Una historia sobre madurez, amistad, adolescencia y superación que es tan luminosa, tan colorida, tan cómoda, tan bonita… que hasta se pasa un poco
Todos los colores es la historia de Belén, una chica de 17 años, a punto de terminar el Bachillerato, muy lista pero un poco cafre. Para aprobar y poder ir a la universidad, eso sí, necesita hacer deporte, así que la obligan a apuntarse al equipo de atletismo en silla de ruedas que entrena en el polideportivo de su ciudad. Allí Belén descubrirá que le gusta más de lo que creía, aunque su entrega afectará a su grupo de amigas… y a su vida amorosa con el chico que le gusta.
Ópera prima de Beatriz de Silva, directora de Tula (2022), corto preseleccionado a los Óscar en su momento y con el que tiene en común el enfoque en la experiencia de las chicas adolescentes, aunque los tonos varíen bastante. Esta película forma parte de lo que claramente es una estrategia de ampliación de públicos por parte de Atresmedia —encima con Netflix por medio—, buscando una historia de descubrimiento y superación en un tono luminoso, disfrutón… e igual un poquito cómodo de más.
La película sobre la convivencia con el VIH del director y actor madrileño se estrena en el Festival de Málaga antes de su llegada a cines el próximo 23 de abril
«Es importante comunicar lo que cuenta Sidosa bien», declaraba esta tarde Eduardo Casanova. «El VIH es una cuestión que atraviesa a toda la sociedad y va más allá de mi ideología o de mi orientación. A mí también me preocupa que una persona de Vox tenga un VIH y lo esté pasando mal», añadió, intentando aclarar, en varias ocasiones, que el SIDA o el VIH no son para él una cuestión «que pertenezca únicamente a nuestro colectivo LGTBIAQ+, aunque sea muy importante, sino a toda la sociedad».
El cineasta presentaba en el Festival de Málaga el documental Sidosa, que protagoniza junto a Jordi Évole y en el que cuenta su experiencia como persona portadora de VIH desde los 17años, además de analizar los estigmas que pesan acerca de este, incluso sobre el personal sanitario que lo trata, y las personas que lo siguen llevando en secreto o con dolor. Producida por Producciones del Barrio y Atresmedia y dirigida Lluís Galtery Màrius Sánchez, llegará a cines el próximo 23 de abril antes de pasar a Atresplayer y La Sexta.
«Con el tema del VIH y el SIDA sigue habiendo mucho tabú, incluso entre el personal médico», comentó Évole. «Edu ha tenido que ir a escondidas a buscar la medicación. Eso no es normal. Además de romper ese tabú, nos propusimos que esto no fuese Philadelphia 2. Queríamos reírnos haciendo este documental. Y esa mirada de Edu desde el humor, desde el sarcasmo creo que le ha dado el punto especial que tiene a la película».
Sidosa y «la peste rosa»
El documental está dirigido por Galter y Sánchez, pero también incluye un cortometraje, Peste rosa, protagonizado por la actriz Lucía Díez y dirigido por el propio Casanova, en el que expresa, a partir de su particular sentido del color y el body horror, la evolución de su relación con la enfermedad. Esto y que parte de Sidosa se rodase durante la promoción de su miniserie Silencio(2025) ha permitido al director madrileño reflexionar sobre su relación con el cine.
«Siempre digo que a mí la vida no me la han salvado los antirretrovirales, ni los psicólogos. La vida me la han salvado el cine», declaró. «Es cierto con matices, también me la han salvado los antirretrovirales, pero sin películas yo no habría sido capaz de sujetarme en absoluto, por eso mi amor por el cine es tan grande». Algo que lo ha llevado a agradecer el trabajo de los directores de Sidosa, a los que confesó haber cambiado la cámara de sitio en alguna ocasión, aunque Galter aclaró entre risas que «luego la volví a colocar donde estaba».
Igualmente valoró el hecho de que esta «salida del armario» a través de Évole y su equipo se haga «con un gran respaldo mainstream, que lo abrace, como es que lo produzca Atresmedia o el propio Jordi». Sidosa también cuenta con una versión de la canción La vie en rose escrita por el propio Eduardo Casanova y que interpreta la mismísima Ana Belén, algo que surgió durante la producción y que no pensaron que fuese posible y han agradecido a la cantante.
