Atrapada entre el mito, la historia y la ficción, una película estática incapaz de alcanzar la fuerza de su propio relato
El cautivo no es otro que un joven Miguel de Cervantes (Julio Peña), encarcelado en Argel en 1575. Tras no haber conseguido el dinero para su rescate, Cervantes buscará la forma de aliviar su encarcelamiento a través de las letras. Pronto empezará él mismo a contar historias inventadas en público, estimulando la imaginación de sus compañeros de prisión, pero también la del temido gobernador del lugar (Alessandro Borghi).
Después de la de Miguel de Unamuno (Mientras dure la guerra), Alejandro Amenábar se fija en la vida de otro Miguel de la literatura española, el más ilustre de todos: Cervantes. Como en el caso del pensador salmantino, el director elige un episodio de su biografía, en este caso los cinco años de cautiverio en Argel que marcaron al futuro autor del Quijote. Basado en lo que confirman los documentos históricos y en lo que solo puede fantasearse, Amenábar construye una historia «de orígenes» que contrasta con el crepúsculo de Unamuno durante el arranque de la Guerra Civil.
Como ya pasó con Mientras dure la guerra, es probable que una parte de las críticas (negativas) a El cautivo se centren en la cuestión histórica, en cómo se retrata a Cervantes. Lo que era y lo que no era, lo que hizo o no hizo. Sería un análisis que, en realidad, beneficiaría a lo que ha hecho Amenábar. Primero porque El cautivo no hace ningún terrible desaguisado sobre lo que sí sabemos que hizo Cervantes y, segundo, porque sería fácil contrarrestarlo con la excusa de la ficción, defendida desde un supuesto atrevimiento en la lectura del personaje que podría encontrar apoyos en la trinchera ideológica cultural. Y, en realidad, los problemas de la película son otros.
Durante la ya mítica —y caducada— animadversión del crítico Jordi Costa por el cine de Amenábar, el entonces autor de El País solía decir que a las películas del director de Tesis les faltaba lo «dionisíaco», es decir, el gusto y la energía por rodar, el disfrute de los géneros cinematográficos que sus películas tocaban. Más de quince años después de esas críticas, viendo El cautivo, una película que supuestamente quiere transmitir el placer de contar historias, uno se acuerda de Jordi Costa. Y piensa que tenía razón.
A diferencia de lo que pasa en otras películas de Amenábar, defendidas desde la sobriedad, la falta de goce de El cautivo se nota más porque sí intenta ser una película transportada por el contagio fantasioso de la aventura narrada y el jugueteo con la tensión escapista, incluso abrazándose al subgénero del cine de evasiones por momentos.
Por eso mismo decepciona que El cautivo acabe siendo tan estática y artificial. Quizá culpa de los responsables de producción, la película tropieza en orquestar una cierta profundidad como producción cinematográfica, que era uno de los puntos fuertes en el cine de Amenábar. Porque por resultado de planos y esfuerzos técnicos (imagen digital, sonido, etc.), parece más una serie funcional de Movistar Plus+ que una película de 15 millones de euros.
Ni la cárcel tiene peso como espacio opresivo (o se repiten sin cesar los espacios del Baño Real o se despiezan los interiores sin que de la sensación de que estamos en un mismo lugar) ni se percibe la ciudad de Argel como una gran urbe (se abusa de los planos más cortos de calles para tapar vergüenzas y se combinan vagamente con unos aéreos digitales). Y así es muy difícil que el contexto al que apunta el guión (una ciudad más permisiva en las costumbres que las españolas, la tensión entre las cosmovisiones cristiana y musulmana…) tenga una identidad real.
Buena parte del interesante grupo de personajes secundarios de El cautivo —que se comunican, socializan y traicionan más como un español del Siglo XXI que como uno del XVI— pertenecen a esa película mucho más sacrílega que latía por debajo. Pero el director acaba dejándolo todo en favor de la justificación histórica y dramática de su protagonista, una losa que aplasta su ambición y tono general. Paradójicamente, todo acaba en algo menos verosímil, más falso y acartonado.
Si los cuatro documentados intentos de huida de Cervantes de Argel se han convertido en uno y medio en El cautivo es porque a Amenábar en realidad no le interesa tanto su cautiverio en sí mismo, sino más bien usar ese período para darle al personaje unas coartadas concretas que le identifiquen como el futuro autor de la novela española más grande de todos los tiempos.
