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Opinión

Los peros a un gran año de cine español

<i>El celebrado éxito creativo y la cosecha de premios internacionales de 2022 no deberían de tapar los problemas en las salas, tendencias preocupantes de nuestro cine independiente o un apoyo institucional sin aclarar</i>
berlinale-2022-alcarras-cine-con-n Nominaciones a los Premios Platino 2023

Se viene repetiendo en medios de comunicación y en el sector: está siendo un gran año de cine español. Oso de Oro en Berlín para Alcarràs. Jonás Trueba y Eduardo Casanova premiados en Karlovy Vary con Téneis que venir a verla y La piedad. Pacifiction llegando a la Sección Oficial de Cannes, donde también va As bestas, premiada por el público en San Sebastián. Cinco lobitos gana en Málaga y se convierte en el sleeper del año. Un recorrido por festivales que aún no ha terminado y ya es histórico.

Más o menos a favor de algunas de ellas, la lista de películas españolas a valorar es larga. Además de los ya mencionadas, este año se han estrenado o van a estrenar también La abuela, Competencia oficial, Canallas, Eles transportan a morte, La voluntaria, Voy a pasármelo bien, Rendir los machos, Mi vacío y yo, Dúo, Modelo 77, 918 Gau, Cerdita, Un año, una noche, La consagración de la primavera, Unicorn wars, El agua, La Maternal, Mantícora, Suro… A nivel creativo, un año impresionante, no solo por el talento, también por la variedad de registros, géneros y ambiciones. Pero…

Los discursos triunfalistas por la innegable calidad artística y técnica de las películas de 2022 no deberían de tapar algunos problemas -históricos, coyunturales o estructurales- que arrastra el cine español, un ente problemático casi por naturaleza. A riesgo de ser aguafiestas, a veces es mejor centrarse en lo que aún puede mejorar para recordar de dónde viene lo que sí funciona y poder mantenerlo en el tiempo.

La delicada situación con las salas

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‘Tadeo Jones 3: La tabla esmeralda’

La primera triste realidad de fondo: la taquilla siguen sin acompañar. Las salas importan cada vez menos, un problema que no es solo del cine español. La pandemia agudizó tendencias en el consumo de ficción que se venían perfilando hace más de un lustro y ahora cuesta mucho más trabajo que antes arrastrar a la sala al gran público, sobresaturado con oferta ilimitada en casa. Solo lo hacen las películas con carácter de acontecimiento, sean los grandes estrenos de Hollywood, nuestra particular Alcarràs convertida en icono identitario en gran parte de la Cataluña rural, o las películas familiares, en el caso español encabezadas por Padre no hay más que uno 3 y Tadeo Jones 3. La tabla esmeralda.

Es más que posible que la taquilla del cine español, que ya ha superado los tristes números de la de 2021, salve los muebles en cuanto a cifras totales a final de curso. Habrá entonces optimismo y confianza por los brotes verdes, aunque a efectos prácticos sea solo los bolsillos llenos de unos pocos: con los datos oficiales de finales de septiembre, dos películas (las citadas Padre no hay… y Tadeo Jones) acaparan el 50% de la recaudación de taquilla total del cine español de 2022. No es una novedad que tres o cuatro películas españolas carguen con buena parte de la recaudación anual; sí que lo es que la diferencia entre unos y otros títulos sean tan grande.

La reducida oferta cinematográfica española en salas empobrece también la demanda

Es evidente que hay un descenso general del público a las salas, que mantiene a las salas ahogadas y necesitadas del mismo apoyo que el resto de la industria, algo que se espera que solvente la futura Ley del Cine, con tantas tareas pendientes. También que estas se aferran por necesidad a lo que está probado que funciona, tanto las empresas pequeñas como las grandes cadenas, ahogando la oportunidad de llegar al gran público de películas perfectamente comerciales y limitando las oportunidades de las que ofrecen miradas distintas. La gran pérdida de poder y recursos de las distribuidoras independientes, las grandes olvidadas, es causa y consecuencia.

Varios de los títulos que hemos nombrado en los primeros párrafos de este artículo ni siquiera se han estrenado o lo han hecho con un pase diario en ciudades muy pobladas como Valencia, Sevilla, Zaragoza, Mallorca, Las Palmas, Vigo, Murcia, Córdoba, Granada, Bilbao…. Arrinconado en los centros comerciales y las multisalas, el público fuera de Madrid y Barcelona tiene accceso a una reducida oferta cinematográfica española en salas, lo que empobrece también la demanda de todos los espectadores, cada vez más acostumbrados a pocas maneras de entender y disfrutar del cine.

Límites y contradicciones del cine indie

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Foro de encuentro de Residencias Academia de Cine. Foto: Residencias Academia de Cine

En este año tan bueno de cine también se ha vuelto oportuno apuntar a las contradicciones del cine independiente español y sus circuitos de producción y exhibición, que por estar tan habituados a los sufridos márgenes y llenos de buenas intenciones parecen exentos de autocrítica. Como aseguraban algunas voces del sector para abrir debate, cineastas y productoras más alejadas de los grandes focos financieros de la industria deberían reflexionar sobre algunas tendencias conservaduras y homogeneizadoras que se ven en los proyectos que llegan a rodarse, entre los cuales están los que tantas alegrías están dando.

