Uno de los cortos destacados del año en el cine español, Xiao Xian, de Jiajie Yu, es el claro ganador en los Premios Fugaz 2020, los grandes galardones del corto español. El trabajo, también nominado a los Goya de este año, ha conseguido cinco Premios Fugaz: Mejor dirección, Mejor sonido, Mejor vestuario, Mejor dirección de arte y Mejor fotografía. El Premio al Mejor cortometraje ha sido para El monstruo invisible, de Javier y Guillermo Fesser. La gala de los Fugaz, instaurada desde 2017, se ha celebrado de forma virtual a través de Facebook y Youtube debido a la crisis sanitaria.
En una gala realmente rápida y ágil, otros cortometrajes también se han llevado premios importantes, como A la cara, que ha sumado tres Premios Fugaz2020 (Mejor actor, Mejor actriz y Mejor guion). Además, Carne, de Camila Kater, ha recibido el Mejor corto de animación, y El infierno, de Raúl de la Fuente el de Mejor corto documental.
El Premio al Mejor largometraje ha sido para El hoyo, de Galder Gaztelu-Urrutia, que era la novedad con respecto a la terna de favoritas de la temporada de premios (Dolor y gloria, Mientras dure la guerra y La trinchera infinita). A continuación, puedes leer todos los premiados de los Premios Fugaz 2020, en los que han votado más de 600 profesionales:
Palmarés completo de los Premios Fugaz 2020
Mejor cortometraje
A la cara El monstruo invisible Un coche cualquiera Xiao Xian
Mejor dirección
Javier Marco, por A la cara
Javier Fesser y Guillermo Fesser, por El monstruo invisible
Salvador Calvo, por Maras Jiajie Yu Yan, por Xiao Xian
Mejor guion
Belén Sánchez-Arévalo, por A la cara
Marcos Nine y Fran X. Rodríguez, por Beautiful boy (neno bonito)
Javier Trigales, por Eco
Javier Fesser y Guillermo Fesser, por El monstruo invisible
Mejor actor
Manolo Solo, por A la cara
Antonio de la Torre, por Black bass
Albert Pérez, por Hawaii
Jorge Cabrera, por Pozo
Mejor actriz
Sonia Almarcha, por A la cara
Ana Polvorosa, por A quien dices amar
Greta Fernández, por Lea
Chacha Huang, por Xiao Xian
Mejor dirección novel
Victor Català, por A little taste
Jordi Capdevila, por Hawaii
Dani Viqueira, por Limbo Eva Saiz, por Mujer sin hijo
Mejor dirección de producción
Luis Manso, por El monstruo invisible
Marieta Caballero, por Malpartida
Manuel Sánchez, por Maras
Nacho Pérez de Guzmán y Eduardo Muñoz, por Xiao Xian
Mejor dirección de fotografía
Toni Abad, por Hawaii
Jorge Roig, por Malpartida
Juanjo Sánchez, por Maras Mario Lerma y Alejandro Rapariz, por Xiao Xian
Mejor montaje
Fran X. Rodríguez, por Beautiful boy
Jose Joaquín García, por Eco
Dani Viqueira, por Limbo
Xavi Pereiro, por Polter
Mejor dirección de arte
Mariola Viejo, por Eco
Xenia Besora, por Hawaii
Siggy Martínez, por Malpartida
Federico Cambero y Daniel Raev, por Xiao Xian
Mejores efectos visuales
Victor Duque, por A little taste
Manu Viqueira, por Limbo Raúl Romanillos, por Polter
Jon Serrano y Mariano García, por Un coche cualquiera
Mejor vestuario
Xènia Garre, por A little taste
Imma Rondan, por Hawaii
Nacho Pérez, por Malpartida Victòria Fuertes, por Xiao Xian
Mejor maquillaje y peluquería
Berta Sallent, por A little taste
Giss Rodríguez, Gorka Aguirre, Agar Martínez de la Hidalga y Albar Martínez de la
Hidalga, por Limbo Elena Cuevas, por Maras
Abigail Cimmarrusti, Paula Herrero, Patricia de Lucas, Alicia espada y Esmeralda
Sánchez, por Xiao Xian
Mejor sonido
Paco Piquero, por Eco
David Machado, Javi Pato y Oscar Nieto, por Limbo
Fernando Pocostales e Íñigo Olmo, por Polter Miguel Carretero, por Xiao Xian
Mejor banda sonora
Joan Vilà, por A little taste
Carlos Martin Jara, por Eco
Fernando Furones, por El gran Corelli
Jesús Díaz, por Xiao Xian
Mejor cortometraje breve
A little taste El llibre Sol Telekinesis
Mejor cortometraje documental
Beyond the glacier El infierno El sentido del cacao La eminencia
Mejor cortometraje de animación
Carne El gran Corelli Lifetime Madrid 2120
Mejor largometraje
Dolor y gloria El hoyo La trinchera infinita Mientras dure la guerra
En el cine español son habituales las coproducciones. Este modelo mixto con productoras extranjeras -común especialmente con latinoamericanas- facilita la financiación y la colaboración de profesionales de distinto origen. Una de las últimas coproducciones españolas que se ha estrenado recientemente en Filmin (esperemos que llegue a alguna sala cuando sea posible) es Parking. A pesar de haber pasado algo desapercibida entre los estrenos y la gran oferta de las plataformas de streaming, esta película destaca en la filmografía nacional al ser una coproducción con un país del Este (Rumanía), colaboración poco habitual en nuestro sector.
