Críticas
Decorado: Vivir con los ojos abiertos

Fotogramas de 'Decorado'. Montaje: ©Cine con Ñ
Desde el primer fotograma, Decorado, de Alberto Vázquez, sumerge al espectador en un universo hipnótico y desolador donde la apariencia lo domina todo y la verdad parece haberse evaporado. A través de animales antropomórficos, extensiones de nuestras contradicciones humanas, el director gallego construye un relato sobre la identidad, la alienación y la búsqueda de sentido en un mundo saturado de simulacros. Arnold, un ratón que empieza a sospechar que su vida es una farsa cuidadosamente diseñada, se convierte en el símbolo de una humanidad perdida entre la rutina, el artificio y la duda.
Decorado dialoga con el teatro del absurdo y con la filosofía existencialista: el humor negro se mezcla con la angustia, evocando tanto a Beckett como al Calderón de La vida es sueño. Al igual que Segismundo, Arnold se enfrenta al desconcierto de no saber si sueña o vive, si es protagonista o un simple actor en una obra que no ha elegido.
El resultado, bajo su apariencia animada, nos enfrenta al vacío del mundo contemporáneo. Vázquez utiliza la animación como espejo distorsionado de la realidad, mostrando un universo donde las sonrisas son máscaras y la rutina un guión impuesto. En ese contexto, la duda se convierte en el único acto de libertad posible. La toma de conciencia de Arnold le permite ver el decorado tal y como es: una construcción social que, aunque falsa, puede ser habitada con lucidez.
Decorado, la delgada línea entre farsa y realidad

El propio Alberto Vázquez ha definido su película como «una fábula existencialista» sobre el sentido de la vida y las crisis que atravesamos todos. En ella, los ratones Arnold y María representan a una pareja común que lucha por sobrevivir en una sociedad hostil. Su crisis personal refleja la de un tiempo marcado por la precariedad, el desencanto y una constante sensación de control. Se trata de personajes que viven al borde de la exclusión social. La película es una clara metáfora de la sociedad actual, un retrato lúcido del capitalismo tardío y sus grietas.
Como en El show de Truman (1998), el protagonista sospecha que su vida es una representación, que todo lo que lo rodea —su pareja, sus amigos, su casa— forma parte de un montaje. Pero mientras Truman decide escapar del plató, Arnold se queda en él, buscando comprender el sentido de su existencia dentro del artificio. Esa diferencia es crucial: el director de Unicorn wars (2022) no plantea una fuga, sino un despertar interior. El decorado no se derrumba; se revela. Y en esa revelación se asoma lo humano, lo auténtico, lo frágil.
Una fábula contemporánea sobre la libertad

En su salto del cortometraje al largometraje, Decorado amplía su universo visual y temático. Si el corto original, en blanco y negro, se inspiraba en grabados del siglo XIX, la nueva versión apuesta por un color limitado, casi simbólico, que mantiene el aire melancólico y artesanal del original. Este cambio estético refleja también una madurez narrativa: Vázquez no busca iluminar, sino sugerir.
El desenlace no ofrece redención ni escapatoria. Lo que hay es una certeza frágil, pero honesta: la vida es una farsa compartida, y lo único auténtico es la forma en que decidimos habitarla. Decorado se convierte así en una reflexión que entiende la libertad como acto de conciencia. Un cuento para adultos en la era de la posverdad, la globalización y la necropolítica.
Dónde ver

Mireia Iniesta