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Besos al aire, capítulo 1: A nadie le viene mal un poco de almíbar

El primer estreno español de Disney+ retrata lo peor del confinamiento desde la ternura.

Besos al aire, capítulo 1: A nadie le viene mal un poco de almíbar 1

Besos al aire cuenta las vidas cruzadas de los profesionales sanitarios de un hospital madrileño con las de sus pacientes y familiares durante los peores meses del confinamiento de 2020. En mitad de un apocalipsis sanitario, solo la búsqueda del amor y el cariño mantiene vivos a unos personajes cuyos enredos sentimentales se mezclarán, inevitablemente, con la tragedia que viven todos juntos.



La serie de Mediaset para Disney+ es una comedia amable con sus toques de tragedia porque, en fin, está ambientada en los meses más duro de la pandemia en un hospital de Madrid. Quieras que no es un escenario tenso. Pero básicamente busca ser tierna, entretenida y hasta romanticona así de tontería, rollo Love Actually pero sin romantizar el acoso. Está bien, hace su trabajo y lo hace con mucha efectividad, el reparto tiene muchísimo oficio desde Watling/León hasta el último extra -Loreto Mauleón, jefa, reina, máquina, crack-  y el guión, con sus concesiones, sabe fajarse.

Que vida esta, ¿eh? La primera serie mainstream española sobre la pandemia la produce Mediaset y la estrena Disney en paralelo a los nuevos capítulos de Falcon y el Soldado de Invierno. La verdad es que 2021 viene muy loco. Besos al aire habría funcionado igual de bien en Amazon Prime Video o en Telecinco en abierto, claro. De hecho si la vemos en Cuatro, irá como un tiro. Y si alguien la remonta como película y la mete en las salas, igual hasta las revienta, a un tercio del aforo o en toda su gloria.

 

Crítica de Besos al aire, capítulo 1, con spoilersBesos al aire, capítulo 1: A nadie le viene mal un poco de almíbar 2

La serie no quiere amargarnos la vida pero tampoco se corta en abrir con un auxiliar de pediatría a la que le toca ir a llevar un cadáver a la morgue y echar a otra médica jubilada que quiere visitar a su marido ingresado. Son cartas marcadas, porque Besos al aire sabe que se estrena a un año vista de la tragedia y con las UCI en situación precaria. Así que ya vamos tocadetes todos de serie, sobre todo vamos a reírnos. Por ejemplo, de lo cachondísimos… digooo, perdón… faltos de cariño que íbamos en confinamiento.

El tono al final es muy complaciente y tiene la suerte de tener a Paco León para explicarnos que precisamente en medio del Apocalipsis es cuando uno más ganas tiene de ligarse a Meg Ryan. Habrá que comprar pulpo como animal de compañía, porque tampoco es malo que con la tralla que llevamos venga alguien a querer que nos sintamos bien y nos digan que el picorsito en mitad de la tragedia es lo normal.



Me hago muchas coñas de critiquillo resabiado con que esto vaya en el mismo paquete de Wandavision y demás movidas, pero es que al final Besos al aire es Disney 100%. Ponerse ñeñeñe con esto es de amargados. Claro que dirige un Mercero (Ignacio). Cómo no va a ser esto tierno. Madrona, por favor, danos más.

Claro, se le pueden poner pegas. Algunas situaciones emotivas van más forzadas que Ángel Gabilondo queriendo pasar por simpático y ocurrente. También sabemos todos que Leonor Watling no se parece a Meg Ryan -más quisiera Meg Ryan-, pero si juegas al juego de la serie, más o menos tira. Al final te la crees de supermédica y a Paco León de auxiliar de enfermería más bueno que el pan y cinéfilo romanticón. Al menda la gustaría ver reflejado un confinamiento que no ocurriese en Madrid y Barcelona, la verdad, ambiéntamelo en Navalmoral de la Mata, Cáceres. Pero tampoco le voy a reprochar eso a esta serie. 

 

Si quieres realidad, sal por esa puertaBesos al aire, capítulo 1: A nadie le viene mal un poco de almíbar 3

Supongo que me pueden ustedes discutir lo de «primera serie de la pandemia». Los documentales quedan fuera, las del encierro no cuentan porque eran solo de estar en casa, Cuéntame la usa poco menos que de marco de la narración y Contiguo estaba simpático pero sigue siendo más un experimento que se construye en directo. Esto es algo planificado, meditado, mainstream. Esto es Médico de Familia 2021 Edition. Bueno, miento, aquí no hay clasismo deluxe ni emplazamiento de producto en el desayuno. Ustedes me entienden. Es construcción de relato compartido, más que 2020 de Hernán Zin o Vitals.

Y, la verdad, es demasiado fácil identificarse con alguno de los personajes, porque el espectro es muy amplio. Es todo tan tiernico, hasta la subtrama del reportero repelente, que no se puede uno enfadar ni cuando el diálogo parece de cartón. El almíbar viene rodeado de doctoras que enviudan in situ y abuelas saliendo en camilla del bloque de vecinos donde todos la conocen, así que se matizan las ganas locas de alguien que nos dé un abrazo con el bodycount constante que llevamos escuchando tantos meses en las noticias. El final del primer capítulo es agridulce, claro, y seguramente nada será lo que parece en la resolución de la semana que viene.

En fin, que no será la gran serie que merece la pandemia en Madrid porque todavía tendremos que regurgitar esto y que pasen unos años. Tampoco se hizo Patria en 1998. Es una película de Disney, por capítulos, con factura y elenco marca Mediaset. Pero tiene a Paco León citando Cuando Harry encontró a Sally junto a recetas de cocido, Nancho Novo regañando mientras juega al ajedrez y Loreto Mauleon eructando para ligarse a un pedante. Pues oye. Seguro que hay peores maneras de recordar el año pasado.

 

Jose A Cano (@caniferus)

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