Por eso se entiende aún menos que El cautivotampoco termine de construir una subjetividad clara en torno al escritor. De hecho, la película se enreda con el metarelato y ya no sabemos quién es el que nos está contando la historia de verdad (entre el propio Cervantes del futuro —en un prólogo sin sentido— y el de Argel o el del personaje de Miguel Rellán). Es como si Amenábar se hubiese parapetado en el juego entre la ficción y la realidad y lo que nos deje es un personaje filtrado solo desde el mito.
A partir de este protagonista, vaciado para hacerlo contenedor de distintas decisiones, la teoría de si Cervantes tuvo alguna experiencia homosexual, convertido en el centro de todo el planteamiento de la película, resulta irrelevante. Si se intensifica en el último tercio de la película, de largo el más inspirado a nivel de relato, es sobre todo gracias a la interpretación de Alessandro Borghi, que añade los matices contradictorios del deseo y la voluntad de dominación a su personaje.
El cautivoparece venir de otro tiempo en el cine español, tanto por sus hechuras de ficción de estudio como por su enfoque abierto a la hora de darle forma a su historia (drama, acción, aventura, erotismo…). Es una película que, a través de rellenar distintos huecos, busca más conseguir la validación externa que tener una personalidad concreta.
Ligera, divertida y con trasfondo romántico, una película que devuelve humanidad al cine del director de 'Truman'
En Mi amiga Eva vemos cómo la vida de una mujer (Nora Navas), casada desde hace 20 años y con dos hijos, da un vuelco. La experiencia que vive durante un viaje de trabajo a Roma la llevará a darse cuenta que quiere volver a enamorarse. Y eso ya no lo puede hacer con su marido (Juan Diego Botto). Pese a que la noticia de su separación descoloca a su entorno, Eva seguirá adelante con su decisión.
Nueva película de Cesc Gay (En la ciudad, Krámpack, Truman), una tragicomedia sobre una mujer que llega a los 50 años y decide dar un giro vital para ser feliz otra vez. Una película que busca el equilibrio de abordar situaciones vitales complicadas con ligereza, coqueteando con la comedia romántica al estilo Woody Allen.
Después de dos películas descreídas —y, en lo fundamental, bastante conservadoras— como Sentimental (2020) e Historias para no contar (2022), se agradece que Cesc Gay haya hecho una comedia con sus dosis de idealismo y romanticismo y, sobre todo, con una ironía que humaniza en vez de caricaturizar a sus personajes.
Mi amiga Eva, una mujer contradictoria
La película se centra en describir el punto de quiebre en la vida de una mujer. Por ahí, muchas de las informaciones sobre Mi amiga Eva se están centrando en el tema del género: si ya es poco habitual ver como protagonista absoluta de una película a una mujer de 50 años, lo es aún más en una de las historias de Gay, casi siempre centradas en la mirada contradictoria de los hombres.
Está bien destacar este punto, pero lo interesante de verdad no es tanto que el sujeto de la historia sea original, sino cómo se trata esa subjetividad. Eva es una mujer que se deja guiar por su deseo —o, más bien, por el deseo de desear—, y lo hace además de forma aparentemente contraintuitiva si se tiene en cuenta la vida y el matrimonio que tiene. De hecho, y aunque haya una experiencia que activa esas «ganas de amar», lo interesante del personaje es que, a riesgo de no poder empatizar con él, no se termina de explicar racionalmente.
Alejada de procesos de empoderamiento racionales de otras dramedias feel-good tipo La boda de Rosa (2020), Mi amiga Eva es una película que se atreve a no darle coartadas al comportamiento de su protagonista, que se enfrenta a una cierta incomprensión, de su entorno y de sí misma incluso.
A Eva se la describe no desde una reivindicación personal objetivamente justa, sino desde un espacio contradictorio o incluso inocente, pero siempre honesto en el fondo. Incluso cuando la película puede caer en el reduccionismo de reducir la felicidad al amor y el personaje puede caer en la unidireccionalidad, Nora Navas es capaz de redirigirlo todo, canalizar esas sensaciones en algo real y terminar de darles un sentido en pantalla.