El experimentado director rumano Tudor Giurgiu lleva a la pantalla en Parking las vivencias del escritor Marin Malaicu-Hondrari, con quien escribe el propio guion de la película y que aquí se ve reflejado en Adrian (Mihai Marandache), un inmigrante ilegal apasionado de las letras españolas y la poesía que trabaja en un concesionario al aire libre en Córdoba. Sin un rumbo fijo, Adrian descubrirá un nuevo amor en España.
Aunque Adrian es el protagonista y vemos su punto de vista, la historia se va haciendo cada vez más coral dando paso a otras voces y personajes que marcarán su vida. Las relaciones entre los personajes en Parking se pueden establecer en base a la vinculación que comparten. Parejas matrimoniales, amorosas, relaciones laborales jefe-trabajador o amistades (que sirven para confesar los conflictos internos). Todas ellas finalmente convergen entre sí al compartir un aspecto común que recorre sus vidas y las imágenes de esta película: el fracaso.
La mayor virtud de Parking es la naturalidad con la que presenta todos los aspectos de su narración. Es evidente el trabajo realizado para llegar a esta sensación, tanto en la delicada y atmosférica fotografía de la película como en la producción (el propio aparcamiento de la película es el lugar real donde trabajó Marin) y en el reparto, con dos magníficas interpretaciones de Mihai Smarandache y Belén Cuesta que no solo sustentan la película, sino que en ocasiones la elevan aportando mucho más. La humildad y naturalidad propia de Belén Cuesta encaja perfectamente en su personaje, constatando con su gran trabajo el acierto en la elección de la actriz nacional para conseguir las notas del realismo deseado.
Es una pena que la gran atracción que genera la pareja se vea torpedeada por los numerosos caminos que toma el guion a medida que se desarrolla la película, revelando una falta de interés en los momentos en los que la relación de Adrian y María se deja de lado para dar paso a otras tramas.
Sin embargo, sí que cabe destacar la buena gestión que se hace del tiempo en el guion, que, con ayuda del montaje, consigue ir dando saltos temporales mediante cortes abruptos que recuerdan estructuralmente a los capítulos de una novela. Pero si la virtud de Parking es la naturalidad de su conjunto, la banda sonora resulta molesta y un obstáculo para conseguir ese carácter, al limitarse su uso únicamente para subrayar lo visto en pantalla, como un refuerzo de lo obvio.
Con todo ello, esta modesta propuesta consigue crear el escenario y el tono melancólico adecuado para desarrollar el gran trabajo actoral de Mihai Smarandache y Belén Cuesta, cuyos personajes construyen una sincera historia de amor en la que el aspecto de la identidad y las dificultades de la migración también juegan un gran papel, sin caer en el sentimentalismo barato (seguro que gracias a la aportación del propio Marin Malaicu-Hondrari en el guion). España está muy presente en la película (su geografía, las fiestas tradicionales, la música) desde una mirada externa como la de Giurgiu. Aquí se desarrollan las vivencias de nuestro protagonista rumano y la combinación de culturas y miradas. Sin ser redonda, Parking sí refleja en su resultado final la propia diversidad de su coproducción, de la que esperamos que sirva como otro ejemplo más para seguir construyendo historias con países (aparentemente) lejanos.
La Academia de Cine estudia seriamente la posibilidad de llevar a Valencia los Goya 2021, según fuentes de Cine con Ñ. Los organizadores de los galardones barajan la capital levantina como primera opción para ser la sede de los premios dentro del marco del ‘Año Berlanga’, una serie de iniciativas de la institución para celebrar el año que viene el centenario del nacimiento de Luis García Berlanga, valenciano de origen. Sería la tercera edición consecutiva fuera de Madrid tras la de Sevilla y Málaga.
Desde que el presidente de la Academia, Mariano Barroso, anunció este homenaje en la pasada edición, se puso la candidatura de Valencia encima de la mesa, con las autoridades locales valencianas tomando rápidamente posición. Ya lo hizo el día después de la gala la vicealcaldesa de la ciudad, Sandra Gómez, que vio en el ‘Año Berlanga’ «un guiño» a Valencia y aseguró que el Ayuntamiento ya había hecho una oferta formal para 2021 a Barroso en un encuentro anterior a la gala.
El presidente de la Academia, Mariano Barroso. Fuente: Wikimedia
El Ayuntamiento, principal valedor para traer a Valencia los Goya 2021
Tanto Gómez como posteriormente el propio alcalde de la ciudad, Joan Ribó, se mostraban optimistas ante la candidatura en el mes de enero. «Si la ciudad y las administraciones tenemos voluntad, la Academia sin duda va a ser muy favorable a desarrollarlo», aseguró Gómez. Ribó, por su parte, apuntaba a las «buenas vibraciones» que tenían al respecto y que veía «muchas posibilidades» de conseguirlo. Desde entonces no se había vuelto a saber nada sobre el asunto, pero a un año del centenario de Berlanga (su cumpleaños sería el 12 de junio), en la Academia se sigue planteando como principal opción.
En cuanto al lugar concreto que podría llevar a Valencia los Goya 2021, el equipo de Gobierno de Ribó maneja dos posibilidades para un evento de este tipo: Feria Valencia y la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Ribó aseguró en enero que Feria Valencia era «lugar seguro», decántandose por este espacio. Otros lugares como el Velódromo o el Pabellón de la Fuente de San Luis, que sería el homologo al Martín Carpena de Málaga, parecen descartados.
La Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. Foto: Pxfuel
Valencia sería la cuarta sede de los Goya en su historia
Si finalmente, como todas las partes apuntan, se trasladarán el año que viene a Valencia los Goya 2021, sería la tercera edición consecutiva en la que los galardones por excelencia del cine español se celebran fuera de Madrid. La primera fue en Barcelona en el año 2000, y hubo que esperar 18 años para que volvieran salir de la capital. Entonces la elegida fue Sevilla (2019), a la que ha sucedido en 2020 Málaga, que se impuso finalmente a la anterior pese a que el gobierno sevillano de Juan Espadas intentara mantener la sede.
El año pasado surgió una pequeña competición entre ciudades aspirantes a albergar la gala. Hasta seis localidades se ofrecieron: además de Sevilla y Málaga, estaban Palma (que ya había hecho petición el año anterior), Bilbao, Zaragoza y, por supuesto, Valencia. A falta de conocer los protocolos para presentar candidaturas y con el más que posible retraso de fechas de la gala debido a la pandemia, hasta el momento ninguna otra ciudad ha manifestado su interés oficial en entrar en la pugna de 2021.
Hay que recordar que la Academia puso ya en 2018 la condición de que el salir de Madrid no supusiera un coste para las arcas de la entidad. La celebración de la 35 Edición de los Premios Goya en Málaga costó más de 2 millones de euros, que se repartieron el Ayuntamiento, la Junta de Andalucía, la Diputación y Unicaja, y la de Sevilla 1,3 millones. Los consistorios andaluces cifraron en más del doble (5 millones) el impacto económico positivo directo de traer los premios. Valencia también tendrá que tener en cuenta estos números.
Nuevo avance para el sector audiovisual español en el ecosistema del streaming. Netflix pagará a los intérpretes españoles cuando se consuman los contenidos en los que aparezcan dentro de la plataforma. AISGE, entidad de gestión de derechos de propiedad intelectual de nuestros actores y actrices, ha conseguido esta compensación económica por «los rendimientos económicos derivados del uso en España de sus interpretaciones» con carácter retroactivo desde que la plataforma llegó a nuestro país (2015).
Este compromiso de gestión de derechos significará que nuestros actores y actrices cobren un porcentaje de dinero por lo que haya ganado Netflix gracias a series como La casa de papel o Élite. Aunque es lo habitual en el pago de derechos televisivos con cada emisión, este es un acuerdo sin precedentes con una plataforma, que hasta el momento habían evitado regirse por las mismas reglas del juego que las operadoras tradicionales. Netflix es, por el momento, la única de las plataformas de streaming que ha dado el paso de aceptar esta subdivisión de beneficios por explotación de contenidos.
Este paso es un movimiento más para constatar el cambio de época de consumo televisivo que se está viviendo en España: «Abre la puerta a nueva era, a la la transición en la gestión de derechos desde la TDT en abierto hacia las plataformas online de pago”,ha explicado Abel Martín Villarejo, director general de AISGE, en un comunicado hecho público por la entidad. «Nos movemos hacia un modelo en el que los derechos quedarán más dispersos entre distintos operadores y la explotación de los contenidos tendrá un carácter cada vez más internacional”, ha explicado.
La actriz Alba Flores en la serie ‘La casa de papel’
Netflix pagará solo a partir de lo que gane en España
AISGE aclara que este acuerdo precisamente sólo tendrá validez dentro de España. Lo que le puedan dar de royalties a los intérpretes españoles las obras en las que aparezcan se calculará a partir de lo que haya ganado Netflix únicamente aquí, «con independencia del mayor o menor éxito que dichos contenidos hayan podido tener en otros países». Para obtener esos ingresos de otros países, se tendrá que gestionar la entidad de derechos de autor correspondiente de cada estado.
El pasado 28 de abril entregó en vigor, precisamente, el Tratado de Beijing sobre Interpretaciones o Ejecuciones Audiovisuales. Un compromiso aún por determinar en leyes y medidas que va a reforzar lo mismo que Netflix pagará ahora en España: los derechos de los artistas intérpretes o ejecutantes, aunque en este caso de forma coordinada en todo el mundo. Este acuerdo entra en vigor para los 30 Estados contratantes dentro de este pacto internacional, que se comprometen a desarrollar un marco jurídico para ponerlo en práctica.
Los habitantes de Castilla y León son los que más optaron por películas españolas al ir al cine en 2019, según datos recientes del Ministerio de Cultura. El 21,5% de los espectadores castellanoleoneses optaron por ver cine español en vez de extranjero (78,5%) el año pasado, la cuota de espectadores más alta para el cine español en salas entre todas las comunidades autónomas. Es el segundo año consecutivo que lideran esta lista: en 2018 también fueron los castellanoleones, junto a los riojanos, los que más decidieron ver cine español en salas (24,5%).
En total, los cines de Castilla y León sumaron 4,5 millones de espectadores, de los cuáles un millón fue a ver una película española el año pasado. Este 21,5% de consumo de cine español en salas castellanoleonesas es inusual en el patrón de consumo que se registra en otras partes del territorio: supera en más de cinco puntos la media nacional (16,3) y en más de diez al de las comunidades en las que menos espectadores tienen nuestras películas.
Las islas o Cataluña, donde más se prefiere al cine extranjero
Los datos recopilados por el Ministerio de Cultura indican que tres de las cuatro comunidades dondemenos espectadores porcentuales tiene el cine español están fuera de la península: Ceuta y Melilla (8, 5%) Canarias (10%) y Baleares (12,9%) son, junto a Cataluña (12, 2%), las zonas del país donde el cine extranjero domina casi al 90% las preferencias de sus espectadores en salas.
