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Los espabilados: Realismo mágico contra la enfermedad mental

La serie de Espinosa funciona según las reglas propias del autor.

Los espabilados: Realismo mágico contra la enfermedad mental 1

En Los espabilados cuatro menores internados en un centro psiquiátrico en Menorca deciden escaparse hartos de la medicación, las normas y que sus problemas sean ignorados. Deciden atravesar Europa para reunirse con el hermano mayor de uno de ellos mientras un detective con el que tienen más en común de lo que piensan les sigue la pista.



Albert Espinosa repite el esquema básico de Pulseras rojas en esta miniserie, acercándose a la enfermedad mental en menores desde la ternura y el optimismo, aunque no le ahorre al espectadores pasajes más o menos tensos o de cierto drama. El realismo mágico y la moraleja con retórica de autoyuda tan del gusto del autor marcan el tono, pero en principio no molestan. Es más facíl entrar si se tiene costumbre con el estilo de Espinosa, claro, porque todos sus tics están aquí, sin faltar ni uno.

La corta duración de los capítulos juega a su favor y se entiende la decisión de Movistar+ de estrenarlos por tandas (tres la primera semana, dos y dos las siguientes) porque se beben con facilidad. Es una serie que deja buen sabor de boca si se está dispuesto a aceptar las normas que le gustan a Espinosa, donde el realismo puede ser suspendido a conveniencia de las necesidades del guión o de la moraleja final.

 

Crítica de Los espabilados con spoilersLos espabilados: Realismo mágico contra la enfermedad mental 2

Al comienzo de la serie se inicia la cuenta un reloj que cuenta las horas de fuga de los protagonistas. Más que plantearse la intriga de si conseguirán escapar, que se deja bastante claro que es imposible, se trata de ver si baten el récord del anterior huido del sanatorio mental, que está en 68 horas. La escapada del grupo de los espabilados es tan física como metafórica y vital, y se subraya cuando se explica el conflicto del personaje de Miki Esparbé, secundario pero vital para la trama.

Los espabilados está escrita para adolescentes y toma la decisión arriesgada pero consciente de usar actores infantiles en los papeles principales. Lo cierto es que todos ellos están más correctos en unas escenas que en otras, sobre todo porque en algunas el guión se lo pone difícil. La serie se permite el lujo de tener al mencionado Esparbé de comparsa y a Alex Brendemühl y Marta Torné en papeles tan puntuales que son casi cameos, pero cada uno da credibilidad a su personaje a su manera.



Y estoy usando el masculino genérico todo el rato, sin circunloquios inclusivo o algún femenino, porque el primer tic de Espinosa que se adivina nada más ver el cartel de la serie es el síndrome de la pitufina. De los cinco menores que nos presenta la serie solo uno es una chica, su patología es una paralela pero no equivalente a la del resto que la hace más resuelta pero más vulnerable a la vez y, por si lo dudaban, al menos dos de sus compañeros están enamorados de ella nada en secreto. Que tampoco es que sea denunciable ni lo peor de la serie, simplemente son cosas que ya se han quedado antiguas.

 

Contra la misma idea de la enfermedad mentallos-espabilados-crítica-cine-con-ñ

La intención última de la serie es loable, por supuesto, ya que denuncia las prácticas inadecuadas de tratamiento de la enfermedad mental, especialmente la infantil. De hecho, se podría decir que incluso la niega, ya que cuando uno llega al último capítulo puede permitirse dudar de que ninguno de los niños tenga realmente un trastorno que precise de internamiento, y mucho menos de la fuerte medicación que se nos deja claro que les administran.

Por el camino se cuestiona también el concepto mismo de discapacidad y se expone con meridiana claridad la idea de la indefensión aprendida, ese proceso por el cuál a determinadas personas o colectivos se las acaba privando de autonomía cuando se dice estar protegiéndolas. Como artefacto educativo en ese sentido a Los espabilados no se le puede poner ni un reproche.

Luego está la cuestión del «ángel bueno». A Espinosa le encantan esta clase de juegos, en los que realmente casi nada de lo que hace el personaje necesita ser explicado de manera sobrenatural y lo que sí puede ser perfectamente una broma o fantasía compartida de los niños. Desde luego si hubiese que interpretarlo literal, volaría por los aires la credibilidad y el tono del conjunto.

En resumen, es una serie familiar que disfrutarán más los adolescentes o quienes tengan una sensibilidad más agudizada respecto a las cuestiones que plantea. Hace falta comprar el estilo particular de Espinosa y cierta tolerancia con la retórica de autoayuda, pero el conjunto es una serie que cumple con lo que promete y con unos objetivos más que loables que siempre es bueno que tengan los productos de ficción.

 

Jose A Cano (@caniferus)

Puedes ver Los espabilados online aquí.

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