TVE está en plena reestructuración de la ficción de sus tardes. Si hace apenas una semana Dos vidas tomaba el relevo de Mercado Central en la primera franja del horario de sus series diarias, estos días se anunciaba la cancelación de la más veterana de sus series en este formato, Acacias 38, que dejará de emitirse tras casi seis años antes de que llegue el próximo mes de marzo.
Una decisión que ha pillado al público por sorpresa y que supone que en poco menos de tres meses las tardes de TVE 1 cambian completamente, desapareciendo dos de sus seriales diarios. Solo sobrevive Servir y proteger, que en audiencias es la que mejor ha funcionado a lo largo de 2020 y que ha renovado elenco y tramas con la llegada del nuevo año.
Acacias 38 no llegará a cumplir los seis años en emisión, que habría alcanzado el próximo 15 de abril, y parece que tampoco los 1500 capítulos, aunque se quedará bastante cerca. Esta última temporada, ambientada en 1920, parece poner fin a la historia que arrancase en 1899, haciendo un repaso en clave de telenovela de la España de Alfonso XIII y quedándose sin retratar la dictadura de Primo de Rivera, que ya han tratado otras ficciones recientes.
La serie de Boomerang TV nació en 2015 como una respuesta de TVE al éxito que en ese momento ya cosechaba Amar es para siempre en Antena 3, secuela de Amar en tiempos revueltos: un serial diario con enfoque de telenovela y ambientado en la historia del siglo XX. Aunque nunca alcanzó las cotas de éxito de la anterior, se convirtió en una pieza relevante de la programación de la pública.
No ha trascendido si RTVE ya tiene relevo para Acacias 38 en forma de nueva ficción diario, de la misma manera que Dos vidas ha sustituido a Mercado Central. Por su parte Boomerang TV mantiene su estrecha colaboración con la pública, que ha dado grandes éxitos recientes tanto de crítica como de público, del tipo de La otra mirada o Inés del alma mía.
Acacias 38, un éxito internacional
La serie de Boomerang TV se emite a través del canal internacional de TVE y en cadenas nacionales de Argentina y Chile. Canale 5 también ha retransmitido Acacias 38 en Italia y Netflix compró los derechos de la producción de Oriente Medio Eugénie Nights, basada en la española.
Según sus creadores (Susana López Rubio, Aurora Guerra, Miquel Peidró y Josep Cister) la novela bebe de dramas internacionales como Criadas y Señoras, Downton Abbey o Arriba y Abajo. Otro de sus referentes se encuentra en la literatura española de aquella época: textos de Benito Pérez Galdós, Emilia Pardo Bazán o Vicente Blasco Ibáñez.
Durante el confinamiento de la primavera de 2020, Acacias 38 detuvo sus rodajes y TVE decidió emitir medio capítulo diario para no detener en ningún momento la serie. A partir de junio se retomó el formato anterior al poder poco a poco reiniciarse los rodajes. La decisión de saltar a 1920 y utilizar los atentados anarquistas de la época fue una forma de reflejar en la ficción el duelo actual por la pandemia.
La isla de las mentiras ha triunfado en los Blogos de Oro 2021 con tres premios, que incluyen Mejor Película y los de mejores interpretaciones de reparto para sus intérpretes. La película de Paula Cons confirma los pronósticos tras ser la más nominada, aunque no pudo llevarse los premios de Dirección y Guión. En este último la sorpresa, aunque ya no tanto, fue el galardón para Nuria Giménez Lorang por My Mexican Bretzel.
Los premios del cine independiente confirman las tendencias de otras entregas de premios reconociendo la dirección de Pilar Palomero en Las niñas -que hoy también pescó en los Premios del Cine Andaluz y sigue su racha triunfal– y a Patricia López Arnaiz por su papel en Ane -que ya ganó los Forqué y los Días de Cine-.
Los Blogos de Oro 2021 se han celebrado, como es tradición, online y a través del HT #BlogosDeOro en Twitter. Introducidos por la actriz Ane Gabarain a través de vídeo y entregados de manera virtual, han sido una de las entregas de premios más seguras en cuanto a la pandemia en lo que llevamos de temporada.
Entre los ganadores de estos Blogos de Oro 2021 destaca el premio a Mejor Banda Sonora Original para Bingen Mendizábal y Koldo Uriarte por Baby, que ya recibieron el mismo galardón en el Festival de Sitges. También recibió el Premio Fila EFE de Honor el productor Enrique Lavigne.
Ganadores de los Blogos de Oro 2021
Javier Botet, ganador del premio al Mejor Actor por ‘Amigo’.
Mejor Película
La isla de las mentiras
Ane
My Mexican Bretzel
Planeta 5000
Baby
The Mystery of the Pink Flamingo
Hil Kanpaiak (Campanadas a muerto)
Pullman
Mejor Cortometraje Estrella
Colada de Ibon Hernando
Homeless Home de Alberto Vázquez
Navras de Marco Huertas
Roberto de Carmen Córdoba González
Sergi & Irina de Miquel Verd y Àlex Tejedor
Tres veces de Paco Ruiz
Mejor Dirección
Juanma Bajo Ulloa por Baby
Toni Bestard por Pullman
Paula Cons por La isla de las mentiras
Óscar Martín por Amigo
Pilar Palomero por Las niñas
Mejor Guion
Toni Bestard y Arturo Ruiz Serrano por Pullman
Paula Cons por La isla de las mentiras
Nuria Giménez Lorang por My Mexican Bretzel
Marina Parés y David P. Sañudo por Ane
Javier Polo Gandía y Sixto Xavier García por The Mystery of the Pink Flamingo
Mejor Actor principal
Javier Botet por Amigo
Daniel Faraldo por La mujer ilegal
Darío Grandinetti por La isla de las mentiras
Eneko Sagardoy por Hil Kanpaiak (Campanadas a muerto)
Niko Verona por Estándar
Mejor Actriz principal
Amaia Aberasturi por Akelarre
Nerea Barros por La isla de las mentiras
Tábata Cerezo por La Desvida
Patricia López Arnaiz por Ane
Kimberley Tell por Planeta 5000
Mejor Actor de reparto
Críspulo Cabezas por Planeta 5000
Yon González por Hil Kanpaiak (Campanadas a muerto)
Manuel Maestro por Coses a fer abans de morir
Joan Carles Suau por Un nuevo comienzo
Milo Taboada por Las isla de las mentiras
Mejor Actriz de reparto
Cristina Fernández Pintado por Coses a fer abans de morir
Jone Laspiur por Ane
Beatriz Olivares por Planeta 5000
Victoria Teijeiro por La isla de las mentiras
Garazi Urkola por Akelarre
Mejor Banda Sonora original
Maite Arroitajauregi y Aránzazu Calleja por Akelarre
Los Premios del Cine Andaluz 2021 entregados por la Asociación de Escritoras y Escritores de Cine de Andalucía (ASECAN) han coronado este año al documental Antonio Machado. Los días azules, de Laura Hojman -ganadora de Mejor Dirección y Mejor Guión, entre otros- y la comedia El inconveniente, de Bernabé Rico -ganadora del Mejor Largometraje Andaluz y Mejor Actriz para Kiti Mánver-.
