Consulta la lista de películas, series y profesionales ganadores de los Premios Goya 2026 en directo
Cine con Ñ actualiza en directo los ganadores de los Premios Goya 2026. La 40ª Edición de los galardones de la Academia de Cine se celebra en el Auditori Fórum – CCIB de Barcelona. Puedes consultar la lista de las nominadas y nominadas aquí.
Ganadores de los Premios Goya 2026
Mejor Actriz de Reparto
Nagore Aramburu por Los domingos
Mejores Efectos Especiales
Paula Gallifa Rubia y Ana Rubio por Los Tigres
Mejor Película Documental
Tarde de soledad
Mejor Música Original
Kangding Ray por Sirât
Mejor Montaje
Cristobál Fernández por Sirât
Mejor Actor de Reparto
Álvaro Cervantes por Sorda
Goya Internacional
Susan Sarandon
Mejor Actor Revelación
Antonio ‘Toni’ Fernández Gabarre por Ciudad sin sueño
Mejor Película Iberoamericana
Belén
Mejor Maquillaje y Peluquería
Ana López-Puigcerver, Belén López-Puigcerver y Nacho Díaz por El cautivo
Mejor Canción Original
Silvia Pérez Cruz y Alba Flores por Flores para Antonio
Mejor Sonido
Amanda Villavieja, Laia Casanovas y Yasmina Praderas por Sirât
Mejor Dirección de Producción
Oriol Maymó por Sirât
Goya de Honor 2026
Gonzalo Suárez
Mejor Dirección de Fotografía
Mauro Herce por Sirât
Mejor Cortometraje de Animación
Gilbert
Mejor Cortometraje Documental
El Santo
Mejor Cortometraje de Ficción
Ángulo muerto
Mejor Diseño de Vestuario
Helena Sanchís por La cena
Mejor Dirección Novel
Eva Libertad por Sorda
Mejor Película de Animación
Decorado
Mejor Actriz Revelación
Miriam Garlo por Sorda
Mejor Dirección de Arte
Laia Ateca Font por Sirât
Mejor Película Europea
Valor Sentimental
Mejor Guion Adaptado
Joaquín Oristrell, Manuel Gómez Pereira y Yolanda García Serrano por La cena
La actriz de 'Un fantasma en la batalla' será una abogada obsesionada con la misteriosa desaparición de dos niñas en la adaptación del libro de Ledicia Costas
Ha arrancado en el País Vasco y la Comunidad de Madrid el rodaje de la serie Infamia, thriller de misterio que protagoniza Susana Abaitua (Un fantasma en la batalla, Patria) como una abogada que se obsesiona con un caso sin resolver en un pequeño pueblo vasco. Nueva serie original para HBO Max, es la adaptación de la novela de Ledicia Costas y se estrenará en la plataforma en este 2026.
La serie está dirigida por la directora española Beatriz Sanchís (Nacho, Aquel) y la argentina Agustina Macri (Miss Carbón, Soledad) a partir de un guión de Manuel Gancedo y Eduardo Torallas, que coincidieron en otra adaptación literaria: la serie Los sin nombre (2025). Ahora llevan a una serie de seis episodios la que fue la primera novela para adultos de la escritora gallega Ledicia Costas, conocida anteriormente por su literatura infantil en lengua gallega.
Infamia es un proyecto impulsado por la productora Eva Cebrián desde Evafilms: «Desde que leí la novela de Ledicia Costas supe que esta historia tenía algo muy especial», señala Cebrián, «es un thriller vibrante, lleno de misterio y emoción, que explora los conflictos humanos detrás del suspense y mantiene al espectador en tensión constante».
Jorge Bosch (Todos mienten, Citas), Jon Olivares (Patria, Los pacientes del doctor García), Ane Gabarain (20.000 especies de abejas, Patria), Iñigo Gastesi (Singular, La Infiltrada), Iñigo Azpitarte (Karmele, La infiltrada), Eva Llorach (Los pacientes del doctor García, Quien te cantará), Asier Oruesagasti (Los últimos románticos, Hay algo en el bosque), el nominado al Goya Kandido Uranga (Maspalomas, El Internado: Las Cumbres), con la colaboración especial de Luis Gnecco (La máquina, Neruda), completan el reparto de la serie.