Una buena comedia
Con esa protagonista, el guión de Gay y Sola, que son de los que mejor escriben comedia en este país, fluye de forma bastante natural, sin caerse ni en la exageración cómica ni el dolor que provocan las decisiones de Eva. No todos los secundarios, algo más estereotipados para cumplir su función, están igual de bien a la hora de darle ese equilibrio al texto, pero lo principal es que los tres principales —habría que sumar a Juan Diego Botto y a Rodrigo de la Serna— sí están muy a tono con lo que pide la película.
Está especialmente bien construida la parte más cómica. No es una novedad que al director de Una pistola en cada mano (2012) se le de bien provocar la sonrisa incómoda, pero aquí ha conseguido algunas secuencias especialmente graciosas, en esa zona indefinida entre la ironía, la vergüenza ajena y la sonrisa cómplice. Hace ese clic, sin caer tampoco en los clichés más típicos de la comedia romántica.
Es verdad que fijarse en las contradicciones de la burguesía barcelonesa ya no es una prioridad para Gay, lo cual acomoda mucho al canon su tipo de cine, pero en Mi amiga Eva ha encontrado una transparencia emocional que parecían haber perdido sus películas, cegadas por un sarcasmo que resultaba casi misántropo. Una reconciliación emotiva es posible.
La película de Oliver Laxe iguala la marca de Almodóvar, Amenábar y Bayona y optará a dos de las cinco categorías en las que fue preseleccionada. El corto 'El fantasma de la quinta' se queda fuera
Sirât, de Oliver Laxe, ha hecho historia para el cine español al conseguir dos nominaciones a los Óscar 2026, igualando el récord para una sola película de nuestro país. A la posible estatuilla de Mejor Película Internacional se une la de Mejor Sonido para el trabajo de Laia Casanovas, Amanda Villavieja y Yasmina Praderas.
No ha podido ser para Maura Herce por la fotografía, Kanding Ray por la música original, Nadia Acimi y Luis Bértolo por la dirección de casting —categoría de nueva creación—, quienes en cualquier caso ya habían logrado un hito para nuestro cine con las preselecciones en sus respectivas categorías. Tampoco para el El fantasma de la quinta, de James A. Castillo, que buscaba la nominación a Mejor Cortometraje de Animación.
En las últimas horas revistas como Variety y The Hollywood Reporter daban a la candidata española posibilidades de entrar en la selección de Mejor Película, así, en términos absolutos, un hito cuasi inalcanzable que finalmente no cristalizó. En las nominaciones leídas por los intérpretes Danielle Brooks y Lewis Pullman destacaron las favoritas previstas como Sinners, Una batalla tras otra o Frankestein.
No lo tendrá fácil en los Óscar en cualquier caso, enfrentándose a potentes títulos internacionales de este pasado 2025 como Valor sentimental, de Joachim Trier; El agente secreto, de Kleber Mendonça Filho, o Un simple accidente, de Jafar Panahi, que, sobre todo en el caso de la noruega, además de a la categoría internacional aspira a los premios de interpretación, guión o incluso Dirección y Mejor Película.
Precisamente en los recientes Premios del Cine Europeo la película dirigida por Laxe obtuvo los galardones a Mejor Fotografía (Mauro Herce), Mejor Dirección de Cásting (Nadia Acimi, Luís Bértolo y María Rodrigo), Mejor Montaje (Cristóbal Fernández), Mejor Diseño de Producción (Laia Ateca) y Mejor Sonido (Yasmina Praderas, Amanda Villavieja y Laia Casanovas).
En todas ellas está nominada también a los Premios Goya, donde aspira a 11 estatuillas y que se entregarán el 28 de febrero, antes que los Óscar, el día 16 de marzo. Esta doble nominación es, sin duda, un espaldarazo a su favoritismo junto al de Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa, la más nominada.
Dos, tope de nominaciones para el cine español
La película de Laxe iguala así el récord de nominaciones para un solo filme de producción 100% española —el récord lo tiene El laberinto del fauno (2006), con 6 nominaciones y 3 Premios—, que compartían, en empate, tres cintas de Pedro Almodóvar, una de Alejandro Amenábar y otra de Juan Antonio Bayona. Por el manchego, Hable con ella(2002), nominada a Mejor Dirección y Mejor Guión Original y ganadora en esta última categoría; Dolor y Gloria(2019), a Mejor Película Internacional y Mejor Actor para Antonio Banderas, y Madres paralelas (2021), a Mejor Actriz para Penélope Cruz y Mejor Banda Sonora Original para Alberto Iglesias, todas las cuáles se fueron sin premio.