En la rueda de prensa antes del primer pase del documental en Málaga hubo tiempo para todo, incluido que Casanova comentase que han pensado en Sidosa 2, que se aplaudiese más de una vez y a que los propios responsables del documental valorasen que «el objetivo lo va a conseguir, que es generar conversación sobre el tema». Para el protagonista en concreto «es tan importante el avance médico como el avance social, que igual la gente no sepa como es el tratamiento, pero sí que existe y es una enfermedad con la que convive mucha gente».
Casanova, en cualquier caso, insistió en no considerarse «referente para nadie» sino que utiliza «el privilegio de mi voz pública» para comunicar «situaciones que le ocurren a todas las personas con VIH, yo no soy especial, si acaso me pongo como punch-ball, porque a mí ya es muy difícil hacerme daño». Tanto Évole como él valoraron la «creatividad» de los haters, lamentando no haber podido incluir en Sidosa el tuit de un tipo que comentó: «El ébola y el SIDA juntos en España, ¿a dónde vamos a llegar?».
Dirección: Humberto Miró, Salvador Garcia Ruiz, David Montoya
Guión: Susana López Rubio, Juan Beiro, Joaquin Santamaría
Reparto: Megan Montaner, Silvia Abascal, Rodolfo Sancho, Ginés García Millán, José Pastor, Itziar Miranda, Clara Garrido, Germán Alcarazu, Marina Guerola, Helena Ezquerro, Carlos Serrano-Clark, Helena Kaittani, Carlos Sholz
Fotografía: Daniel Aranyo
Música: Zeltia Montes
Productora: Nosotromo Pictures, Netflix, Dylan Clark Productions, Chris Morgan Productions
Han pasado casi dos décadas desde que María perdió a Manuel y se quedó sola al cuidado de Nicolás y de Manuela, la hija recién nacida que su marido no conoció. En estos años ha logrado sacar adelante la tierra de los Cervantes gracias a su coraje y al de Claudia, la jornalera rebelde e hija bastarda de D. Ramón.
María sufrirá nuevas perdidas y tendrá que seguir luchando para evitar que se pierdan las tierras, pero sobre todo para que sus hijos no pierdan el arraigo y se mantengan unidos a la familia y a su patrimonio.
Los tiempos cambian, los campesinos migran y la falta de jornaleros propicia la llegada de braceros de otras zonas más pobres, pero también de empresarios ambiciosos dispuestos a explotarla, sin apego y sin vínculos, invirtiendo en maquinaria más que en personal. Por primera vez en mucho tiempo María se fija en alguien, pero el recuerdo de Manuel hará mella en sus dudas; hará lo imposible por evitar lo inevitable.
Lo que tienes que saber
Nueva temporada de uno de los grandes éxitos de Atresmedia en 2024, que funcionó muy bien en abierto en España y luego también a nivel internacional. La trama avanza 20 años en el tiempo para seguir los pasos de María (Megan Montaner).
Reparto: Santiago Segura, Gabino Diego, Carlos Areces, Ramón Langa, Jerónimo Nieto, Damián Ramos, Willy Bárcenas, David Guapo, Coté Soler, Cañita Brava, Xavier Deltell, David Suárez, Barragán, José María Rubio, Fernando Esteso
Fotografía: Javier Salmones
Música: Roque Baños
Productora: Amiguetes Entertainment, Bowfinger International Pictures
La sexta entrega de una de las sagas de comedias más conocidas de la historia del cine español. José Luis Torrente, el impresentable policía, regresa en una nueva aventura de la que no se sabe nada. Secretismo total sobre el filme hasta que lo descubran sus fans.
Rafael Maluenda y Gaizka Urresti dirigen un documental que repasa la filmografía del cineasta, un director "de la estirpe de los clásicos" que "siempre buscaba la mejor manera de llegar al público"
José María Forqué «sabía que el cine son emociones y las emociones son tiempo». Así que se iba al cine a ver las películas que le gustaban una y otra vez con un cronómetro en la mano y apuntaba lo que duraba cada escena. Aunque hoy se lo recuerda más como productor —en parte gracias a los premios que llevan su nombre—, como director firmó casi medio centenar de películas tocando todos los géneros. Ahora el documental Forqué. El oficio de hacer cine lo recuerda como el profesional entregado a su arte que fue.
