1. Críticas
  2. La casa de papel T5, Vol. 2: Invierta en bitcoins

La casa de papel T5, Vol. 2: Invierta en bitcoins

El éxito internacional de Vancouver Media se despide con una traca final coherente con sus propias reglas pero deprimente en su análisis social

La casa de papel T5 Vol. 2

La casa de papel T5, Vol. 2, cuenta el final del atraco al Banco de España por parte de la Banda de El Profesor. Con Tokio muerta y las fuerzas de asalto aún dentro del edificio, los atracadores necesitarán de todo su ingenio y fortaleza mental para resistir las nuevas artimañas del coronel Tamayo, a una inspectora Sierra desatada y una amenaza del pasado que ninguno de ellos podía prever. Pero recordad: El Profesor siempre tiene un plan. Aunque a veces ese plan implique perder.

Partamos de la base de que si a usted le parece que hay demasiados tiros, explosiones o giros locos de guión, la culpa no es de La casa de papel. También que daba igual, pasase lo que pasase, no nos iba a gustar, por muchas y variadas razones. ¿Es el final malo? No. ¿Es incoherente con lo visto en las cuatro temporadas y media anteriores? Para nada, respeta el tono y también las reglas que la serie se impuso a sí misma desde un primer momento, que eran pocas, pero sagradas. ¿Es satisfactorio? Depende. Carece de la capacidad de maravilla y el balance emocional del final del anterior atraco, pero los homenajea a su manera.

En fin, la importancia de La casa de papel, ya se ha dicho hasta la saciedad, va a quedar más a nivel industrial o de marca España que en influencia artística, aunque todos sepamos por qué los monos de El juego del calamar tienen ese diseño. Nos regala, además, un puñadito de estrellas que lo van a petar -Morte ha estrenado La rueda del tiempo hace dos días, Corberó anda haciendo las Américas, lo que diga Alba Flores va a misa y aquí estamos esperando la Intimidad de Ituño- y una lectura política que, cuanto más explícita y autoirónica se presenta, más lecturas tiene.

Crítica de La casa de papel T5, Vol. 2, sin spoilers

La casa de papel T5, Vol. 2: Invierta en bitcoins 1

A nivel de trama, los cinco episodios son una montaña rusa de giros imposibles. Gente que está muy buena haciendo cosas muy locas, encaminadas a que El Profesor nos tuerza el culo por última vez con un salto de triple tirabuzón que es al mismo tiempo llevar al personaje a donde nunca había estado -literalmente- y darle uso a elementos que resultaban un tanto extraños en temporadas anteriores, como por ejemplo, sí, exactamente, el hijo y la exmujer de Berlín, que por desgracia no acaban llamándose Viena y Varsovia o algo similar.

El camino de la autorreferencia es complicado y en este caso las píldoras de guiños a entregas anteriores han ido más por detalles que por giros, pues es verdad que del capítulo 8 en adelante sí que pasan cosas-que-no-habían-pasado-nunca poniendo a El Profesor en desventaja, pero de verdad. Hay un «malo» en plan Bruce Willis por los conductos de ventilación, un strip-tease en una cámara acorazada, declaraciones de amor atados del techo como un jamón y un alto mando del CNI cagándose en San Pito Pato, pero al menos el arreón final lo descoloca todo un poco.

Por el camino hay referencias a Tarantino, como siempre, a cualquier comedia de acción que usted pueda suponer y al propio fandom, encarnado por Pamplona, el autoproclamado nuevo miembro de la banda, y su crush por una de las atracadoras. Incluso, usando estanques de tormentas reales, podemos leer un tímido guiño a Los Serrano y otro un poco más explícito, aunque probablemente causalidad por la localización, a La Fortuna. Solo que aquí el Estado Español es una especie de malo malísimo al que sale gratis torear, en lugar de ser todos nosotros. Uno casi le pediría a esta temporada, para ser perfecta en su sicaliptia POP, referencias a La insólita y gloriosa hazaña del Cipote de Archidona.

Jodido narcisista egocéntrico hijo de puta

La casa de papel T5, Vol. 2: Invierta en bitcoins 2

En el episodio 1 de esta La casa de papel T5, Vol. 2, la inspectora Sierra le hace un traje de torero a El Profesor: si podrías localizar donde teníamos a Río en seis horas lo podrías haber hecho hace meses, pero eso era demasiado fácil. La abuela, la niña, las comodidades… te aburrían. Te apetecía otro atraco. Como resumen de cómo hemos llegado aquí, no está mal. Por otro lado la comparación entre Berlín y El Profesor en cuanto a su tipo de planes -disfrazar lo extraordinario de ordinario o viceversa-, constante desde la temporada 3, en esta traca final es directamente un comentario metalingüístico sobre el trabajo de los propios creadores.

No obstante resulta llamativo que la serie, en su estilo histérico, se empeñe en recordarnos que sus personajes solo quieren ser «normales» y una familia, como si esto fuese una película gringa de ética calvinista. La serie más lóquer que han visto las crónicas desde los tiempos de Isabel y Fernando necesita parar a que la inspectora Sierra, interpretada por Najwa Nimri a topísimo de revoluciones, pida cenar viendo la tele como si fuesen «gente normal». Con gatete y todo.

Porque de nuevo un discurso final de El Profesor sobre hackear el sistema no puede ser más hipócrita, aunque a estas alturas otros personajes tengan la decencia de recordarle que no piensa repartir el botín en la Cañada Real precisamente. La casa de papel acaba con moraleja de inversor en criptomonedas, porque se presenta como rebelde pero en el fondo solo pregona la insolidaridad absoluta -durante medio episodio final los rehenes de la Banda somos… todos los españoles- y una salvación «en familia» pero teñida del mismo egoísmo suicida que el propio sistema.

Cuestión de familia

La casa de papel T5, Vol. 2: Invierta en bitcoins 3

Esta clase de soluciones son muy habituales en la ficción reciente y en el fondo siguen reflejando el malestar con el estado actual de las cosas que quiso recoger la primera encarnación de la serie allá por 2017. Solo que al final no propone una salvación colectiva, aunque añada nuevas minorías a su cuenta y siga habiendo un minero asturiano entre los secuaces, sino una huida hacia adelante en la que subraya lo inhumano del mundo en que vivimos por la vía de vender como liberador una ruptura agresiva, individualista y egocéntrica de sus reglas para no tener que sufrirlas.

El Profesor se vendió como Robin Hood o Clark Kent, pero de últimas se despide como un youtuber andorrano ya talludito, aunque al menos es uno que trata a las mujeres como iguales. Y aún así funciona porque es la fantasía de Edmond Dantés en El conde de Montecristo o la de la protagonista de 50 sombras de Grey: la de tener tanto, tantísimo dinero, que esas preocupaciones que nos ulceran el día a día desaparezcan y solo podamos dedicarnos a querernos muchos. Al final La Fortuna de Amenábar era más revolucionaria que La casa de papel y ha hecho falta esta última entrega para darse cuenta.

Quizás por eso o por el uso y abuso en la vida real de la misma, Bella ciao desaparece en este empujón final y el previsible vistazo lacrimógeno a los que ya no están decide hurtarse. Bueno. No es el final que había escrito cada uno de nosotros en su cabeza, no es una despedida como lo fue la de la temporada 2, pero es el final que tenemos, el que han querido darnos, con todos los retruécanos propios del producto que nos enganchó y El Profesor como protagonista absoluto. Y si este es su final, es el mejor final.

E quest’è il fiore del partigiano
Morto per la libertà

Imágenes: Fotogramas de La casa de papel T5, Vol. 2 – Netflix

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

Menú