En el caso del hispanochileno, en 2004 ganó Mejor Película Extranjera con Mar Adentro, por la que también estuvo nominado Manolo García a Mejor Maquillaje y Peluquería. En 2024, La sociedad de la nieve (2023), de Bayona, estuvo nominada a Mejor Película Internacional y Ana López-Puigcerver, Belén López-Puigcerver, David Martí y Montse Ribé en la misma categoría de Maquillaje y Peluquería, aunque no lograron ninguno de los dos premios.
No ha podido ser la otra nominación para el cine español de la mano de El fantasma de la quinta, de James A. Castillo, que aspiraba a estar en Mejor Cortometraje de Animación. Esta historia sobre la creación de las Pinturas negras de Goya durante su estancia en la Quinta del Sordo, que cuenta con la voz de Maribel Verdú, se presentó en el neoyorquino Festival de Tribeca y fue premiada en Sitges. En 2022, The Windshield Wiper, de Alberto Mielgo, ya logró el Óscar en esta categoría para el cine español.
España en los Óscar 2026
‘El fantasma de la quinta’, de James A. Castillo.
En cualquier escenario, Sirât con sus cinco preseleccionesya había mejorado el desempeño de Segundo premio, de Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez, en 2025, dado que no pasó el corte de la short-list. En los últimos 20 años solo se habían logrado tres nominaciones: Mar adentro (2004), de Alejandro Amenábar, que ganó; Dolor y gloria (2019), de Pedro Almodóvar, y La sociedad de la nieve (2023), de Juan Antonio Bayona.
El dato se agrava en tanto en el mismo periodo, desde el último Óscar español en Mejor Película en Habla No Inglesa, solo han pasado el corte de la short-list, sin llegar a la nominación, otros tres títulos: Volver (2006), de nuevo de Pedro Almodóvar; También la lluvia (2010), de Icíar Bollaín, y El buen patrón (2021), de Fernando León de Aranoa. En el resto de casos ni siquiera se entró en dicha preselección, incluso al enviar películas de gran prestigio como Alcarràs (2022), de Carla Simón, ganadora del Oso de Oro en Berlín.
En cualquier caso, España se mantiene en el podium de ganadoras de la categoría internacional, con cuatro estatuillas —Volver a empezar (1982), de José Luis Garci; Belle Epoque (1992), de Fernando Trueba; Todo sobre mi madre(1999), de Pedro Almodóvar, y la mencionada de Amenábar— y solo superada por las 9 de Francia y las 11 de Italia, y empatada a premios con la cinematografía de Dinamarca.
En otras categorías, el último Óscar para España fue el mencionado en Cortometraje de Animación para Alberto Mielgo, aunque en 2021 Sergio López-Rivera recibió el de Maquillaje y Peluquería junto a Mia Neal y Jamilka Wilson por su trabajo en La madre del blues (2020), de George C. Wolfe. En 2025, la española Karla Sofía Gascón estuvo nominada al galardón de Mejor Actriz por Emilia Pérez (2024), de Jacques Audiard, y en 2024 Robot Dreams (2023), de Pablo Berger, a Mejor Película de Animación.
Notable secuela de una excelente primera parte, logra el equilibrio entre recoger casos reales con crudeza pero sin moralinas y darles el suspense de una ficción criminal de calidad
Marbella. Expediente judicial sigue a la fiscal antidroga de Marbella, Carmen Elías, en su intento de desmantelar el entramado de los abogados penalistas que defienden a los diferentes clanes del narco. Así se enfrentará a César, el letrado sin escrúpulos protagonista de la primera temporada, que ahora representa a los Salaos, una familia de pescadores reconvertidos en traficantes. Solo que cuando los narcos vayan demasiado lejos, Carmen obtendrá un respaldo inesperado. Y eso podría arruinarle la vida.