La cinta de Hojman fue la más premiada, con seis galardones, tres de ellos para la propia cineasta. El inconveniente y La lista de los deseos, con tres premios, la siguen en la clasificación. Voces recibió el de Mejor Dirección Novel para Ángel Gómez y Las niñas recogió Mejor Película de Producción no andaluza y Mejor Actriz de Reparto para Natalia de Molina.
Fue una gala marcada por el coronavirus, celebrada en el Teatro Lope de Vega de Sevilla a un tercio del aforo y con muchas intervenciones por vídeo. En los discursos de recogida primaron los mensajes sociales, defendiendo la Sanidad Pública o la independencia de Canal Sur -que recibió el Premio Industria al apoyo a la distribución del cine en Andalucía y los agradecimientos de los ganadores Olmo Figueredo y Ángel Gómez, entre otros-.
También fue una gala de marcado tono feminista, en el que se destacó el papel de las mujeres en el cine -por parte Hojman y Mánver, pero también de Eloína Marcos, Mejor Actriz Revelación por Mi gran despedida- o, en el caso de la ganadora del premio a Mejor Libro de Cine y/o Audiovisual, Ana de Haro, de la maternidad y la conciliación.
En estos Premios del Cine Andaluz 2021 destaca que el premio a Otros Formatos haya sido compartido entre la serie documental El estado contra Pablo Ibar, de Olmo Figueredo, y el videoclip Fandangô de Carmen Porter, de Nono Ayuso para Califato 3/4. El producto almeriense, Kiko Medina, recibió a título póstumo la Medalla de Honor del Cine Andaluz.
Ganadores de los Premios del Cine Andaluz 2021
Mejor Largometraje andaluz
El inconveniente
El viaje más largo
La lista de los deseos
Palabras para un fin del mundo
Para toda la muerte
Voces
Mejor Dirección
Laura Hojman por Antonio Machado. Los días azules
Manuel H. Martín por El viaje más largo
Gonzalo García Pelayo y Pedro G. Romero por Nueve Sevillas
Manuel Menchón por Palabras para un fin del mundo
Alfonso Sánchez por Para toda la muerte
Mejor Dirección Novel
Pablo Lavado por Al óleo
Bernabé Rico por El inconveniente
Pablo Macías por La vida perra
Carmen Tamayo por Mujereando. El quejío de una diosa
Ángel Gómez por Voces
Mejor Guión
Marina Parés Pulido y David Pérez Sañudo por Ane
Laura Hojman por Antonio Machado. Los días azules
Bernabé Rico y Juan Carlos Rubio por El inconveniente
Manuel H. Martín y Antonio Fernández Torres por El viaje más largo
Manuel Menchón por Palabras para un fin del mundo
Mejor Interpretación femenina protagonista
Kiti Mánver por El inconveniente
Ingrid García Jonson por Explota Explota
María León por La lista de los deseos
Belén Cuesta por Sentimental
Mejor Interpretación masculina protagonista
Antonio de la Torre por El plan
Chema del Barco por El plan
Fernando Guallar por Explota Explota
Alberto López por Para toda la muerte
Mejor Interpretación femenina revelación
Sarah Benavente por Al óleo
Gema Abad por Llega la noche
Eloína Marcos por Mi gran despedida
Olalla Comesaña por Ojalá mañana
Mejor Interpretación masculina revelación
Jesús Moya por Al óleo
José Pastor por Al óleo
Ignacio Nacho por La mancha negra
José Luis Bustillo por Llega la noche
Mejor Interpretación femenina de reparto
Noemí Ruiz por La mancha negra
Natalia de Molina por Las niñas
Carolina Herrera por Mi gran despedida
Rocío Marín por Mi gran despedida
Mejor Interpretación masculina de reparto
Fernando Tejero por Explota Explota
Pedro Casablanc por Explota Explota
Juanma Lara por La mancha negra
Álex O’Dogherty por Salir del ropero
Mejor Fotografía
Jesús Perujo por Antonio Machado. Los días azules
Alejandro Espadero por El plan
Pablo Macías por La vida perra
José Val Bal por Un perro ladrando a la luna
Mejor Montaje
Laura Hojman y Guillermo Rojas por Antonio Machado. Los días azules
Ana Álvarez Ossorio por El viaje más largo
Fátima de los Santos por Fernando Torres: el último símbolo
Daniel Cervantes por Paco Loco: Viva el noise
José Manuel Jiménez por Un mundo normal
Mejor Música Original
Pablo Cervantes por Antonio Machado. Los días azules
Julio de la Rosa por La lista de los deseos
Soledad Villalba por La vida perra
Pablo Trujillo por Mujereando. El quejío de una diosa
Paloma Peñarrubia por Sangre
Mejor Canción Original
“Al óleo”, de Jesús Moya y José Pastor para Al óleo
“Una barca y la marea”, de Juan Sánchez para El camino
“Poeta maldito”, de Las Janes para La Alameda 2018
“La vida viene y va”, de María del Mar Rodríguez Carnero, LaMari, para La lista de los deseos
“Nana de la negra noche”, de Jesús Calderón y Zenobia Fernández para La mancha negra
Mejor Sonido
José Carlos de la Isla y Jorge Marín por Antonio Machado. Los días azules
Jorge Marín y Álvaro Silva Wuth por El inconveniente
Marta Sánchez y Willy Sánchez de Cos por Paco Loco: Viva el noise
José Tomé y Jorge Marín por Palabras para un fin del mundo
Juan Cantón, Eric Arajol y Agost Alustiza por Para toda la muerte
Mejor Vestuario
Esther Vaquero por El inconveniente
Carlos Saponi por La lista de los deseos
Consuelo Justo Bahamonde por Para toda la muerte
Esther Vaquero por Voces
Mejor Dirección Artística
Carlota Begines por Cachita. La esclavitud borrada
Enrique Mellado por El plan
Lala Obrero por La lista de los deseos
Ana Muñoz de Terry e Itziar Sagasti por Palabras para un fin del mundo
Ana Medina por Para toda la muerte
Mejor Maquillaje y Peluquería
Rafael Mora y María Liaño por El inconveniente
Anabel Beato y Rafael Mora por La lista de los deseos
Sonia Gil por Para toda la muerte
Carmela Martín, Charo Romero y Gloria Pinar por Voces
Mejor Dirección de Producción
Araceli Carrero Rimada por Antonio Machado. Los días azules
Carolina Castellanos por Cachita. La esclavitud borrada
Sara Gómez y Jone Landaluze por El viaje más largo
