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Rescatar al cine español en salas: lo que podemos aprender y lo que no del éxito de ‘Alcarràs’

El éxito de Carla Simón combina el arraigo territorial con el impacto del Oso de Oro en Berlín, pero otros títulos ensayan tácticas de «guerrilla» para recuperar las proyecciones como acontecimiento

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«Estos meses se ha estrenado mucho cine español que no ha tenido el éxito que debía haber tenido. No se ha recuperado el hábito de ir al cine tras la pandemia, el patrón de consumo sigue estando en el sofá… salvo los acontecimientos. Alcarràs ha conseguido convertirse en fenómeno, pero no solo por el Oso de Oro. Otras películas que lo han ganado no se han comido una rosca. Ha sido diferente porque el público catalán se ha apropiado de ella, la considera suya. Ahora mismo en Cataluña es casi una obligación verla».

Esta reflexión la hace Stefan Schmitz, de Avalon, distribuidora de la cinta de Carla Simón, cuando el título ya se ha convertido en la segunda película española más vista del año con 248.885 espectadores y 1.436.304 euros de recaudación, solo por detrás de La abuela, a fecha del pasado domingo 15 de mayo. No anda lejos de lo que evidencian las cifras: desde la reapertura definitiva entre finales de 2021 y comienzos de 2022 el público solo llena las salas excepcionalmente y para lo que considera grandes acontecimientos, como los estrenos Marvel o blockbusters asociados a marcas comerciales similares, como The Batman, Sonic 2 o Uncharted, de momento la más taquillera del año en España con más 12 millones de euros.

En el caso del cine local, ni siquiera las tradicionales comedias acaban de funcionar como en otras épocas y solamente Mamá o Papá -estrenada en 2021- o El juego de las llaves están alrededor del millón de euros. Incluso Álex de la Iglesia ha visto como Veneciafrenia hacía unos modestos 437.739 euros y 79.468 espectadores tras un mes en salas entre un público que juega con la certeza de que en pocas semanas la tendrá disponible en Prime Video, como ya está La abuela de Paco Plaza.

Atraer al público sala a sala

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Gerardo Herrero e Imanol Uribe en uno de los coloquios de ‘Llegaron de noche’ – Tornasol Films.

¿Qué le falta al cine español para pelear por ser un acontecimiento por sí mismo en la sala? Más allá de que sería difícil para las producciones patrias competir contra el presupuesto en promoción de los blockbusters estadounidenses, en los últimos meses algunos títulos han probado, a su nivel, por convertir cada exhibición en cines en un pequeño evento por sí mismo.

Un ejemplo es la gira de Llegaron de noche, el regreso de Imanol Uribe a la dirección que se estrenó en el Festival de Málaga. Allí el productor Gerardo Herrero anunciaba un ‘tour’ de carretera y manta en la que él mismo y Uribe harían de chófers yendo sala por sala en ciudades de toda España a presentar la película a base de coloquios y charlas.

Es un método que no parecerá extraño a muchos documentalistas, pero menos común en títulos de ficción de un director con varios Goya en su haber y que sin tener nunca un superéxito -su película más vista en sala, La muerte de Mikel, (1984), tuvo 1.169.384 espectadores, y la más taquillera, La carta esférica, recaudó 2,1 millones de euros- ha rodado con cierto tirón popular a lo largo de varias décadas.

Desde Tornasol Film, productora de Herrero, explican a Cine con Ñ vía mail que este método «funcionó bien. Nosotros directamente en redes anunciábamos que había una presentación o un coloquio después del pase para animar al público a asistir. La mayoría de las salas tuvieron 85-90% del aforo y algunas completo. En general la gente se mostró bastante participativa». El próximo estreno de la compañía, El comensal, de Ángeles González-Sinde, repetirá, con la directora «y los actores que podamos convencer».

Llegaron de noche rotó por media docena de cines madrileños, Valencia capital y otros cuatro cines entre Navarra y País Vasco. Las cifras no son precisamente espectaculares, aunque están en la media del cine español estos meses: 177.784 euros y 30.608 espectadores, recolectados sala a sala. En este caso la táctica ha sido rentabilizar cada pantalla, ya que en su momento de máxima distribución no pasó de 63.

Otro director que ha tomado nota es Jonás Trueba, el último ganador del Goya a Mejor Documental con Quién lo impide,. Estrenada aún con restricciones y siendo un documental que rozaba las cuatro horas de duración, apenas pasó de los 4000 espectadores. pero el siguiente título del menor de los Trueba será todo lo contrario: Tenéis que venir a verla es una película de poco más de una hora y que se está promocionando ya llamando a ir a la sala desde su propio título.

Ramiro Ledo, de la distribuidora Atalante, explica al teléfono que la táctica será «estrenar en un un solo cine por ciudad, para focalizar mejor la atención del público», aunque admite que es algo aplicable a grandes ciudades como Madrid y Barcelona, dado que en las poblaciones medias «solo suele haber una sala que exhiba cine independiente». La clave estará en que ya trabajan en «una campaña de comunicación a medida para cada sala, convirtiendo cada pase en un evento». Quién lo impide «está funcionando muy bien en streaming, así que esperamos que la gente que ahora conoce el trabajo de Jonás sí se anime con una película que no dura cuatro horas».

Los secretos de Alcarràs

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Carla Simón durante el rodaje de ‘Alcarràs’.

El ejemplo a seguir, aunque difícil de alcanzar sin un empujón como el de un festival de gran exposición como la Berlinale, sigue siendo Alcarràs, que apunta hacia Pa negre para ser la película en catalán más taquillera de la historia (pasó de los 2 millones de euros y los 400.000 espectadores) si consigue mantener su actual ritmo. Schmitz no se hace ilusiones pero apunta como objetivo conseguir completar la campaña de verano en cartel, hasta final de agosto, y luego «una segunda vida» en febrero-marzo de 2023 si la temporada de premios es generosa.

El distribuidor explica a Cine con Ñ la reapertura de cines rurales anunciada para el estreno por el trabajo con dos circuitos de proyeccionistas, empresas que acuden de municipio en municipio al estilo de otros tiempos y que en el interior catalán tienen gran peso. «Solo el Circuito Urgellenç, que trabaja en las provincias del interior, ha podido suponer un 10% de la taquilla total», calcula. «Y el de la Asociación Catalana de Cines Independientes, que trabaja en los alrededores de Barcelona, un 5%».

Dar esa importancia a los pequeños municipios catalanes y tener desde el día del estreno una versión doblada al castellano para el resto de España han sido «lo único diferente respecto a Estiu 1993 que hemos hecho», explica, pero incluso aunque Madrid, Valencia y Bilbao han tenido mucho peso en la recaudación «solo Cataluña supone el 65% del público que ha ido a verla». La dificultad ahora está en llevar Alcarràs a municipios fuera de la región con situaciones como la de la familia Solé, que pierde sus tierras por un parque de placas solares: no existen circuitos parecidos en casi toda España, y en los del País Vasco, donde ya ha probado, no ha llegado a funcionar «aunque hace más de un año sí lo hizo Akelarre».

La fórmula de Carla Simón parece difícil de repetir y quizás precisamente está haciendo historia no solo a nivel de taquilla. Una película de autor, independiente y con gran arraigo territorial, que gana un premio como el Oso de Oro que no será ni mucho menos el último. Sin embargo el resto del cine español parece tomar nota y se prepara para su propio guerra de guerrillas, en la que conseguir que los espectadores regresen a las salas, si hace falta, uno a uno.

Imagen de portada: still de Alcarràs – Lluís Tudela (Avalon).

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