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Opinión

Por qué necesitamos una temporada 5 de ‘El Ministerio del Tiempo’

Recuperar la relevancia de TVE en el panorama de la ficción y un discurso integrador de la Historia de España desde ella están en su mano
Temporada 5 de El Ministerio del Tiempo

Tal día como ayer, 24 de febrero, pero de 2015, se estrenaba en La 1 de TVE El Ministerio del Tiempo, una serie por la que saben que en esta casa sentimos verdadera devoción y que contribuyó al actual boom de las series españolas. Siete años, más de un lustro, en los que ha dado tiempo para que el destino nos alcance y sus visitas al pasado, a pandemias globales de gripe española, dramas de refugiagos moriscos o guerras en Rusia, no nos queden tan lejos.

Hace pocas semanas, en RTVE Responde, José Pastor, director de Cine y Ficción de RTVE, dejaba en el aire la posibilidad de una quinta temporada de El Ministerio del Tiempo (y una cuarta de Los misterios de Laura y una tercera de HIT). Lo cierto es que la última entrega de episodios, emitida en pleno confinamiento de 2020, dejaba un final, si no definitivo, al menos lo suficientemente cerrado para la serie, con la mayoría de protagonistas abandonando las armas y regresando a la vida civil y sus historias personales con conclusiones adecuadas.

Sin embargo, los fans, que no tenemos medida, seguimos queriendo más -y su creador, Javier Olivares, ahora ocupado en otros menesteres, deja pistas de qué ideas quedaron pendientes para hacer 10 temporadas si hacía falta-. Pero, sobre todo, la ficción española necesita la presencia de El Ministerio del Tiempo. Sin serie hegemónica para dominarlas a todas, con Cuéntame cómo pasó de capa caída y La casa de papel muriendo por saturación tras un final anticlimático, hacen falta héroes. Héroes que fichen a las 15:00, tengan pausa para el café e informen de todo por triplicado. Y vayan a las misiones quejándose. Como Superlópez. Como usted y como yo.

El Ministerio del Tiempo y la ficción española

<i>Por qué necesitamos una temporada 5 de 'El Ministerio del Tiempo'</i> 1

Para empezar porque TVE necesita ser relevante y parece que la revolución silenciosa de PlayZ o sus true crimes exentos de morbo y recursos facilones no son suficiente ni para que la prensa especializada le haga caso ni para que se lleve los premios debidos. El Ministerio del Tiempo era la serie capaz de convertir en trending topic a la figura histórica más oscura mientras la reinvidicaba y se reía de ella, y su tono en el equilibrio justo entre la ironía y lo emotivo -es decir, su Nueva Sinceridad– la hacía susceptible de la atención mediática que los thrillers eficientes pero clónicos recientes o la ficción para adolescentes de calidad no parecen merecer.

Si en los últimos años se ha destacado la capacidad de interactuar con su propio fandom de #Luimelia o los experimentos de la propia ATRESPlayer o la también pública PlayZ con la multiplataforma y el transmedia, antes que todas ellas estuvo en España El Ministerio del Tiempo, mimetizando los modos de sus referentes foráneos –Doctor Who, claro, pero también otros fenómenos televisivos con vasos comunicantes a cómic, novela o audioficción como Xena, la Princesa Guerrera o Buffy Cazavampiros-. El ministerio fue POP y dialogó con la actualidad de las formas más desmitificadores porque nada hacía tan cercano al mismísimo Velázquez como verlo bailar por los pasillos del Prado.

También si 30 Monedas puede existir sin que se haga pasar a sus creadores por el embudo de la parodia y Estoy vivo se mantiene en la parrilla es, plataformas aparte, porque El Ministerio del Tiempo funcionó, demostrando que podía existir una serie española de género que no fuese una comedia aunque supiese reírse de sí misma. Las plataformas han ayudado, con sus presupuestos altos y su segmentación de público, pero antes que El vecino, Yrreal o las futuras Apagón y ¡García! estuvo la patrulla de Salvador Martí.

El Ministerio del Tiempo y la valentía

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Pero sobre todo lo que nos hacen falta son ficciones sin miedo a meterse en jardines y a reivindicar figuras históricas olvidadas sin convertirlas en banderas de intereses actuales. Si El Ministerio del Tiempo fue capaz de recuperar a Emilio Herrera o crear el momento mágico de Federico García Lorca escuchando sus versos en las canciones de Camarón es porque no tuvo miedo a ser ni rojo ni azul, sino todo lo contrario.

El Ministerio del Tiempo ha sido la serie de la Televisión Pública en la que un capitán de los Tercios de Flandes se enfrentó a los antidisturbios para detener el desahucio de una anciana, donde los villanos eran funcionarios que intentaban usar los servicios públicos en su propio beneficio o una empresa extranjera que trataba de privatizarlos. Una serie en la que Francesc Orella interpretaba a un Bárcenas que unía la rebelión de los Comuneros con el 15M y con su misma corrupción.

Al mismo tiempo, como su tema no es realmente la Historia de España, sino lo que la forma de entenderla que tengamos dice sobre nosotros en el momento actual, es la serie que ha sido capaz de reconciliar un Cid histórico con uno idealizado y la certeza de que la Conquista de América no fue una idealizada gesta épica, sino más bien algo sórdido y sucio, con la aceptación desacomplejada de sus lecturas actuales. Y si esa mirada sobre la identidad tan emotiva como desapasionada y falta de rencores no es lo que necesitamos ahora mismo para emocionarnos juntos ante una pantalla, que baje Chicho Ibáñez Serrador y lo vea.

Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.