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El vecino T2: Madrid te odia

Más interesante que la media de lo que se ha estado estrenando este año, pero por debajo de la primera temporada y del cómic original

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En la segunda temporada de El vecino, Javier y Lola deben decidir cuál de los dos es el elegido para utilizar los poderes de Titán con la ayuda de sus amigos. Al mismo tiempo vuelve al barrio el actor Fran Perea, antiguo compañero de piso de Javier y que quiere documentarse para interpretar al superhéroe en una serie de televisión. Que en el barrio madrileño de Usera haya un héroe enmascarado, además, llama la atención del poder político, y hay más gente buscando a Titán.

En esta segunda y, presuntamente, última tanda de El vecino, los creadores de la serie han optado por un tono que, sin dejar del todo el costumbrismo ni la denuncia social, se centra más en las relaciones entre los personajes y un cierto tono de humor absurdo y meta, muy del gusto de su público objetivo y que se aleja de la primera temporada. Aumenta, así, el contenido fantástico y de ciencia-ficción tomándose con ironía el marco madrileño.

Como comedia sigue funcionando como un tiro siempre que uno comulgue con el estilo Notodofilmfest y considere lo que hace aquí Fran Perea como autoparodia. Como historia de superhéroe de barrio y adaptación del cómic de Santiago García y Pepo Pérez ya deja más que desear que en los primeros episodios, aunque sigue recogiendo gran parte de los temas del original y adaptándolos a la actualidad y a las exigencias del streaming.

Crítica de El vecino, temporada 2, sin spoilers

El vecino T2: Madrid te odia 1

En su primera temporada, El vecino trasladaba los temas del tebeo, publicado entre 2004 y 2009, al momento post-crisis de 2008. La serie recogía tendencias de la ficción superheroica actual, que lo invade todo, en su vertiente más progresista, y también del Superlópez de Jan –que no del cine– mezclándolas con la nueva comedia costumbrista española aunque haciendo más explícita la política gracias a los personajes secundarios.

Pero ese, al parecer, era El vecino previo a la COVID19. Aunque la segunda temporada se empezó a planificar casi nada más emitir la primera -probablemente antes-, su ejecución tuvo lugar tras la primera desescalada de verano de 2020. Se han conservado, sin duda, tramas planteadas ahí desde el principio, como la descacharrante alcaldesa, mix de los tics más irritantes tanto de Ana Botella como de Manuela Carmena, que interpreta Gracia Olayo.

Por ejemplo, en su cameo de los primeros episodios Andoni Ferreño no tenía ni nombre e interpretaba un personaje más cerca de un Bertín Osborne pasado de vueltas que de sí mismo. Ahora, de repente es él, Andoni, con su nombre, y tenemos a Fran Perea haciendo coñitas con Los Serrano y a Nena Daconte tan presente que parece que se vaya a lanzar su nuevo disco desde la serie. Es un ahogo de guiños POP que entierra el argumento y hasta la minicomedia de enredo con los amoríos cruzados de los protagonistas.

Quizás es el exceso de fantástico el que perjudica al mensaje político que sigue supurando bajo toda la comedieta-meta y malasañera. Porque hay un giro de ciencia-ficción en el último tercio de la serie que además es un homenaje a un clásico del fantástico, una adaptación de una subtrama del cómic original y una crítica social nada sutil y más de actualidad que nunca. Y que no puedo revelar sin reventarles a ustedes la serie.

Pero está tan envuelto en bromitas chanantes que ya no hacen ni los chanantes que se pierde, porque parece que el guión se avergüenza de meterse en el género de cabeza y lo quiera justificar a base de distancia irónica. Lo cuál es sorprendente y dice mucho del estilo Netflix. La ausencia absoluta de verosimilitud de las intensísimas El inocente o Los favoritos de Midas -que de últimas, además, compartiría «mensaje» con El vecino– no hay que justificarlas. Pero los argumentos de fantásticos en una serie de superhéroes, eso sí.

Green Lantern Corps de Usera

El Vecino

Decíamos ayer que en Netflix se intuye cierta tendencia a una uniformidad aburrida que elimina la personalidad de sus productos. Thrillers clónicos en los que se castiga simbólicamente la libertad sexual y donde a los ricos les pasan cosas de ricos, con los mencionados El inocente o Los favoritos de Midas en la cumbre, menciones especiales a White Lines aparte. Y es que además no lo decimos solo nosotros: todas las ciudades parecen la misma y es queriendo.

Sin embargo, en las plataformas la comedia sigue gozando de una libertad que el suspense y el drama nunca tienen. Será porque el humor es algo muy contextual, será porque se considera un género menor. Por lo que sea, el Madrid -España dentro de España- de El vecino es el más auténtico que ha conseguido retratar una serie española en manos de una plataforma foránea hasta ahora -dejo a Movistar+ y Atresmedia aparte, que juegan en casa-. Huele a churros y café torrefacto, a zotal y goma quemada. José Ramón podría ser nuestro vecino también.

En la misma línea, la Policía del Karma de Lola y Julia -nuestra «Amelie macarra» y personaje que no estaba en el tebeo- recibe varios correctivos por tomarse la justicia por su mano. Son subtramas que juegan con la idea de responsabilidad de los superhéroes, tan Marvel, pero también riman con la tendencia en redes a fusilar al primero que pasa por una frase sin pararse a leerla bien.

Por eso molesta que los diferentes tonos no encajen. Que el momento que un inmenso Adrián Pino, tras renunciar a su oposición -media España entre los 25 y los 55 sabe de lo que habla-, decida que Madrid lo odia y se va a marchar se pierda entre la tontería. También que los conspiranoicos del bar estén sacados antes de una colección de tópicos para un microteatro en Malasaña que del negacionismo cotidiano que hemos vivido este año y medio, por ejemplo, es una oportunidad perdida.

Más Madrid Justice League

El vecino T2: Madrid te odia 2

Antes de que nadie diga nada: los superhéroes siempre han mezclado bien con la comedia. El Superman de Christopher Reeve era el payaso que rompía la cuarta pared en un circo de tres pistas. Spiderman es, por definición, un personaje humorístico. No se trata de convertir todo en intensidad tipo Watchmen. Pero es que aunque Javier Botet está fantástico, el chiste del mindfulness no tiene gracia la primera vez como para que encima lo alarguen como gag recurrente el resto de la serie.

Es decir, aunque de vez en cuando la ambientación es brillante, el humor se ha separado demasiado del contexto que quiere reflejar: no intenta ser popular, sino resabidillo, y no encaja con los momentos en los que se reflejan problemas más cotidianos de los personajes. La táctica utilizada para colar las tramas superheroicas lo que hace es alejarlas y, aún peor, que no se consiga el efecto de que El vecino sea «nuestro» vecino. Es decir, que sea un superhéroe «español de barrio».

Finiquitando ya el tema: más interesante que la media de lo que se ha estado estrenando este año -tanto español como en el sobreexplotado género superheroico– pero por debajo de la primera temporada y del cómic original, cuando no tendría por qué. Se supone que es la última temporada, pero el final deja perfectamente abierta la posibilidad de una continuación, no sabemos si como serie o, quizás, ya en formato película. En no mucho tiempo, del mismo escritor y casi con el mismo equipo de producción, llegará ¡García!, mucho más español y muy español. Veremos.

Puedes ver El Vecino, temporada 2, online aquí.

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