Infamia, un misterio en el País Vasco
El rodaje de la serie, que cuenta también con con la participación de la televisión autonómica vasca (EiTB), se rueda entre Madrid y los paisajes naturales de Vizcaya. El Parque Natural de Gorbeia, el macizo de Itxina, el Parque Natural de Urkiola, la comarca de Enkarterri, la Reserva de la Biosfera de Urdaibai y el espectacular Flysch de Barrika, así como en las localidades de Orozko, Areatza y Trucios-Turtzioz forman parte de sus localizaciones. Estos escenarios darán vida a Ura, el pueblo ficticio donde transcurre la trama.
Desde HBO Max se destaca también el equipo creativo que se ha unido para la serie: el músicoAitor Etxebarria (Furia, El cuerpo en llamas) a cargode la banda sonorao la montadora Victoria Lammers (Ciudad sin sueño, La Infiltrada)para el montaje.
Sinopsis de la serie
Emma Cruz (Susana Abaitua) es una tenaz abogada en plena crisis existencial que se obsesiona con un caso sin resolver: la misteriosa desaparición de dos niñas hace veinte años. Lo que empieza como curiosidad profesional no tarda en convertirse en una peligrosa fijación, avivada por su propio trauma: la trágica muerte de su hermana cuando eran niñas, una pérdida de la que siempre se ha sentido culpable.
En su empeño por desenterrar secretos inconfesables, ocultos bajo la asfixiante y claustrofóbica fachada del pueblo, Emma tendrá que enfrentarse a sus peores fantasmas. Su incansable búsqueda la situará en la diana de aquellos que están dispuestos a todo con tal de que la verdad nunca salga a la luz.
La ópera prima de Carlos Solano es una 'feel-good-movie' aspiracional, centrada en su núcleo emocional pero irregular en todo lo demás
Leo & Lou es la historia… de Leo y de Lou. Ella es una niña de 10 años huérfana con discapacidad que cree que nunca será adoptada. Él un bala perdida, a sus más de 40, con una mala relación con su familia. Leo se escapa del centro donde vive porque quiere participar en un concurso de pesca, como hacía con sus padres antes de que murieran. Lou la acoge sin saber que es una pequeña fugitiva, aunque a regañadientes. Entre los dos surgirá un fuerte vínculo, pero el adulto no sabe que la Guardia Civil les sigue los pasos.
Carlos Solano debuta en el largometraje con una ‘feel-good-movie’ aspiracional, una comedia tierna que no tiene empacho en ser previsible porque lo que quiere es confort para toda la familia, aderezado con un reparto de caras populares. Resulta curioso que coincida en el tiempo, sin que se hayan podido influir unas a otras, con la serie Romi o con Sorda, además de su prima-hermana Wolfgang (Extraordinario), todas ellas con la discapacidad sin estigmas como leit motiv.
Quizás el problema de Leo & Lou es que está tan concentrada en ser una película popular que empieza y se desarrolla durante gran parte del metraje como una película estadounidense, una casi completamente genérica, que no se acuerda de tener personalidad propia o de que se note donde está rodada hasta su tercio final. Tenemos tan integrados ya los modos de representación provenientes de Hollywood o Netflix que se cuelan hasta cuando no deben, aquí incluso tapando las muchas virtudes de la película.
ALeo & Louno le molesta que te imagines cada giro de la historia porque desde el principio te está diciendo que has venido aquí a estar a gustito. Eso, la verdad, no es malo, y la dinámica entre Isak Ferriz y la joven actrizJulia Sulleiro, el hallazgo, funciona bastante bien, aunque sean tan tópicos. El problema es que no se molesta en justificar, dentro de la ficción, determinadas decisiones o actitudes, y a veces, por cumplir con los momentos emotivos que supuestamente este tipo de historia debería tener, contradice su propia caracterización.
Es el caso del discurso «final», en plan «lección de vida» que le da Lou a Leo cuando llega el momento clave, por ejemplo, que al desastre de personaje no le encaja en absoluto. O, como suele ser habitual en este tipo de películas, el hecho de que al encontrarse a la niña no llame directamente a la Policía, como haría cualquier hijo de vecino en su situación. Aunque en ese caso se puede argumentar que es la premisa a aceptar con los ojos cerrados, como que Superman vuela.
