Los galardones a la televisión y las plataformas digitales reconocen lo mejor de la producción catalana del último año
Los Premis Zoom 2025 reconocieron a Los sin nombre, la serie de terror de Pau Freixas para Movistar Plus+, como la Mejor Serie de Ficción del año.
El sábado 22 de noviembre se celebró la gala de clausura y entrega de premios de la 23.ª edición de los Premis Zoom de la Televisión y las Plataformas Digitales en el Teatro Ateneu de Igualada, en un acto presentado por Danae Boronat y con la participación especial del actor cómico David Fernández.
El acto, que contó con muchas caras conocidas del sector audiovisual y de la cultura catalana y estatal, otorgó un total de 12 premios, recogidos mayoritariamente por producciones del país, pero también con presencia internacional.
Palmarés de los Premis Zoom 2025
Sección oficial
Premio a la Mejor TVMovie de Ficción: Die Nichte des Polizisten
Premio a la Mejor Serie de Ficción: Los Sin Nombre
Premio al Mejor Formato de Entretenimiento: La Travessa. Expedició Mediterrani
Premio al Mejor Formato Cultural y Divulgativo: Plat en blanc y mención especial para León de Perú
Premio al Mejor Formato de Deportes: Morata: no saben quién soy
Premio al Mejor Formato Informativo: La bona mort
Premio al Mejor Formato Infantil y Juvenil:Titó
Premios especiales
Premio D.O. Catalunya al Mejor Formato en Catalán: Hospital de Proximitat
Premio al Mejor Formato de Televisión por la Igualdad de Género: Et faran un home
Premio Showcase al Talento Emergente: Josemi Online Animado
Premio de Honor: Helena Garcia Melero y Ramon Pellicer
Premio Especial a la Trayectoria Profesional: Jaume Santacana
El veterano certamen de cine y televisión andaluz premió también producciones como 'Mariliendre' o 'Los sin nombre', además de destacar a 'Sorda' entre los largometrajes a concurso
La temporada de festivales va cerrando su calendario con un pie en la de premios. El Festival de Almería 2025 cerró sus fastos el pasado domingo 23 de noviembre con Anatomía de un instante, la serie dirigida por Alberto Rodríguez sobre el 23F que acaba de llegar a Movistar Plus+, como el título más premiado, con hasta tres galardones, incluyendo Mejor Miniserie y Mejor Interpretación Masculina para Álvaro Morte por su papel de Adolfo Suárez.
El certamen andaluz, que este año ha celebrado su XXIV edición entre el 14 y el 23 de noviembre, destacó también a La Ruta Vol. 2: Ibiza, ganadora de Mejor Serie Dramática, o La suerte. Una serie de casualidades, Mejor Comedia. Además Mariliendre o Los sin nombre acumularon hasta dos premios cada una, Sueños de libertad recogió el premio a Mejor Serie Diaria y La Promesa se hizo con el galardón de honor.
En las categorías de cine, destacó el cuidado del certamen almeriense por las nuevas voces al premiar tanto a Ciudad sin sueño, de Guillermo Galoe, como Forastera, de Lucía Aleñar, y conceder los galardones de Mejor Dirección y Actriz a Eva Libertad y Miriam Garlo respectivamente por su trabajo en Sorda.
Palmarés del Festival de Almería (FICAL) 2025
SECCIÓN CINE
Premio al Mejor Guion: David Valero, por Enemigos
Premio al Mejor Actor: Manuel Morón, por La tierra de Amira
Premio Torrecárdenas a la Mejor Actriz: Miriam Garlo, por Sorda
Premio Cosentino a la Mejor Dirección: Eva Libertad, por Sorda
Premio Especial del Jurado a la Mejor Ópera Prima: Forastera, de Lucía Aleñar Iglesias
Mejor Ópera Prima FICAL 2025: Ciudad sin sueño, de Guillermo Galoe
SECCIÓN SERIES
Miniseries
Mejor Interpretación Femenina: Zaira Romero por El clan Olimpia
Mejor Interpretación Masculina: Álvaro Morte por Anatomía de un instante
Mejor Showrunner/Creador: Alberto Rodríguez, José Manuel Lorenzo, Rafael Cobos y Fran Araújo por Anatomía de un instante
Mejor Miniserie:Anatomía de un instante
Series de emisión diaria
Mejor Serie Diaria:Sueños de libertad, Temporada 3
Serie de Comedia
Mejor Interpretación Femenina: Blanca Martínez Rodrigo, por Mariliendre
Mejor Interpretación Masculina: Ernesto Alterio, por Su Majestad
Mejor Showrunner/Creador: Javier Ferreiro, por Mariliendre
Mejor Serie de Comedia: La suerte. Una serie de casualidades
Serie Dramática
Mejor Interpretación Femenina: Miren Ibarguren, por Los sin nombre
Mejor Interpretación Masculina: Javier Cámara, por Yakarta
Mejor Showrunner/Creador: Pau Freixas y Pol Cortecans, por Los sin nombre
Mejor Serie Dramática: La Ruta. Volumen 2. Ibiza
Premio de Honor Certamen Nacional de Series de Televisión
Tras sus premios en el Visions du Reél, la película en Cuba del español David Bim se confirma como uno de los títulos españoles del curso en festivales ganando la Sección Oficial Albar. 'A la cara', destacada entre el Jurado de Cine Español
Al oeste, en Zapata, película del español David Bim, gana el Festival de Gijón. El filme, rodada en Cuba, se alza con el galardón al Mejor Largometraje en la Sección Oficial Albar, la principal del certamen, además de una Mención Especial entre el jurado dedicada al cine español. El palmarés principal del FICX 2025 ha tenido más protagonismo español porque ha premiado también a Ángel Santos con la Mejor Dirección por su trabajo en Así llegó la noche.
