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Live is life: Cualquier tiempo pasado fue anterior

La película de nostalgia ochentera de Espinosa y De la Torre está bien contada pero no dejar de ser una fantasía adulta sobre la niñez ideal un poco tontorrona

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Live is life: la gran aventura nos traslada al verano del año 1985, cuando Rodri, como cada año, viaja con su familia desde Barcelona hasta el pueblo de sus abuelos en Galicia para pasar allí las vacaciones. Allí se reúne con su pandilla de amigos, con la que decide vivir una última aventura mientras se encuentran en esa fina frontera entre la niñez y la adultez: escaparse la noche de San Juan y buscar una flor mágica que crece en la montaña y que puede curar cualquier mal… incluido el cáncer que padece uno de ellos.

Sí, es una película del subgénero «niños en bicicleta en la época en la que el guionista/director tenía esa edad«, aunque en su defensa diremos que la pandemia y otras circunstancias han retrasado su estreno hasta ser adelantada por otros productos menores. Además los autores son Dani de la Torre, muy alejado de su registro de suspense habitual pero sin perder la grandilocuencia y la claridad en la narración, y Albert Espinosa, repitiendo lo que se mejor sabe hacer, se supone, que son variaciones sobre el tema de Pulseras rojas o Los espabilados.

Así, Live is life es una película que cumple más o menos lo que promete, de manera previsible pero bien resuelta. No puede librarse de cierto aire de fantasía proyectada de los adultos, que venden la niñez que les gustaría haber tenido, que no la real, como aspiracional para los chavales de ahora. Pero bueno, si se ignora eso y no molesta que en el minuto 10 uno ya se imagina el final y cómo se resuelven todas las subtramas, pues tira. Y las imágenes de La Ribeira Sacra en Galicia son espectaculares.

Niños en bicicleta en los 80

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Ese síndrome, el de la niñez idealizada por un autor ya talludito, es el que contempla uno en cada guión de Albert Espinosa, aunque aquí se libra de las altas cotas de cursilería o subtramas abandonadas porque sí de Los espabilados gracias a la dirección de De la Torre. Todos los tropos están ahí y son, tal cual, fantasías adolescentes: viven aventuras, rescatan a un bebé, redimen a un adulto, uno le pega a un quinqui y otro besa a una niña. Una chica que primero pasa de él en público pero luego lo va a buscar, cuya personalidad es ser «una chica» y que es ridiculizada porque sí.

El tono de Live is life quiere ser el del filtro del punto de vista preadolescente en el momento en que por primera se empiezan a percibir los problemas de los adultos. Se entiende así entonces que la persecución que abre la película, que debería ser menos épica y más torpe, se espectaculariza porque realmente en la cabeza del protagonista es así. Sin embargo, en ningún momento la narración nos advierte de que algo realmente «no esté pasando» y sea una película de los chavales. Tenemos que entender que le pegan al quinqui o ligan «en la vida real». Y eso, la verdad, es un poco ridículo.

Si por aquí hemos señalado que Élite -u otras- sean básicamente fantasías sexuales de señores de 40 sobre orgías entre adolescentes -interpretados por chavales de 20 y pico-, Live is life es el equivalente a un nivel más inofensivo. Además con el giro nostálgico cansino de creer que en los 80 «todo era mejor» -esto está más en las declaraciones De la Torre vendiendo la película que en el guión en sí-, que es irónico que los defienda una película con una secuencia como la del poblado de heroinómanos.

Live is life y las cosas de los mayores

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Así, viendo Live is life se produce la disonancia cognitiva que debe provocar ver cómo se matan mosquitos a cañonazos. El nivel de producción es altísimo, los escenarios naturales se retratan de forma preciosista, el hiperrealismo narrativo le saca petróleo a escenas que deberían ser más bien tontorronas… y sin embargo, la historia se mantiene en el equilibrio entre ser aburrida… y un poco estúpida. El MacGuffin de la flor mágica se pierde entre tanta peripecia y su supuesta función de último reducto de fantasía infantil se pierde con la solución final… y por el hecho de que todo realmente es una fantasía, solo que adolescente.

En fin, lo que decíamos al principio. Live is life: la gran aventura cumple lo que promete, otra cosa es que lo que promete sea interesante o que, a estas alturas, haya sido superado por el abuso de los tropos que aparecen aquí en otras películas o series. Productos, además, muy probablemente, técnica y formalmente inferiores a esta película, pero que consiguen sortear mejor todos los topicazos nostálgicos y de fantasía proyectada en los que esta se revuelve y que la convierten en una historia que, en algún momento, roza la vergüenza ajena.

Imágenes: Live is life

1 Comentario. Dejar nuevo

  • Míriam A.
    08/06/2022 07:09

    De la Torre debería dedicarse a hacer documentales para la siesta, aburre.

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