Por otro lado Leo & Loule echa más esfuerzo a Leo que a Lou aunque luego se empeñe en que quien ha evolucionado es él. Las cuestiones familiares que van a definir todo el tercio final y favorecer el desenlace solo aparecen cuando ya casi todo el pescado anda vendido, sin haberse sembrado lo más mínimo y con la ley del mínimo esfuerzo. Manuel Manquiña lo hace estupendamente como abuelo postizo gruñón y Marta Larralde cumple con su secundaria-conciencia, pero sus personajes están cogidos con pinzas.
Lo mejor de la película es que sean dos cafres sin ninguna vergüenza haciendo el gamberro por las carreteras de Galicia. Quizás lo que se le puede reprochar a esa parte es que se queda corta. También la pareja profesional loquísima que se intuye que podrían formar la agente de María Pujalte y la trabajadora social de Maggie Civantos. Tienen algunos de los diálogos más graciosos de la película, aunque como la huida tiene que durar, acaban quedando de inútiles.
Tirando del sedal: Leo & Lou es una comedia familiar con aspiraciones de ‘feel-good’ que se queda a medias porque intenta tachar ítems de ese tipo de aventura en una lista y no se preocupa por darle personalidad al conjunto hasta que ya es demasiado tarde, con frecuentes subrayados por si al público se le olvida a qué ha venido. Un recordatorio que, precisamente por el tipo de historia que es, no necesita.
La directora de 'Cinco lobitos' firma su película más difícil y mejor escrita, una reflexión abierta sobre la fe y otros tipos de amores
Los domingos nos presenta a Ainara (Blanca Soroa), una joven de 17 años. Aunque, como sus compañeras y amigos, parece encaminarse a la etapa universitaria, Ainara desvela a su familia una nueva intención: convertirse en monja de clausura. Su padre (Miguel Garcés) y su tía (Patricia López Arnaiz) reaccionarán de forma distinta a la noticia.
Alauda Ruiz de Azúa vuelve a fijarse en las dinámicas y los vínculos familiares. Lo hizo en Cinco lobitos (2022), su incontestable ópera prima, pero también en Querer (2024), una de las grandes series españolas del año pasado. Ahora Los domingosabre la mano para pensar el afecto, con implicaciones distintas, que nos deja la propuesta más ambiciosa, por amplia y abierta, de las que ha hecho hasta ahora la directora.
Digo que Los domingos es ambiciosa sobre todo por su guión, que incluye distintos puntos de vista y los enfrenta sin miedo desde ángulos diferentes. La intención de su protagonista es una bomba que caerá por varios lados, abriendo la película por la mitad y reconfigurando al resto de personajes sobre este eje.
La fe del futuro
La decisión de Ainara es una gran sombra que se proyecta en el futuro, un planteamiento inesperado que tiene una serie de implicaciones contradictorias y, por tanto, interesantes de transitar a contrarreloj. Decía Kierkeegard que la fe «es la única fuerza capaz de vencer al porvenir», y Alauda Ruiz de Azúa se pregunta si la fe es una fuerza unívoca e imparable o si hay algún otro amor que pudiera hacerle frente en ese camino hacia delante.
La directora y guionista es consciente del efecto juicio —y, en nuestra sociedad, incluso de extrañeza— que genera la decisión y presenta todas las reacciones centrífugas de los personajes desde una cierta distancia, incluso desde una cierta frialdad y hasta feísmo formal. Eso en realidad nos permite tener siempre «un pie libre» como espectadores ante el contraste de situaciones que se presentan en la película, que es algo que de nuevo maneja muy bien la directora.
Desde esta perspectiva amplia, que tensa tanto por dentro como por fuera a la película, Los domingos se permite oscilar entre lo que significa el respeto a la voluntad individual, la colisión entre las pulsiones de la adolescencia y el mundo de los adultos o el enfrentamiento entre el amor terrenal y la fe espiritual. Todo, además, sin cargar demasiado las tintas en lo dramático, incluso dejando varios momentos divertidos.
La película tiene también un punto de audacia porque hay un quiebre sobre cuál es el arco dramático principal de la historia. Ahí el personaje de Patricia López Arnaiz —que vuelve a brillar— se va haciendo con Los domingos, hasta llegar a un final que, como otras buenas películas, te hace mirarla de nuevo desde un vínculo emotivo distinto, que enfrenta más las distintas formas de amar, como avisa Nick Cave desde la banda sonora.
