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Críticas | FICX 2025

‘360 curvas’: voces de la España vaciada

Esta historia colectiva de un pueblo vaciado supone un registro atemporal, optimista y reivindicativo del pasado, pero también de un presente que exige no ser olvidado
Crítica de '360 curvas', película documental

Los jóvenes cineastas Ariadna Silva y Alejandro Gándara presentan en la sección Esbilla del Festival de Gijón con el documental 360 curvas, una mirada personal y colectiva de las «movidas» en el pueblo gallego de Fonsagrada (Lugo), cuyos vecinos se alzaron en conjunto en los 90 contra las medidas de desmantelamiento de servicios agrarios.

A partir del redescubrimiento de unas fotografías de la época tomadas por Manuel Fernández, Adrián, un joven que ha vuelto al pueblo mientras la tendencia era abandonarlo, se propone compartir la memoria de estas fotografías. La memoria de sus padres, ahora en Bilbao, y la de vecinos que participaron activamente en las protestas, incluso fueron arrestados y acusados de sedición por ello.

Simbólicamente, el documental se sustenta tanto en las fotografías que los sujetos del documental ven por primera vez, recordando un pueblo, un espacio y un tiempo que ya no existe —por las políticas que han vaciado la comarca—, como en la idea de una carretera con demasiadas curvas, 360, que une el pueblo con Lugo y cuya reclamación principal es que sea reconstruida para facilitar la comunicación.

360 curvas, 360 historias 

‘360 curvas': voces de la España vaciada 1

Son tres testimonios los que estructuran la película, que no solo se quedan en la narración de hechos y acontecimientos. En estas conversaciones, interactúan con el equipo de rodaje y son capturados por una cámara que los graba con ternura, sin presión, temblorosa. Salen a relucir nombres, recuerdos y ausencias que permiten que el pasado se materialice en el presente.

A través de la idea del espejo, el pasado de la lucha rural y vecinal, que se unía para frenar la posible despoblación, se refleja en un presente vaciado como consecuencia de las políticas centralizadoras. Aunque los jóvenes no quieren que se vacíe, tampoco ven posibilidades de volver al pueblo. Mientras, los mayores se resignan a la desaparición y el olvido.

La forma en la que 360 curvas dialoga con el pasado no es solo a través de la inserción de material de archivo, con un montaje que complementa y contrasta tanto los testimonios como las imágenes del presente, sino a través de la interacción con estas imágenes. Se ve en pantalla el dispositivo para visualizar las diapositivas e incluso se interactúa con la foto, dibujando a su alrededor lo que quedaba fuera de los márgenes, los demás pueblos y lugares. De esta manera, el archivo es un punto de partida no solo de contemplación, sino de recomposición de la memoria.

Hacer cine desde el pueblo

‘360 curvas': voces de la España vaciada 2

Que la película surja del pueblo, que los directores sean casi como mediadores que se unen posteriormente al proyecto para darle forma a la idea y que nazca de la recuperación del archivo, es una forma de reclamar también una voz cinematográfica descentralizada. 

En la película de Silva y Gándara se priorizan las memorias vecinales, se busca el archivo familiar en noticias o periódicos con los que se interactúa solo a través de los sujetos que leen, muestran y reaccionan a ellos, desencadenando otros recuerdos personales. Y, sobre todo, se permite que la memoria política del pueblo sea capaz de adentrarse en lo íntimo de la vida de los sujetos que dan testimonio. Así, recuerdos de boda, bailes, celebraciones y festejos, encarnan también la unión por la supervivencia.

360 curvas es un documento de un pasado vecinal, que se ve completado con un montaje que extrae el humor de la lucha colectiva como espejo de un presente que todavía se niega a ser vaciado. Y, aunque puede parecer efímero, demasiado concreto o ensimismado por la memoria individual, dando lugar a una película que entra y abandona el pueblo tras ser completada, lo cierto es que supone un registro atemporal, optimista y reivindicativo del pasado y de un presente que exige no ser olvidado.

Ana Jiménez Pita

Ana Jiménez Pita

Crítica y programadora de cine, ha formado parte del equipo de programación de Filmoteca Española, y colabora en medios como Revista Mutaciones, Cine Divergente, Caimán. Cuadernos de cine o en programas como Tarde de Perros.