«La película no es solamente una reivindicación de la figura de Forqué como director, sino de una forma de entender el cine», explica Rafael Maluenda, codirector junto a Gaizka Urresti del documental. Un filme que se estrenó el pasado 8 de marzo en el Festival de Málaga, el día del nacimiento del cineasta, que tuvo su centenario en 2023. «Siempre estamos admirando a los clásicos norteamericanos: Howard Hawks, John Ford… pues Forqué era de esa estirpe».
Xacio Baño cierra su trilogía sobre la palabra escrita con un ensayo cinematográfico que parte de cientos de postales enviadas desde Santiago de Compostela en una reflexión sobre nuestra manera de consumir los espacios urbanos
El director gallego Xacio Baño lleva una década sumergido entre textos escritos a mano y buscando la manera de llevarlos al cine. Primero fueron los cortos Eco (2015), que reconstruía los diarios de una mujer durante más de 20 años; y Augas abisais (2020), que recuperaba cartas de la Guerra Civil. Y ahora completa su viaje por la caligrafía en el largometraje documental Después de las ciudades, un ensayo multiforme sobre la imagen de Santiago de Compostela y nuestra manera de viajar a partir de cientos de postales escritas desde la ciudad a lo largo de más de cien años.
La película, que llega a España vía Festival de Málaga después de haber tenido su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Róterdam, nació de una búsqueda que no se había colmado del todo en los cortos: «No llegaba a transmitir todo lo que hay en una caligrafía escrita», comenta Baño a Cine con Ñ, «el miedo, los espacios…todo eso». La postal le pareció el formato donde podía completar de verdad esta trilogía: texto e imagen en una misma unidad, la ciudad real y la ciudad vendida conviviendo en un cartón.
En el centenario de su nacimiento, algunas de las mejores interpretaciones de uno de los grandes actores españoles del Siglo XX, reunidas ahora en una colección en FlixOlé
Un 8 de marzo de hace 100 años nacía Paco Rabal, un rostro y una voz que son historia del cine español. Premiado en Venecia, San Sebastián y en Cannes, ganador de cinco Medallas CEC y unGoya, protagonista de éxitos de taquilla en los 50 y los 60 y de grandes adaptaciones y películas de prestigio en los 80 y 90. En otras palabras: una leyenda.
El marido de Asunción Balaguer, padre del cineasta Benito Rabal y la actriz y cantante Teresa Rabal y abuelo del actor Liberto Rabal fue un actor hecho a sí mismo pero también clásico, siempre con un pie en el teatro. Uno de esos actores de carácter capaces de transmitir su carisma a sus personajes o de fusionarse con ellos hasta diluirse.
En este año, del centenario de su nacimiento y el 25 aniversario de su muerte, FlixOlé, la plataforma del cine español de todos los tiempos, le dedica una colección de la que nos atrevemos a recomendar diez grandes películas, cada una marcada por un personaje inolvidable de Rabal.
10 grandes películas de Paco Rabal
LA GUERRA DE DIOS (1953)
Dice la leyenda que Rafael Gil descubrió a Paco Rabal cuando este trabajaba de electricista en los Estudios Chamartín, tras pedirle que hiciera de doble de luces de Fernando Rey por su altura. Lo cierto es que el murciano, natural de Cuesta de Gos (Murcia), se pasó casi una década haciendo de extra o pequeños papeles hasta que logró roles de enjundia como este.
En La guerra de Dios encarna a Martín, un minero de un pequeño pueblo al que en los años 30 se traslada un joven sacerdote con buenas intenciones. Un personaje muy cercano al del propio padre del actor, Benito Rabal, que por la misma época se mudó a Madrid con su familia, al que siempre consideró como la persona más importante de su vida. Gracias a ella consiguió su primera Medalla CEC y su primer Fotogramas de Plata como actor.