Los domingos confirma que lo de Alauda Ruiz de Azúa en Cinco lobitos no era una casualidad y que es una de las directoras que mejor escribe de esta nueva generación de cineastas. La película se atreve a meterse en varios charcos y, quizá, recolocar algunas certezas que solo pueden vivir de verdad en la duda.
Pódcast sobre la película de 1953 de Ladislao Vajda, una aventura de venganza y redención ambientada en los tiempos del bandolerismo en España y que estrena ahora FlixOlé
Antes del spaghetti, antes del chorizo: el wéstern a la española era el de los bandoleros. En 1953 se estrenaba en España Carne de horca, película del húngaro Ladislao Vajda (Marcelino, pan y vino, El cebo) que viajaba a la Serranía de Ronda del Siglo XIX para contar la historia de un señorito que se enfrentará a la banda del Lucero, un mitificado bandolero de la zona. Con motivo de su llegada al streaming en FlixOlé, el pódcast Contingentes y Necesarios analiza la película.
En este nuevo programa dedicado al cine español clásico, Arturo Tena y Jose A. Cano repasan las claves de esta coproducción España-Italia (con Rossano Brazzi, Emma Penella, Pepe Isbert o Fosco Giacchetti en su reparto) que tuvo como principal novedad que se contraponía al relato del bandolero como héroe popular frente al sistema. El dinámico filme de Vajda, que traza una historia de venganza y redención, retrata a unos bandoleros como auténticos criminales despiadados, oponiéndose a la construcción de su leyenda.
El análisis de Carne de horca recoge esta revisión del modelo de representación del bandolero, además de colocar la película en este particular subgénero del wéstern español. Por otro lado, el pódcast se fija en los valores cinematográficos del filme y la forma de rodar de Ladislao Vajda, un director paneuropeo y artesano con una carrera muy particular.
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Un thriller previsible, un poco tramposo y de moralina discutible, como los otros 20 o 30 exactamente iguales que haya visto usted en plataformas estos últimos años
En Parecido a un asesinato Eva, una galerista de arte, acaba de mudarse con su nueva pareja, Nazario, un escritor de éxito, y Ali, la hija adolescente de este. Le va mejor que nunca y empieza a establecer una relación de confianza con la niña, pero todo se estropea cuando reaparece Jose, su exmarido, un policía expulsado del cuerpo por su alcoholismo y que la maltrataba. Aunque Eva no está segura de si Jose realmente ha vuelto o es su imaginación, aún afectada por el trauma y quizás con a los secretos que oculta Nazario.
La película adapta muy libremente la novela de Juan Bolea publicada en 2015. Dirige Antonio Hernández (El Capitán Trueno y el Santo Grial, El Gran Marciano), realizador de un thriller tan correcto como Lisboa (1999) y la fantástica En la ciudad sin límites (2002). Estamos ante un thriller de los de giro sobre giro, que a media historia te señala como todo lo que habías visto hasta ahora es mentira. Escrito con el manual. Es decir, de los que demuestra, de hecho, que habría que prenderle fuego al manual y espolvorear sus cenizas al viento.
El reparto es el mismo que si la novela la hubiesen adaptado como miniserie para Netflix(solo que ahora acaba en Prime Video, a veces no las diferencio): Blanca Suárez (la única que se toma a su personaje en serio), Eduardo Noriega, Tamar Novas y la joven Claudia Mora, más Marian Álvarez y Raúl Prieto para rellenar: sus papeles solo sirven para que otros expliquen pensamientos en voz alta o recojan cosas.
Parecido a un asesinatose divide en tres partes y un epílogo. Cada uno de esos «capítulos» muestra los hechos desde el punto de vista de un personaje diferente, empezando por la teórica protagonista, Eva (Suárez), y siguiendo por otros dos cuya identidad y orden de aparición son spoilers. Desde el principio la música y la dirección nos indican que «algo turbio va a pasar», sobre todo por el planteamiento de telefilme a la hora de presentar la familia reconstituida, ya que en cualquier thriller tradicional salirse de lo normativo se castiga.