Tras sus premios (Mención Especial del Jurado y Premio FIPRESCI) en el festival suizo Visions du Réel, Al oeste, en Zapata ha recibido el mayor reconocimiento del Jurado de la gran Competición Internacional del festival asturiano. La película de David Bim, que se acerca a una familia que vive en unas ciénagas en Cuba, se abre paso así como uno de los títulos nacionales más destacados del curso en el circuito de festivales.
Por su parte, Ángel Santos, tras su premio a la Mejor Dirección por Así llegó la noche (Así chegou a noite), asegura que «diez años es mucho tiempo para levantar una producción modesta como es esta, que algo es muy complejo hoy en día, y este es un premio que recibo feliz porque nos refrenda a todos los que hemos participado», explicando también que «hace particular ilusión recibir este premio en un festival como el FICX, porque es un lugar que uno siente un poco como casa».
En las categorías específicamente nacionales, entregadas por el Jurado de Cine Español, la clara protagonista del palmarés ha sido A la cara, de Javier Marco, que consigue el Premio al Mejor Largometraje Español y el Premio al Mejor Director para Marco. Además, Anxos Fazáns e Ian de la Rosa ganaron el Premio al Mejor Guión por Las líneas discontinuas —que también se hizo con el Premio Rambal de la Asociación LGTBIQ+ XEGA— y Federico Delpero se hizo con el de Mejor Montaje por el documental Amílcar, de Miguel Eek.
El Jurado de la Sección Albar ha estado compuesto por Alexis Juncosa, Eva Llorach, Scott Macaulay, Carlos Marques-Marcet y Sophy Romvari, mientras que el Jurado de Cine Español lo han integrado Iratxe Fresneda, Nila Núñez Urgell y Lilia Scena.
Palmarés del 63º Festival de Gijón/Xixón – Ganadores y ganadoras del FICX 2025
Sección Oficial – Competición Internacional Albar
Mejor Largometraje:Al oeste, en Zapata, de David Bim
Premio AISGE a la Mejor Actriz: Eszter Tompa por Kontinental ’25
Premio AISGE al Mejor Actor: Ben Wishaw por Peter Hujar’s Day
Mención Especial: Andranic Manec por Ari
Mejor Dirección: Ángel Santos por Así llegó la noche
Jurado de Cine Español
Mejor Largometraje Español:A la cara, de Javier Marco
Mención Especial:Al Oeste, en Zapata, de David Bim
Premio RC Service al Mejor Director: Javier Marco por A la cara
Premio DAMA al Mejor Guion: Anxos Fazáns e Ian de la Rosa por Las líneas discontinuas
Premio AMAE al Mejor Montaje: Federico Delpero por Amílcar
Sección Oficial – Competición Internacional FICX Premiere
Mejor Largometraje:Los bobos, de Sofía Jallinsky, Basovih Marinaro
Premio a la Contribución Artística:Mare’s Nest, de Ben Rivers
Sección Oficial – Competición Internacional Retueyos
Premio FIPRESCI al Mejor Largometraje:Skiff, de Cecilia Verheyden
Premio Especial del Jurado:Sugarland, de Isabella Brunäcker
Jurado Joven
Mejor Largometraje (Retueyos):Magic Farm, de Amalia Ulman
Mejor Cortometraje (Sección Oficial):Tolos fueos el fueu, de Diego Flórez
Premio CIMA
Mejor Cortometraje:Bariazioak, de Lur Olaizola
Premio de Distribución Festhome:La diva, mi abuela y yo, de Inés G. Aparicio
Cine Asturiano
Mejor Largometraje Asturiano:Volver a casa tan tarde, de Celia Viada Caso
Mejor Cortometraje (Asturies Curtiu-metraxes):Alimaña, de Juan Villa
Mención Especial:Una mujer que conocí llamada Yudita, de Rodrigo Agüeria
Premio Laboral Cinemateca Cortos:Cases, de Jandro Llaneza
Premio Rambal – Asociación Xega
Premio Rambal:As liñas descontinuas, de Anxos Fazáns
Enfants Terribles
Mejor Largometraje (Premio del Público):Le Grand Noël des animaux, de Camille Alméras, Ceylan Beyoğlu, Caroline Attia, Olesya Shchukina, Haruna Kishi, Natalia Chernysheva
Premios del Público
Gran Premio del Público:Made in EU, de Stephan Komandarev
Premio Tierras en Trance:The Bewilderment of Chile, de Lucía Seles
Premio Europa Film Festivals – Europa Joven:Des preuves d’amour, de Alice Douard
Premios de Desarrollo
Premio Nuevos/as Realizadores/as del Principado de Asturias:Pasar l’agua, de Pablo Casanueva
Premio Proyecto Corto Movistar Plus+ 2025:Trella, de Miguel Guindos (Kabiria Films)
Miguel Eek presenta en Gijón su último documental: 'Amílcar', un retrato íntimo, poético y delicado del revolucionario guineano Amílcar Cabral sin perder de vista la lucha por la liberación colectiva
Tras su paso por el Festival de Cine Documental de Amsterdam, donde ha sido premiado, Miguel Eek estrena en España, en la sección Esbilla del Festival de Gijón, su última película: Amílcar. Un documental sobre la independencia de Guinea-Bisáu y Cabo Verde a través de la figura más reconocida de proceso: Amílcar Cabral.