¿Qué ocurre en las comunidades más pobladas de España? Algo parecido a lo que ocurre en Cataluña, que es la segunda comunidad con más habitantes, en Andalucía (1ª) y Comunidad de Madrid (3ª) los datos son similares, ambas en la zona baja de este ránking. El 14,6% de los espectadores andaluces fueron a ver una película española frente al 14,4% de los madrileños, ambos por debajo de la media. En el caso de Comunidad Valenciana, la cuarta más poblada, el porcentaje sube ligeramente hasta el 15,4%.
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Hay que destacar los números bajos de preferencia por cine español también en Murcia (14%) y Galicia (15,7%), mientras que están por encima de la media los espectadores de comunidades como Asturias (17,4%), Aragón (17,5%), Extremadura (19,1%) o Castilla-La Mancha (19, 3%). En la parte alta, solo por detrás de Castilla y León, encontramos tres zonas del norte peninsular: Navarra (20,9%), País Vasco (20,9%) y La Rioja (20,9%).
Pedro Marrero, alias ‘Grasa’, es un matón y traficante de poca monta que malvive en un barrio empobrecido de Sevilla hasta el día en que le da un infarto. El médico le advierte que o transforma completamente su estilo de vida o su maltratado sistema cardíaco dirá basta. Para intentar cambiar de hábitos y mejorar su salud, Pedro abandonará su entorno, mudándose a un barrio de mayor nivel adquisitivo y haciendo nuevo amigos por el camino.
Ojo: Spoilers del tamaño del Villamarín.
El discurso de clase parece proscrito en la ficción española mainstream. Se tiene que refugiar en producciones ambientadas en el Franquismo –Brigada Costa del Sol, Alta mar– e incluso más atrás –La peste, Las chicas del cable– o en la comedia. Y en esta última se utiliza más como fuente de estereotipos –Aquí no hay quien viva y La que se avecina– que para entrar en un análisis de sus causas y consecuencias.
A ver, miento. La clase social como circunstancia si se ve reflejada, porque es inevitable, aunque tirando hacia arriba desde la clase media aspiracional idealizada por nuestros corazones post-Felipistas. Tienes que creerte que las individuas de Valeria son precarias o que las casas de Madrid, interior son representativas del hábitat medio de esta España suya, esta España nuestra.
Fotograma de ‘Madrid, interior’, de Juan Cavestany
Incluso en La casa de papel, que nació con la intención de reflejar la España posterior al 15M y la crisis de 2008, se habla apenas de clases medias que se quejan por la ruptura del ascensor social. Gente blanca de clase media hablando de revolución sin concretar ideología, ¿qué puede salir mal? Se le perdona porque un grupo de mineros asturianos le hace un butrón a la Audiencia Nacional. Y eso, te lo digo mientras clavo en tu pupila mi boli bic azul, eso es poesía.
No me entiendan mal. Estamos peor que en los 80, cuando el cine quinqui sabía a lo que venía y en Televisión Española todavía se producían maravillas como Turno de oficio o Brigada Central, pero muchísimo mejor que en Las Edades Oscuras, los 90 y primeros 2000.
Procesen los papeles de La Juani en Médico de Familia o el mayordomo que interpretaba Javivi en Ana y los siete, sin dejar de pasar por esa oda a la caspa bien entendida, ese canto de cisne del último galán clásico, que fue La casa de los líos. Hasta en Un paso adelante lo intentaban con la matraca de que el personaje de Pablo Puyol era “el paleto”, pero decir que aquello daba vergüenza ajena es quedarse corto. Por no hablar de la subtrama de la novia limpiadora de Blas Castellote en Periodistas.
Malvivir de obesidad
Comparado con todo esto Malviviendo y su heredera Grasa están a años luz. Solo que Malviviendo, al menos en su primera temporada, rozaba el lumpen de verdad. Era una broma muy currada echa con cuatro duros por gente que lo pasaba en grande, que se hizo “viral” antes de que el término lo secuestrasen los estrategas y los listos. Entre una y otra serie han pasado 12 años, la creación de Different Entertainment y toda una carrera para David Sainz y su equipo. Entre 2017 y 2018 ya produjeron otra comedia de 6 capítulos para PlayZ, Mambo, que es referenciada en algunos gags en Grasa.
En las entrevistas Sainz ha explicado que la premisa de Grasa es una excusa para la transformación casi involuntaria del personaje, para su desclasamiento por pura superviviencia. Eso, en sí mismo, ya es crítica social. Porque Pedro ‘El Grasa’ no se desclasa por ningún tipo de aspiración social, lo hace para seguir con vida. Cuando sus amigos le recomiendan que se mude porque “el barrio es muerte, hermano”, lo que están haciendo es una extrapolación estadística.
Los problemas cardiovasculares del protagonista son el detonante y también la solución del último capítulo de la serie. En el enfrentamiento final entre Grasa y su perseguidor, Tito -otro actor canario, Luifer Rodríguez-, un Butch vs Marsellus en Pulp Fiction pero en cani, será este último el que acabe sufriendo otro infarto y Pedro quien deberá salvarle la vida.
El relevo hacia el cambio de vida, el que lleva a romper la idiosincrasia de clase por puro instinto de conservación, partido a partido como si uno fuese un Cholo Simeone de sí mismo, pasa a Tito en el plano final. Lo simboliza la pulsera que controla el ritmo cardíaco. Pedro ya no la necesita, pues ha ganado el autocontrol y la conciencia de sí mismo que le permiten llevar una vida mejor.