Hay que decir que los hechos fácticos que expone el caso criminal a resolver encajan, al menos dentro de la lógica de este tipo de películas. Cuando «resuelven» todo en la parte final no hay elemento lanzado en el arranque que no esté atado, incluidas las escenas que vemos dos y hasta tres veces. Otra cosa es que esos hechos fácticos y su mencionada lógica interna sean completamente oligofrénicos, no tengan sentido tampoco en la justificación del personaje «culpable» y además no impacte el giro, porque cantan desde el minuto uno.
Porque Parecido a un asesinatose cree que te va a sorprender mucho. Pero tanta miradita, tanta música de suspense de telefilme alemán de mediodía y tanto diálogo enlatado están anunciando los giros con 45 minutos de adelanto. Nada más empezar la escena de la fiesta sabes que volverás a verla con la cámara en otro sitio, y en cuanto ponen a un personaje de sospechoso perfecto con más de media hora por delante, queda claro el remate final. Es tan formulaico que aburre, pero es que además está ejecutado de forma ridícula.
Esto, para empezar, demuestra que si usted tiene en casa un manual de esos para escribir historias de suspense o películas que lo peten de los que tanto se usan en EEUU y recomiendan en algunos talleres de escritura, lo mejor que puede hacer es fumárselo o colocarlo junto al retrete. Está muy bien estructurar un guión con mimo y lo de «sembrar y recoger», pero nunca, jamás, eso garantiza que una película sea «buena», ni tampoco que el caso «encaje». De hecho, pueden ser una soberana tontería. Como Parecido a un asesinato.
Porque aparte de que el caso en sí es una memez previsible y los personajes son pijos genéricos completamente intercambiables por los de cualquier dramón televisivo de los últimos 20 años, lo peor de thrillers de este tipo son sus moralejas. Mientras nos creemos que el cine ha avanzado mucho porque las películas que se premian en festivales representan la violencia contra la mujer o la diversidad con sensibilidades hasta ahora inéditas, el mainstream son estos panfletos entre gazmoños y neoliberales.
Las 12 o 15 películas y series españolas que este redactor ve cada año similares a Parecido a un asesinatoson tan misóginas que ni se dan cuenta y por defecto estigmatizan la enfermedad mental y las identidades no normativas. Y con esto no me refiero a ser LGTBI, que también, sino a que te guste el rol, seas un poco callada, alcohólico en rehabilitación o víctima de bullying. Hemos vuelto a los 80 o 90 y los policiales sirven para decir que todo lo que no sea familia nuclear y determinado tipo de vida, es peligroso.
Posdata: Lo que ve la gente en masa es este tipo de película. La relevancia social no se gana solo en charlas con secretarias o secretarios de estado —las cuales están muy bien y deben de existir—, sino combatiendo en la cultura popular el relato hiperconservador que nos empujan por la garganta constantemente.
Una modesta distopía atrapada entre la ambición de su universo y las limitaciones para contarlo con naturalidad
Idilia es una polémica organización que, aparentemente, busca reclutar a las grandes mentes del futuro para crear una sociedad mejor, alejada de las automatizaciones y prebendas generadas por la inteligencia artificial. 30 años después de su fundación, la mujer que influyó decisivamente en la regulación de la IA y el futuro de Idilia, Diana Leiva, vive recluida en una habitación ante la amenaza de lo que viene.
Los hermanos Sepúlveda (Javier Canales Sepúlveda y José Taltavull Sepúlveda) dirigen su primer largometraje, una película modesta que encapsula en un futurista apartamento/habitación una trama distópica que haga resonar los grandes dilemas y miedos del mundo de hoy: centralidad de la inteligencia artificial y la robótica en nuestros sistemas sociales y económicos y la posibilidad de colapso planetario que las acompaña. Una mujer (Norma Ruiz), que contribuyó intelectualmente a poner coto a la IA en su adolescencia, se aísla de esta realidad al no ser capaz de soportar la decadencia del mundo.
La película de Alberto Vázquez sobre la crisis existencial de un ratón que busca el sentido de la vida es un retrato lúcido en la era de la posverdad, la globalización y la necropolítica
Desde el primer fotograma, Decorado, de Alberto Vázquez, sumerge al espectador en un universo hipnótico y desolador donde la apariencia lo domina todo y la verdad parece haberse evaporado. A través de animales antropomórficos, extensiones de nuestras contradicciones humanas, el director gallego construye un relato sobre la identidad, la alienación y la búsqueda de sentido en un mundo saturado de simulacros. Arnold, un ratón que empieza a sospechar que su vida es una farsa cuidadosamente diseñada, se convierte en el símbolo de una humanidad perdida entre la rutina, el artificio y la duda.