Desde Gijón, su director cuenta a Cine con Ñ cómo fue el desarrollo e investigación de este proyecto y la importancia de retratar al líder revolucionario desde la memoria y el archivo personal y no solo a partir de los relatos oficiales.
Giovanna Ribes explica las claves de 'Cecilia Bartolomé, tan lluny tan a prop', documental dedicado a una trayectoria destacada por hablar del aborto, el divorcio, los fallos de la Transición o el racismo antes que nadie
Cecilia Bartolomé es Premio Feroz de Honor, Premio CIMA Patricia Ferreira, Premio Especial de la Academia Valenciana del Audiovisual o Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes de España, entre otros. Pero lo cierto es que entre Vámonos, Bárbara (1978) y Lejos de África (1996), apenas suma dos cintas de ficción y cuatro largometrajes. Y en este época de reivindicar a las directoras como si las actuales no tuviesen pasado, se la reivindica más a ella, sin profundizar, que a sus películas.
«Me gusta mucho haber proyectado esta película en Madrid en 20 de noviembre y en una sección que se llama Maldito Cine del Rizoma junto a documentales sobreIván Zulueta y Eloy de la Iglesia«, comenta Giovanna Ribes, directora de Cecilia Bartolomé, tan lluny tan a prop (Cecilia Bartolomé, tan lejos tan cerca). «No sé si ella se definiría como una directora maldita, pero mira lo poco que estuvo una película como Vámonos, Bárbara en cartelera, o lo poco que se recuerda un documental comoAtado y bien atado (1983)».
Una década después de su primer acercamiento a la Cañada Real, Guillermo Galoe estrena su primer largometraje de ficción: Ciudad sin sueño, la película española premiada en Cannes que se adentra en la vida de un adolescente cuya familia vive bajo la amenaza del desalojo
En Ciudad sin sueño, Guillermo Galoe (Madrid, 1985) culmina un largo proceso creativo. Ha sido una década vinculado, de una forma u otra, a Cañada Real, el asentamiento irregular más grande de Europa. Años de talleres y vínculos personales creados en este barrio a pocos kilómetros del centro de Madrid, olvidado y estigmatizado. El primer fruto de todo aquello fue el corto Aunque es de noche (2023), ganador del Goya, y ahora llega este largometraje que aterriza en las salas tras su premiado paso por festivales —Cannes incluido—.
El actor protagonista de Ciudad sin sueño —como el de Aunque es de noche— es Antonio Fernández Gabarre, Toni, habitante real de La Cañada. Junto a a él, su familia y muchos más vecinos de La Cañada, Galoe y su equipo han construido esta historia sobre un adolescente que ve cómo el mundo que ha conocido se va alejando. En entrevista con Cine con Ñ, Guilermo Galoe cuenta cómo ha sido encontrar la mirada íntima dentro de este «paisanaje» y las líneas rojas que quiso marcar para poder hacer la película que quería hacer. Un «encuentro con el otro» hecho «desde la comunidad». Con todo lo que eso significa.
Han pasado diez años desde la primera vez que estuviste en Cañada Real. Ahora, con la película hecha, ¿ha cambiado mucho tu percepción del lugar desde aquellas primeras visitas hasta ahora? ¿Cómo crees que se ha modificado —o no— tu imagen mental?
Cuando estableces una relación a través del cine con un lugar, con un paisaje y un paisanaje, es interesante ver cómo el propio cine se convierte en testigo del paso del tiempo. Por un lado, cuando filmas a distintas personas en distintos momentos —como es el caso de Toni— ves cómo crecen, y en su caso, además, en una etapa donde los cambios son rapidísimos, de la adolescencia a la edad adulta.
