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Críticas

Los sin nombre: Añadiendo capas a una historia conocida

Se aleja de la novela original y la película en lo posible, y, aunque no tiene nada que no hayamos visto por triplicado muchas veces, lo hace mucho mejor y respetando más al espectador que la mayoría
Crítica de la serie 'Los sin nombre' (Movistar Plus+)

Los sin nombre es la historia de Claudia, una mujer que perdió a su hija Ángela de forma horrible después de que esta supuestamente realizase un milagro ante las cámaras salvando a una desconocida en un accidente de tráfico. Años después, cuando ya ha rehecho su vida y esta embarazada de nuevo, recibe una llamada de una joven que parece ser su hija, ya adolescente. A partir de ahí inicia una investigación tan complicada como turbia, en la que recibirá la ayuda del policía que detuvo al secuestrador y presunto asesino de Ángela la primera vez, un hombre deprimido, retirado del servicio y cuyo pasado también oculta secretos.

Curioso reto, una nueva adaptación de la novela de Ramsey Campbell de 1981 más conocida en nuestro país por la ópera prima de Jaume Balagueró del mismo título de 1999. El reto no es pequeño en tanto, además, el terror ha funcionado regular tirando a mal en las series españolas más recientes, con ejemplos claros como Feria. La luz más oscura (2022), Alma (2022), Romancero (2023) o incluso la reciente, y más cercana a la ciencia ficción, en realidad, Punto Nemo (2025). En Movistar Plus+ tienen el precedente de Paraíso (2021-2022), artefacto derivativo del éxito de Stranger Things (2016- ) con un despliegue de medios espectacular pero pinchazo creativo importante.

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Los sin nombre, la serie, es una creación de Pol Cortecans (Mamen Mayo) y Pau Freixas, responsables de la divertida Todos mienten (2022- ), de la que se traen directamente a Miren Ibarguren como protagonista, con Rodrigo de la Serna como fichaje latinoamericano de turno y una cohorte de secundarios de lujo, dado el incremento del elenco de personajes obligatorio al cargarse seis episodios de más de 50 minutos de media, como Milena Smit, Susi Sánchez, Daniel Pérez Prada, Pablo Derqui o Elvira Mínguez. Su opción, por cierto, es esconder el terror envuelto en thriller, que es lo que tenemos comprobado que si que le gusta al respetable.

Los sin nombre tiene su propia personalidad

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En primer lugar, Los sin nombre se aleja tanto de la novela como de la película en lo posible, dentro de que las líneas maestras son las que son y tanto el punto de partida como la «solución» al problema son las mismas, más o menos. Solo que esta historia intenta que lo sobrenatural sea más «accidental», menos evidente, tan creíble para los personajes o el público como ellos decidan. Se puede ver como una historia de sectas destructivas en las que no se explica todo como debería o una conspiración entre mágica y religiosa. Cualquiera de las dos funciona, y ese equilibrio está muy bien logrado.

Otra cosa es que la explicación de «suspense», la versión de Los sin nombre que tenemos menos «vista», sea realmente interesante. Aunque luego tiene un giro del que hablaremos en seguida, el personaje del ex inspector Salazar es un topicazo con patas de policía traumatizado y alcohólico. Y la trama de la secta destructiva y el secuestro de niños, aunque es cierto que está en la novela y se adelanta a todas las modas posibles, la hemos visto cuatrocientos millones de veces, tirando por lo bajo. De hecho la mayoría de ejemplos españoles recientes que puse un par de párrafos más arriba van de eso, es algo entre el trauma compartido o el fetiche comercial (que los datos niegan).

Por otra parte, Cortecans y Freixas se atreven con un jugoso giro de trasfondo político —de esos que luego en las entrevistas niegan que tengan sus trabajos— al justificar plenamente la nacionalidad de De la Serna convirtiendo a su personaje en nada menos que un niño robado durante la dictadura cívico-militar de Argentina (y con un timing que encaja con el de la escritura y publicación de la novela original). Esa lectura, así como la que va más allá del deseo particular de tener hijos —muy presente en todas las subtramas— y habla de choque generacional y reproducción de los traumas, son cosecha propia de Los sin nombre en versión serie, y son bienvenidas.

Los sin nombre tiene su propia estética

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Aunque en realidad lo más destacable de la serie es su capacidad de crear atmósfera inquietantes sin más trucos que la puesta en escena y la banda sonora. No hay «sustitos» ni trampas con el espectador, y de hecho resultan terroríficas o «sobrenaturales» escenas que, con los hechos que se representan en la mano, no lo son. Dentro de que, como hemos dicho, realmente Los sin nombre no tiene nada que no hayamos visto muchas veces y por triplicado en los últimos años —más o menos los últimos 40—, lo hace muy bien, siendo consciente de todo y sin tomar al espectador por imbécil, lo cual se ha convertido en algo casi excepcional.

Luego a todo se le pueden poner pegas. Ibarguren está bastante mejor en las escenas contenidas que en las que el guión decide que su personaje se vuelva histérico, lo cuál tiene pinta de una cuestión de la propia historia o de dirección más que del desempeño de la actriz. También, como muchas de estas historias de suspense, se alarga sin necesidad para llegar a miniserie, cuando probablemente habrían bastado la mitad de los capítulos o habría encajado perfectamente como un largometraje un poco más largo de lo normal. Pero bueno, esto de la sobreactuación de las madres o los recovecos de la trama innecesarios es pecata minuta.

Cerrando el expediente, Los sin nombre es una serie de suspense muy competente, que crea muy bien el ambiente de misterio y amenaza pero manteniendo el equilibrio entre el thriller del que se disfraza y la historia de terror que realmente quiere contar. Una historia sobre secta, abducciones y paranoias burguesas que hemos visto más de una vez y más de dos, pero que es capaz de contar en algunos momentos como si fuese nueva y aportándole nuevos niveles de lectura que la actualizan.

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Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.