Opinión
La tele de toda la vida sigue mandando, y lo estamos contando mal

Natalia Sánchez en 'Regreso a las Sabinas', serie recién llegada al abierto. ©Sophie Kohler
El pasado lunes 27 de abril Regreso a las Sabinas (2024) se estrenó en abierto, en concreto en Divinity, el canal de Mediaset. Los números fueron lo que se suele considerar «malos» por parte de la prensa especializada: 40.000 espectadores y un 0,5% de cuota, por debajo de la media de la cadena. Pero, ¿y si esas cifras diesen igual para hablar de éxito o fracaso? ¿Y si demuestran que la televisión analógica sigue teniendo más relevancia social que las plataformas?
La primera emisión de Regreso a las Sabinas se produjo en streaming. Entre octubre de 2024 y enero de 2025 se estrenó a episodio diario, hasta 70, en Disney+. Un experimento de la plataforma a tenor del buen recorrido que las diarias del analógico tenían al pasar a digital. El resultado se desconoce, pero de ser «bueno», seguramente habríamos visto más producciones similares o una segunda temporada.
El salto a Divinity es una especie de camino inverso al habitual, con un producto que va del streaming al analógico. Solo suele darse cuando es dentro de un mismo conglomerado, como las series de Atresplayer que luego pasan a Atresmedia —¿A qué estás esperando? (2024– ) es el ejemplo más reciente—. Subraya como en la época de la multiventana la vida comercial de las series puede ser muy larga.
Mientras tanto, continúa en emisión en su tercera temporada, con una media de 1,3 millones de espectadores diarios, Sueños de libertad (2024- ). Emitida por Antena 3, tiene los mismos creadores que Regreso a las Sabinas y comparte algunos intérpretes. También se puede ver en Disney+ y Movistar Plus+, además de Atresplayer. La gran competidora y mediofondista de la tarde, La Promesa (2023- ), se mantiene un suelo estable de un millón de espectadores y en torno al 11% de cuota desde La 1.
TVE le «gana» a Neflix
¿Qué tienen que no tuviese Regreso a las Sabinas? Quizás los hábitos de consumo de su público objetivo —aunque sepamos que las analógicas tienen seguidores adolescentes—, quizás los de los usuarios de Disney+ —que pueden maratonearse Expediente X (1993-2018) o Scrubs (2001-2009, 2026), pero no un culebrón local—. También la forma de obtener relevancia en prensa: la del estreno en abierto se «gana» con audiencia, la del estreno en streaming llega vía marketing.
Ya hemos hablado varias veces en esta web de que las audiencias que manejamos y en función de las que se clasifica alegremente los títulos como «éxitos» o «fracasos», tanto en cine como en series, son en el mejor de los casos sesgadas y en el peor, ficticias. Los antiguos baremos considerados fiables, como la taquilla en sala o el audímetro, solo muestran ya una parte de la imagen total. Las plataformas, reinas del negocio en teoría, son casi completamente opacas.
A finales del pasado marzo, en la newsletter de Televisión de El País, la periodista Natalia Marcos hizo el ejercicio de cruzar los datos Fifty5Blue (antigua Kantar Media) con los audímetros tradicionales para concluir que Netflix sería la tercera «cadena» de España y que Antena 3 y La 1 de RTVE le ganan en cuota de pantalla (y es de suponer que también en números absolutos).
¿Quiere decir entonces que cualquier episodio Barrio Esperanza (2026) le está dando sopas con ondas a Machos Alfa (2022- )? Es casi imposible saberlo, contando además con que Machos Alfa además se emite para audiencia global y sesgar la cuenta solo por el público local sería cometer el mismo error habitual que en cine.
Sí podemos estimar que cada episodio Ena (2025) tuvo el doble de audiencia en RTVE que los de Anatomía de un instante (2025) en Movistar Plus+… hasta que la segunda se emitió también en abierto y en la misma La 1, el pasado 23F, y entonces solo su primer episodio sumó lo que tres a la vez habían hecho en streaming.
Apoyar el entretenimiento popular
Es decir: la ‘tele’ de toda la vida, a la que la prensa da la espalda o mira por encima del hombro, bien por sesgo —es probable que la mayoría de periodistas no la veamos demasiado, consumiendo ficción por otras vías—, bien por debilidad ante la mercadotecnia. Lo que tienen las plataformas de streaming que no tienen los canales tradicionales, incluso la Antena 3 de Grupo Planeta, es una maquinaria de marketing que ya funciona sola, donde manda el servicio al SEO, la inercia o la pereza.
La pelea sobre la información del audiovisual en las series parece ser inversa a la del cine, incluso en la conversación pública, ya tan politizada. Si allí se trata de defender contra la tiranía de la taquilla —que encima es irreal— al cine de creación, en las series la batalla está en impedir que se gentrifiquen. Es una conversación solo alrededor de estrenos y estilos de un determinado estilo o viables a través de un público internacionalizado, renunciando a lo popular.
Y sí, yo también me dedico a la crítica y Machos Alfa me pareció mucho mejor que Barrio Esperanza, o Cochinas (2026) que ¿A qué estás esperando?. Pero precisamente Cochinas es el tipo de serie que debería existir en una cadena en abierto, donde la espera el público al que aspira a representar. Acudiendo a cubrir solo lo que ya nos dan hecho, no se contribuye a romper ninguna barrera.
Incluso esta columna es hablar del sexo de los ángeles mientras no existan mediciones de audiencias fiables. Y precisamente el gran problema de esta indefinición hace más necesario que nunca un sentido del «éxito» o el «fracaso» menos pegado al forofismo o la publicidad en forma de nota de prensa. Las plataformas son opacas, la industria está en un momento de crisis por saturación, y es en ese caos donde la mirada crítica e informada del periodista se hace más necesaria.
Así, ¿qué pasa si la que sigue mandando es la ‘tele’ y lo estamos contando mal?


Jose A. Cano