Por otro lado, está también el retrato de mi relación con ese espacio, que queda ahí también de alguna forma. Durante todos estos años vas conociendo el lugar y a las personas como en cualquier relación personal: al principio estás expuesto a preconceptos que se van desmoronando, y pasas a conocer la luz y la sombra del sitio desde tu perspectiva. Ahí adquiere la complejidad que creo que es bueno que te de una película. Y creo que la película quiere reflejar precisamente eso, que nada es blanco o negro, que hay muchos grises en esa gama.
¿Y de qué forma crees que el cine puede capturar esa complejidad? Hablamos siempre del cine como arte del espacio y tiempo: ¿cómo puede el cine meterse ahí y captar algo de todo eso?
Creo que el cine, por definición, ha de estar cerca de la condición humana y la vida, y todo eso es complejo siempre. El cine que me interesa es el que quiere mostrar todo eso, el que se llena de barro, que asume riesgos y entra hasta el fondo. Hay películas que se quedan en la superficie por no querer asumir ciertos riesgos, y es entendible. Personalmente me interesa más el cine que no te dice qué es el bien o el mal, el que observa sin juzgar, con los ojos abiertos, con curiosidad, con capacidad de asombro… y que ama. Un cine que ama aquello que ve y lo que retrata.
¿Y cómo queríais incorporar ese proceso de empatía desde la ficción?
La ficción ofrece muchas posibilidades en ese sentido. Permite reelaborar una realidad, reorganizarla frente a la cámara, reconstruir momentos poéticos y, a la vez, encontrar la poesía que ya hay en lo real. La ficción te permite proyectarte hacia lo soñado, hacia las imágenes mentales de un personaje. Por supuesto también lo hace el dispositivo documental, pero desde otras maneras de trabajar.
En este caso, la propuesta era hacer una ficción junto a la gente de La Cañada, una comunidad que ha quedado completamente al margen de la sociedad y que, a través de la ficción, no solo es vista, no solo es visibilizada, sino también que se resignifica y se cuenta a sí misma. Esa ficción permite también proyectarse hacia lo soñado, hacia imágenes mentales que proyectan a uno mismo en el futuro, como es el caso de Toni, el protagonista de la película, a través de las imágenes del teléfono móvil que se ven. Toni filma con su teléfono móvil y de alguna forma, y eso es algo que creo que solo puede hacer el cine, construye imágenes mentales. Era una de las claves de nuestra propuesta.
Hablas de hacer una película con la comunidad. ¿Cómo es incorporar tu mirada —tu forma de dirigir— dentro de una comunidad tan grande y con sus propias dinámicas?
En la ficción necesitas manejar todos los elementos a voluntad, ser libre, y para eso es imprescindible generar un vínculo de confianza profundo. Eso llevó años. El guion pasó por doce o quince versiones, alimentándose de esa relación con el espacio y las personas. Desde ahí, la película se convierte también en una crónica de mi experiencia, de mi percepción del espacio. No necesariamente una crónica del lugar en un sentido periodístico. Es mi visión del sitio a través de los ojos de Toni. Esa fue la base para encontrar mi sitio desde el que filmar.
«La idea era estar presentes pero que no se nos viera demasiado»
La dirección de actores habrá sido muy importante también…
Sí, hubo muchísimo trabajo ahí porque no quería que leyeran, memorizaran el guión y luego repetir los diálogos. Quería llegar a lo que estaba escrito desde otros caminos. Lo conseguimos, por ejemplo, desde la memoria física y la mecanización del movimiento, con ejercicios de relajación, meditación, yoga… porque muchos actores llegaban con cuerpos agotados: gente que había trabajado tres turnos, que había descargado camiones de chatarra, niños sin horarios fijos, personas que llegaban incluso con síndrome de abstinencia o después de haber consumido… había que ajustar todo eso para el rodaje.
Luego también había que entrar en el plano personal, desde quiénes son, desde cuáles son sus fortalezas y sus fragilidades, y de cómo podíamos incorporar a la película su memoria emocional, partiendo de sentimientos de sus pasados para poder traerlos al presente frente a la cámara. Queríamos crear la sensación de conocer a la perfección a las personas que teníamos delante. También porque ellas nos conocían también a nosotros. Llegábamos al set de rodaje con escenas muy ensayadas, muy practicadas, para que después pudiésemos encontrar la magia del instante, de estar preparados para captarla si surgía.
¿Cómo fue el trabajo en ese sentido con Rui Poças, el director de fotografía?
A nivel técnico y de puesta en escena, tanto Rui como yo teníamos un planteamiento formal marcado, con unas composiciones muy claras, con un gesto fílmico explícito. Pero también intentábamos siempre que ese gesto tuviera cierta transparencia, que no se interpusiera entre los personajes y el espectador. Para que así hubiera una inmersión mucho mayor. En general, la idea tanto del guión como de la puesta en escena, en este caso, era estar presentes pero que no se nos viera demasiado.