La segunda temporada de Marbella(2024) da el salto de la parte de los abogados del narco, con ligero vistazo a la Policía Nacional, al otro lado de la trinchera, metiéndose de cabeza en esos juzgados saturados de las ciudades españolas, donde muchos casos acaban durmiendo el sueño de los justos por falta de personal para tramitarlos correctamente. Frente al abogado encantador de serpientes interpretado por Hugo Silva llega Natalia de Molina como una fiscal prima hermana de la jueza de Hierro(2019-2022) pero con menos miramientos.
La nueva película del director de 'Irati' deja huella al invertir la mirada patriarcal y convertir la caza de brujas en un gesto de emancipación femenina
Paul Urkijo ambienta su último relato en el SXVII en plena caza de brujas. La narración de Gaua sigue a Kattalin, una joven vasca que huye del maltrato de su marido y se adentra en la oscuridad del bosque, donde se encuentra con tres mujeres que lavan la ropa y comparten las historias de brujería que han tenido lugar en la villa. A medida que la narración avanza, Kattalin descubre que ella misma forma parte de esas historias y que su forma de proceder será fundamental para hacer avanzar la trama y llegar a una resolución satisfactoria.
En su trabajo anterior, Irati(2022), Urkijo rescataba las tradiciones precristianas, un universo mitológico pagano, donde la protagonista femenina también tenía un rol preponderante en el desarrollo y resolución de la trama. En Gaua, el cineasta vasco se adentra en un inhóspito bosque, donde las mujeres rinden culto a una versión transgénero del diablo.
En un momento en el que el patriarcado se perpetúa bajo nuevas máscaras —institucionales, mediáticas, digitales—, Gaua presenta la noción del cuerpo y el deseo femenino como campo de batalla, un espacio de resistencia y de redención.
Cabe destacar, que el director vasco construye una visión crítica de la Iglesia Católica, no desde la violencia de los inquisidores, como suele hacer el cine, sino a través de la libido del párroco, que se convierte en un inesperado peeping tom.
La noche como espacio de emancipación en Gaua
Urkijo construye un universo donde lo real y lo legendario coexisten sin fronteras, donde cada rincón del bosque parece guardar un secreto y cada historia adquiere el peso de una verdad ancestral.
Con una estructura episódica, la película acompaña el relato oral de las brujas mediante varios flashbacks. De esta forma, el guión trabaja varias líneas temporales que acaban siendo convergentes y que separan el día de la noche. Siendo la oscuridad y sus criaturas un lugar de salvación. La puesta en escena resulta tan plástica como sensorial, ya que pone en el centro el sufrimiento del cuerpo femenino y da relieve a la oscuridad, sin perder el aura de las fábulas.
La hoguera y la insurrección de los cuerpos
A medida que avanza el relato, el cuerpo y la sexualidad femeninas dejan de ser un territorio colonizado y empiezan a recuperar su autonomía. Con algunas resonancias cercanas a La bruja(2015), de Robert Eggers, en su último tramo, el filme devuelve a las brujas su dimensión política y erótica. Las convierte en símbolo de insurrección contra el patriarcado.
Al igual que las leyendas que se transmiten de generación en generación, Gaua deja una huella persistente en la memoria del espectador. Su siniestra belleza, su ritmo y su sensibilidad para captar el alma del paisaje la convierten en una experiencia que trasciende el género fantástico para adentrarse en lo mitológico y lo humano. Como la noche que retrata, la película esconde en su interior tanto el miedo como la fascinación: una fábula sombría que privilegia el amor romántico.
No es la primera vez que un director lleva al cine el leitmotiv de la brujería en el País Vasco. Pedro Olea filmó Akelarre (1984), un duro testimonio de la crueldad de la inquisición. Y más recientemente, Pablo Agüero dio luz a otra película del mismo nombre, Akelarre (2020), con un tratamiento similar, su desenlace es más favorable a las brujas.
Gaua nos deja con una pregunta que vibra más allá del relato: ¿y si la brujería no fue nunca un crimen, sino la primera forma de insurrección femenina?
Otra buena película de los Moriarti, que regresan a sus esencias para un sereno y cuidado estudio de personaje que completa en plano un maravilloso José Ramon Soroiz
Vicente (José Ramón Soroiz) vive un verano relajado en Maspalomas (Canarias). Tras separarse de su pareja de 25 años, solo quiere disfrutar de la playa y de amigos, buscando el placer y la compañía. Pero un problema de salud repentino le lleva de nuevo a su País Vasco natal, donde será ingresado en una residencia de ancianos para recibir cuidados. Allí, Vicente decide no desvelar a nadie que es gay.
