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Edelweiss: ¿Estas cosas pasaban en España?

La docuserie, primera producción propia de RTVE Play, es un efectivo true crime que sabe superar las limitaciones del formato para ser interesante por lo que cuenta y cómo lo cuenta

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Edelweiss explica en cuatro episodios el caso de la secta destructiva del mismo nombre que tuvo su actividad en España entre los años 70 y 90 del pasado siglo. Por orden cronológico y apoyándose en testimonios tanto de las víctimas como de los periodistas y policías que investigaron el caso, se explican tanto el fenómeno como las conexiones económicas y políticas de su fundador que lo hicieron posible.

El documental de 100 Balas (THE MEDIAPRO STUDIO) para RTVE Play consigue superar la media habitual de los true crime, sabiendo buscar un relato visual atractivo y que trasciende el tradicional formato «de personas hablando a cámara y recortes de prensa». Se puede reprochar a las dramatizaciones que se insertan en momentos de lo que obviamente no existen imágenes que rozan el exceso de melodrama, pero en general son bastante contenidas.

Como muchos documentales de este tipo, juega con la mezcla del público al que le suena de algo haber leído sobre el caso y el tiempo transcurrido, sumado al inevitable carácter efímero del periodismo de sucesos que difumina los detalles. Así que la enumeración cronológica de los hechos acaba construyendo un relato de suspense que se vuelve más inquietante y escandaloso con cada capa. En este sentido la propia naturaleza de lo que se cuenta ya lo separa del true crime habitual.

Crítica de Edelweiss sin spoilers

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El líder de la secta Edelweiss, Eduardo González Arenas «Eddie», captaba niños de entre 10 y 12 años con la coartada de una agrupación deportiva de montañismo. Una vez bajo su control los convencía de ser un extrarrestre del planeta Delhaiss, al que estaban todos destinados a viajar si cumplían con los estándares de entrenamiento físico y espiritual necesario. Les anunciaba un fin del mundo nuclear inmediato y que la única escapatoria era pertenecer a la Guardia de Hierro Edelweiss y los introducía en una ideología deudora del nazismo en la que se alentaban las relaciones pederastas entre monitores y estudiantes.

Ese es el loco resumen, comprobable con una simple búsqueda en internet, les aseguro que sin spoilers de todos los detalles que se irán revelando . Lo otro que hace único a Edelweiss y que demuestra el buen hacer de la pública es el tono que elige para abordar un tema tan escabroso y que tan fácilmente podría contarse de forma mucho más sensacionalista. A partir de ahí al espectador lo guiarán los policías y periodistas que investigaron el caso durante años, además de los testimonios de algunas de sus víctimas, ya adultas.

Conforme la trama se complique aparecerá la familia del dictador dominicano Rafael Trujillo, tramas de trata de personas que se ramifican a Brasil o a las altas esferas españolas, conexiones con familias bien que permiten a González Arenas ocultar parte de sus actividades y un ambiente conspiranoico y milenarista propio de la España de Transición. Incluso, de rebote, las dificultades del periodismo de investigación de la época, encarnadas por la extinta Interviú.

Especialmente indignantes serán también los pasajes en los que se expliquen como muchas víctimas de Edelweiss acabaron retirando las denuncias precisamente por ser hijos de familias «bien» -al fin y al cabo «Eddie» reclutaba en su entorno inmediato- que deseaban no aparecer en el escándalo, o como el Código Penal anterior a la Constitución permitía que determinadas conductas de abusos sexuales ni siquiera estuviesen tipificadas como delitos.

La conexiones imposibles del nazi del espacio exterior

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Ya solo el contenido permite que Edelweiss sea un producto bastante diferente a otras docuseries de género parecido que se han estrenado en los últimos tiempos en España. Por otra parte, el tono que juega con la ficcionalización de ciertas escenas sumada a la depurada factura técnica permite hablar de un true crime, digamos, de calidad, alejado de formatos más tontorrones de algunas plataformas o directamente morbosos de ciertas cadenas del lineal.

Pero comparar está muy feo. Digamos que por momentos la gracia de Edelweiss está precisamente en lo que no cuento. En el mundo anterior a internet, a cierta superstición social generalizada entorno a determinados conceptos de la cultura popular durante la Transición y, hemeroteca mediante, a toda una estética. Siempre, por cierto, en el equilibrio entre la descripción de los delirios de González Arenas como eso mismo, desvaríos de un desquiciado, y la constatación de que muchos de ellos pudieron llegar a hacerse realidad.

La parte en la que se analiza el proceso judicial del caso Edelweiss, además, sirve como reflexión al tratamiento tanto legal como mediático de las víctimas de abusos sexuales, ya que las voces de algunas de las mismas, 30 años después, comparecen en el documental para constatar como no fueron capaces de explicar todo lo ocurrido bajo la tiranía de «Eddie» debido a la presión y el juicio público al que se sintieron sometidos.

El fin último de la trama Edelweiss se explicita en el primer episodio y es tan increíble como escandaloso. Si acaso solo puede hacerse incómodo por los testimonios directos pero no por lo que se muestra. La docuserie convencerá a los aficionados al true crime pero también puede atraer a quien esté interesado en esta clase fenómenos de la historia reciente de nuestro país. Al final, la reacción que nos provoque ante lo que nos muestra habla también de cómo hemos llegado hasta aquí.

Imágenes: Fotogramas de Edelweiss – RTVE Play

Puedes ver Edelweiss completa online aquí.

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