Y en esa idea de estar presentes sin que se vea: ¿pensabais, desde la escritura o el rodaje, en claves formales de género? Para hablar de la película se han usado palabras como wéstern, cine social…
Es cierto que el cine crea códigos y géneros para que no solo la industria sino también el espectador sepa ‘a qué va’. Es una de las claves del sistema de representación institucional, que creo que está ahí en la historia para que aprendamos de él, y además sigue evolucionando. Nosotros, por supuesto, miramos mucho al pasado para la película, al cine clásico sobre todo, pero la idea era aportar algo nuevo siempre. Ya sea por la especificidad del sitio, la singularidad de lo que estamos filmando o por la resignificación de códigos anteriores que nos interesa trabajar a nuestra manera.
En ese sentido, los códigos asociados a lo que se llama cine social no nos interesaban demasiado para este caso. Sobre lo que comentas del wéstern, creo que puede haberlo, pero de forma orgánica, porque Cañada Real es un escenario de wéstern de por sí: códigos de honor entre personajes como ‘Chule’ o Paqui, vínculos del pasado que vuelven, masculinidades que sienten pero no expresan… y, en general, una épica de un mundo que se acaba, de una comunidad que se extingue y un mundo que ha quedado al margen, como esos wésterns ante la llegada del ferrocarril. Ese mundo que llega e invade, lo que denomina el progreso.
Sin querer quedarnos en el romanticismo vacío, sí que nos interesaba esa épica del fin de la comunidad, la belleza de los valores de la comunidad y el reparto de cuidados. Al final, nuestros personajes podrían haber salido de un wéstern o de un noir, sí, pero de ellos nos interesaba la piel, la intimidad, lo cotidiano, no las tramas narrativas en las que están acostumbrados a aparecer. Nos interesaba lo que sienten y lo que viven en su cotidianidad.
Decías que no os interesaban los códigos del cine social. ¿Crees que el cine social, tal y como lo entendemos, a veces desproblematiza o banaliza ciertas cosas?
Cuando hablo así del cine social lo hago como una etiqueta que se le pone, y ya por eso me interesa menos. Porque es limitante. Entiendo que esa etiqueta, además, tiene sus códigos, que es hablar de personas o colectivos al margen. Así las ubicamos fácil y las colocamos en un sitio para comprenderlas solo desde ahí. Si entendemos que todo cine es político, creo que es importante no dar por sentado nada y buscar desbordar los significados habituales. Nuestro sistema de imágenes debe ser constantemente resignificado para hacer avanzar el cine.
«No había día que el plan de rodaje no saltase por los aires»
Hace dos años y medio, cuando hicimos la entrevista para Aunque es de noche, apuntabas a que el corto y el largo eran procesos distintos que iban en paralelo: el corto más urgente, de querer estar en contacto con las imágenes y probar. ¿Cómo definirías ahora el proceso de hacer el largo, con una producción ya muy importante detrás? ¿En qué se diferencian ambas experiencias?
Son procesos muy distintos. Lo son por dimensión, por pretensiones, por capacidades. En un corto puedes desplegar menos cosas. Ciudad sin sueño ha sido difícil, una producción extremadamente compleja, con una propuesta con líneas rojas claras: debía ser una ficción en este entorno real, interpretada por personas que viven allí, con todos los elementos —actores, figuración, animales, sonido…— provenientes del lugar. Hicimos un trabajo enorme de sonido directo, por ejemplo, y de grabaciones en la calle para que todo lo que rodea a los personajes fuese su mundo real.
Todo eso puede parecer una rigidez en el planteamiento, de ponernos demasiadas trabas y limitaciones, pero yo creo que las obras son también el resultado de procesos que se piensan y se plantean con un objetivo. En este caso, ese objetivo era darle importancia a la elaboración y así captar la singularidad del trabajo y el espacio.
Para ti, como director y cabeza visible del proyecto, ¿cuáles han sido tus herramientas para preservar esas líneas rojas y hacer la película que querías hacer?
Cañada es un lugar extremadamente caótico, y eso me interesa muchísimo, pero es un arma de doble filo: el cine necesita jerarquías firmes y cierto orden. Nosotros trabajamos con metodologías muy diversas: desde rodar con 60 personas de equipo hasta rodar yo solo con un móvil. En el espectro entre esos dos polos, pues sucedía de todo, sobre todo de cambios de lo que ocurría delante de la cámara. No había día que el plan de rodaje no saltase por los aires.
Mantener el guión, no de manera rígida pero sí clara, era clave. Cada día podían ser mil películas diferentes, pero nosotros queríamos perseguir esta, la que habíamos construido en el terreno de la ficción sobre ese entorno real. Teníamos un equipo extremadamente flexible y cuidadoso con el entorno, que, a su vez, al sentirse cuidado, nos permitía más para lo cual hacía que el entorno también nos permitiera trabajar. Cuando decides que la película debe hacerse junto a la comunidad y no sobre la comunidad, es algo muy bonito pero implica muchos sacrificios: tiempo, paciencia, escucha, mantener el ego a raya.