Decorado dialoga con el teatro del absurdo y con la filosofía existencialista: el humor negro se mezcla con la angustia, evocando tanto a Beckett como al Calderón de La vida es sueño. Al igual que Segismundo, Arnold se enfrenta al desconcierto de no saber si sueña o vive, si es protagonista o un simple actor en una obra que no ha elegido.
El resultado, bajo su apariencia animada, nos enfrenta al vacío del mundo contemporáneo. Vázquez utiliza la animación como espejo distorsionado de la realidad, mostrando un universo donde las sonrisas son máscaras y la rutina un guión impuesto. En ese contexto, la duda se convierte en el único acto de libertad posible. La toma de conciencia de Arnold le permite ver el decorado tal y como es: una construcción social que, aunque falsa, puede ser habitada con lucidez.
Decorado, la delgada línea entre farsa y realidad
El propio Alberto Vázquez ha definido su película como «una fábula existencialista» sobre el sentido de la vida y las crisis que atravesamos todos. En ella, los ratones Arnold y María representan a una pareja común que lucha por sobrevivir en una sociedad hostil. Su crisis personal refleja la de un tiempo marcado por la precariedad, el desencanto y una constante sensación de control. Se trata de personajes que viven al borde de la exclusión social. La película es una clara metáfora de la sociedad actual, un retrato lúcido del capitalismo tardío y sus grietas.
Como en El show de Truman (1998), el protagonista sospecha que su vida es una representación, que todo lo que lo rodea —su pareja, sus amigos, su casa— forma parte de un montaje. Pero mientras Truman decide escapar del plató, Arnold se queda en él, buscando comprender el sentido de su existencia dentro del artificio. Esa diferencia es crucial: el director de Unicorn wars (2022) no plantea una fuga, sino un despertar interior. El decorado no se derrumba; se revela. Y en esa revelación se asoma lo humano, lo auténtico, lo frágil.
Una fábula contemporánea sobre la libertad
En su salto del cortometraje al largometraje, Decoradoamplía su universo visual y temático. Si el corto original, en blanco y negro, se inspiraba en grabados del siglo XIX, la nueva versión apuesta por un color limitado, casi simbólico, que mantiene el aire melancólico y artesanal del original. Este cambio estético refleja también una madurez narrativa: Vázquez no busca iluminar, sino sugerir.
El desenlace no ofrece redención ni escapatoria. Lo que hay es una certeza frágil, pero honesta: la vida es una farsa compartida, y lo único auténtico es la forma en que decidimos habitarla. Decorado se convierte así en una reflexión que entiende la libertad como acto de conciencia. Un cuento para adultos en la era de la posverdad, la globalización y la necropolítica.
Ni el carisma de Ana Belén consigue sostener una comedia dramática que no está a la altura de su microcosmos decadente
Islas plantea la llegada de Amparo Lamar, una veterana estrella del espectáculo, al canario Hotel Paradise, en horas bajas y semidesierto. El objetivo de Amparo no es otro que quitarse la vida a base de pastillas para acabar con su olvido. Pero su plan se ve trastocado cuando descubre a un huésped del hotel con la misma intención que ella. Tras salvarle, ambos empezarán una particular relación.
Nueva comedia con vena dramática de la directora argentina Marina Seresesky, que ha venido demostrando que le suelen salir películas con sentido del humor a partir de situaciones personales, a priori, no demasiado divertidas (La puerta abierta, Empieza el baile). En este caso, la de una exniña prodigio (una ‘mocatriz’ de las de antes), que, al perder la atención del público y la prensa, parece haber perdido también el sentido a su vida.
Pablo Dávila entrevista a once profesionales del diseño analizando su impacto en la producción de cine, desde el dossier del proyecto hasta que llega al archivo fílmico
Hay una cosa en común entre los profesionales entrevistados en La vida gráfica de las películas: sus padres o sus amigos no tienen claro de qué trabajan. Pero lo han visto, muchas veces, e incluso es posible que su película o serie favorita les deba parte de su identidad. Son los grafistas, los cartelistas, los encargados del storyboard, los fotógrafos de rodaje, los diseñadores de los títulos de créditos… o esos que nadie sabe qué hacen exactamente pero sin los que no se podría hacer nada: los diseñadores de producción.