En este drama realista, Paco Rabal interpreta a Miguel, un marino mercante que pierde su trabajo y acaba como guardia en el puerto de Barcelona… aunque la necesidad de alimentar a su familia lo empuja hacia una vida criminal. Una historia turbia, en la que vuelve a dar vida a un personaje de clase baja zarandeado por las circunstancias, y en la que el director se vio obligado a cambiar el final por indicación de la censura.
Otro salto en la carrera del actor, paralelo al de La guerra de Dios, ya que tanto él como su coprotagonista, Julita Martínez, que interpreta a la esposa de Miguel, ganaron sendas Conchas de Plata en la por entonces Semana Internacional del Cine de San Sebastián. Barcelona se convertiría en esta época en una ciudad clave para la biografía del actor: allí se casaría con Asunción Balaguer y nacería su hija Teresa.
A finales de los 50, Paco Rabal ya es una estrella del cine español de la época. Un actor conocido y reconocido, que recibe papeles de héroe o galán. Por eso no extraña que rodase a las órdenes de un director de tanto peso industrial como Sáenz de Heredia, especialista en cine bélico, histórico y a veces de tintes patrióticos.
Aquí el actor interpreta al teniente Iribarren, un militar carlista capturado por el Ejército de Isabel II en plena guerra civil. Acusado de espionaje, es condenado a muerte. Pero él alega que solo quería ir a su pueblo, a conocer a su hijo, que acaba de nacer. Un papel heroico y noble, que encarnará habitualmente en esta etapa.
En 1958 Rabal había cruzado el Atlántico para interpretar al protagonista en Nazarín, su primera colaboración con Luis Buñuel, rodada en México. Fue tan fructífera que cineasta e intérprete se convertirían en buenos amigos, hasta el punto de llamarse ‘tío’ y ‘sobrino’. La película, adaptación de la novela de Benito Pérez Galdós, retrató a un personaje lleno de fe y muy complejo, que fue del gusto de las autoridades franquistas.
Algo que dio pie al rodaje de Viridiana, en teoría una secuela, ya en territorio español. Solo que no tuvo nada que ver. Aquí Paco Rabal es el enigmático Jorge, el heredero de don Jaime, precisamente Fernando Rey, del cual es sombra y reflejo, compitiendo por el corazón de Viridiana y encarnando al hombre nuevo, de una nueva España, que lucha por renovar el país. Uno de sus papeles más recordados para una de las mejores películas españolas de la historia.
De un aragonés universal a otro. Carlos Saura contó con Paco Rabal para protagonizar su segundo largometraje, un biopic histórico sobre la figura de José María ‘El Tempranillo’, el bandolero más conocido de los tiempos de Fernando VII. Una película de aventuras, sí, como en las que solía trabajar el actor, pero con dos giros.
El primero, basado en hechos reales. El segundo, el doble juego político de Saura: en el desafío de José María al tiránico rey Borbón se puede leer una crítica al franquismo, pero este bandolero no es ningún héroe romántico, sino una figura histórica mucho más cercana a la realidad. Rabal la interpreta con su fiereza habitual.
Un accidente de coche en 1963 le dejó a Paco Rabal las famosas cicatrices que hicieron su rostro tan característico en la segunda mitad de su carrera. También lo tuvieron un tiempo apartado de la interpretación, y cuando regresó a ella lo hizo aceptando proyectos por debajo de su caché, pero con ayuda de amigos como Nuria Espert, Fernando Fernán Gómez o su antiguo mentor, Rafael Gil.
El veterano cineasta no se despegó del cine histórico, aquí con Rabal interpretando al carismático líder de una partida de guerrilleros que se opone a la invasión francesa de 1808. Uno que lucha no solo por liberar el país, sino por el amor de una joven posadera a la que también corteja un oficial de las tropas napoleónicas.
Los años 80 serán la segunda edad dorada para Paco Rabal, y Mario Camus uno de sus directores clave. Con él trabajaría en la miniserie Fortunata y Jacinta (1980), y más tarde en Los desastres de la guerra (1983), en la que interpretaría a Francisco de Goya por segunda vez en su vida —la primera, en 1971, fue Goya, historia de una soledad, de Nino Quevedo—.
