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‘Los otros’: 20 años del día en que el cine español cambió sin darse cuenta

La película de Amenábar abrió la puerta al salto internacional del cine de género español y a un estilo anglosajón

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Un 7 de septiembre de 2001 el terror español vivía un hito: se estrenaba en España Los otros -internacionalmente ya lo había hecho el 10 de agosto-. Era la tercera película de Alejandro Amenábar, su primera producción internacional y, hasta el momento, su mayor éxito. Nada menos que dos décadas en las que el cine español en general y el de terror en particular han cambiado mucho y la carrera de Amenábar lo suficiente para que el siguiente estreno que estemos esperando sea una serie, la inminente La Fortuna de Movistar+.

Ese dato, el de un director de prestigio y oscarizado dirigiendo una miniserie para plataformas, ya es suficiente para demostrar como el negocio del audiovisual y nuestras formas de recepción han cambiado mucho. Pero la evolución que cuajó en 2001 -también vía adaptación de Abre los ojos como Vanilla sky fue más de carácter temático y, sobre todo y de forma inesperado, industrial. La película de Amenábar abrió una puerta por la que un lustro después se colarían El orfanato y sus derivadas o [REC] -aunque esto se podría matizar- y que permite que hoy existan cintas como Musarañas.

Curiosamente en ese año se estrenan al menos otros tres títulos de terror español más o menos reseñables, uno de los cuáles podemos considerar también éxito de público y crítica: El espinazo del diablo, de Guillermo Del Toro; Tuno negro, de Pedro L. Barbero y Vicente J. Martín, y La Biblia negra, de David Pujol. Cada una de su padre y de su madre, El espinazo del diablo, de un director foráneo, era la más reciamente ibérica en su planteamiento -bebiendo desde los cómics de Carlos Giménez hasta el folclore castellano-, Tuno negro la manifestación de tics noventeros que aún reviven en la actualidad y La Biblia negra la heredera más directa, por planteamiento y presupuesto, del terror de los 70.

Terror español: la cartelera de los 90

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En el análisis se suelen desechar las décadas de los 80 y 90, considerados a veces como eriales en cuanto al género en el cine español. Es cierto que se produjo un bajón tremendo con respecto a la gran producción de las décadas anteriores, tanto en el mainstream industrial como en lo que se promovía institucionalmente. Pero ya a finales de los 80 se empezaba a notar algo: había ejemplos aislados de la mano de Bigas Luna (Angustia) o Imanol Uribe (La luna negra). Y en los 90 asomó una nueva generación de cineastas criados ya con referencias culturales -especialmente fantásticas- norteamericanas.

Lo que ya estaba cambiando dentro del circuito -desde los cortos Mama (Pablo Berger, 1989) y Mirindas asesinas (Álex de la Iglesia, 1990)- llegó por fin al gran público con las decisivas El día de la bestia (1995) y Tesis (1996). De la Iglesia, el mismo Amenábar o el Jaume Balagueró previo a [REC] -su Los sin nombre ya le había dado a conocer fuera de España en fecha tan «temprana» como 1999- eran la prueba de que era posible producir género dentro de los márgenes e incluso con aplauso del respetable.

Sin embargo la explosión de los últimos 2000, con el éxito internacional de El orfanato y el falso documental de Balagueró y Paco Plaza fue la que confirmó lo que Amenábar no quiso rematar en Los otros. Aunque ha rodado varios filmes con coproducción y/o estrellas hollywoodienses –Ágora y Regresión, básicamente-, el hispanochileno se ha resistido a convertirse en un director asociado a la meca del cine o los blockbusters, o a un tipo de género más asociado al mainstream estadounidense.

El orfanato y el salto a Hollywood

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Quién sí lo aprovechó finalmente Juan Antonio Bayona, tanto desde el éxito internacional de El orfanato como desde el salto que supuso Lo imposible, en la que directamente se anglosajonizó con rostros internacionales a la familia española protagonista. Al cineasta barcelonés no le han dolido prendas, de hecho, para ponerse al mando de superproducciones industriales, como pueda ser Jurassic World: El reino caído, y su paso por series, además de algún episodio de Penny Dreadful, lo veremos en 2022 con El Señor de los Anillos de Amazon Prime Video.

De hecho, fue el estilo de El orfanato, más alejado de los referentes patrios del terror español que, irónicamente, Del Toro -o su adaptación a tropos foráneos, como ha hecho Amenábar antes y después- y más cercano precisamente al terror estandarizado anglosajón el que abrió paso a otros títulos como Los ojos de JuliaGuillem Morales acabó dirigiendo La casa de las miniaturas en Inglaterra- y se vio reflejado en la primera vuelta de El internadoy potenciado aún más en su nueva encarnación, diseñada para el público internacional– o parodiado en Spanish Movie.

Mansiones, orfanatos, internados, estética gótica o romántica, apariciones… El propio Amenábar ha reconocido la influencia de Otra vuelta de tuerca en Los otros, aunque sea una cuestión más de atmósfera que de cualquier elemento sacado directamente. Precisamente en la continuación de esa vía del fantasma en la mansión victoriana el terror español encontró más acomodo internacionalmente que en el copia y pega del slasher noventero que perpetraban títulos como la mencionada Tuno negro o Más del mil cámaras velan por tu seguridad.

Plataformas para no dormir

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El estilo [REC], por su parte, ha seguido su propio camino, unas veces con más fortuna comercial o artística, otras con menos. Precisamente Balagueró y Paco Plaza se han mantenido en el mismo equilibrio entre ambas orillas del Atlántico que Bayona, ambos con series en camino con el primero aún pendiente de estrenar la mil veces pospuesta Way Down y el segundo recogiendo una leyenda urbana «internacional» como Verónica y convirtiéndola en hispana 100%.

El remate para la actual normalización del cine de género lo han dado las plataformas, con el bestial triunfo deEl hoyo gracias a Netflix y esta misma estrenando su inminente El páramo en el mismísimo Festival de Sitges, mientras otros títulos como La casa del caracol acaban teniendo una segunda vida, mala distribución en salas mediante, gracias a estrenarse en Prime Video. Por supuesto hay que mencionar también el desarrollo del género en forma de series, con 30 monedas (Álex de la Iglesia otra vez) y la nueva Historia para no dormir en Amazon como inmediatos referentes.

Una puerta que abrió tímidamente Los otros y por la que dos décadas después se siguen colando películas y series con un pie en el producto palomitero y otro en la tradición española, pero que sobre todo destacan por haber consolidado en el terror español lo que se perdió de aquella a veces olvidada producción de los 70: una industria fiable que a su vez da cabida a las voces personales de sus autores.

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