Había que enamorarse de las cosas que surgían, ser muy ágil mentalmente y redirigirlas hacia donde queríamos ir. Ese esfuerzo era enorme. Conté con un equipo maravilloso para conseguirlo, la verdad: Víctor Alonso-Berbel, que reescribía conmigo sobre la marcha; Rui Poças, que entendía perfectamente el desafío; y, bueno, todo un equipo técnico que lo hizo posible. Y con los actores también, claro, con los que tenía una relación de absoluta complicidad. Juntos, si aparecía un marrón, intentábamos ver cómo convertirlo en oro.
¿Y qué valor le das a la fase de montaje? ¿Cómo te relacionaste con los materiales ya rodados y cómo encontrasteis la versión definitiva de la película?
Lo hice junto a la montadora de la película, Victoria Lammers, que conocía el proyecto a fondo. Ella me conoce muy bien y cuando llegué a montaje ella ya había preparado, siguiendo el guión, un primer corte. Y ahí empezó el trabajo. Todo eso lo desmontamos y buscamos los materiales que estuvieran realmente vivos. A partir de ahí construimos los núcleos de fuerza y desechamos muchas cosas para encontrar el lenguaje, que se terminó de definir ahí.
En paralelo, durante el montaje, yo seguí filmando imágenes con los chavales, las del móvil, para realizar esa idea de que el protagonista se filmara dentro de la ficción. Era un espacio de libertad para reconstruir cosas que no habían funcionado o para encontrar otras nuevas. Vicky (Victoria Lammers) recibía ese nuevo material y nuestro trabajo consistía en que conviviera con lo anterior de manera orgánica, sin saltos abismales, sin parecer dos películas distintas. Un trabajo de destilación realmente, también con el tiempo. Como aparecen siempre cosas maravillosas siempre, era como en rodaje: volver al rumbo.
Se suele decir que las películas se completan con la mirada del espectador. Ahora que la película llega a salas comerciales tras su recorrido en festivales, ¿cómo te gustaría que un espectador, quizá no familiarizado con la realidad de Cañada, completase la película con su mirada?
Creo que el espectador va a disfrutar de un viaje a un lugar muy ‘otro’, pero que está muy cerca. Y no me refiero solo a Cañada Real: el ‘cuarto mundo’, por decirlo de alguna manera, está ahí, en la puerta de nuestras casas, en la calle, en la esquina. Nos está mirando. La cuestión es si nos miramos a los ojos. La película mira a los ojos a ese lugar, a través de un prisma al que no estamos acostumbrados. Tendrá una experiencia distinta.
Por otro lado, más allá de que sea una película sobre Cañada Real, el espectador entrará en estructuras familiares, relaciones familiares que son muy cercanas. Espero que pueden encontrarse a ellos mismos en ese espacio del ‘otro’. Las cosas que les unen, no las que les separan. Luego está la idea del irse o quedarse puede extrapolarse a cualquier aspecto de la vida: el hogar, el amor, la amistad. Las relaciones familiares fragmentadas por presiones externas.
En general es una película sobre los vínculos: la comunidad y el vínculo con uno mismo, con la identidad. Toni ve cómo su mundo se desmorona, y todos hemos sentido alguna vez que todo se acaba. Es una sensación desasosegante, pero también llena de posibilidades. La película busca la luz, busca proyectarse hacia el futuro. Creo que el espectador saldrá con la sensación de haberse acercado a un mundo que normalmente está muy lejos, pero también con ganas de vivir, con energía, con fuerza.
Esta historia colectiva de un pueblo vaciado supone un registro atemporal, optimista y reivindicativo del pasado, pero también de un presente que exige no ser olvidado
Los jóvenes cineastas Ariadna Silva y Alejandro Gándara presentan en la sección Esbilla del Festival de Gijón con el documental 360 curvas, una mirada personal y colectiva de las «movidas» en el pueblo gallego de Fonsagrada (Lugo), cuyos vecinos se alzaron en conjunto en los 90 contra las medidas de desmantelamiento de servicios agrarios.
A partir del redescubrimiento de unas fotografías de la época tomadas por Manuel Fernández, Adrián, un joven que ha vuelto al pueblo mientras la tendencia era abandonarlo, se propone compartir la memoria de estas fotografías. La memoria de sus padres, ahora en Bilbao, y la de vecinos que participaron activamente en las protestas, incluso fueron arrestados y acusados de sedición por ello.
Simbólicamente, el documental se sustenta tanto en las fotografías que los sujetos del documental ven por primera vez, recordando un pueblo, un espacio y un tiempo que ya no existe —por las políticas que han vaciado la comarca—, como en la idea de una carretera con demasiadas curvas, 360, que une el pueblo con Lugo y cuya reclamación principal es que sea reconstruida para facilitar la comunicación.
