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Alba, capítulo 1: En la fina línea entre hacer algo grande y despeñarse

Pule los aspectos problemáticos de la versión turca pero no los prejuicios de la sociedad española.

Alba, capítulo 1: En la fina línea entre hacer algo grande y despeñarse 1

Alba cuenta la historia de su protagonista, una joven universitaria que reside en Madrid pero acude en vacaciones a su pueblo natal en la costa. Una noche de fiesta es drogada y cuatro jóvenes de familias bien abusan sexualmente de ella. Mientras estos intentan ocultar su responsabilidad, Alba se recupera con el apoyo de sus seres queridos y su novio Bruno. Pero es posible que este oculte un secreto que ninguno de ellos pueda soportar.



El remake ibérico de Fatmagül intenta ser un análisis de las consecuencias de una violación grupal, pero se desliza al más mínimo empujón hacia la telenovela. Aunque intenta con mucha voluntad alejarse de todos los aspectos problemáticos del original, consigue crear los suyos propios, pasando de los prejuicios machistas de la sociedad turca a los de la española. Claro, de momento es solo un capítulo y tiene margen de mejora, es solo que los adelantos no anuncian nada bueno.

Es efectiva como thriller solo hasta cierto punto, pues juega con que ya conocemos la premisa antes de empezar. El reparto cumple y solo un par de giros demasiado telenovelescos consiguen sacarnos de la naturalidad que se consigue imprimir al escenario. La cuestión es que si girase alrededor de un asesinato, si no rozase en ocasiones cosificar a su protagonista o no se aferrase a casos de gran impacto social, expulsaría menos al espectador. Alba aún no sabe si es toro o torero, pero está cerca de decidirse para mal.

 

Crítica de Alba, capítulo 1, con spoilersAlba

Lo que no es de recibo es que se articule el principio de la serie sobre el «misterio» de si Bruno, el novio de Alba, participó en la agresión. Y encima con el drama entre machos como trama secundaria. Que si al hermano le da un jari. Que si al millonario del pueblo le explota la patata. Miren, ¿a mi qué me importan esos señores? Ni aunque sus marichalarazos ayuden a hacer evolucionar a personajes femeninos que luego van a ser -esperamos- centrales en la trama.

Ojo que Alba tiene buenas intenciones, más o menos. Si hacemos repaso, ustedes y yo, distinguido público, la cantidad de telenovelas turcas, colombianas, mexicanas, españolas o mediopensionistas que parten de una violación o la utilizan como giro argumental es tremendo. Repasen si no cuántas veces acaba la víctima casada o criando a un hijo junto el agresor. Aquí, al menos de momento, se refleja como un crimen sin redención y no se romantiza ni se deja por una simpática anécdota.



Pero es que no va ni medio capítulo y tenemos el primer giro de culebrón insostenible, que solo salva el oficio de Adriana Ozores, cuyo personaje se intuye importante. La cuñada miserable que acude a chantajear a los ricos del pueblo y que culpa a la víctima es un salto de tiburón así, nada más empezar, que deja Alba lejos de la credibilidad que le pediríamos a un producto con el mismo argumento si no fuese remake de la novela turca.

Por otra parte sigue siendo curioso como en los márgenes reside el análisis de clase más cafre de la ficción española actual: pueblo costero, el exnovio pobretón de Alba pasando droga para sobrevivir, el abuelo ricachón protegiendo a los agresores… Es tan punki, tan exagerado en las formas, que parece irreal, aunque luego determinados pasajes duelan como la vida misma.

 

Alba y La ManadaRemakes de series turcas Alba

Uno de los agresores nos recuerda pronto «la que le puede caer» porque es militar. Los cuatro cabestros tenían un grupo de wassap y se ponen ellos mismos la soga al cuello al grabar la agresión. Etc. Obviamente, España no es Turquía y tenemos muy reciente un caso de agresión colectiva. Alba no quiere ocultarse, y al admitir ese precedente, se despeña por un precipio. Este tratamiento culebrónico, POP y con giros de thriller le sienta como a un Cristo un kalashnikov al tema que, de repente, decide que quiere explicar.

Porque al empezar parece que la serie va a intentar retratar la agresión en elipsis y sin meterse en secuencias o planos innecesarios, pero juegan a la amnesia de la víctima tras ser drogada para recrearla a base de flashbacks. Ese recurso de telefilm que se cree relevante y solo es estilización barata del morbo es algo propio de la televisión de hace 20 años, no de la Atresmedia que ha sido capaz de traernos Veneno y La valla o tiene ahora mismo en emisión La cocinera de Castamar y aspira a un respeto por su público que pueda cruzar fronteras.

En el apartado actoral Tito Valverde y, de nuevo, Adriana Ozores aportan mucha credibilidad a sus personajes, tópicos hasta decir basta. Elena Rivera lo da todo por un papel de cuya relevancia es consciente. El resto de secundarios no pasan de cumplir y ya, con alguno de los actores más jóvenes no llegando a lo que le pide el personaje.

Ahora mismo Alba, con solo un episodio, es todavía un melón sin abrir, pero no arranca bien. Un culebrón sobre una violación no es mala idea per se, pues la cantidad de consenso social que construyen estas ficciones es innegable. Pero por eso mismo constituya una responsabilidad lanzarse a ese jardín. El equipo creativo lo sabe, porque ha raspado los aspectos inasumibles para la cultura española del argumento turco. Pero, ¿y los aspectos inasumibles del argumento español para la cultura española?

 

Jose A Cano (@caniferus)

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