Manolo Limón por La lista de los deseos
María Cancio por Para toda la muerte
Mejores Efectos Especiales
Juanma Nogales y Borja A. Ortiz por Every 75 minutes
Julia Mateo y Eliot Eden por La mancha negra
Israel Millán por Para toda la muerte
Mejor Película de No Ficción
Antonio Machado. Los días azules, de Laura Hojman
Cachita. La esclavitud borrada, de Álvaro Begines
La vida perra, de Pablo Macías
Mujereando. El quejío de la diosa, de Carmen Tamayo
Nueve Sevillas, de Gonzalo García Pelayo y Pedro G. Romero
Mejor Cortometraje de No Ficción
Entre el monte y la marisma, de Niete
Paraíso, de Mateo Cabeza
La cicatriz, de Juan Francisco Viruega
Silencio sísmico, de Sándor M. Salas
Una revuelta sin imágenes, de Pilar Monsell
Mejor Cortometraje de Ficción
Acto reflejo, de Alfonso Díaz
Inocencia, de Paco Sepúlveda
Intermedio, de Bernabé Rico
Of Hearts and Castles, Rubén Navarro
Por donde pasa el silencio, de Sandra Romero
Mejor Cortometraje de Animación
Las niñas terribles, David Orellana
Roberto, Carmen Córdoba González
Señales de realidad, de Concha Alonso Valdivieso
Veggie Western, de José Carlos Jiménez
Yo, de Begoña Arostegui
Mejor Labor Informativa
Butaca y butacón
Listos para rodar
Sesión discontinua
Mejor Labor de Difusión del Cine en Andalucía
Festival Internacional de Cine Bajo la Luna de Isla Antilla
Premio Industria
Canal Sur Radio y Televisión
Premio ASECAN de Honor
Diputación de Jaén
Mejor Libro de Cine y/o Audiovisual
101 películas españolas para entender nuestro presente, de Alejandro López Menacho
Baños de mar y celuloide: historia del cinematógrafo en Sanlúcar de Barrameda, de Juan Carlos Palma
El cine de Alberto Rodríguez. Conversaciones, de Manuel Lamarca
Más allá de Orión. Las claves del universo Blade Runner, de Ana de Haro
Nuevo Cine Andaluz, de Manuel Blanco Pérez
Rompiendo el código. Personajes y sexualidades latentes en el Hollywood clásico, de Valeriano Durán Manso (coordinador)
Juan López no lo sabe, pero en realidad es un extraterrestre llegado en un cohete cuando era bebé del lejano planeta Chitón. Su vida de oficinista en Barcelona se complicará cuando empiece a descubrir que no solo tiene poderes sobrehumanos, sino que una misteriosa desconocida con la que comparte orígenes quiere acabar con él. Será así como dejará de ser López y se convierta en… Superlópez.
La adaptación del mítico cómic de Bruguera, que el maestro Jan sigue alimentando a sus 81 años con nuevas entregas, es una comedia amable y familiar que cuenta con un equipo habitual para estos menesteres en el cine español aunque rebajado con agua. La cinta de Ruiz Caldera cumple con su función de parodiar las actuales películas de superhéroes y resultar divertida y entretenida mucho mejor de lo que traslada al cine a su referente en viñetas, que hace décadas que superó esa etapa.
Dani Rovira está correcto en su personaje por defecto, al igual que Alexandra Jiménez y Julián López. El elenco, acompañado de una Maribel Verdú que parece a punto de romper en carcajadas a cada diálogo de su supervillana, está rebajado un dial en su capacidad para el humor negro, como los guionistas Cobeaga&San José. La película, que apenas cumplirá este 2021 tres años, envejece ahora bien como entretenimiento para esas tardes de fin de semana pero que puede ser superada por los nuevos creadores del cine español en cualquier momento.
Superlópez como adaptación
Superlópez, el personaje de tebeo, nació como una parodia directa de Superman en tiras diarias allá por los 70, poco antes del estreno de Superman, la película. En los primeros álbumes Jan contaba con la ayuda a los guiones de Efepé, con el que cocreó El Supergrupo, batiburrillo de parodias de personajes Marvel y DC, mucho menos populares entre el gran público que en la actualidad, que incluía, por ejemplo, al Capitán Hispania o El Latas.
Cuando en los 80 primero se separaron los caminos de Efepé y Jan, quedando este último como autor completo, y más tarde Bruguera dejó paso a Ediciones B -desde 2017 propiedad de Penguin Random House-, las temáticas de la serie fueron variando. Desde pasar por una etapa de experimentación narrativa hasta otra de cuidado en la documentación y ambientaciones internacionales al estilo del cómic europeo clásico hasta otra de temas sociales que se ha mantenido hasta la actualidad y que han pasado por la desindustrialización, el colonialismo, el tráfico de drogas o el tráfico de armas, siempre dirigiéndose a un público adolescente. Hoy, de hecho, Superlópez luce canas en las sienes y su relación Luisa Lanas es más de pareja madura que tópico regañón heredado del landismo.
A lo largo de los años se han rumoreado muchos proyectos de adaptación de la obra de Jan, sobre todo a raíz del éxito de las películas de Mortadelo de Javier Fesser. Santi Rodríguez, Imanol Arias y hasta José Mota fueron rumoreados para el papel y Álex de la Iglesia sonaba como el elegido del fandom para ejecutar la magna tarea. Todo quedó en nada y lo que de verdad consiguió llevar a Superlópez a la gran pantalla no fue el auge del cómic español, sino del cine de superhéroes, y cuando la marca ya era propiedad de una multinacional.
Así que al final la película se parece más a aquella intención original que a lo que realmente han sido los tebeos desde hace más de 30 años. Solo que no parodia los tópicos sobre superhéroes clásicos de los 70, sino los actuales.Superlópez se estrenó entre las dos últimas entregas de Vengadores, el momento de mayor supremacía del ‘estilo Marvel’ cinematográfico, y su estructura, personajes y situaciones responden a ello. Tono amable, reparto popular -a más caché o galones, villana o mentores del héroe-, sencillez formal y temática desideologizada.