360 curvas, 360 historias
Son tres testimonios los que estructuran la película, que no solo se quedan en la narración de hechos y acontecimientos. En estas conversaciones, interactúan con el equipo de rodaje y son capturados por una cámara que los graba con ternura, sin presión, temblorosa. Salen a relucir nombres, recuerdos y ausencias que permiten que el pasado se materialice en el presente.
A través de la idea del espejo, el pasado de la lucha rural y vecinal, que se unía para frenar la posible despoblación, se refleja en un presente vaciado como consecuencia de las políticas centralizadoras. Aunque los jóvenes no quieren que se vacíe, tampoco ven posibilidades de volver al pueblo. Mientras, los mayores se resignan a la desaparición y el olvido.
La forma en la que 360 curvas dialoga con el pasado no es solo a través de la inserción de material de archivo, con un montaje que complementa y contrasta tanto los testimonios como las imágenes del presente, sino a través de la interacción con estas imágenes. Se ve en pantalla el dispositivo para visualizar las diapositivas e incluso se interactúa con la foto, dibujando a su alrededor lo que quedaba fuera de los márgenes, los demás pueblos y lugares. De esta manera, el archivo es un punto de partida no solo de contemplación, sino de recomposición de la memoria.
Hacer cine desde el pueblo
Que la película surja del pueblo, que los directores sean casi como mediadores que se unen posteriormente al proyecto para darle forma a la idea y que nazca de la recuperación del archivo, es una forma de reclamar también una voz cinematográfica descentralizada.
En la película de Silva y Gándara se priorizan las memorias vecinales, se busca el archivo familiar en noticias o periódicos con los que se interactúa solo a través de los sujetos que leen, muestran y reaccionan a ellos, desencadenando otros recuerdos personales. Y, sobre todo, se permite que la memoria política del pueblo sea capaz de adentrarse en lo íntimo de la vida de los sujetos que dan testimonio. Así, recuerdos de boda, bailes, celebraciones y festejos, encarnan también la unión por la supervivencia.
360 curvas es un documento de un pasado vecinal, que se ve completado con un montaje que extrae el humor de la lucha colectiva como espejo de un presente que todavía se niega a ser vaciado. Y, aunque puede parecer efímero, demasiado concreto o ensimismado por la memoria individual, dando lugar a una película que entra y abandona el pueblo tras ser completada, lo cierto es que supone un registro atemporal, optimista y reivindicativo del pasado y de un presente que exige no ser olvidado.
Adrián Lastra, Aida Folch, Esmeralda Pimental y José Luis García Pérez protagonizan esta historia sobre un camarero español en Nueva York que se enamora de una misteriosa nadadora
El cineastaÁlvaro Congosto dirigirá su ópera prima en solitario con El gusto del cloro, adaptación de la novela gráfica del autor francés Bastien Vivès publicada en 2008. Una historia de amor a través de un secreto susurrado en una piscina que protagonizan Adrián Lastra, Aida Folch, Esmeralda Pimentel y José Luis García Pérez. El rodaje comenzó la semana pasada en Madrid.
Sus responsables definen El gusto del cloro como «un cuento de amor con final feliz» que responde a la pregunta que el dibujante dejó abierta en el cómic original (que susurra la narradora al protagonista cuando sumergen en la piscina). Ambientada entre Madrid y Nueva York, «la película explora la parálisis emocional de un hombre incapaz de tomar decisiones».
El propio Congosto y Víctor Nores son los autores del guión a partir de la obra de Vivès, que ganó el Premio Revelación en el prestigio Festival de Angoulême en el año de su publicación. Antonio Dechent, Stephen Ohl, Rafa Álamos y Raudel Raúl completan el reparto.
La producción corre a cargo de Patricia González para Eterno Pictures. La dirección de producción es de Hugo Romera González, mientras que la dirección de arte recae en Raquel Troyano y la dirección de fotografía en David Cortázar. El montaje es obra de Nerea Mugüerza y el sonido está liderado por Miguel Carretero Hernández. El equipo de maquillaje y peluquería está en manos de Blanca Otamendi y el vestuario lo diseña Amador García.
El gusto del cloro, un proyecto desarrollado dentro del Sources2 Lab, está producido por Eterno Pictures, y continuará su rodaje en Gran Canaria, que acogerá varias secuencias clave, y Nueva York.
El gusto del cloro, ópera prima de Álvaro Congosto
Para Congosto, «El gusto del cloro es una mágica historia de amor sobre los peligros de la idealización, sobre todo lo que nos perdemos por el miedo al fracaso, en definitiva, sobre el miedo a vivir». El cineasta afirma que le interesa «mostrar un retrato de un hombre vulnerable y paralizado por el miedo. Lo valiente ya no es ocultar los sentimientos, sino precisamente hacerse cargo de la propia vulnerabilidad para poder amar desde un lugar más sensible y humano».
