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El legado de ‘Aída’: violencia machista, Mauricio y el protagonismo femenino

Raúl Díaz, guionista de la serie protagonizada por Carmen Machi, reflexiona sobre los mensajes e ideas que lanzó la comedia en los 2000

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Rául Díaz, guionista de 7 vidas y Aída, hablaba con la cómica Silvia Sparks sobre cómo hacer una serie sobre guionistas y le contó una anécdota sobre su abuela. La mujer estaba hospitalizada y les había dicho a las enfermeras que su nieto trabajaba en Aída. Una de ellas se acercó a verlo y se sorprendió porque esperaba a uno de los actores, pero él explicó que era guionista y «tal y como entró, se fue», nos explica el escritor.

Díaz acabó tuiteándolo, el hilo se hizo viral y «que mucha gente me dio su opinión sobre la serie. La mayoría agradecidos, pero unos pocos nos acusaban de propagar la ideología de Mauricio, como su xenofobia». Su respuesta fue poner un ejemplo de un capítulo que él mismo escribió y dirigió: el 90, el de la detención de Aída cuando Carmen Machi decidió abandonar la serie. La protagonista golpea, y mata, al ex marido de su hija Soraya (Miren Ibarguren), Ángel (Víctor Clavijo), que la está maltratando. Se la lleva la Policía y el barrio la despide con pesar… y ayuda a arrancar al coche patrulla cuando se cala, «porque esto es España».

El guionista nos explica que quiso «poner solo un ejemplo de cómo en la serie, siendo una sitcom, abordábamos cuestiones duras que la ideología de Mauricio negaría». Díaz, que se incorporó con los personajes ya creados, cree que Aída se posicionaba desde la definición de los propios protagonistas «la madre separada exalcohólica, el drogadicto reinsertado, el primer menor homosexual, la prostituta… o incluir como protagonista a un inmigrante explotado».

Mauricio «era un enemigo de todos»

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Ese personaje, el camarero del Bar Reinols, Oswaldo Witalcoche «Machu Picchu», interpretado por el hispanojaponés Óscar Reyesque ha tratado el tema en diversas entrevistas– pero ecuatoriano residente en España en la ficción, es donde se centraban las quejas de ese ente amorfo que llamamos Twitter, acusando a la serie de xenófoba por los continuos insultos racistas que le dirigía su jefe, Mauricio Colmenero. «Algo que no entiendo del todo», admite Díaz, «porque es solo un personaje, que representamos de algo que existe en la sociedad… y nunca nos acusan de propagar la ideología de Chema, por ejemplo».

(Por cierto, Aída, tuvo una versión ecuatoriana emitada por Teleamazonas en 2012 que básicamente trasladaba geográficamente a los personajes respetando sus nombres, caracteres y relaciones, apenas adaptándolos al entorno y el humor local. La propia Aída, Lorena, Luisma, Chema, Paz, el mismísimo Mauricio… e incluso Machu Picchu, que en este caso recibe como mote peyorativo «Ingapirca«, que lo señala como migrante del interior del país en Quito y motiva el clasismo de su jefe).

Curiosamente en su momento el actor, Mariano Peña, bastante alejado en su vida real del estereotipo extremo que representaba Mauricio, llegó a rodar un anuncio para Cruz Roja indicando la diferencia entre personaje e intérprete y recordando que podía ser gracioso en la ficción, pero si se veían situaciones similares en la vida real debían denunciarse. «Mariano, afortunadamente, no tiene nada que ver con un tipo como él. Igual por eso consiguió que cayese simpático», comenta el guionista.

Raúl Díaz nos recuerda que en la biblia de la serie «se decía que era un cacique, ruin, de tendencias filofascistas, sustentadas en teorías más que discutibles, a veces demenciales y convencido de que los culpables siempre son los demás«. Para el guionista de Globomedia, que trabajó en las dos series «fue una evolución del personaje del Frutero de 7 vidas«.