Frente al Juan López activista y maduro de los tebeos, Rovira encarna a un héroe quizás igual de torpe pero mucho más fuera de su contexto. Barcelona o el Masnou son simples estampas que «españolizan» -o catalanizan, preferiría Jan- tópicos superheroicos, pero podrían ser lo mismo cualquier otro lugar. Los villanos son aliens malvados que quieren conquistar el mundo, no especuladores inmobilarios, políticos corruptos o traficantes de armas como en las entregas más recientes del tebeo. Está bien, es divertido, tiene gracia verlo en pantalla. Pero es eso.
Superlópez como superhéroe
Quizás ahí flaquea más, ya que al parodiar las actuales películas de superhéroes por defecto, esto es, el estilo Marvel, acaba pecando de la misma previsibilidad formulaica, de la misma ausencia de personalidad, que se les achaca a estas últimas. Como decíamos más arriba, el reparto está correcto y ya, el guión es divertido y ya… Ruiz Caldera, nuestro especialista patrio en hacer «películas como las de los americanos» ejecuta una realización funcional que sirve para lo que sirve.
Los chistes de Superlópez no arriesgan. Al igual que su prima-hermana, Anacleto: Agente secreto, da el relevo de la comedia española reciente del ‘macho ibérico’ al ‘niño grande’ en que se especializan a veces Rovira o Quim Gutiérrez. Juan López aquí no es un españolito bruto y gruñón pero buenazo que parece un guardia civil con capa –pese a la paradoja de que Jan sea nacionalista catalán convencido-, sino un millennial un poco perdido en la vida, más Peter Pan que el Ted Mosby de Cómo conocí a vuestra madre, que acaba madurando al establecerse con la chica adecuada. No sé si esto es una mejora.
El problema para el envejecimiento de Superlópez, en realidad, son títulos como El vecino u Orígenes secretos. Es decir, que historias españolas de superhéroes que, sin abandonar la parodia en cierta medida, han evolucionado en la dirección de los tebeos de Jan u otros referentes similares volviendo sus tramas más complejas y mezclando la comedia con la acción o el costumbrismo de manera más efectiva.
De hecho la serie de Miguel Esteban y Raúl Navarro recoge mucho mejor el espíritu de crítica social que Jan lleva imprimiendo a las historias de Superlópez desde los 80 y lo adapta al gusto televisivo del siglo XXI. Y la película de David Galán Galindo, que quiere mimetizarse más a la Marvel del cómic que a las de las películas, es capaz de realizar de manera mucho más efectiva el camino desde la parodia del género hasta la personalidad propia. Ambas, además, superan o se burlan de los tropos de comedia romántica ya algo más que desfasados de esta Superlópez de Ruiz Caldera.
Está por ver si la película cumple algún día su amenaza: una secuela basada en el mítico álbum El señor de los chupetes con el mismísimo Berto Romero como supervillano. Podríamos comprobar entonces si se cumple la ley de las trilogías de superhéroes, esa que dice que la segunda parte es siempre mejor que la primera.
En Los espabilados cuatro menores internados en un centro psiquiátrico en Menorca deciden escaparse hartos de la medicación, las normas y que sus problemas sean ignorados. Deciden atravesar Europa para reunirse con el hermano mayor de uno de ellos mientras un detective con el que tienen más en común de lo que piensan les sigue la pista.
Albert Espinosa repite el esquema básico de Pulseras rojas en esta miniserie, acercándose a la enfermedad mental en menores desde la ternura y el optimismo, aunque no le ahorre al espectadores pasajes más o menos tensos o de cierto drama. El realismo mágico y la moraleja con retórica de autoyuda tan del gusto del autor marcan el tono, pero en principio no molestan. Es más facíl entrar si se tiene costumbre con el estilo de Espinosa, claro, porque todos sus tics están aquí, sin faltar ni uno.
La corta duración de los capítulos juega a su favor y se entiende la decisión de Movistar+ de estrenarlos por tandas (tres la primera semana, dos y dos las siguientes) porque se beben con facilidad. Es una serie que deja buen sabor de boca si se está dispuesto a aceptar las normas que le gustan a Espinosa, donde el realismo puede ser suspendido a conveniencia de las necesidades del guión o de la moraleja final.
Crítica de Los espabilados con spoilers
Al comienzo de la serie se inicia la cuenta un reloj que cuenta las horas de fuga de los protagonistas. Más que plantearse la intriga de si conseguirán escapar, que se deja bastante claro que es imposible, se trata de ver si baten el récord del anterior huido del sanatorio mental, que está en 68 horas. La escapada del grupo de los espabilados es tan física como metafórica y vital, y se subraya cuando se explica el conflicto del personaje de Miki Esparbé, secundario pero vital para la trama.
Los espabilados está escrita para adolescentes y toma la decisión arriesgada pero consciente de usar actores infantiles en los papeles principales. Lo cierto es que todos ellos están más correctos en unas escenas que en otras, sobre todo porque en algunas el guión se lo pone difícil. La serie se permite el lujo de tener al mencionado Esparbé de comparsa y a Alex Brendemühl y Marta Torné en papeles tan puntuales que son casi cameos, pero cada uno da credibilidad a su personaje a su manera.
Y estoy usando el masculino genérico todo el rato, sin circunloquios inclusivo o algún femenino, porque el primer tic de Espinosa que se adivina nada más ver el cartel de la serie es el síndrome de la pitufina. De los cinco menores que nos presenta la serie solo uno es una chica, su patología es una paralela pero no equivalente a la del resto que la hace más resuelta pero más vulnerable a la vez y, por si lo dudaban, al menos dos de sus compañeros están enamorados de ella nada en secreto. Que tampoco es que sea denunciable ni lo peor de la serie, simplemente son cosas que ya se han quedado antiguas.
Contra la misma idea de la enfermedad mental
La intención última de la serie es loable, por supuesto, ya que denuncia las prácticas inadecuadas de tratamiento de la enfermedad mental, especialmente la infantil. De hecho, se podría decir que incluso la niega, ya que cuando uno llega al último capítulo puede permitirse dudar de que ninguno de los niños tenga realmente un trastorno que precise de internamiento, y mucho menos de la fuerte medicación que se nos deja claro que les administran.
Por el camino se cuestiona también el concepto mismo de discapacidad y se expone con meridiana claridad la idea de la indefensión aprendida, ese proceso por el cuál a determinadas personas o colectivos se las acaba privando de autonomía cuando se dice estar protegiéndolas. Como artefacto educativo en ese sentido a Los espabilados no se le puede poner ni un reproche.