El cani ilustrado
¿Que diría Owen Jones si tuviese que pasarle el filtro de Chavsa Grasa? Es difícil de decir. Para empezar el mundo de Pedro es retratado sin ninguna piedad en cuanto a sus vicios y carencias, pero sus personajes son tan humanos como cualquiera. El punto de vista de la serie es el suyo, aunque igual que en Malviviendo o en otra comedia sevillana parida por los virales de internet, El mundo es nuestro, se lleve a la hipérbole o se reduzca al extrañamiento para que nos resulte más entrañable a los que estamos medio pasito por arriba en la escalera del bienestar y somos el público objetivo.
Grasa no demoniza al lumpen. No es una parodia cruel, no infantiliza ni culpabiliza. Pero tampoco presenta a seres luz que solo necesitan una oportunidad como si esto fuese un culebrón del mediodía. Pedro no abandona su idiosincrasia en ningún momento y su evolución es completamente involuntaria. Sigue resolviendo los problemas a golpes, aunque se los lleven personajes que son presentados como miserables, y lleva el concepto de lealtad aprendido en el barrio hasta el extremo de jugarse la vida.
En parte refleja la experiencia del propio Sainz, según confesión propia, que pasó de grabar su primera serie mientras trabajaba en una tele local a recibir encargos de RTVE. La exposición de arte contemporáneo que Pedro no entiende retrata el propio “ascenso” de sus autores en su tránsito de la producción por amor al arte a las reuniones de la gente guapa.
Los mayores castigos del guion, de hecho, están reservados para el postureo intermedio, para quien pretende desclasarse no por necesidad como Pedro sino por ego aspiracional. Los guantazos paralelos al crítico de arte y al niño grimoso vecino de Teresa retratan a un tipo especial de “pijo”, el que no está tan social ni económicamente lejos de ‘El Grasa’ y sus amigos como cree pero se considera muy por encima y, sobre todo, con la capacidad y el derecho para juzgarlo.
La supuesta redención de Pedro nos habla más de la falta de alternativas a su vida anterior que de la bondad intrínseca de las que va encontrando. La transformación del personaje es empoderante en el sentido de que surge de hacerse responsable de sí mismo y utilizar, dadas sus circunstancias concretas, las mejores herramientas a su alcance para mejorarse. Pero la bondad o maldad propias del personaje se han mantenido: el Grasa del primer capítulo eran tan bruto, leal, buenazo o tímido como en el último. Solo que por el camino ha aprendido mejores maneras de expresarlo y de cuidarse y cuidar a los demás.
Ese cierre con Tito llevando la pulsera para el ritmo cardíaco puede ser leído tanto de manera optimista como pesimista. Hemos visto como Pedro ayuda a mejorar a su entorno inmediato solo con sus nuevas formas de actuar, pero al mismo tiempo estamos hablando de una salida del pozo individual o familiar, que es la gran solución de la ficción actual ante el Armaggedon. Como moraleja nos queda que acabar con la desigualdad no es ni siquiera una cuestión de justicia o igualdad de oportunidades. Es un problema de supervivencia.
En 2017 se negaron a trabajar para reivindicar sus derechos laborales, y pusieron en vilo a la industria durante 45 días. Fue la segunda demostración de fuerza más potente que se recuerda del sector del doblaje en España tras la de 1993, obligando a retrasar emisiones de varias series extranjeras. Esa huelga finalizó con un nuevo convenio laboral para los actores y actrices de doblaje, lo que parecía solucionar un problema para un gremio que sigue creciendo pero que está entre los peor pagados de Europa, según un estudio encargado por el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA) en 2015.
Aquel convenio de la primavera de 2017 regulaba, en realidad, sólo a los dobladores de la Comunidad de Madrid, donde se ubica la gran mayoría de la producción de doblaje en el país. Una concentración y unas nuevas condiciones conquistadas que han reforzado a los profesionales que trabajan en la capital -que ya han empezado el camino hacia un tercer convenio– pero que también evidencian la enorme desigualdad de salarios y las difíciles condiciones que se viven en el resto del Estado, donde no existe un marco laboral común y donde cada autonomía pone sus propias reglas.
«A día de hoy no se puede hablar de «sector» en España. Se puede hablar del doblaje en Madrid, y lo que pasa fuera», asegura a Cine con Ñ María Jesús Nieto, actriz de doblaje y miembro de ADOMA, el sindicato madrileño de artistas del doblaje que capitaneó entonces el parón en la capital. Nieto sostiene que fuera de la Comunidad de Madrid es «un sálvese quien pueda», donde muchos de los que se dedican al oficio trabajan por «precios vergonzosos, cuando no gratis o prácticamente».
El actor de doblaje, Sergio Zamora, en una sesión de locución. Foto: Youtube
Los actores y actrices de doblaje de otras comunidades han empezado, sin embargo, a organizarse para cambiar esa situación de precariedad. Se están produciendo negociaciones por un convenio colectivo en Cataluña o País Vasco, pero aún sin resultados concretos. En Barcelona, el otro gran foco de estudios y profesionales del doblaje, reivindican nuevas condiciones efectivas desde hace años. El pasado mes de abril los profesionales constituyeron DUB, asociación que nace con la voluntad de luchar contra la precarización del mundo del doblaje en la ciudad.
«En comunidades como Andalucía, País Vasco, Valencia o Galicia los precios que cobran los actores de doblaje son cuatro o cinco veces más bajos de los que se cobran en Madrid o Barcelona»
Fuera de Barcelona la situación es aún más delicada. Según datos publicados por la Escuela de Dobladores de Madrid, en otras comunidades como Andalucía, País Vasco, Valencia o Galicia los precios que cobran los actores son cuatro o cinco veces más bajos de los que se cobran en Madrid o Barcelona. Desde organizaciones como ADOMA se denuncia la desolocalización del trabajo de algunos estudios hacia estas zonas para reducir costes mientras crecen las voces que plantean la necesidad de establecer un umbral minimo de precio de tarifas a nivel estatal.