Los Moriarti —Jose Mari Goenaga, Jon Garaño y Aitor Arregi, esta vez sin Garaño en la dirección— presentan su nueva película. Maspalomas se suma al saco de aciertos discretos de los directores vascos, que realmente no tienen una mala. Aquí vuelven a demostrar la coherencia y serenidad que siempre ha caracterizado su cine para acercarse a un hombre que decide esconder su identidad, otra vez, detrás de sí mismo.
Como película que no se despega de su protagonista y de la sombra que proyecta, todo lo que plantean los Moriarti en guión y dirección lo completa en plano la fantástica interpretación de José Ramón Soroiz, un histórico de la escena vasca que por fin tiene un gran papel protagonista en cine. Si alguien le puede quitar el Goya a Mejor Actor este año a Mario Casas (Muy lejos) es este señor.
Una vuelta a las esencias… con lo aprendido por el camino
En principio, Maspalomas es un «regreso a los orígenes» para los directores vascos: una historia íntima, anónima, en euskera (parcialmente) y contemporánea. Un drama con comedia de autoconfinamiento que tendría más que ver con 80 egunean (2010) —con la que rima mucho, de hecho, en su tratamiento de la identidad LGTBIQ+ de las personas mayores— y Loreak (2014) que con las últimas películas del trío.
Aun así, no es difícil ver que el estudio de personaje deMarco (2024) o la serie Balenciaga (2024) también han influido en la forma que tiene esta película, que no abandona a su protagonista ni un segundo. Un camino hacia la aceptación de uno mismo, con toda su complejidad, que encarna Soroiz, que como poco iguala a los bestiales Enric Marco de Eduard Fernández y Cristóbal Balenciaga de Alberto San Juan. Puede que luzca menos por no estar basado en un personaje público, pero es una barbaridad también.
El miedo a ser visto en Maspalomas
En general, el cine de los Moriarti va mucho sobre el miedo al rechazo por ser visto como eres. Este es la película que quizá mejor describe esa sensación, que tiene muchas más derivadas que el hecho en sí de «salir del armario» (implica la vejez, la familia, la relación con el sexo…), y, por eso mismo, tiene un reflejo en el resto de protagonistas de la película. ¿De qué está hecha nuestra identidad? ¿La conformamos solo nosotros?
Como le pasaba al ‘topo’ escondido de La trinchera infinita (2019) —o a Maite de80 egunean, a Beñat en Loreak o al gigante de Handia (2017)—, lo que late de fondo en el personaje de Vicente es esa sensación, entre agradable y turbia, de encontrar un refugio y una condena en el ocultamiento. Ahí se disparan las contradicciones y los desequilibrios, que se proyectan también en el resto de personajes, tanto por oposición, como en el caso del personaje de Kandido Uranga, como por herencia, en el del de Nagore Aranburu.
La limpieza formal, con un juego de planos depurado y cuidando el punto de vista, y lo cíclico del guión terminan de generar esa idea de que, mientras ves, te arriesgas también a ser visto. Y quizá esa vulnerabilidad no es mala, parecen decir sus directores desde su templanza habitual. Ahí la condición de persona mayor, de un cuerpo que puede activar su deseo de la misma forma que otros más jóvenes, también tiene un peso simbólico importante en las imágenes de la película.
El equiparamiento con el encierro de la pandemia, otra idea interesante que relaciona la historia con su contexto social, termina de cerrar otra buena película de los Moriarti, que, sea en el registro que sea, consiguen dejar alguna huella.
Rodado entre 2022 y 2023 y estrenado en 2024 por 'El País', el título no se había podido ver hasta ahora en una plataforma de streaming
Moncloa: cuatro estaciones, la docuserie sobre el día del actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se puede ver ya en Movistar Plus+. La producción, rodada entre 2022 y 2023 y emitida por el diario El País para sus suscriptores premium en 2024, no se encontraba disponible en ningún formato ni plataforma y ahora ha sido adquirida por la de Telefónica, que la acaba de incorporar a su catálogo.