Luego está la cuestión del «ángel bueno». A Espinosa le encantan esta clase de juegos, en los que realmente casi nada de lo que hace el personaje necesita ser explicado de manera sobrenatural y lo que sí puede ser perfectamente una broma o fantasía compartida de los niños. Desde luego si hubiese que interpretarlo literal, volaría por los aires la credibilidad y el tono del conjunto.
En resumen, es una serie familiar que disfrutarán más los adolescentes o quienes tengan una sensibilidad más agudizada respecto a las cuestiones que plantea. Hace falta comprar el estilo particular de Espinosa y cierta tolerancia con la retórica de autoayuda, pero el conjunto es una serie que cumple con lo que promete y con unos objetivos más que loables que siempre es bueno que tengan los productos de ficción.
Bajocero ha llegado, como otras películas españolas del curso, por streaming y con la pandemia bajo el brazo. Intentó el estreno en salas, previsto para octubre, pero el avance de la segunda ola obligó a cambiar de planes a DeAPlaneta. Netflix, implicada en la producción, hizo pesar sus razones. Estas crueldades víricas del destino han terminado por venirle genial a la historia de temperaturas mínimas de la película, que se estrena ahora en pleno invierno y después de una borrasca histórica.
Además de tener a favor estos cálculos temporales de Netflix -el contexto apocalíptico siempre ayuda al gigante del streaming -, resulta que este thriller de acción también puede tener buen recorrido en su catálogo por méritos propios. Bajocero se introduce bien en este frío ambiente y ofrece una trama de venganza arquetípica pero sólida en su ambigüedad moral. Sin demasiados riesgos, se explotan todos sus puntos fuertes y se maquillan lo suficiente los más flojos. Pese a algún bajón en su parte central, la solidez de su reparto y sus secuencias más tensas mantienen el interés hasta su buen final.
A partir de aquí, spoilers filoménicos de la película.
Hijos de de una década de thriller
Un traslado de presos en furgón blindado se complica por el asalto de un misterioso hombre que busca resolver cuentas pendientes con uno de los pasajeros. Más allá del prólogo/epílogo y unas secuencias iniciales de presentación de personajes, todo pasa en una misma noche -y parte de la mañana siguiente-. Esta historia en semidirecto le sienta bien a la película, que aprovecha los recursos al máximo tanto de su ambiente nocturno y frío como de la rápida escalada de tensión en el transporte.
A esto se le adhiere el punto a favor más llamativo de Bajocero: su gran despliegue técnico y artístico. La película tiene un buen diseño de producción, una coreografía de movimientos de cámara precisa, un montaje adaptado a sus necesidades, una fotografía con distintos retos de color (negros, azules, naranjas y blancos) bien resueltos y alguna secuencia de acción -sobre todo el hundimiento del furgón en el lago- que la ponen por encima de sus películas hermanas. No es solo que haya dinero, es que el dinero se ha invertido bien.
Esta película es hija de una década de exploración del thriller como el género comercial adulto por excelencia en el cine español. Se ha llegado a un perfeccionamiento, un conocimiento en los distintos departamentos y una inversión decidida por ellos que se puede llegar a estas cotas. La productora, Morena Films – clave en el thriller español junto a Vaca Films- ha acumulado una experiencia que no ha parado de crecer en el género desde Celda 211. Esto, sumado a la evidente pericia y atrevimiento de Lluís Quílez (que ya venía demostrando en sus cortos e incluso en el flojo encargo Out of the dark) para coordinarlo todo, ha dado por resultado este pulido filme.
Los vengadores
Bajocero se adscribe sin complejos al masculinizado subgénero del thriller de acción y venganza, aunque con la particularidad del que no se entiende ni se percibe casi nada desde el punto de vista del vengador en cuestión, sino el de un externo guardián de la ética. A diferencia de obras como Tu hijo (2018), su referente más cercano, hay poca voluntad de ponerse en la piel o los pensamientos de su protagonista, que es, hasta su tramo final, un personaje al que se le niega una posibilidad empática al no desvelarse sus motivaciones hasta casi el final.
Nada de Liam Neeson: el punto de vista principal es el de un correcto policía (Javier Gutiérrez), fiel a las normas. Ajeno a todo el conflicto interno entre los personajes de la película, a él le cae el papel de juez de la rectitud moral, al que se le opone al principio otro policía -un Isak Férriz que parece abonado al papel del policía moralmente cuestionable– y finalmente el propio vengador (Karra Elejalde). La bien lanzada baza de la película es que al final se le presenta una gran contradicción a nuestro buen protagonista (la confianza sistémica en la justicia vs. el sufrimiento de un padre) que tiene que resolver.
La película luce una buena colección de personajes, a la que se le suma un reparto que eleva un punto más el material que tiene entre manos. Bajocero, además, tiene paciencia y le da segundos y diálogos a un nutrido grupo de personajes secundarios. Aunque esbozados rápido y demasiado dirigidos a cubrir ciertos perfiles de «delincuente», el efecto de wild bunch, las réplicas rápidas o los insultos funcionan bien en la explotada dinámica de desconfianzas y lealtades.
Despuntan en la coralidad entre los presos los personajes de Luis Callejo y Patrick Criado, a los que solo falta sumarles a Javier Gutiérrez y Karra Elejalde para que la jugada interpretativa esté hecha. Los dos actores más conocidos cumplen cada uno por su lado (buena elección la de esconder a Elejalde durante el primer tramo), pero sobre todo crecen en las secuencias compartidas entre ambos en ese western de pueblo que se convierte en el revelador final en alto de la película. El duelo es importante, y funciona.
Las convenciones comerciales y su condescendiente forma de tratar al público no se notan demasiado, pero también están ahí. Son especialmente flojas las maquinaciones para ir explicando el drama personal del personaje de Karra Elejalde en su búsqueda del Nano. La secuencia de las fotos y el periódico en el coche y alguna conversación explicativa en el furgón son ese tipo de concesiones innecesarias que todavía arrastra el cine comercial español, miedoso de perder espectadores por el camino. Más confianza en los que están al otro lado.
Una fase inicial correcta, una central lastrada por estos movimientos explicativos, y un último tramo explosivo y de enfrentamiento hacen de Bajocero un thriller más que competente, con algunos alicientes que la ponen por encima de otras películas españolas de la cuerda en Netflix -pero más psicológicas- como El practicante o Hogar. El thriller sigue marcando muchos ritmos en la industria y es bueno que esta apuesta de luego resultados cada vez más depurados. Perfecta para impactar en Netflix.