«Es un libro sobre una serie de trabajos invisibles del cine, que están en todo el proceso de una película y tienen mucha importancia en el resultado» explica Pablo Dávila, creativo especializado en narrativas y autor de La vida gráfica de las películas. Once entrevistas con otros once profesionales de diferentes especialidades que comparten los secretos de su trabajo con mucho humor y amor por el arte y el diseño.
El diseño «es una profesión súper transversal, con la que en realidad todo el mundo está familiarizado, pero casi nadie conoce cómo se hace». Así que el libro tiene algo «de reivindicación, una especie de corporativismo pero en positivo. Para explicar también que el cine es una industria que tiene algo de ejército, donde cada uno tiene su espacio y al mismo tiempo trabaja en que se rueda a tiempo», explica Dávila. «Por eso el título: sigue la vida de una película desde que es una sinopsis hasta el archivo fílmico, siempre con la presencia de estas profesiones».
En la producción hipotética que es La vida gráfica de las películas se empieza con Ana Linde y el diseño de dossier, continúa con Pepe Domínguez del Olmo y el diseño de producción, sigue con el storyboard de Alberto Rodríguez Braojos. Una vez en rodaje es turno del grafismo y pintura de Sandra Wahlbeck y Manolo Pavón y su fotografía de rodaje. Nacho Platero explica la posproducción creativa;Jordi Rins, el diseño de títulos de crédito; Luis León, el diseño de narrativa, e Iñaki Villuendas la cartelería. Y para finalizar, Ricardo Fernández con el diseño para televisión y Noelia Sastre con el archivo gráfico de cine.
«Para mí es un libro que puede interesar a cualquiera, porque le aportará al estudiante o al que forme parte del audiovisual, pero también a quien quiera conocer mejor la industria creativa», añade Dávila. «Está contado así de manera coloquial, no es un manual o una lista de salidas profesionales. Son 11 vivencias de una carrera profesional por parte de 11 personas de edades parecidas, justo en la bisagra de la era de plataformas y lo que había antes, más lo que va a venir ahora con la IA. Así que son vivencias muy representativas».
Unos empleos que no cree que la tecnología ponga en peligro «porque todos dependen de cosas que todavía no hacen los ordenadores, esa capacidad de empatía para comunicarse o con quien está creando una película», añade. Por ejemplo, Pepe Domínguez, el diseñador de producción «explica en el libro que él lo que más hace es hablar con el director y su equipo. Es un flujo de comunicación que la mayor parte del tiempo no pasa por una herramienta gráfica, sino por generar un discurso que luego se aterriza en la estética de la película».
Entre los trabajos que exhibe La vida gráfica de las películas en sus páginas, cuidadosamente dedicadas a ese aspecto estético, no hay diferencias entre el cine más autoral o el más comercial, con idéntico cariño para diferentes proyectos por parte de los entrevistados. «Está guay ser el tándem creativo de un director muy reconocido, pero también lo está hacer unos carteles que son gráficas publicitarias para vender la película un público mainstream», defiende Dávila.
En La vida gráfica de las películas hay una reivindicación también de «saber situar bien el ego. Porque en las profesiones creativas de este tipo, tú te dedicas a poner tus neuronas y tu sensibilidad al servicio de una obra ajena. A veces parece que por eso esa creatividad aplicada tenga menos valor, y por eso genera mucha frustración que estas profesiones, que son preciosas y muy importantes en el audiovisual, brillen menos».
Algo que es compatible con la sensibilidad propia. Dávila finaliza con ejemplo del fotógrafo Manuel Pavón: «Ha trabajado para Almodóvar, en películas internacionales importantísimas, ha fotografiado a Antonio Banderas no se cuántas veces… y le encanta. Pero también lo combina con haber dirigido un corto y estar ensanchando su carrera. Es posible poner tu creatividad al servicio de otro, pero también trabajar para tu propio lenguaje, para tu propia expresión. Y en este libro se explican las dos cosas».
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