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Cuéntame, episodio 370: Nada es como antes y no lo va a ser jamás

El salto al futuro es emocionante pero no elimina los fallos que arrastraba la trama.

Cuéntame, episodio 370: Nada es como antes y no lo va a ser jamás 1

En Cuéntame temporada 21 María Alcántara, ya adulta y médica en un hospital madrileño, asiste a los aplausos de las 20.00 de la tarde en el mismo centro en el que está ingresado por coronavirus y, presuntamente, moribundo su padre Antonio. Mientras su hermano Carlos, novelista consagrado, se encuentra en San Genaro, confinado junto a su madre Merche, muy anciana pero aún sana, y una de sus hijas. Es Merche quien rememora los años 90, en concreto 1992, el año de los Juegos Olímpicos y la Expo, cuando, según ella, España fue «la novia del mundo».



Primera novedad: lo que estamos viendo no es una narración de Carlitos, como en las 20 temporadas anteriores. No hay voz en off ni más contexto que el del flashback -¿o es flashforward, y el «presente» es el de la cronología de la serie?-. Cuando 1992 se despliega ante nuestros ojos la que recuerda es Merche, no Carlitos. Se nota en poco más que en la ausencia de la narración de Hipólito, pero que conste en acta.

Primera bala esquivada: no vemos, al menos de momento, demasiado de 2020. Solo a María en el hospital y Carlitos -¿don Carlos?- confinado en casa junto a su familia. Tenemos pocos detalles de la vida de los Alcántara más allá de que el hijo mediano ha vuelto a vivir en Madrid y la pequeña ahora una adulta es médica, datos que ya teníamos. Nada se nos cuenta de Toni e Inés, o de sus hijos, que a estas alturas serán personas mayores, y la muerte de la abuela Herminia es referida muy lateralmente. Así que ahora mismo Cuéntame se cuida mucho de hipotecarse.

Primera conclusión: 1992 pasa a dar un poco igual muy pronto aunque sea el 95% del primer capítulo y, previsiblemente, de la temporada. Se apunta a que veremos los Juegos Olímpicos, con la eterna excusa del periodismo de Toni, y algo de la Expo de Sevilla, pero la serie anda por febrero y algún personaje deja caer que no está claro ni que se acabe el AVE a tiempo. El aplauso de las 20:00 está tan reciente que la carga emocional que conlleva se come todo lo demás. Queremos que las dos épocas dialoguen y esta primera entrega apenas se lo permite.

 

El año del descubrimiento
Cuéntame, episodio 370: Nada es como antes y no lo va a ser jamás 2

Ese es el reto más difícil para esta temporada: si no quiere ser manipuladora y jugar con las cartas marcadas tiene que encontrar la manera de que 1992 y 2020 se hablen. Existen muchas vías para ello, la más evidente es la que provoca el flashback de Mercedes: la hospitalización de Antonio en ambos años. Esa va a ser la verdadera intriga de esta temporada, aunque signifique que nos quedan muchos años de Imanol Arias gesticulando como un energúmeno. Saber si va a ocurrir. Si van a tener lo que hay que tener y matar de una vez por todas a Antonio Alcántara.

Porque saber quién lo ha atropellado en 1992 o en qué oscura corruptela se ha metido ahora este hombre ya da un poco igual. Antonio Alcántara empezó hace dos décadas reflejando la dignidad común del currito humilde en una época de falta de libertades para pasar a ser clase media aspiracional y terminar primero de politiquillo de la UCD -y ni por ahí consiguieron que quedase bien- y luego encarnar la cultura del pelotazo. Como diálogo de la generación de Carlitos, los actuales boomers, con la de sus padres, resulta terrible. Es una condena muy poco amable.

