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Osos de Oro y Tops 10: el cine español gana terreno internacional

El triunfo en la Berlinale para ‘Alcarràs’ empezó un gran año en festivales y visibilidad fuera de España, una tendencia que también se extiende con la popularidad en streaming

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No se exagera nada si se dice que el 2022 está siendo un año histórico para el cine español fuera de España. A falta del último tercio del curso, tenemos premios y selecciones en festivales internacionales de primera línea, opciones a premios de academias internacionales… han pasado cosas que hacía mucho que no pasaban o que, directamente, nunca se habían dado. A esas estructuras tradicionales se añaden, de fondo y desde hace años, el protagonismo de las películas españolas en los nuevos modelos de consumo. Una combinación que, como mínimo, habría que tener en cuenta.

Cuando parecía que el cine globalizado del siglo XXI solo dejaba hueco para tres o cuatro nombres españoles en su selecto firmamento, una generación de cineastas menores de 50 años se está empeñando en abrir más la puerta de los círculos culturales de prestigio. A esto, un fenómeno nuevo o seminuevo, hay que añadirle la distribución global que ofrecen las plataformas de streaming, que están dando una visibilidad inédita a nuestras películas de vocación más comercial. La privilegiada posición del cine español en los catálogos lo coloca continuamente entre las cinematografías más vistas en otros países.

Festivales Clase A y Netflix

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El equipo de ‘Tenéis que venir a verla’ (Javier Lafunte, Vito Sanz y Jonás Trueba) celebran el Premio Especial del Jurado en el Festival de Karlovy Vary.

Lo más importante ha ocurrido en los festivales de cine, un termómetro con influencia real en Europa y Norteamérica. La lista: Oso de Oro en Berlín para una película española tras casi 40 años sin conseguirlo, una selección en la Sección Oficial de Cannes tras más de diez años sin lograrlo más allá de Almodóvar, dos premios en Karlovy Vary y hasta nueve producciones españolas en el Fantastic Fest, quizá el certamen fantástico más importante del mundo (con permiso de Sitges).

A estas noticias habría que añadir otras selecciones de películas españolas en algunos de los festivales ya citados u otras, más habituales, en certámenes como Venecia, Toronto, Sundance, Locarno o Rotterdam. A la espera aún de lo que pueda pasar en el palmarés de San Sebastián -que también tiene su peso a nivel internacional- o Mar del Plata -el único festival de cine de Clase A de América Latina-, se refrenda así la sensación de una presencia contundente de cine español en los grandes circuitos de reputación. La respaldan también cinco películas españolas en la preselección de los Premios del Cine Europeo (14% del total).

Pero la presencia del cine español a nivel internacional se puede extender más allá de la burbuja de los festivales. De hecho, se puede medir desde otro lado, el del consumo cultural de masas del 2022, el más alejado de la consideración cinéfila clásica o elitista: las plataformas de streaming. No hay semana que en Netflix, la plataforma por antonomasia y la única que ofrece sus propias mediciones semanales, no se encuentre una película española en su top 10 de más vistas en habla no inglesa, triunfando en varios países. El cine español -y las series- se hace notar. ¿Qué está pasando?

El nuevo cine español, en busca de aliados

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‘Alcarràs’, de Carla Simón

Desde hacía un tiempo, que ya casi se contaba en décadas, el cine español no tenía mucha presencia en el panorama internacional más granado. Apariciones puntuales de Isabel Coixet, Jaime Rosales o, últimamente y en segundo plano, Albert Serra y Oliver Laxe, se sumaban a la fija: Pedro Almodóvar, el rey del cine español internacional. El manchego era el único que mantenía una presencia consistente en primera línea de festivales como Cannes o Venecia. Las selecciones del resto, habituales en los años 80 y 90, se hicieron cada vez más esporádicas en los 2000.

Pero parece que la ‘almodependencia’, un caso especial por las propias características del cine y la carrera del cineasta, está empezando a quebrarse. El ejemplo de Alcarràs en Berlín es representativo para resumir las razones de este cambio de tendencia, tanto por la dimensión de su éxito como por las características del proyecto. Por un lado, sintetiza perfectamente la nueva ola de miradas en el cine español: está dirigida por una mujer joven (como otras con presencia internacional reciente como El agua, Cinco lobitos o Libertad) y cuenta una historia local desde una escala -en apariencia- más pequeña, alejada de los géneros clásicos.