José Manuel Jiménez(1977, Granada) compite este sábado por el galardón al Mejor Montaje en los Premios del Cine Andaluz por su trabajo en Un mundo normal, de Achero Mañas, una de esas películas a las que la pandemia ha maltratado y que ahora recuperan atención gracias a nominaciones como la suya -también compite en Mejor Película sin producción andaluza- o la de Ernesto Alterio a Mejor Actor en los Goya.
«Es una película que ha funcionado bien en el boca oreja, pero es muy difícil saber cómo le habría ido en otras circunstancias», nos comenta. «Es una pena que las que han tenido el valor de estrenarse en salas no hayan tenido mejor suerte, pero Achero Mañas ha dirigido una gran película y esperamos que Ernesto pueda ganar ese Goya y eso sirva para que tenga una segunda vida y la gente la pueda conocer».
Jiménez acumula ya una dilatada carrera en la que ha trabajado en todo tipo de producciones. Montó Buñuel en el laberinto de las tortugas, ha trabajado en películas como Gernika o A pesar de todo y en series como Caminantes o Las chicas del cable, además de en publicidad. Granadino afincado en Madrid, nos atiende por teléfono para hablar de su labor junto a Mañas, de los secretos del montaje y del teletrabajo en tiempos de pandemia.
¿Qué crees que influye a la hora de nominar en los premios de montaje?
La verdad es que no te sabría decir. Creo que es un misterio. Al final los premios son importantes, pero no dejan de ser premios. Sea como fuere es una suerte estar nominado y que ayude a darle visibilidad a la película.
¿Cuántas veces le atribuimos a la dirección lo que ha sido trabajo de las personas que están en montaje?
Voy a darle una pequeña vuelta a tu pregunta. No es un tema de atribuir. Lo que sí que creo es que parte del trabajo del montador es construir un ambiente lo más creativo posible. Al final no es tanto de quién es la idea o a quién se le ha ocurrido la solución de esta secuencia como el equipo de trabajo que se crea, las dos personas trabajando en conjunto muchas semanas en las que exista un ambiente creativo que fluya. Eso es lo más importante en una sala de montaje.
Achero Mañas durante el rodaje de ‘Un mundo normal’
Cuando llega la película a la sala de montaje, ¿es también una cuestión de saber a qué problemas te puedes enfrentar y cómo se pueden solucionar?
Sí, totalmente. Creo que una de las principales características de nuestro trabajo es que sufrimos la dualidad de ser parte del equipo de cineastas que están haciendo la película y por otro lado somos los primeros espectadores que va a tener. Eso nos da la oportunidad de, siendo críticos y lo más objetivos posibles con el material, de identificar los principales problemas que tenga y buscar la manera de solucionarlos. Es como cuando sales del cine de ver una película, y esto le habrá pasado a cualquiera trabaje en montaje o no, y dices «le sobran cinco minutos». Pues nosotros tenemos la oportunidad de quitárselos. Quizás es una de las cosas más divertidas que tiene esta profesión.
Siendo parte del equipo, ¿es complicado ver con objetividad la película?
Sí, es muy complicado. A veces la primera víctima en el montaje es la objetividad. Pero bueno, forma parte de la profesión mantenerse lo más objetivo. Si preguntas a montadores verás que muy pocas veces vamos a rodaje. No nos gusta estar en el centro de la acción porque eso condiciona tu perspectiva. En mi caso me gusta mucho centrarme en las sensaciones que me provoca el material la primera vez que lo veo. Es como cuando te cuentan un chiste. La primera vez que te lo cuentan te hace gracia, pero cuando lo has oído cien veces no. En montaje pasa algo parecido. Es importante fijarte la primera vez lo que te llama la atención a nivel emocional.
«Un mundo normal es una película que te conmueve desde el minuto uno, muy humana, que se mueve entre el drama y la comedia»
¿Hay mucha diferencia entre sentarse a montar un capítulo de una serie como Las chicas del cable, un largo como Un mundo normal o una cinta de animación como Buñuel en el laberinto de las tortugas?
Por un lado sí, hay mucha diferencia, porque los tiempos son distintos. Un capítulo de una serie como Las chicas del cable forma parte de una maquinaria. No estás tú solo: hay otros montadores, hay otros productores, hay un estudio. En el caso de una película como la de Achero Mañas es todo más sencillo, porque trabajas con el director que también es coproductor y todo es de forma más directa. Por otro, entre animación e imagen real hay bastantes diferencias, pero al final del día lo importante se trata de contar una historia y en el fondo la materia prima con la que trabajamos los montadores, más allá de imagen y sonido, son emociones. Y las emociones se cuentan por igual ya sea animación o imagen real.
Me llama mucho la atención que insistas tanto en la parte emocional del trabajo de montaje.
Es que como montadores, o montadoras, somos parte del equipo que gestiona cómo le llegan las emociones que transmite la película al público. Forma parte de lo que te decía antes de que somos los primeros espectadores. Para mi es muy importante es pensar en cómo va a recibir emocionalmente cada imagen el espectador. Emoción en un sentido amplio, hablo de las sensaciones. A veces cuando el montaje está ya avanzado me gusta hacer una gráfica, que la hago a mano en papel, de emocionalmente cómo estoy recibiendo la película. Desde el minuto cero hasta el final dónde me conmueve, dónde es divertida, dónde cuenta menos… Eso ayuda a pulir y perfeccionar ciertas partes. En el caso de Un mundo normal esto se multiplica por mil porque te conmueve desde el principio, moviéndose entre el drama y la comedia, como la vida.
¿Te ha pasado que te encanten una escena o un diálogo y te des cuenta que la película te pide cortarlos del montaje final?
Me ha pasado bastantes veces. Se vive como en los dibujos animados cuando algún personaje tiene que tomar una decisión y le aparecen un ángel y un demonio. Tienes una secuencia que sabes que funciona, pero también sabes que la película no es una sucesión de escenas bien rodadas. Es un conjunto que está por encima de sus partes. Y a veces, con todo el dolor de tu corazón y el del resto del equipo, hay que quitarlas para que ese conjunto funcione mejor. Antes iban al DVD, ahora se vuelven a perder en el olvido, supongo.
«El teletrabajo nos ha quitado la relación tan estrecha que se establece con el director en la sala de montaje»
Lo que se llama el montaje del director.
Hay que diferenciar el montaje del director en Hollywood y en España o en Europa en general. Aquí al final hace referencia a la película que le propone el director a los productores o las empresas y que según las circunstancias de la película se va negociando, que también tiene que ver con las expectativas que haya en ese proyecto y otras circunstancias. En Hollywood suele tener que ver con que se quedaban o se quedan grandes cantidades de material descartado. Pero en realidad cada película es un mundo. No es lo mismo una película pequeña con un solo productor que una grande con cuatro o cinco productoras. Tienen objetivos diferentes. Lo importante es que las reglas del juego estén claras desde el principio y se cumplan.