Producida por The Pool TM y Secuoya Studios y dirigida por Curro Sánchez Varela, la serie se grabó a lo largo de un año, de ahí el título: cuatro episodios, cuatro estaciones. Finalizada la producción en 2023, en pleno año de elecciones generales, permaneció en un cajón hasta su adquisición por El País para las suscripciones premium a finales de 2024. Este pasado 21 de enero se incorporó al catálogo de Movistar Plus+, donde ya puede verse completa.
Esta producción, según sus creadores, «ilustra un año en la vida del palacio de la Moncloa, una ciudad de 1.200 habitantes, y desvela la trastienda de la institución más allá del presidente actual, Pedro Sánchez».
Muy polémica desde su anuncio, sus responsables tuvieron que aclarar en numerosas ocasiones que se había financiado «íntegramente» con capital privado y también que Presidencia pidió eliminar algún contenido «sensible» —menos del 3% según el director— por motivos de seguridad.
La financiación de la serie llegó a ser una pregunta parlamentaria y, según informaciones aparecidas en la prensa política, habrían rechazado su emisión todas las plataformas privadas internacionales —HBO Max, Netflix, Amazon Prime— e incluso la mismísima RTVE.
Sinopsis de Moncloa: cuatro estaciones
Moncloa: cuatro estaciones es una serie documental de cuatro capítulos que se adentra por primera vez en la sede de la Presidencia del Gobierno de España para contar las historias de sus trabajadores: desde las cocinas hasta los jardines, pasando por los despachos desde dónde se decide el futuro del país.
Un seguimiento de un año al Presidente Pedro Sánchez y a su equipo más cercano en el que somos testigos privilegiados de momentos históricos como la invasión rusa de Ucrania, la organización en Madrid de la Cumbre de la OTAN, la COP 27 en Egipto o la aprobación de los últimos Presupuestos Generales en el Congreso. Un año apasionante en la vida del país.
Al final de la película aparecerá un código QR desde el que los espectadores podrán descargarse el episodio final de la serie, de 23 minutos, en una plataforma creada solo para ello
La película Aída y vuelta, que se estrena el próximo 30 de enero, no es exactamente el final de la serie, sino una broma metaficticia en la cual el reparto se interpreta a sí mismo mientras rueda dicho supuesto final. Pero es, que además, ese episodio «ficticio» existe, dura algo menos de media hora y los fans muy fans podrán verlo si tienen paciencia y esperan a los créditos. Porque lo van a «regalar».
Según anunció ayer en una entrevista enEl Hormiguero, el director Paco León, quien también interpreta al personaje de Luisma y a sí mismo en la película, decidió rodar el episodio dentro de la película y montarlo, de manera que apareciese como un «regalo» para los seguidores de la exitosa seria Aída(2005-2014), que los lanzó a la fama a él mismo, Eduardo Casanova o Ana Polvorosa, además de consolidar a Carmen Machi como una de las actrices más conocidas de nuestro país.
Durante los créditos finales de la película aparecerá un código QR que al escanearlo con el móvil permite acceder al verdadero-falso episodio final de Aída, en el que los personajes se despiden. Un ‘minisodio’ de 23 minutos —muy lejos de los 70 de la serie original cortesía de la lógica del viejo prime time español— que será el tercer final, y definitivo, de la comedia televisiva y, ahora, también cinematográfica y virtual.
Paco León y el episodio final de Aída
“Es un ejercicio narrativo muy interesante, porque ves cosas distintas que desarrollan la película», ha explicado a El País el director. «Y a la vez comprendes momentos de la película que se van a entender solo tras ver el capítulo. Por ejemplo, hay chistes que cambian según lo escuchas en la película o en el capítulo. Porque si te lo dice el actor, que se encarna a sí mismo en el filme, lo entiendes de una manera. Si lo suelta el personaje interpretado por ese actor, lo comprendes de otra. Cambia el código con las mismas frases».
Añade en la misma información que no tiene miedo a que el episodio se filtre: «no hay que tener miedo a dar productos gratis. Me decían que si el público ve el capítulo, no irá al cine. A ver, ¿por qué? ¡Si la gente irá a las salas a Aída y vuelta porque antes ha visto 250 capítulos de Aída! Esto es como el contorno de ojos que te dan en los grandes almacenes para que compres la crema gorda. Regala, no te cortes. Y no lo digo solo por instinto de marketing, sino porque así creas una comunidad, compartes, aúnas lenguaje…».