El de la película de Carla Simón es, parodójicamente, un acercamiento muy de nuestra tierra que se puede insertar en algunas de las tendencias del cine de autor europeo contemporáneo: recursos y puesta en escena que busca borrar los límites y nociones entre ficción, no ficción y documental, actores no profesionales, drama familiar desde el naturalismo… son formas y conceptos audiovisuales que, con todas sus diferencias y particularidades, un espectador acostumbrado a ver cinematografías de otros países del mundo puede codificar y entender. Formas que en España entran y salen de los márgenes de la industria y que a escala europea/norteamericana encuentran más espacios de visibilidad.

Por otro lado, Alcarràs es una coproducción con Italia. El duro sistema de los laboratorios de desarrollo de guion, mercados de ventas y encuentros industriales (un sistema que intensifica algunos problemas endogámicos y «de clases» en el cine español) sí está fomentando la maduración del proyecto para que pueda encontrar socios que le den ese salto extra de recursos que necesitan los cineastas, y que en España muchas veces no se encuentran por sí solos. Como ya se ha señalado a lo largo del año por parte de directores y productores, películas en Cannes o Berlín como las de Simón, Albert Serra o Isaki Lacuesta tienen apoyo financiero de otros países. La coproducción amplía la apuesta económica y, además, amplifica su contacto con el exterior.

A la conquista del mercado hispanohablante

A través de mi ventana
‘A través de mi ventana’, de Marçal Forés

El otro gran escaparate para el cine español en términos de distribución global habían sido tradicionalmente las salas (donde también se pueden citar buenos resultados este año con los casos de As bestas en Francia o, en más países, de Tadeo Jones 3). Pero desde hace menos de 10 años hay que añadir la fuerza de las plataformas de streaming a la ecuación. Netflix, HBO Max, Amazon Prime VIdeo o Disney+ estrenan sus películas y series en más de 100 países de media, una distribución nunca vista para el cine español.

Aunque el sistema de mediciones de audiencia en las plataformas aún sea un debate abierto, la reciente publicación por parte de Netflix de los nuevos tops semanales de lo más visto (en horas vistas acumuladas) es una piedra de toque a tener en cuenta. Basta con ver el top 10 histórico de las películas de habla no inglesa para ver que el cine español destaca con hasta tres películas: El hoyo (2ª), A través de mi ventana (4ª) y Bajocero (6ª). Es la cinematografía con más presencia en esta selecta lista.

Pero si sigue con la clasificación semanal, los resultados del cine español también llaman la atención. Es muy habitual el encontrar alguna película española de estreno en la lista de lo más visto en todo el mundo. Últimamente, han sido éxitos del verano títulos tan distintos como Centauro, Malnazidos, Live is life o Código Emperador, como lo han sido otros con potencial comercial durante todo el curso. Es casi sistemático: Netflix compra sus derechos -o directamente son un original, con verdadera promoción- y acaban en ese top semanal mundial.

La principal explicación para que esto siga pasando es más cuantificable y objetiva que las anteriores: las producciones españolas recogen una gran aceptación en los países de habla hispana. El cine y las series españolas tienen una ventaja comparativa con respecto al resto de estrenos en plataformas porque pueden ser vistos con mucha facilidad desde Latinoamérica, donde se ven con interés o, al menos, se les da una oportunidad. Ya sea por una razón puramente linguística -o también cultural, me atrevería a decir-, es un acercamiento que otras cinematografías no tienen con su público potencial. Por eso Netflix sigue produciendo mucho aquí como punto estratégico y HBO Max, en su espantada general, no va a dejar de hacerlo.

Así es como, en esta combinación improbable de prestigio en las estructuras clásicas del circuito cinematográfico y éxito popular en las nuevas, el cine español está ganando un terreno en el panorama internacional del que habría que ser, quizá, más consciente en España. Es posible que la temporada de premios final desinfle luego la sensación de éxito del 2022, pero es indudable que los movimientos hacia fuera se están produciendo. Hay que decirlo desde dentro.

Imagen de portada: foto promocional de La piedad, de Eduardo Casanova – DyP Comunicación.

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