‘Un mundo normal’ en la sala de montaje. Foto: José Manuel Jiménez.
Llegaste a tener tu propio estudio…
Ya no… Al final lo desmonté porque las productoras tienen todas sus salas de montaje y me pasaba medio año sin pisarlo.
¿Y la pandemia os ha cambiado la forma de trabajar?
El principal cambio es el teletrabajo, claro, pero no solo en montaje, sino en todas las profesiones del audiovisual. Hemos visto que hay muchas tareas que se pueden hacer en remoto. Es evidente que se puede teletrabajar para montar. Pero se echa de menos el contacto con el director en la sala. Este año ha servido para demostrar que técnicamente se pueden hacer muchas cosas en remoto, pero también para recordarnos lo importante que es el contacto humano. Pero es algo general, no solo de nuestro sector.
¿A qué te refieres con el contacto humano en el caso de la sala de montaje?
A la relación tan estrecha que se establece con el director o directora. Hay un componente de lenguaje no verbal muy grande. Cuando le enseñas a esa persona una secuencia que has montado por primera vez, sabes cuál es su reacción conforme la está viendo. Igual has propuesto un cambio radical de estructura o de diálogo. Si la otra persona está a tu lado, notas si le está funcionando o si no le gusta para nada. Y eso con el teletrabajo se pierde o es más complicado. Hay que pedirse y darse más explicaciones. Es más rápido en persona, al menos en mi caso. Aunque obviamente bienvenido sea el teletrabajo que nos permite seguir y que la maquinaria no pare.
La cancelación de rodajes, ¿ha bajado mucho el volumen de trabajo?
Quizás es pronto para evaluarlo. Estamos todavía con la resaca de todo lo que pasó en marzo a nivel de producción. Hay quiénes se han lanzado muy valientemente, por ejemplo nosotros hicimos la serie de Ana Tramel. El juego, que inició rodaje en junio y terminó en octubre. Las consecuencias del COVID en la industria llegarán a medio plazo. Muchas producciones del año pasado ya estaban armadas y financiadas, y por eso no han parado. Lo que no sabemos es que va a ocurrir con la nueva tanda, ya posterior a toda la crisis.
Tras 5 años de silencio, el director barcelonés Kike Maíllo –Eva (2011) y Toro (2016)- estrena su tercer largometraje, Cosmética del enemigo, un thriller psicológico con reparto internacional y un guión en el que cada escena es una pieza que forma parte de un rompecabezas más complejo. Tras el fracaso crítico y económico de la interesante Toro, Maíllo se abona a otra historia en la que predominan los códigos del género al que se adscribe, en este caso el suspense y el drama “mental”.
El realizador salido de la ESCAC parece sentir predilección por estos relatos con esquemas y pautas reconocibles, desarrollando la narración dentro de los mismos. Así hacía también en su debut, donde exploraba las posibilidades de la ciencia ficción, y en su segunda obra, en la que construía un relato en el que la acción y el neo-noir se daban la mano.
En este caso, la historia de un afamado y taimado arquitecto, Jeremiasz, que accede a que una joven holandesa, Tessa, se suba su taxi de camino al aeropuerto, se mueve al ritmo que grandes maestros como Hitchcock o Polanski imprimieron al suspense (con tintes autorreflexivos) con sus obras. Con una lluviosa París y el espacio del Charles de Gaulle como telón de fondo, Maíllo homenajea a estos directores en un ejercicio de cinefilia sin caer en el calco, construyendo una trama que despierta interés propio.
Partiendo de un relato ajeno -la novela homónima de Amelie Nothomb-, el director teje una historia de creciente misterio escrita a tres bandas en la que el espectador irá sacando conclusiones -y transformándolas- a medida que la acción se va cociendo a fuego lento. Tras la presentación del personaje protagonista -que en sí misma encierra las claves de lo que conoceremos al término de la cinta- y un punto de giro que disparará la narración (el citado encuentro con la partenaire interpretada por la sudafricana Athena Strates), Cosmética del enemigo mantiene la atención del espectador hasta el final.
Pese a que en un segundo visionado podamos detectar ciertas conveniencias de guión, el filme no cae en trampas burdas -que caracteriza a otras películas del género- y, a través de un rompecabezas basado en el relato por medio de flashbacks con idas y vueltas al presente de la narración, trata al espectador de tú a tú, confiando en su inteligencia y entrega a la historia.
Salvando cuestiones menores, la cinta crea una correspondencia entre el punto de vista de Jeremiasz y el del público, descubriendo los hechos a la vez que él, sin esconder premeditadamente trucos y artificios para sorprender a la audiencia cayendo en un deus ex machina. Obviamente sí que hay agujeros que el devenir de los acontecimientos va rellenando hasta llegar a un final sorprendente, pero, sin notarlo, Maíllo nos ha hecho partícipes del mismo desde el inicio (quien después de ver el film se acuerden de los títulos de crédito sabrán de lo que hablo).
Una vez planteada la narrativa, Maíllo es consciente de los referentes a los que se enfrenta, los cuales -entre los que se podría encontrar Frenético (1988), El escritor (2010) o incluso Lunas de hiel (1992), todas de Polanski- obligan a poner en práctica atmósferas cerradas, ambientes que reflejan el estado de ánimo de los protagonistas y producciones que obligan a pensar más en global que en local. Para ello, además de la citada Athena Strates, el director ficha a Tomasz Kot, la estrella de la película-sensación europea hace dos años, Cold war, y a Marta Nieto, al alza desde su desempeño en Madre.
Apoyado asimismo por una financiación generosa, Maíllo acepta la apuesta e intenta plantear una propuesta de altos vuelos. Otro punto positivo del resultado final es que, trascendiendo el mero ejercicio de estilo (justificado por todo lo apuntado anteriormente), el director consigue transmitirnos su tesis sobre los tema presentes detrás de la estimulante trama: la dualidad humana, los pensamientos frente a nuestros actos y el control en contraposición al caos -perfectamente reflejados por la pareja protagonista- son esos elementos de interés de Maíllo, poniendo todos los giros y situaciones al servicio de los mismos. En otras palabras, hay vida bajo la superficie.
Pese a que se estrenó en pantalla grande en el pasado Festival de Sitges, la coyuntura actual obliga a realizar un lanzamiento online en Filmin para la inmensa mayoría del público. Considero que, aunque lógico dadas las circunstancias, Cosmética del enemigo es una producción que bien merecería ser vista en las mejores condiciones de imagen y sonido, por lo que transmite la sala de cine per se y por la citada iniciativa que pone en marcha el director, haciendo de su fotografía y su planificación una gran aliada de la atmósfera que propone el guión milimétrico.