Aquí el cántabro le entregó uno de los papeles de su vida: el Azarías. Un rol para el que Rabal se transformaría hasta el punto de borrarse dentro de la vida de un simple, cabalmente solo un año mayor que el señorito, que defendiendo a su Milana encarnó el rencor y la frustración de todo un pueblo. Junto a su contraparte, el Alfredo Landa de Paco ‘El Bajo’, ganaría el premio a la mejor interpretación en el Festival de Cannes.
De nuevo una adaptación de Miguel Delibes, de nuevo un personaje que encarna las vicisitudes del españolito abandonado a su suerte. El señor Cayo, último vecino de un municipio de la Castilla profunda, puede decidir con su voto una de las primeras elecciones de la incipiente España democrática. Su sabiduría plebeya, desencanto y paciencia se ponen en juego frente a la insistencia de un viejo líder de la izquierda.
El Paco Rabal que se pone a las órdenes de Antonio Giménez-Rico (Vestida de azul) es ya un profesional consumado con toda una trayectoria y muy seguro de su trabajo, que otorga al agricultor matices de los que carecía la novela y encarna, en el flashforward final, la decepción de todo un pueblo desde la mayor de las humanidades.
Todo actor de una trayectoria como la de Paco Rabal acaba recibiendo, en algún momento de su carrera, un papel en el que se interpreta, si no a sí mismo, un remedo de su imagen pública. Y la del murciano era la de un ídolo ya en su crepúsculo, un poco calavera pero noble en el fondo.
Esa sería una descripción somera del torero retirado, conquistador y buscavidas, al que encarna en esta serie de Jaime de Armiñán (Mi querida señorita, El nido). Un hombre al que abandona su amante —interpretada por su vieja amiga Emma Penella, que viajaba con él en el coche con el que tuvo el accidente en 1963— y que intenta recuperar a la familia que abandonó siendo joven.
La apoteosis de toda una carrera y una vida. Una obra maestra del cine español, en la que el talento de Saura se une al de Rabal, José Coronado, Maribel Verdú o La Fura dels Baus para introducirnos en el imaginario del pintor. La tercera y última vez en la que Rabal interpretó a Goya, sumando su ancianidad a la del pintor para mezclar por igual la derrota, la nostalgia… y las ganas de vivir hasta el último segundo.
Tan unidos quedaron que el destino quiso que Paco Rabal muriese en Burdeos, como su personaje: un 29 de agosto de 2001, volando de regreso a Madrid desde Montreal donde acababa de recibir un premio a toda su carrera, sus problemas pulmonares se agravaron y el aterrizaje de emergencia se produjo en la ciudad francesa. Una despedida mitológica para un actor irrepetible.
La actriz y dramaturga se expone al máximo para convertir su trauma en arte y denuncia: un documental de impacto directo e inmediato
Sucia. ¿Por qué no hiciste nada? relata el largo camino personal, artístico y judicial que ha construido Bárbara Mestanza, actriz, dramaturga y escritora, tras haber sufrido una agresión sexual durante un masaje en el año 2015. El documental recoge cómo, cinco años después del abuso, Mestanza decide iniciar un proceso para encontrar a su agresor.
Esta película, codirigida por Mestanza junto a Marc Pujolar (Sigo siendo la misma, Amaia. Una vuelta al sol) y que acaba de presentar en el Festival de Málaga, recoge lo sucedido durante los seis años que han pasado desde que Mestanza decide afrontar directamente el trauma hasta hoy. Un viaje de sanación y justicia muy personal, que ha incluido también un libro, una obra de teatro y un paso por los juzgados.
El documental de creación de Joan Porcel sigue al bailarín Lluís Garau en su exploración de los contactos vía internet, la danza contemporánea y la puesta en juego de la propia imagen
La carn es el título de un espectáculo de danza contemporánea del bailarín Lluís Garau, que se basa en sus experiencias en la aplicación Chatroulette, que conecta a desconocidos al azar a través del vídeollamada. Una exploración de sí mismo, su cuerpo… y las reacciones de los otros… que no será incruenta, y se cobrará un precio en su obra, su vida y su salud mental.
