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Películas españolas

Pacifiction: Una película de Albert Serra

Una muestra de talento, inteligencia y sentido del humor (¿y de justicia?) a prueba de bombas nucleares, pero también de exceso, de ego y de vicio
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En Pacifiction De Roller, el alto comisionado de la República de Francia en la isla de Tahití, en la Polinesia francesa, se enfrenta a la sospecha de que el gobierno prepara pruebas nucleares en la zona después de 30 años. Intentando mantener el equilibrio entre sus deberes diplomáticos, que incluyen lealtad al gobierno que le paga pero también a los locales con los que convive, De Roller afronta sus deberes con una mezcla de lucidez y resignación, siendo testigo de los intereses miserables que mueven a quienes le rodean.

Es difícil analizar el cine de Albert Serra y separarlo de sus habituales declaraciones cargadas de chulería impostada, sobre todo cuando se han convertido en parte del ritual. Lo más probable es que la provocación que es su propia figura como autor trate de llevar al extremo la tradicional deconstrucción del poder de sus personajes, como se suele ver en las propias películas. Parece lógico que a más grandilocuencia, belleza y potencia en una de ellas, menos en serio haya que tomarla. Por eso también es divertido, de hecho, escucharlo alabar a Francia y su cultura mientras ridiculiza ambas en su obra.

Pacifiction, por otro lado, es una propuesta eminentemente política, zambulléndose de cabeza en cuestiones de actualidad en el debate, que no se molesta en intentar ofrecer una sola conclusión más allá de que la lucidez se paga con la soledad y el fracaso -no es muy original- y de que el poder es siempre, por definición, grotesco y ridículo. Son casi tres horas que pasan de la desesperante quietud a la sobrecarga cuando menos te lo esperas y que ni siquiera tienen la decencia de darle algo parecido a una conclusión al protagonista. Pero así es Serra.

Un lugar en el mundo

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Las primeras sinopsis de Pacifiction anunciaban una trama alrededor de un personaje finalmente secundario en la película, la escritora de éxito que viaja a Tahití a presentar su libro y que, supuestamente, viviría un romance con el protagonista De Roller. Si hacemos caso a Serra y su presunto gusto por la improvisación, se diría que esa película habría sido más previsible, intelectualizada y similar a otras obras de su autor frente a la suerte de thriller de espionaje en el que ha acabado derivando, donde la estrella literaria es solo otro detalle de ambientación para chotearse de ciertas convenciones sociales.

El cambio más significativo respecto a su filmografía, que ya advertían las reseñas en Cannes, es que aquí existe la política explícita, tal y como entendemos la palabra en román paladino. Con Liberté o La muerte de Luis XIV comparte, eso sí, la burla de las convenciones del poder y el gusto por lo grotesco y lo absurdo. El humor en elipsis de Serra, el mismo que se advierte detrás de sus declaraciones, impregna casi cada plano y desde luego los momentos que en una trama de espías más convencional serían épicos. Por otra parte, como siempre con el catalán, a veces da la impresión de que la narración le da igual y solo alarga la película para seguir recreándose en sus más que conseguidas atmósferas.

El neocolonialismo, la crisis climática, la decadencia de Occidente, la polarización del panorama internacional y hasta los derechos de las mujeres o la cuestión trans están todos ahí, aunque unos se explicitan y otros no. De Roller se presenta así como una especie de versión turbia de los protagonistas de las novelas de Graham Greene. Un occidental no especialmente racista pero si bastante cínico que se debate entre la comprensión de las situaciones y la distancia irónica. Un tipo responsable y quizás hasta con buenas intenciones pero en el cual el ego o los vicios pueden pesar tanto como el deber. Quizás un trasunto, incluso, de la manera que tiene el director de verse a sí mismo.

Los colores de Pacifiction

Pacifiction

Luego queda la cuestión de que cuando Serra afirma ser uno de los mejores cineastas del mundo en la sala de montaje es posible que tenga razón… aunque en este caso lo hayan acompañado en la misma sus colaboradores habituales Ariadna Ribas (Seis días corrientes, Magaluf Ghost Town) y Artur Tort (Liberté, La muerte de Luis XIV). Lo mismo para la fotografía, de nuevo de la mano de Tort, en la que el gusto por lo pictórico de sus cintas de época se mantiene, en este caso reflejando la ambientación exótica.

Pacifiction, como La muerte de Luis XIV, es una obra maestra de ofrecer conclusiones temáticas o directamente políticas a través de la composición del plano y las relaciones que establece el montaje más allá de las narrativas. Desde la apertura de la película, con la significativa presencia de cientos de contenedores de carga marítima enmarcadas por la magnificencia natural de Tahití y con seres humanos diminutos junto a ellos, hasta la tendencia de enmarcar a De Roller en espacios donde se mezclan su capacidad de adaptación y su evidente -y autoconsciente- fragilidad.

La película, finalmente, es uno de los trabajos más interesantes y únicos de nuestro cine este año, un recorrido temático incómodo de ver que exige paciencia al espectador pero también visual y cinematográficamente apabullante. Una muestra de talento, inteligencia y un sentido del humor (¿y de la justicia?) a prueba de bombas nucleares, pero también de exceso, de ego y de vicio. Lo que viene a ser, como ya hemos dicho, una película de Albert Serra. La puedes ver online en

Imágenes: Pacifiction – Elástica Films
Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.