Atresmedia ha presentado las primeras imágenes de Rafaela y su loco mundo, nueva serie original de Atresplayer. Una ficción que «abrirá las puertas a un nuevo universo donde lo absurdo y lo delirante será el escenario principal de la trama». Se trata de una creación de Aníbal Gómez y basada en su propio libro, El alucinante mundo de Rafaella Mozarella. El autor, junto con Ernesto Sevilla, dirigen esta «comedia irreverente que mezcla estética pop y referencias chanantes«, y que se estrena el 15 de febrero.
En Rafaela y su loco mundo Ingrid García-Jonssones Rafaela, la protagonista de la historia, acompañada de Carlos Areces, Aníbal Gómez y Joaquín Reyes, que interpretan a sus tres grandes amigas. Arturo Valls, Carmen Ruiz, Pepa Cortijo, Laura Weissmahr y Luis Callejo completan el reparto. La ficción contará, además, con personajes episódicos y cameos de la mano de Esty Quesada, Gakian, Victoria Martín, Javier Botet o Hidrogenesse, entre otros muchos.
La serie, «una comedia surrealista y alocada, aborda, a través de un humor delirante», la peculiar adolescencia de Rafaela junto a sus amigas Corpus, Chelo y Debo, y su caniche. Todos ellos pasarán por situaciones que les harán madurar y tendrán un objetivo claro: salvar el mundo antes de que se les acabe la adolescencia y tengan que incorporarse a la vida adulta.
Rafaela y su loco mundo, que contará con ocho episodios autoconclusivos de 20 minutos cada uno, está producida por Atresmedia en colaboración con Estela Films, Pólvora Films, Boomerang TV y Tenampa Films.
Montse García, Arturo Valls, Félix Tusell Sánchez, Carmela Martínez Oliart, Bárbara Castellanos y Jorge Pezzi son los productores ejecutivos de la serie. Tras el guion estará Aníbal Gómez, con Daniel del Casar como analista de guion. La Dirección de Producción corre a cargo de Carmela Martínez Oliart. Enrique Silguero se encarga de la Dirección de Fotografía, Miguel Junquera y Bárbara Gil hacen lo propio con la Dirección Artística. La encargada de Vestuario es Diana García Moreno, mientras que Ángela Centeno estará al frente de Maquillaje y Peluquería.
Rafaela es una adolescente en una familia altamente funcional formada por papá, mamá, la abuela y ella. Su madre es ama de casa aficionada a disfrazarse, su padre es inventor y tiene una máquina del tiempo, y su abuela es su abuela. Con la compañía de sus amigas Corpus, Chelo y Debo, sin olvidar a su caniche, pasarán por situaciones que las harán madurar como grupo, como personas y como caniche respectivamente.
Mansiones tenebrosas, fiestas de pijamas y diversidad funcional; Rafaela tendrá que navegar entre peligros para salvar el mundo antes de que se le acabe la adolescencia y tenga que incorporarse a la vida adulta.
Dani de la Torre y Alberto Marini explican las claves de 'Marbella. Expediente judicial', nueva entrega de 'Marbella' y su juego entre ficción y realidad sobre la corruptelas del narco en la Costa del Sol con Hugo Silva y Natalia de Molina
«La base de esta segunda temporada es que cuando fuimos a Marbella documentarnos por primera vez, nos sentimos como en un bufé libre de un restaurante. Un bufé riquísimo, con muchas cosas, y no todas se podían contar en una temporada» explica Alberto Marini, guionista y cocreador de Marbella. Expediente judicial, miniserie secuela de Marbella(2024), en la que, junto al director Dani de la Torre, se ha vuelto a meter en el mundo del narcotráfico de la Costa del Sol, y que estrena este jueves 22 de enero en Movistar Plus+.
De la Torre y Marini, que ya firmaron para la plataforma las tres entregas de La Unidad (2020-2023), atienden a Cine con Ñ vía telemática para la realidad bajo la ficción de estas dos series sobre el crimen organizado —el punto de partida fue la investigación periodística de Nacho Carretero y Arturo Lezcano— y la principal novedad de estos episodios: la incorporación de Natalia de Molina como la fiscal antidroga de Marbella que persigue al abogado corrupto, interpretado por Hugo Silva, protagonista de la primera entrega.
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