Críticas
Los domingos: Alauda Ruiz de Azúa confirma su personalidad en esta ambiciosa y dubitativa película

Stills de 'Los domingos'. ©David Herranz. Montaje: ©Cine con Ñ
Los domingos nos presenta a Ainara (Blanca Soroa), una joven de 17 años. Aunque, como sus compañeras y amigos, parece encaminarse a la etapa universitaria, Ainara desvela a su familia una nueva intención: convertirse en monja de clausura. Su padre (Miguel Garcés) y su tía (Patricia López Arnaiz) reaccionarán de forma distinta a la noticia.
Alauda Ruiz de Azúa vuelve a fijarse en las dinámicas y los vínculos familiares. Lo hizo en Cinco lobitos (2022), su incontestable ópera prima, pero también en Querer (2024), una de las grandes series españolas del año pasado. Ahora Los domingos abre la mano para pensar el afecto, con implicaciones distintas, que nos deja la propuesta más ambiciosa, por amplia y abierta, de las que ha hecho hasta ahora la directora.
Digo que Los domingos es ambiciosa sobre todo por su guión, que incluye distintos puntos de vista y los enfrenta sin miedo desde ángulos diferentes. La intención de su protagonista es una bomba que caerá por varios lados, abriendo la película por la mitad y reconfigurando al resto de personajes sobre este eje.
La fe del futuro

La decisión de Ainara es una gran sombra que se proyecta en el futuro, un planteamiento inesperado que tiene una serie de implicaciones contradictorias y, por tanto, interesantes de transitar a contrarreloj. Decía Kierkeegard que la fe «es la única fuerza capaz de vencer al porvenir», y Alauda Ruiz de Azúa se pregunta si la fe es una fuerza unívoca e imparable o si hay algún otro amor que pudiera hacerle frente en ese camino hacia delante.
La directora y guionista es consciente del efecto juicio —y, en nuestra sociedad, incluso de extrañeza— que genera la decisión y presenta todas las reacciones centrífugas de los personajes desde una cierta distancia, incluso desde una cierta frialdad y hasta feísmo formal. Eso en realidad nos permite tener siempre «un pie libre» como espectadores ante el contraste de situaciones que se presentan en la película, que es algo que de nuevo maneja muy bien la directora.
Desde esta perspectiva amplia, que tensa tanto por dentro como por fuera a la película, Los domingos se permite oscilar entre lo que significa el respeto a la voluntad individual, la colisión entre las pulsiones de la adolescencia y el mundo de los adultos o el enfrentamiento entre el amor terrenal y la fe espiritual. Todo, además, sin cargar demasiado las tintas en lo dramático, incluso dejando varios momentos divertidos.
La película tiene también un punto de audacia porque hay un quiebre sobre cuál es el arco dramático principal de la historia. Ahí el personaje de Patricia López Arnaiz —que vuelve a brillar— se va haciendo con Los domingos, hasta llegar a un final que, como otras buenas películas, te hace mirarla de nuevo desde un vínculo emotivo distinto, que enfrenta más las distintas formas de amar, como avisa Nick Cave desde la banda sonora.
Los domingos confirma que lo de Alauda Ruiz de Azúa en Cinco lobitos no era una casualidad y que es una de las directoras que mejor escribe de esta nueva generación de cineastas. La película se atreve a meterse en varios charcos y, quizá, recolocar algunas certezas que solo pueden vivir de verdad en la duda.
Dónde ver

Arturo Tena
