlayZ y la política

Riders

De PlayZ trascienden fragmentos sin contexto de debates entre chavalería más o menos ilustrada sobre cosas del trabajo o el ligar, pero la verdadera carga de profundidad ideológica del canal juvenil de RTVE está en sus series. Algunas son simples thrillers, pero Drama, Grasa o esta Riders dejan a Yolanda Díaz e Íñigo Errejón por socialdemocracia blandita. Y mientras tanto los adultos escandalizándonos por un instagrammer con peinado de cani noventero que grita en una mesa de debate que ni machismo ni feminismo, igualdad.

Cada producto cultural hay que analizarlo según su contexto y los objetivos que él mismo se pone, así que no sería justo comparar uno como Riders, diseñado para que se consuma en YouTube y desde el móvil, con el último novelón de HBO o policial de Netflix. Pero es que lo grave empieza a estar en que una comedia como El vecino -a ver la segunda temporada- o estas miniseries entre el desenfado y la intensidad adolescente son capaces de reflejar más problemas sociales reales de la época que toda la fanfarria «de prestigio» rollo El inocente.

¿Que la ficción no tiene por qué reflexionar sobre los grandes problemas socioeconómicos de su tiempo y su función principal debería ser entretener? Bueno, puede ser, pero también es posible hacer las dos cosas. Sobre todo cuando eres un canal de una cadena pública enfocado al público juvenil y que explícitamente entre sus objetivos busca reflejar sus preocupaciones. Y para eso sirve PlayZ y series como Riders. Porque un thriller con un buen tipo que acaba metido en movidas del narco lo hace ya cualquiera. Pero esto no.

Puedes ver Riders online aquí.

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