La paradoja de este contexto laboral -o uno de los motivos- es que la oferta de trabajo no ha dejado de crecer estos últimos años en nuestro país. La diversificación de contenidos (películas, series, videojuegos, podcasts, radioteatro…) y las distintas formas de consumo audiovisual a través de Internet han permitido un crecimiento natural y sostenido. «En cuanto a número de trabajos, el doblaje tiene buena salud a día de hoy», resume a esta publicación Víctor Martínez, director de la Escuela de doblaje y locución AM, que destaca la variedad de demanda auditiva que existe entre el público.
Ese desarrollo ha provocado un importante aumento de centros formativos que se dedican a ello en toda España. «Cuando nosotros montamos la Escuela (2004) en Madrid solo había otro centro en activo. Ahora mismo debe de haber 15 o 16 escuelas aquí», calcula Martínez. Esto ha provocado un fenómeno relativamente nuevo: muchas personas que se han formado en el campo pero que no pueden vivir de ello porque trabajan muy poco. «Los profesionales seguimos trabajando», aclara Nieto, «pero luego hay gente que hace una convocatoria o dos y se pierde en el olvido».
La vuelta del doblaje tras el confinamiento
La crisis sanitaria provocada por el coronavirus también significó, por extensión, el parón del doblaje en España. Muchas series de Netflix, HBO o Movistar + estrenaron nuevos capítulos sin posibilidad de verse dobladas porque el trabajo se realiza en el estudio, donde se reúnen los equipos técnicos y humanos. Durante la cuarentena se empezaron a estudiaron alternativas a la presencia física, y Mediapro incluso presentó a principios de mayo un tecnológico kit para el «teledoblaje».
Aunque se asegure desde la compañía de Jaume Roures que este tipo de herramientas no irían a sustituir a los estudios, muchos profesionales se han manifestado en contra de esta posibilidad que, según un comunicado de AADPC (Associació d’Actors i Directors Professionals de Catalunya), «dinamita al sector en su conjunto» por las condiciones en las que se realizaría (eliminando puestos de trabajo como el de los técnicos y directores o discriminando a los actores que no puedan tener acceso a ese soporte tecnológico).
Según empezaban las fases de desescalada, el doblaje ha vuelto rápidamente a esa actividad presencial. Por supuesto, adaptándose a las normas de seguridad, con unos protocolos específicos para el trabajo a realizar. «A mitad de mayo ya estábamos prácticamente todos incorporados. Al principio fue todo nuevo y caótico, pero ya nos estamos acostumbrando a esto«, explica la actriz de doblaje Vera Bosch, voz española de actrices como Zendaya.
Una profesión cada vez más reconocida
Además de por la vuelta al trabajo y la importante demanda, los actores de doblaje también tienen algún otro motivo para sonreír en 2020. En los últimos años hay un reconocimiento e interés creciente del público hacia su trabajo. El asentado desarrollo de las redes sociales ha permitido que miles de personas se acerquen más a un sector que ha sido siempre, con más o menos intención, bastante invisible. Y ahora recibe un importante grado de atención.
«Hay mucha más demanda de querer saber sobre nosotros, sobre cómo trabajamos, que si quién dobla esto o lo otro», dice Bosch, que pertenece a esa generación de dobladores más jóvenes que están más acostumbrados a ese interés y a moverse en las redes. La actriz nota un cambio en ese sentido con respecto a las antiguas generaciones en el oficio: «A nuestros mayores no les interesaba mucho que la gente los conociera. Ellos iban, hacían su trabajo y ya está. Muchos de ellos no tienen redes y no les interesa para nada que se les conozca».
«El mejor doblaje es el que no te enteras de que existe»
No era ni es por timidez. Hay una tradición en el oficio de mantener cierto grado de invisibilidad, algo que se entiende como favorecedor para el resultado final de su trabajo. «El mejor doblaje es el que no te enteras de que existe. Tiene que formar parte de un todo que se empaste y que ni te plantees que está ahí», dice Nieto, que asegura que el reconocimiento del público es bueno, pero que nota cierta «atención excesiva» en la actualidad.
Michelle Jenner y Bely Basarte durante el doblaje en España de la película de Disney ‘La Bella y la Bestia’. Foto: Youtube
Los dobladores más jóvenes se toman este reconocimiento con naturalidad, familiarizados ya con un canal de difusión que no solo da a conocer su trabajo, sino que permite, positiva o negativamente, estar en contacto directo con todo el mundo. «En nuestro caso es muy similar a lo que sucedía antes. Simplemente existe esa ventana de las redes, y a algunos nos gusta interactuar más con la gente, saber qué opinan«, expone Vera Bosch.
Pocos nombres más mitificados y conocidos en la historia del cine español que el de Luis García Berlanga (Valencia, 12 de junio de 1921). La celebración de sus películas no ha hecho más que agrandar el interés que hay también en torno a su trayectoria personal y su vida. Todos los que le conocieron destacan su peculiar personalidad, que se vio desde luego reflejada en su forma de entender el cine.
Se podría hablar de todos sus logros, los hitos importantes en los que participó el director valenciano (parte de la primera promoción de la Facultad de Filosofía y Letras de Valencia, en una de las primeras de la Escuela de Cine, fundador de la Academia, premios…), pero nos vamos a centrar en los detalles más peculiares de la vida del genio, muchos de ellos vinculados a su obra.