Puede que no llegue a las cotas de sus «hermanos mayores», pero esta película no tiene nada (grave) de lo que acomplejarse: proporciona un entretenimiento inteligente y que invita a permanecer más tiempo dentro del género del thriller psicológico, quizá volviendo a ver esas cintas que seguramente Maíllo tenía muy presentes.
Oficiales nazis en trenes lujuriosos o mujeres convertidas en monstruos por el fragor de la pasión sexual son los protagonistas de un programa diferente de ‘Los jueves, milagro’. El cine erótico español y las películas más locamente eclécticas aterrizan en el podcast de la mano de Carmen Serrano, invitada especial de esta semana, que selecciona hasta cuatro títulos de rarezas a reivindicar del cine español -con ilustres nombres del cine de género de la época-, que van desde finales de los 60 hasta los 80.
Serrano y varios de los miembros del programa desgranan con humor esta corta pero selecta lista de títulos. Entre ellos encontramos dos películas aún con el franquismo en pie: Necronomicon (1968), una incursión alemana y de autor del mítico Jess Franco, y Malenka, la sobrina del vampiro(1969), vampírico proyecto con el que Amando de Ossorio trajo a Anita Ekberg a España. La lista se completa con la nazisplotation de Tren especial para Hitler: El placer de los SS (Alain Payet, 1979) y con la indiscutida y monstruosa estrella de la función:Neumonía erótica y pasota (Jaime Bayarri, 1981)
A mediados del siglo XVII el pintor extremeño Francisco de Zurbarán compuso la serie ‘Jacob y sus doce hijos’, conjunto que apareció un siglo después en el castillo de Auckland (en el condado de Durkham, al norte de Inglaterra), sin que se llegará a saber nunca del todo el porqué de la travesía. De esta serie, partiendo de la gira que en 2017 y 2018 la llevó a Dallas, Nueva York y Jerusalén aprovechando las reformas del castillo inglés, su sede habitual, ha partido la directora Arantxa Aguirre(Madrid, 1965) en su nueva película, Zurbarán y sus doce hijos.
El documental no pierde de vista el carácter divulgativo, explicando a través de entrevistas a expertos el sentido de la obra del pintor español y el contexto en el que se desarrolló. Pero a la vez va también más allá, constituyéndose Zurbarán y los doce hijos como una obra artística, en la que se juega con el blanco y negro o las animaciones en una estimulante experiencia cinematográfica en la que dialogan pasado, presente y futuro. Arantxa Aguirre atiende a Cine con Ñ para hablar del camino de su película, que sigue proyectándose en distintas salas.
¿Cómo está siendo la experiencia de estrenar en pandemia? A pesar de las dificultades la película ha pasado por la Seminci de Valladolid y por el Festival de Cine inédito de Mérida, donde además recibió el Premio Miradas.
Está siendo una experiencia intensa, con emociones contrapuestas. Por un lado está la tristeza de ver los aforos reducidos y de pensar que algunas personas no se atreven a ir al cine. Por otra parte, la incertidumbre que vives hace que lo bueno lo aprecies más: recibir el Premio Miradas en Mérida, por ejemplo, fue una alegría enorme. Y, sobre todo, en cada una de las salas donde este documental se ha proyectado, ahí estaban unos espectadores que sí han decidido asistir, a pesar de los pesares. Su presencia no puede ser más elocuente. Piensas en las circunstancias de algunos y te das cuenta de que lo que haces les importa de verdad. Esto es algo que me ha hecho reflexionar y me ha dado un punto de vista nuevo sobre mi trabajo.
«La animación es un terreno lleno de posibilidades poéticas»
Para el rodaje sin embargo sí que recorrió mundo. Estados Unidos, Inglaterra…
Dallas, Grenoble, Jerusalén, Londres, Nueva York, Cádiz, Sevilla, Guadalupe, Bishop Auckland y muchos más. He visitado lugares increíbles y en todos he intentado que mis ojos y mis oídos trabajaran para los espectadores. He tratado de transmitirles mi fascinación por esos sitios que en algunos casos descubría por primera vez. Además, lo mejor de todos estos viajes es que no han sido seguidos sino que se han espaciado a lo largo de tres años. Esto ha permitido que la experiencia vaya madurando y tomando forma. La prisa puede malbaratarlo todo.
Con el documental vemos la historia de Zurbarán y de la serie Jacob y sus hijos, pero también, y esto me parece uno de los aspectos más sugerentes, el mundo del arte del siglo XVII y el de ahora.
Las obras de arte pueden actuar como potentes catalizadores de la energía, la voluntad y la inspiración de muchas personas. A lo largo de los siglos han dado lugar a historias tan peregrinas como la de esta serie de Zurbarán y a todo tipo de aventuras. Como dice uno de los personajes del documental: «Si a uno le asombra la belleza, todo puede suceder». Ese asombro gozoso y liberador es un motor que muchas veces mueve el mundo.
Arantxa Aguirre recibiendo el Premio Miradas en el XV Festival de Cine Inédito de Mérida. Foto: cedida por la entrevistada
Sí, también había insistido en unos cortos inmediatamente anteriores al trabajo sobre Zurbarán: Imagen de la vida y Bailando la Farruca. Me interesa mucho la animación porque permite dar rienda suelta a la fantasía y me parece un terreno lleno de posibilidades poéticas. Además, tengo la suerte de contar con un equipo de post-producción excepcional formado por Raúl González Geme, Valeria Gentile y Sergio Deustua, con quienes es muy fácil echar a volar la imaginación. En El amor y la muerte tuvimos la enorme fortuna de trabajar a partir de los dibujos de Ana Juan y fue una experiencia tan enriquecedora que me dejó muchas ganas de seguir explorando ese camino.
La película se ha proyectado en Madrid en el Círculo de Bellas Artes, en la Real Academia de San Fernando y en la Academia de Cine, y recientemente en los Cines Golem de Bilbao y Pamplona. Aunque en estos momentos es difícil planificar de cara el futuro, ¿tenéis pensado llegar a otros lugares?
Sí, claro. Este documental aún tiene que llegar hasta muchos espectadores. También estuvo en los cines Zoco de Majadahonda y en los Girona de Barcelona. Pronto llegará a los Golem de Madrid, Bilbao, Pamplona y Burgos. Y ya hay prevista una gira por grandes museos americanos. Esto no ha hecho más que empezar.
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