Temas, lenguajes y tratamientos fílmicos se repiten en nuestro cine indie, convirtiendo a algunos de ellos casi en un cliché de escuela de cine. Fomentado por un necesario sistema de ayudas, labs, talleres y programas de desarrollo que permiten no tener que pasar primero por la trituradora de proyectos de las televisiones y las plataformas, nos vamos encontrando con un pequeño ecosistema que eleva su nivel artístico con una concienzuda preparación, pero que a veces se queda ensimismado en un ‘yoísmo’ demasiado acomodaticio y homologable, menos arriesgado de lo que parece.

Hay que crear estructuras que premien la diferencia y tengan la capacidad de abrirse al talento emergente

Al margen de tendencias en el cortometraje o del cine puramente experimental, las películas españolas no pueden conformarse con ser «cine de festivales» incluso antes de rodarse. Es un sistema que inevitablemente tiende a la endogamia y que inevitablemente busca satisfacer a agentes y sistemas de puntos ajenos al público. Además, es una manera de hacer cine que solo pueden mantener en el tiempo un reducido grupo de cineastas sin necesidades económicas, convirtiéndolo poco a poco en una herramienta destinada a los más privilegiados, una extracción social que condiciona también el tipo de obras que se hacen.

El hecho de que cineastas consagrados tengan la necesidad de pasar por programas de ayuda al desarrollo es otra cara de la misma moneda, limitando el acceso a nuevas voces, miradas distintas y perspectivas que sigan enriqueciendo la diversidad del cine español. Es cierto que el mercado es pequeño, que hay poco espacio y mucha gente, pero hay que crear estructuras que premien la diferencia y tengan la capacidad de abrirse a nuevos talentos -y respetar los antiguos-, que no necesariamente tendrían que demostrarlo todo con un buen pitch o documento para los que hay entrenarse y adaptarse.

Precisamente lo que hace interesantes y relevantes socialmente muchas de las grandes películas españolas de este 2022 es su capacidad para reflejar las preocupaciones y realidades de nuestro momento de distintas formas. Que haya cineastas, sobre todo mujeres, capaces de trascender esos lenguajes autosatisfechos para llegar a otros lugares es una de las mejores noticias que hemos tenido en el cine español en décadas.

Las problemas con las ayudas y el nuevo marco legal

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El ministro de Cultura, Miquel Iceta.

Y esto nos lleva al otro gran tema de fondo: esta explosión de talento femenino cinematográfico en España no es una cuestión de «modas», como a veces sostienen las posiciones más reaccionarias del debate público. Tampoco es una casualidad. Se produce gracias a un apoyo público concebido desde el sentido práctico, buscando crear oportunidades, no viciar el sistema. Porque hacer buen cine requiere de tiempo y dinero. El hecho de que Alcarràs se haya podido hacer solo gracias a una coproducción con Italia da una idea del camino que aún hay por recorrer, del cambio de mentalidad en el apoyo que necesitamos para seguir creciendo.

En este sentido no se puede dejar de valorar el juego de trileros ejecutado a raíz de la aprobación de la polémica Ley General del Audiovisual. Sus puntos más delicados han terminado por no satisfacer a nadie excepto a un par de grandes operadores cuyos intereses parecen alinearse con los de los grandes partidos políticos. Más allá de los aspavientos en torno a las cuotas idiomáticas, la ambigüedad en la definición final de productor independiente pone en grave peligro ese mismo sector creativo que antes mencionábamos, el que es capaz de producir Alcarràs para que el ministro de turno quede bien diciendo que «esto también es Marca España». No sirve de nada que los mandamases se hagan fotos con Albert Serra o Carla Simón si a la hora de la verdad legislan contra el tipo de cine que defienden.

La administración desprotege con una mano y dice que va a proteger, pero no lo hace, con la otra

Por supuesto, aquí volvemos a la pescadilla que se muerde la cola: un cine que no tiene oportunidades de llegar al público para ser rentable gracias a él tiende a volverse más hacia dentro, a adaptarse a los criterios de esos festivales y programas que les dan puntos para recibir más ayudas de las que dependen para ser viables económicamente. En este sentido, la administración parece el chiste de Peter O’Brien: decídete de una vez. Desprotege con una mano y dice que va a proteger, pero no lo hace, con la otra.

No se trata de convertir en rentables de forma artificial productos menores, sino de permitir al cine español que ya existe alcanzar todo su potencial de manera natural, entendiendo que pueden y deben cohabitar diferentes tipos de películas para diferentes tipos de público, sin tratar a este último de forma condescendiente. Tampoco desde la industria.

Los próximos meses serán decisivos, con un otoño lleno de nuevos estrenos españoles al que muchos profesionales llegan con el agua al cuello. Por otro lado, se espera que se concrete de una vez la nueva Ley del Cine -y pendientes de la necesaria actualización de la Ley de Patrimonio-, que debería de marcar la hoja de ruta del apoyo institucional y las políticas públicas culturales. Que el buen cine español de 2022 no se quede en una feliz coincidencia de películas.

Imagen de portada: Alcarràs, de Carla Simón.
Redacción Cine con Ñ

Redacción Cine con Ñ

Mesa de redacción de Cine con Ñ, medio especializado en audiovisual español desde 2019. El trabajo de Cine con Ñ ha sido reconocido con el Premio Nuevos Medios en Ios I Premios FlixOlé-URJC de Investigación de Cine Español y el Premio Labor Informativa en los Premios ASECAN 2022.