Una vida en plena Guerra
A Berlanga la Guerra Civil (1936) le pilló con 15 años recién cumplidos. Entonces era un adolescente sin nada que hacer. Decidió aprovechar ese periodo para formarse, haciendo cursos de mecanografía o Comercio. Durante el transcurso de la Guerra se intelectualizó, leyendo libros que robaba de las librerías, redactando poemas e incluso intentando hacer un periódico. También se divirtió, asistiendo a cabarets y experimentando su sexualidad por primera vez.
Pero, pese a estas “vacaciones”, sí que estuvo en la Guerra Civil, ya que el último trimestre fue destinado a la 40 División de Carabineros de Nieto. Tuvo la suerte de que un médico amigo de la familia lo destinara al botiquín, librándose de combatir en el frente. Berlanga no tenía ni la más remota idea de medicina y tuvo momentos muy tensos, como rajar un quiste en el cuello de un comisario político mientras este le amenazaba con pegarle un tiro si le hacía daño.
En 1941 se alistó voluntariamente a la División Azul, ejército de voluntarios españoles que fueron a Rusia para ayudar al ejército alemán. Pero esta decisión fue tomada por un claro motivo: salvar a su padre de la pena de muerte. Le habían puesto una multa de un millón de pesetas y, por aquel entonces, dependiendo del dinero que les dabas a unos intermediarios en Madrid, se te perdonaba la vida o no.
Su padre tuvo la suerte de tener a personas influyentes que le echaron una mano y le avalaron, pero los obreros condenados a muerte que no podían pagar tales cantidades no tuvieron la misma suerte.
Luis García Berlanga, derecha, en el rodaje de ‘La vaquilla’
Toda esta experiencia hizo que, años más tarde, pudiésemos de disfrutar de su visión sobre la Guerra en películas como La Vaquilla, plasmando en ella a todas esas personas cuyos oficios no tenían nada que ver con su labor en el frente, mostrando el sinsentido de la guerra y la falta de ideología de los soldados, además del sentimiento de estar en el lugar inadecuado en un momento desgraciado.
Sus películas y rodajes
Luis García Berlanga y su gran amigo Juan Antonio Bardem decidieron escribir un drama rural en la línea del cine del Indio Fernández. Pero, como pasaba con la mayoría de sus guiones, no gustó a los productores, por lo que tuvieron que rehacerlo varias veces hasta que decidieron contar la historia de un pueblo que soportaba una invasión a base de halagar a sus invasores. Así nació ¡Bienvenido, Mister Marshall!
La cinta fue premiada en el Festival de Cannes, pero tuvieron muchos problemas allí. La delegación americana tuvo la piel sensible y protestó porque, en un momento de la película, se arrastra una bandera americana por un riachuelo. Este problema culmina con la brillante idea, por parte de los productores, de imprimir dólares falsos con retratos de Isbert y Lolita Sevilla y esparcirlos por todo el festival. Como consecuencia de estos sucesos, Berlanga y los productores fueron llevados a comisaría y posteriormente tuvieron que censurar dicha secuencia.
Para más inri, el estreno de ¡Bienvenido, mister Marshall! en Madrid, coincidió con la presencia del embajador de EEUU que, al ver el cartel de la película en plena Gran Vía, pensó que era una burla preparada ante su llegada.
En un inicio, nadie estuvo contento con El Verdugo. Estrenada en 1963, coincidió con la orden de Franco de fusilar al comunista Julián Grimau y ejecutar a varios anarquistas. Por aquella época, el caudillo era conocido como “el verdugo”.
Por ello, cuando la película de Luis García Berlanga se presentó en Venecia, todo el equipo fue recibido a pedradas por anarquistas italianos que creían que la cinta era una apología a Franco, debido a su título, llegando incluso a intentar prohibirla en Italia. Aunque, tras su visionado, El verdugo recibió el premio de la crítica internacional en el Festival de Venecia.
Por otra parte, en España levanto ampollas. Fue muy censurada, como la omisión de las escenas en las que el protagonista habla de partir a Alemania y, desde luego, a Franco le pareció una ofensa:“Ya sé que Berlanga no es un comunista; es algo peor, es un mal español».
En 1948, Berlanga empezó a escribir La Vaquilla. Pero no fue hasta 1984 que empezó su rodaje. Recordemos que eran tiempos distintos, y que la censura cohibía a los artistas hasta transformar, en mayor o en menor medida, sus obras. Pero el director fue muy paciente, concretamente más de 30 años de paciencia, ya que tratar la Guerra Civil de manera divertida, era una idea imposible en aquellos tiempos.
Debido a esto, La Vaquilla es una película sobre la Guerra Civil basada en un guion muy antiguo. Muestra como los españoles eran rojos o azules por el circunstancial hecho de haber caído a un lado o al otro. Una desdramatización de dicha guerra. Un alegato al sinsentido de la guerra.
Eran tan perfeccionista, que obligaba a los actores a que repitiesen el mismo plano hasta que quedara perfecto e insuperable. Tal es así que repitió 41 veces la escena en la que Landa corre a la cima de una colina. El único disgusto que se llevó en la realización de la película, fue no poder contar con José Luis Escobar para hacer el papel del marqués, sustituyéndolo por Adolfo Marsillach.
La cinta fue grabada en Sos del Rey Católico, en Zaragoza, y los vecinos colocaron por todo el municipio sillas en honor a las que usaba Luis García Berlanga y su equipo, junto con frases memorables de los personajes de le película. Hace años las fueron cambiando de sitio, pero se ha mantenido hasta la actualidad la que ocupaba el director.
