Taquilla y recaudación
El cine español firma su mejor primer semestre en taquilla desde 2014, empujado por Torrente y mantenido por la «clase media»

Carmen Machi en 'Aída y vuelta', segunda película española más taquillera del 2026. ©Jorge Fuembuena
El cine español ha cerrado su mejor primera mitad del año en taquilla en más de una década, con más de 58,4 millones de euros de recaudación y por encima de los 8,3 millones de espectadores de enero a junio. Para encontrar una cifra superior hay que remontarse a 2014, cuando el fenómeno Ocho apellidos vascos (2014) lanzó la recaudación hasta los 73 millones de euros en el mismo periodo del año. Respecto a 2025, que cerró en los 30 millones de euros, supone un incremento del 88%.
Un peso importante, hasta el punto de suponer casi la mitad de esas cifras, lo tiene Torrente, presidente (2026), de Santiago Segura, que ha concluido su paso por taquilla con 28,1 millones de euros y 3,7 millones de espectadores, y es ya la película más taquillera de su saga y la cuarta producción local más vista en los cines españoles de todo los tiempos. Aún así, no es la única «buena señal», en un contexto, hay que señalar, marcado por un «regreso a las salas» en todo el ámbito internacional inédito desde pandemia.
Por ejemplo, a estas alturas del año ya hay nueve películas españolas que superan el millón de euros de recaudación, seis de ellas por encima de los dos millones —muy por encima si sumamos alguna recaudación internacional también—, y quedan por estrenarse posibles éxitos como Tadeo Jones y la lámpara maravillosa, La bola negra o El ser querido, entre otras. El sueño de repetir los 100 millones de euros totales, que no se alcanzan desde 2018, sigue vigente, y sería muy buena señal.
No obstante, hay que contextualizar estos datos. Las nueve películas por encima del millón en el Top10 son las mismas que en nuestro análisis del primer trimestre, donde la bolsa total ya superaba los 40 millones. La propia Torrente, presidente apuntaba entonces a superar fácilmente los 30 antes de su paso a Netflix, pero se estancó con posterioridad a Semana Santa. Las razones son complejas y deben matizarse, igual que el peso relativo de la taquilla en la industria y las limitaciones de este tipo de análisis.
Un contexto boyante
Analistas como Pau Brunet, en su newsletter Box Office Alchemy, han apuntado a la salud de la llamada «clase media» del cine español o las películas más autorales como Viva (2026), de Aina Clotet, o Yo no moriré de amor (2026), de Marta Matute, la una premiada en Cannes y la otra ganadora en Málaga. Estrenadas en menos de 100 pantallas, se han movido en medias de recaudación por sala de más de 500-600 euros, lo que habla bien de su impacto y vida comercial a pesar de no tener la posibilidad de prensentar grandes números.
Ello no es óbice para que resulte difícil no calificar de fracaso en taquilla algunos intentos de lanzamientos de cine popular, como Pioneras. Solo querían jugar (2026), de Marta Díaz de Lope Díaz. Los alrededor de 85.000 euros que lleva recaudados al cierre de este análisis, para su lanzamiento en 160 salas el pasado 12 de junio, no significan lo mismo que la cifra equivalente que presenta Iván&Hadoum (2026), de Ian de la Rosa, estrenada comercialmente el mismo día pero en 80 cines.
Todo esto, también, en un contexto de recuperación de la asistencia a cines global, arrastrado por fenómenos como Michael, Toy Story 5 o las terroríficas Blackroom y Obsesión —esta última recién llegada a España—, en el que se atisban indicios de variedad más allá de las franquicias, pero muy tímidos. Dentro de nuestras fronteras, el cine español mantiene una cuota del 22,1% de pantalla, siete puntos más que en 2025, pero que baja a un mucho más habitual 13,1% si se descuenta a Torrente, presidente.
Se podría decir que en el actual momento relativamente boyante de la recaudación, al menos en comparación con el periodo pospandemia, mientras se siguen cerrando salas de cine según el Censo de Salas de Cine elaborado por la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC), lo que en parte no tiene ese cine español medio que tan bien funciona en sus medias de recaudación es espacio para que esta luzca. Datos que no sabemos si se tienen en cuenta en el debate de la Ley del Cine.
Más allá de la taquilla
Luego está la cuestión de hasta qué punto este análisis tiene sentido, al menos por sí solo, sin más contexto. Es tan corto de miras, o propagandístico, hablar de un cine español que lo triunfa como que se hunde, poniendo y quitando Torrente de la suma según sea uno del Real Madrid o del FC Barcelona, para que las conclusiones sean las que nos apetezca defender. Ignorando la complejidad del mercado, de los públicos y las enormes desigualdades en distribución o promoción, entre otros elementos.
El primer error, en el que insistimos mucho en estos análisis, es considerar que la taquilla es un simple medidor de rentabilidad económica, algo imposible para la gran mayoría del cine español, por no decir para cualquier título que no sea un blockbuster norteamericano. Pero es que además hay casos recientes que demuestran que ni falta que hace, como pueda ser el de La bola negra (2026), de Javier Calvo y Javier Ambrossi, cuya venta a Netflix USA, de cifras desconocidas, es probable que haga que ya sea rentable antes de estrenarse en salas.
Igual que el audímetro o el Top10 de la plataforma difícilmente dan la imagen completa de la vida comercial de series con ya hasta tres o cuatro ventanas, estos repasos a la taquilla del cine español en los cines españoles siempre pecan por simplificación. Volviendo a la sección oficial en Cannes, de Amarga Navidad (2026), de Pedro Almodóvar, podemos decir que ha recaudado menos que Aida y vuelta (2026) si contamos solo España —2,6 millones de euros frente a 5— y la empata si sumamos lo internacional —5,5 millones de dólares cada una—.
Si se recupera la cota de los 100 millones de euros locales será una muy buena noticia para nuestra industria por lo que implica a nivel de impacto social —harán falta varios éxitos importantes entre verano y otoño—, la confianza en las salas y por algún titular entusiasta. Pero la vara de medida de un sector serio, y una prensa a la par, debe ir más allá de esa superficie para plantear cuestiones de rentabilidad, diversidad, igualdad y el modelo de historias, propias o ajenas, que se quieren contar desde España.

Jose A. Cano