Para su escritor «Mauricio era un enemigo de todos, era capaz de dar tramas para los demás personajes, pero lo curioso es que también era un amigo o un vecino. Chema y él eran las dos Españas, obligados a convivir porque se han criado juntos desde pequeños y viven juntos, y uno es el dueño del local del otro. Dime que eso no es realista…».

Aída, ¿pionera feminista en la ficción?

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En su momento Aída era de las pocas comedias, casi la única de la mano de Ana y los siete, que no era solo comedia y jugaba en otra liga, protagonizada por una mujer y con su nombre en el título. Nunca se la definió como una serie feminista, aunque trató muchos temas que se debaten hoy desde enfoque. La propia Carmen Machi considera a su personaje «el más feminista que ha tenido la televisión española». Y no hay más recordar la letra del opening de la serie, interpretada por Bebe: «Ya era, ahora me toca a mi».

Incluso ahora, cuesta encontrar comedias que cumplan requisitos parecidos en una sitcom -y en plena polémica sobre las cómicas a cuenta de ‘La chocita del loro‘-: ¿Nasdrovia, si consideramos protagonista al personaje de Leonor Watling y secundarios al resto? ¿Paquita Salas, con el debate que conllevaría que al personaje lo interprete un hombre? Claramente sí ByAnaMilan, que se basa en el carisma de la actriz, y las inminentes La reina del pueblo -más coral pero basada en personajes femeninos, curiosamente uno de ellos con Melani Olivares, Paz en Aída– y Supernormal -de nuevo curiosamente, con Miren Ibarguren-.

Cuando preguntamos por ello a Díaz, no se atreve a ponerle el título pero nos explica que «creo que más que feminista, es una serie que reflejaba la vida de muchos colectivos oprimidos, con humor. Dentro de esos colectivos la mujer es un caso más: la madre separada o en el caso de Paz, que era prostituta. Recuerdo que Melani Olivares decía que, por la calle, las trabajadoras sexuales la llamaban ‘compañera’ y ella estaba encantada».

«El hecho de representar un colectivo en tu serie también es posicionarte e incluirlo socialmente», opina el escritor. «Ahora sucede con las trans. Veneno es un buen ejemplo. Pero vamos, que si coges lo que decía Mauricio, o incluso Eugenia, la abuela, también puedes decir que era una serie machista. Pero yo creo que el foco estaba en lo que estaba».

¿Tiene la ficción que dar lecciones?

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El guionista, de todas maneras, nos recuerda que las reacciones que sigue recibiendo por la serie son «en general positivas. Tengo que decir que es una serie que creo que la gente ya no recuerda tanto, porque el tiempo pasa, y para la comedia suele pasar el doble de rápido. Me ha sorprendido bastante la reacción al tuit y estoy muy agradecido». En su día «se decía que la buena era 7 vidas, pero creo que ahora Aída se valora más porque no hay sitcoms nuevas y la gente nota el vacío de algo que le dio buenos ratos. Ya sabes, no valoras lo que tienes hasta que lo pierdes«. 

En última instancia, opina Díaz «no podemos culpar a la ficción por reflejar problemas que existen en la realidad. Y sobre todo, no me parece bien es que analices la ficción con anteojeras. Viendo solo una parte, la que tú quieras ver, porque hay muchos colectivos de distinta índole y si todo el mundo lo ve todo desde el prisma que quiere ver no hay forma. Creo que por eso ahora hay tanta distopía. El realismo se nos está poniendo complicado».

Finalmente «la conciencia social con la ficción ha cambiado ligeramente… y en las redes se multiplica por cien mil. Como casi todo lo demás. En algunos casos para mejor. En otros para peor. Ahí están continuamente las propuestas de boicot y ese tipo de cosas que antes no sucedían. Y eso acaba afectando a la ficción. Creo que, en general, la gente entiende que la ficción no tiene que aleccionar en todo».

Imágenes: Aída. Globomedia.
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