El único rasgo positivo que le resta a Antonio Alcántara después de 21 temporadas en antena es que es nuestro padre o nuestro abuelo. Y por eso, si le va mal o se muere, te da pena. Discúlpenme, pero lo que podríamos llamar la afinidad biológica, como rasgo que redime a un personaje, es bastante débil. Mercedes como contrapeso moral no funciona si el guión y todos los demás personajes que no son ella, incluido su novio actual, se empeñan en que tiene que acabar con Antonio de vuelta. Pobre mujer, por el amor de Chicho.

Me va a doler la boca de decirlo: Carlos Hipólito y Silvia Abascal son dos de los mejores intérpretes de nuestro país y su breve aparición está cargada de una naturalidad que nos deja destrozados. La llamada de teléfono entre los hermanos es tierna, cotidiana y terrible. Probablemente vamos a ver este año una videollamada multipantalla de los Alcántara que nos rompa el corazón. Es tremendo, pero la parte más arriesgada y antinatural, que era 2020, es posible que salga mejor que 1992.

 

Nosotros lo vivimos, tú lo cuentasCuéntame, episodio 370: Nada es como antes y no lo va a ser jamás 3

Decíamos ayer que hace la friolera de 20 años, en una visita a Lo + plus, Imanol Arias pensaba que 1992 sería un buen final para la serie porque fue el año en que España se le quitaron los complejos. Si la temporada llega a 1993, en Cuéntame va a nacer Rosalía. E igual sacar a María Alcántara en unas prácticas en el cinturón de Barcelona atendiendo el parto mientras en 2021 los nietos de su hermano Toni ven un videoclip sería un cierre. No uno especialmente digno, pero un cierre.

Porque unos cuantos párrafos más arriba hablábamos del diálogo intergeneracional tan desolador que suponen los personajes de Antonio y Merche, significando, más que complejos superados, una conciencia muy acusada de que todo lo malo de la sociedad franquista nunca se fue del todo. Pero es que con la generación siguiente, la de los X y los millennials o como los queramos llamar, los que iban a ser los mejor preparados de la historia, montaron el 15M y etc., el diálogo no existe. Los hijos de Toni e Inés no tienen personalidad, salvo para definir la de sus padres.

Cuéntame funciona por el nivel de producción, el equipo de guión y la calidad del reparto. Solo faltaba. Pero fideliza por la ligazón emocional. Porque los Alcántara somos todos, pero unos más que otros. En 2020 María médica se dirige a Carlitos novelista y hace explícita su función de narrador: nosotros lo vivimos, tú lo cuentas. No hay nada de Oriol o Santi en esta historia, ni parece que lo vaya a haber. El relato colectivo y emocional de los 90, el generacional de sus niños, se ha empezado a contar en otros lugares, sea Las niñas de Pilar Palomero, la inminente Feria de Netflix o, más fallida, en cosas como Una vez más. Si Cuéntame quiere absorberlas, Carlos Alcántara necesita relevo o asesoría de algún sobrino.



Dejemos aparte el arco del personaje de Inés Alcántara, la más maltratada de todas las protagonistas por el inevitable «efecto culebrón» que provoca que a su familia le tenga que pasar «de todo». Porque la hemos visto tener toda clase de parejas con las que tratarse mal y que disgustaban a su familia, desde un guiri hasta un jovencito pasando por el glorioso padre Eugenio. Pero aunque una relación lésbica y una persona bisexual se percibiesen así -muy mal- en los 90, nosotros la vemos desde los 2020. Aquí nos paseamos por la fina línea en la que ya todos los Alcántara nos acaben cayendo mal y eso signifique que no nos aguantamos a nosotros mismos. Que también puede ser.

Seguiremos comentando este Cuéntame temporada 21 y atentos a su final y sus saltos en el tiempo. Pero no queda sino admitir que el primer nos reafirma en una conclusión que traíamos de casa desde la temporada 20. O quizás desde la 10. Ya es tiempo. Literalmente dentro de la pantalla y metafóricamente fuera de ella: Antonio Alcántara debe morir.

 

Jose A Cano (@caniferus)

Puedes ver Cuéntame temporada 21 online aquí.

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