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«Las obras de arte pueden actuar como potentes catalizadores»

Tras profundizar en la figura de Enrique Granados, la cineasta Arantxa Aguirre continúa su exploración del arte español con su nuevo documental: ‘Zurbarán y los doce hijos’.

"Las obras de arte pueden actuar como potentes catalizadores" 1

A mediados del siglo XVII el pintor extremeño Francisco de Zurbarán compuso la serie ‘Jacob y sus doce hijos’, conjunto que apareció un siglo después en el castillo de Auckland (en el condado de Durkham, al norte de Inglaterra), sin que se llegará a saber nunca del todo el porqué de la travesía. De esta serie, partiendo de la gira que en 2017 y 2018 la llevó a Dallas, Nueva York y Jerusalén aprovechando las reformas del castillo inglés, su sede habitual, ha partido la directora Arantxa Aguirre (Madrid, 1965) en su nueva película, Zurbarán y sus doce hijos.



El documental no pierde de vista el carácter divulgativo, explicando a través de entrevistas a expertos el sentido de la obra del pintor español y el contexto en el que se desarrolló. Pero a la vez va también más allá, constituyéndose Zurbarán y los doce hijos como una obra artística, en la que se juega con el blanco y negro o las animaciones en una estimulante experiencia cinematográfica en la que dialogan pasado, presente y futuro. Arantxa Aguirre atiende a Cine con Ñ para hablar del camino de su película, que sigue proyectándose en distintas salas.

 

¿Cómo está siendo la experiencia de estrenar en pandemia? A pesar de las dificultades la película ha pasado por la Seminci de Valladolid y por el Festival de Cine inédito de Mérida, donde además recibió el Premio Miradas.

Está siendo una experiencia intensa, con emociones contrapuestas. Por un lado está la tristeza de ver los aforos reducidos y de pensar que algunas personas no se atreven a ir al cine. Por otra parte, la incertidumbre que vives hace que lo bueno lo aprecies más: recibir el Premio Miradas en Mérida, por ejemplo, fue una alegría enorme. Y, sobre todo, en cada una de las salas donde este documental se ha proyectado,  ahí estaban unos espectadores que sí han decidido asistir, a pesar de los pesares. Su presencia no puede ser más elocuente. Piensas en las circunstancias de algunos y te das cuenta de que lo que haces les importa de verdad. Esto es algo que me ha hecho reflexionar y me ha dado un punto de vista nuevo sobre mi trabajo.

 

«La animación es un terreno lleno de posibilidades poéticas»

Para el rodaje sin embargo sí que recorrió mundo. Estados Unidos, Inglaterra…

Dallas, Grenoble, Jerusalén, Londres, Nueva York, Cádiz, Sevilla, Guadalupe, Bishop Auckland y muchos más. He visitado lugares increíbles y en todos he intentado que mis ojos y mis oídos trabajaran para los espectadores. He tratado de transmitirles mi fascinación por esos sitios que en algunos casos descubría por primera vez. Además, lo mejor de todos estos viajes es que no han sido seguidos sino que se han espaciado a lo largo de tres años. Esto ha permitido que la experiencia vaya madurando y tomando forma. La prisa puede malbaratarlo todo.

Con el documental vemos la historia de Zurbarán y de la serie Jacob y sus hijos, pero también, y esto me parece uno de los aspectos más sugerentes, el mundo del arte del siglo XVII y el de ahora.

Las obras de arte pueden actuar como potentes catalizadores de la energía, la voluntad y la inspiración de muchas personas. A lo largo de los siglos han dado lugar a historias tan peregrinas como la de esta serie de Zurbarán y a todo tipo de aventuras. Como dice uno de los personajes del documental: «Si a uno le asombra la belleza, todo puede suceder». Ese asombro gozoso y liberador es un motor que muchas veces mueve el mundo.

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Arantxa Aguirre recibiendo el Premio Miradas en el XV Festival de Cine Inédito de Mérida. Foto: cedida por la entrevistada

 

Repite con las animaciones después de El amor y la muerte. Historia de Enrique Granados (Arantxa Aguirre, 2018).

Sí, también había insistido en unos cortos inmediatamente anteriores al trabajo sobre Zurbarán: Imagen de la vida y Bailando la Farruca. Me interesa mucho la animación porque permite dar rienda suelta a la fantasía y me parece un terreno lleno de posibilidades poéticas. Además, tengo la suerte de contar con un equipo de post-producción excepcional formado por Raúl González Geme, Valeria Gentile y Sergio Deustua, con quienes es muy fácil echar a volar la imaginación. En El amor y la muerte tuvimos la enorme fortuna de trabajar a partir de los dibujos de Ana Juan y fue una experiencia tan enriquecedora que me dejó muchas ganas de seguir explorando ese camino.

La película se ha proyectado en Madrid en el Círculo de Bellas Artes, en la Real Academia de San Fernando y en la Academia de Cine, y recientemente en los Cines Golem de Bilbao y Pamplona. Aunque en estos momentos es difícil planificar de cara el futuro, ¿tenéis pensado llegar a otros lugares?

Sí, claro. Este documental aún tiene que llegar hasta muchos espectadores. También estuvo en los cines Zoco de Majadahonda y en los Girona de Barcelona. Pronto llegará a los Golem de Madrid, Bilbao, Pamplona y Burgos. Y ya hay prevista una gira por grandes museos americanos. Esto no ha hecho más que empezar.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

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