Su biblioteca erótica
Tras su fallecimiento en 2010, el mayor de sus hijos, José Luis García-Berlanga, encontró una biblioteca privada en el estudio del director en Madrid fuera de lo común, ya que hallaron cerca de tres mil libros sobre el erotismo y la pornografía. Berlanga nunca lo ocultó, pero asombró el inmenso volumen de esta colección.
La biblioteca estaba formada por libros, revistas, manuscritos y estampas (algunos de ellos hasta dedicados) y consta de ediciones francesas, inglesas, españolas y alemanas de los siglos XIX y XX. Según sus descendientes, al director le interesaba mucho el sadomasoquismo y el bondage, y además descubrieron que muchas de estas obras eran muy antiguas, encontrando primeras ediciones de obras de literatura erótica.
En sus viajes, Berlanga siempre aprovechaba para buscar nuevos artículos para su colección. Se dice que, en París y Nueva York, hizo contactos en clubs secretos para comprar estas “reliquias”, hasta el punto de tener que comprar maletas extra para traer a España dicho material.
“Siempre se guardaba tiempo para callejear y volver con algo nuevo que aportar a su colección”, decía José Luis García-Berlanga.
El 18 de enero de 2018 se subastó la colección a través de la sala de subastas El Remate, cuyo precio de salida fue de 27.000. Por suertes o por desgracia, no hubo ninguna puja de salida, por lo que estas reliquias siguen esperando a encontrar un nuevo dueño.
La boda de Rosa, nueva película de Iciar Bollaín, presenta su tráiler oficial. Protagonizada por Candela Peña, Nathalie Poza o Sergi López o Paula Usero, es una comedia dramática sobre una mujer de mediana edad que decide dar un volantazo a su vida, aunque su entorno más cercano no se lo pondrá nada fácil. La película ha sido seleccionada como el filme de inauguración del próximo Festival de Málaga el 21 de agosto, que coincidirá con su fecha de estreno en cines.
La boda de Rosa será el 10º largometraje en solitario en la carrera como directora de Iciar Bollaín, que en esta ocasión ha vuelto a colaborar en la escritura de la película con Alicia Luna, coguionista junto a Bollaín de Te doy mis ojos (2003), una de sus películas más recordadas. Tras un largo período contando con los guiones de Paul Laverty, colaborador habitual también de Ken Loach, la cineasta parece decantarse por una historia de perfil menos social, aunque parecen claros los rasgos feministas de esta historia.
Será, sin embargo, la primera colaboración entre la responsable de También la lluvia y la actriz Candela Peña, que, a juzgar por el tráiler y la sinopsis de La boda de Rosa, es protagonista omnipresente de esta película y candidata desde ya a la Biznaga de Plata a la Mejor Actriz en Málaga. Junto a ella estarán dos pesos pesados como Nathalie Poza, Sergi López o Ramón Barea, además de intérpretes jóvenes como Paula Usero.
La boda de Rosa tuvo que cambiar sus planes de estreno debido al coronavirus. Su fecha inicial de estreno era el 3 de julio. La incertidumbre con la situación de los cines y la posibilidad de llegar con el trampolín de Málaga, que confirmaba su intención de retrasar su celebración a finales de agosto, cambió los planes de Filmax, que es su distribuidora. Ahora tendrá la oportunidad de abrir el Festival al mismo tiempo que llega a los cines comerciales.
Tenemos nueva miniserie española hecha desde el confinamiento. Se llamaRelatos con-fin-a-dos, y está formada por cinco historias dirigidas por cinco cineastas diferentes que se estrenará el 3 de julio en Amazon Prime Video. Álvaro Fernández-Armero, Fernando Colomo, Juan Diego Botto, Miguel Bardem y David Marqués son los directores de estos cinco relatos diferentes, autoconclusivos y hechos en el confinamiento. En el reparto encontramos a Luis Tosar, Sara Sálamo, al futbolista Isco Alarcón, Manuela Velasco, Carlos Bardem, Maria Luisa Mayol, Álvaro Rico o Alberto Ammann.
Según las informaciones hechas públicas por parte de la productora de Relatos Con-fin-a-dos, Morena Films, la comedia predominará en cada uno de estos capítulos, aunque habrá diferentes géneros y tonos. Fernández-Armero dirige una comedia romántica; Colomo y Botto se mueven en el thriller; Marqués tiene en sus manos una comedia negra; y Bardem cuenta un romance. Todos los capítulos tendrán una media de entre 15 y 20 minutos.
Relatos con-fin-a-dos, cuarta ficción española desde la cuarentena
Esta idea original de Álvaro Longoria y Cecilia Gessa parece una continuación espiritual de la serie de TVE Diarios de la cuarentena (la productora, Morena Films, es la misma y varios de sus responsables repiten) mezclada con algunos conceptos de En casa, al tratarse de una producción dirigida por personas diferentes -ninguna mujer- y desde distintas miradas. Relatos con-fin-a-dos será la cuarta producción española de ficción hecha desde el confinamiento tras la película Madrid, interior y las citadas Diarios de la cuarentena y En casa.
«Relatos con-fin-a-dos nace con la intención de seguir contando historias adaptándonos a la nueva situación, haciendo de la debilidad virtud y con la idea de que las limitaciones generadas por el confinamiento no impidan rodar grandes historias», ha publicado Morena Films en un comunicado junto a su tráiler. Amazon Prime Video emitirá la serie en exclusiva, lo que significará el primer contenido original español sólo para la plataforma.
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