«Es una película tierna, divertida y ensoñadora, en la que la empatía con el protagonista no está reñida con una trama excitante y llena de sorpresas. Una historia romántica que cuestiona el amor romántico y que conecta con el espectador a través de un tono mágico y poético», concluye el director.
«Cuando leí El gusto del cloro, lo que más me gustó fue su enfoque narrativo tan original y la profunda resonancia emocional», explica Patricia González, productora de la cinta. «Es una historia que utiliza el misterio y la fantasía para hablar de algo muy real y contemporáneo: la parálisis que sentimos ante la vida y el miedo a la vulnerabilidad. La historia de Nico, un joven enfrentándose a sus miedos en Nueva York, es un recordatorio tierno y divertido de que el amor verdadero no es una idealización, sino un acto de valentía».
«Creo que es una película reconfortante, con un toque de intriga, que no solo promete un final feliz y entrañable, sino que también invita al espectador a cuestionar y superar sus propios miedos a amar y a vivir plenamente», añade.
Nico, un joven camarero español en Nueva York, se enamora de Emily, una nadadora que desaparece tras susurrarle algo enigmático bajo el agua. Obsesionado con encontrarla, descubrirá que sus fantasías esconden la clave de su miedo a vivir y que el amor verdadero podría estar más cerca de lo que imagina.
Un drama familiar contado con torpeza y demasiadas explicaciones, que tiene que agarrarse a un popurrí de tonos para intentar mantener el tipo
Aullar se acerca a la vida de Mamen, una mujer que combina trabajos de noche y día para sacar adelante a su hijo. Aunque su sueño era ser bailarina profesional, está muy lejos de alcanzarlo. Su día a día da un vuelco cuando reaparece su padre, al que lleva años sin ver. Expulsado de su casa, ahora Mamen tendrá que gestionar ahora su conflictiva relación con él, agravada por su adicción al alcohol.
Sergio Siruela, director español que ha trabajado sobre todo en México, se encarga de este drama familiar con toques de thriller que surge de la alianza entre la productora de Eduardo Campoy (integrada en Secuoya Studios) con la de Ezekiel Montes (Hombre muerto no sabe vivir), que ha escrito también el guión y está detrás de la fotografía.
Ya se rueda El mal hijo, la primera película como director de Jaime Lorente. Basada en una novela del también guionista Salvador S. Molina, un drama familiar en el que un niño es abandonado por su padre y se ve obligado a vivir con su abuela, que cuenta con el propio Susi Sánchez como protagonista.
El joven Abel de la Fuente, Óscar de la Fuente, Miguel Ángel Puro y Hugo Arbués completan el reparto principal. El proyecto de El mal hijo se presentó el pasado Festival de Cannes.
AF, la productora de Frank Ariza, ha asegurado a la prensa que El mal hijo es un drama que promete no dejar «indiferente a nadie por su emotividad, cercanía y su crudeza». La base es una novela ambientada en Murcia —tierra natal de Lorente— que publicó en 2024 Salvador S. Molina, conocido por sus trabajos en los guiones de producciones de Bambú como las series Manual para señoritas yJaguar o las películas 13 exorcismos y El verano que vivimos.
Jaime Lorente y las nuevas películas con AF
Jaime Lorente dará el paso a la dirección con esta película con la que se vuelve a asociar con AF, que también está detrás de su nuevo papel como protagonista en La silla, un thriller psicológico dirigido por Ángel de la Cruz en la que se pondrá en la piel de un novelista de terror que, para preparar un personaje y por accidente, queda amordazado y atado a una silla en su propia casa. Además, y acaba de estrenar Reversión, otro thriller que dirige Jacob Santana.
Con el anuncio de El mal hijo, la productora de Ariza sigue así su alto nivel de actividad y preparación de proyectos para este curso. Además de La silla, en Cannes se promocionó otro proyecto más de la compañía: El vestido, el regreso al terror de Belén Rueda que dirigen el propio Ariza y Santana. Frank Ariza, detalla AF, tiene «aseguradas alianzas estratégicas», sobre todo con la productora Match Point (Manu Vega al frente), con quien está desarrollando «diversas coproducciones internacionales».
Sinopsis de El mal hijo
La historia comienza con una abuela y su nieto de once años cuando atraviesan los campos infinitos de limoneros y paleras comidas por la cochinilla. Es allí donde ella quiere mostrarle algo que nadie más ha visto: en una vieja caseta de labriegos, la Pascuala tiene secuestrado a su propio hijo. Cuando su padre desaparece, Rubén se muda a vivir con su abuela, a la que apenas conoce. Hasta entonces se ha criado con su madre, con su familia gitana; y es que Rubén tiene dos mitades, dos sangres. El nieto descubre todo lo que nunca supo sobre su padre mientras deja atrás los últimos días que le quedan de niñez.
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