Joan Porcel adapta, ficciona o documenta, a veces no está claro, el espectáculo de Garau con el que comparte título su película. De estreno en ZonaZine, la sección más libre y experimental del Festival de Málaga, se trata de un filme en equilibrio entre el documental, la autoficción y la mezcla con otros artes, no siempre armoniosas en su salto al audiovisual, como pueda ser la danza contemporánea.
Thriller psicológico de mucho giro al que le habría sentado bien abrazar su tono de película de los 2000 y poner una cierta distancia con el material para ser más disfrutable
Estamos en el año 2007. Reversión sigue la vida de Mario, un joven de 27 años que se prepara unas oposiciones mientras lidia con algunos problemas de salud mental que le mantienen medicado. Una noche, tras mudarse con su familia a una casa nueva en la que empiezan a ocurrir cosas extrañas, su hermano es secuestrado. Diez días después, su hermano vuelve a casa sin recordar nada del secuestro y actuando de forma distinta. Mario empieza a sospechar que algo muy turbio está pasando.
Película capitaneada por AF Films, la productora de Frank Ariza que en 2025 ha protagonizado un gran crecimiento en la industria audiovisual española. El propio Ariza es guionista principal de Reversión, que es una versión española —un remake, vaya— de la coreana Forgotten (2017) y que ha dirigido Jacob Santana, profesional veterano que debuta ahora en el puesto de director.
Reversión es un thriller psicológico de los de varios giros y enganche a la trama. En cierta forma puede recordar al cine deOriol Paulo — sobre todo aEl cuerpo (2012)— pero le falta una línea más clara y menos cargada (sobre todo en un arranque que desbarata parte de su efecto) para que sus juegos de ingenio funcionen como divertimento. Aun así, su segunda parte gana en fluidez y tiene sus momentos inspirados de ambientación para que no se sufra.
Revertir a los 2000
Una de las cosas que llaman la atención de Reversión es que tiene corte de película de los 2000. Tiene sentido (la película se ambienta en el año 2007) y es evidente que han buscado apelar a ese estilo de la época. Se ve en el tratamiento de la imagen, valores de producción (arte, decorado, vestuario…) y en el tono de las interpretaciones.
Es una pena que la película no vaya más por allí, porque tiene cierto encanto esa forma de destacar, entre lo nostálgico y lo estereotipado, un cierto espíritu de la década. De hecho, le habría venido muy bien para establecer una cierta distancia con el material. Así, aceptando su condición de artefacto puro de guión y juego, la película habría sido mucho más disfrutable.
Reversión y otras tensiones del montón
Pese a que tenía un referente claro en la original, Reversión se complica la vida innecesariamente. El error principal es meter desde el inicio una dimensión de extrañeza, tensión y oscuridad. Eso ya anticipa demasiado lo que va a ocurrir en una película en la que todo va de sorprender con el argumento. Estamos en un plano muy incómodo desde el minuto 0, trufado además por momentos de terror inmediatos que lastran la progresión de la historia y el efecto del giro. En Forgotten (disponible en Netflix) esto estaba mucho mejor planteado: empezar desde una cierta luz, una normalidad cotidiana, para ir enrareciendo la trama. Si todo ya es raro, poco se puede enrarecer. Efecto perdido.
La segunda parte de la película mejora sustancialmente en uniformidad y solidez narrativa, con un objetivo y unos raíles claros. Así se llega a un clímax final bastante más entero, en el que la atención que le ha puesto Jacob Santana a la ambientación se nota un poco más en pantalla y deja un cierto poso que sí va a favor de la tragedia del personaje de un Jaime Lorente que, pese a que igual no siempre le sale la mejor secuencia, no se puede decir que no se esfuerce al máximo por conseguirla.
Por ir dejando la medicación: Reversión es un entretenimiento pasable y hasta con buenas secuencias (destaca la de la persecución en el mercado, que esa sí gana a la original), pero que podría haber sido mucho más disfrutable si hubiese abrazado de verdad su halo dosmilero y hasta de producto de casi serie B para el mercado hispanohablante. Pero sus malas decisiones tonales y de género (aquí el terror pinta poco) la lastran demasiado como para que sus inconsistencias evidentes sean mucho más habitables y perdonables.
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